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   Edición 83 / Marzo - Abril del 2002

Columnistas



Conservación:

Alteraciones del Hábitat Marino

Por Mariano Sironi
Investigador del
Instituto de Conservación de Ballenas
info@icb.org.ar
www.icb.org.ar

Argentina


Para proteger las especies de la fauna marina, debemos comprender sus necesidades. Para comprender sus necesidades, estudiamos su biología, incluyendo su comportamiento social, distribución geográfica, uso del hábitat, migraciones, y las interacciones con el hombre y con otras especies para producir información que se utilizará en el diseño de planes de conservación.


Los mamíferos marinos habitan un ambiente muy particular, los océanos. Durante siglos el mar fue considerado como un ambiente infinito, capaz de diluir indefinidamente los efectos nocivos de las acciones humanas. Hoy necesitamos cambiar esa visión errada, y comprender que el océano es uno sólo, y que tiene una capacidad limitada y finita para recuperarse. Con sus desplazamientos vastísimos, los mamíferos marinos, en especial las ballenas, unen todos los mares del planeta volviéndolos sólo uno. Por ello, una población de ballenas que se encuentre momentáneamente en la Antártida, podría verse afectada por un derrame de petróleo que ocurra a miles de kilómetros, por ejemplo en Brasil.

El hábitat marino puede verse alterado de diversas maneras. Uno de los efectos nocivos más obvios de las actividades humanas sobre la calidad del agua de los mares es la contaminación química. Cada día (como en este preciso instante) se vierten al mar toneladas de residuos tóxicos, fertilizantes que drenan desde los campos a través de sus cuencas, desechos de plantas industriales, hidrocarburos, combustibles, etc. Muchos de estos químicos ingresan en las cadenas alimentarias del mar, y así se incorporan al cuerpo de las ballenas, que a su vez los pasan a sus crías durante la preñez y la lactancia. Cuando sobrepasan ciertos niveles de concentración, muchos de ellos alteran la fisiología de los animales, o bien se vuelven letales. Los niveles de contaminación varían en distintos mares, y las muestras de tejidos obtenidas de ballenas muertas son un índice para monitorear el estado de salud de las poblaciones.

Otra forma menos evidente de polución es la contaminación acústica. Los cetáceos, en particular los delfines, utilizan el sonido para ubicarse espacialmente, para comunicarse con otros animales de la manada, para localizar a sus presas, etc. El ruido que producen las actividades humanas, como la exploración submarina o la navegación a gran escala, puede impedir a los animales utilizar el sonido eficientemente, alterando notablemente su vida en el agua. Se ha mencionado a este tipo de contaminación como la causa posible de algunos varamientos masivos de cetáceos.

La contaminación térmica puede tener consecuencias graves también. A nivel local, existen zonas donde la temperatura del agua se ve alterada por la presencia de plantas industriales que utilizan el agua del mar para enfriar sus maquinarias o motores, vertiendo ese agua más caliente de vuelta al mar y elevando su temperatura natural. A escala planetario, el llamado calentamiento global podría transformarse en la mayor amenaza para la vida en el mar como la conocemos hoy. Si los mares se recalientan sostenidamente, muchas especies podrían desaparecer por ser incapaces de tolerar aguas con temperaturas muy distintas a las actuales. Esto es muy preocupante, si consideramos que un efecto similar a éste (en este caso, el enfriamiento de la temperatura de la atmósfera) puede haber sido la causa de la desaparición masiva de los dinosaurios hace millones de años.

Existen modificaciones del hábitat marino a menor escala que tienen efectos negativos sobre áreas oceánicas específicas y poblaciones puntuales de cetáceos. Existen otras alteraciones a consecuencia de la actividad humana que tienen efectos más específicos sobre los mamíferos marinos, y que influyen en las poblaciones a nivel local.

A modo de ejemplo, en Península Valdés las ballenas francas se ven afectadas por el tráfico de embarcaciones. La simple presencia de una embarcación en las proximidades de una ballena representa una alteración de su hábitat natural, independientemente del tamaño de la embarcación, de su actividad (turística, recreativa o comercial), de su velocidad o de la distancia a los animales, y del mayor o menor efecto que tenga sobre el comportamiento de las ballenas.

Por otra parte, los enmallamientos en redes y sogas de pesca causan la muerte por asfixia o por heridas letales a cetáceos de todo el mundo. Es conocida la mortandad masiva de delfines causada por enmallamientos accidentales en las redes atuneras.

Las colisiones con embarcaciones y el enmallamiento constituyen la principal causa de mortandad de origen humano en la población de ballenas francas del Atlántico Norte. Esto es un poderoso llamado de atención para las autoridades argentinas responsables de la conservación de la Ballena Franca: Es necesario monitorear estrictamente la navegación en Península Valdés durante la temporada de ballenas, así como ser cautos al momento de dar luz verde al posible desarrollo de la industria pesquera con sogas y redes en la zona, para evitar que este tipo de alteración del hábitat marino se transforme en una amenaza de envergadura para las ballenas francas de Patagonia.

Los ataques de gaviotas cocineras, que picotean el lomo de las ballenas para alimentarse de su piel y grasa, son un problema exclusivo de esta población. Desconocemos con certeza los efectos a largo plazo que puedan tener estos ataques, pero sí sabemos que alteran negativamente el comportamiento de las ballenas, en especial el de las madres con sus crías. Esto es un claro ejemplo de la interconexión de todas las partes de un ecosistema, ya que la oferta de basura generada por las ciudades ha causado el aumento excesivo de las poblaciones de gaviotas cocineras, con el consiguiente aumento en la frecuencia de ataques sobre las ballenas.

Como puede verse, son muy variadas las formas en que el hombre puede alterar el hábitat marino, y de esta manera, afectar las poblaciones de animales y plantas. Es imprescindible contar con estudios longitudinales a largo plazo para entender las causas de los posibles cambios que experimentan las poblaciones de mamíferos marinos a consecuencia de las modificaciones ambientales originadas por el hombre. Y es imprescindible educar y concientizar, y movilizar a las personas para que se lleven a cabo acciones concretas para revertir el deterioro de todos los océanos, o del único océano de nuestro planeta, el hogar de las ballenas. @




 

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