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Durante las últimas décadas, fundamentalmente a partir de la visualización de los problemas ambientales globales, la sociedad mundial advierte sobre la gravedad del deterioro ambiental del planeta. En ese proceso surge consenso internacional respecto de la necesidad de dirigir el desarrollo a satisfacer los requerimientos de la sociedad pero sin agotar ni degradar los recursos naturales (lo que da origen al concepto de Desarrollo Sustentable). Sin embargo, si bien hace tiempo que se viene proclamando desde instancias internacionales sobre la necesidad imperativa de la protección del ambiente, a su vez que la temática no escapa a la retórica de los discursos políticos en casi todas las latitudes, lo cierto es que ello no se ha traducido en una mejora efectiva de la calidad ambiental y, en muchos aspectos, ésta aún sigue empeorando. Asimismo, la realidad de los acontecimientos nos demuestra que las acciones en procura de la protección ambiental se ven generalmente entorpecidas por cuestiones originadas en la dinámica del modelo económico imperante. Por esta razón, entre otras, los poderes públicos han ido perdiendo credibilidad y legitimación popular en materia ambiental. Además, tanto en nuestro país como en muchos otros latinoamericanos y del resto del mundo, se han llevado a cabo procesos de desarticulación y retracción del Estado con su consecuente disminución de capacidad de control y gestión del ambiente. Estas circunstancias fueron dando lugar al surgimiento de organizaciones civiles que, tomando la inquietud de la sociedad por los problemas ambientales y de su calidad de vida, se presentan como instrumentos de presión ante las autoridades. Las Organizaciones no Gubernamentales (ONG) ambientalistas, conformadas en virtud de objetivos de protección ambiental son, como tantas otras, Organizaciones de la Sociedad Civil creadas por iniciativa de ciudadanos y dirigidas a alcanzar el logro del bienestar común. Muchas de estas organizaciones surgieron en todo el mundo en el último cuarto del siglo XX, y aunque sus enfoques y métodos suelen diferir todas coinciden en la necesidad de preservar el ambiente y mejorar la calidad de vida de la población. El principal logro que se les debe reconocer a estas ONGs es, seguramente, su contribución al creciente conocimiento público sobre las cuestiones ambientales y al aumento de la participación popular en estos temas. Ciertamente por intermedio de su accionar la temática ambiental ha logrado sensibilizar a la opinión pública e interesarla verdaderamente. Por otro lado, no obstante las ONGs ambientalistas nacen con un rol puramente demandante por el cual se han ganado la desconfianza de las autoridades, que en la mayoría de los casos las ven como molestos testigos de sus acciones de Gobierno, con el correr del tiempo han ido abriendo nuevos espacios de participación, como compartir responsabilidades en el manejo de áreas protegidas (en ocasiones incluso gestionando la creación de esas áreas), en procesos de educación ambiental, etc. También se puede observar que en el último tiempo los reclamos emocionales, muy comunes en épocas pasadas, fueron dando lugar a cuestionamientos con argumentos obtenidos de la investigación y el conocimiento científico. Como crítica tal vez se pueda señalar que ciertas veces equivocan el enfoque, presentando el problema ambiental como una simple cuestión conservacionista por la cual se insta a proteger a ciertas especies, en especial a aquellas que resultan simpáticas y se hacen querer fácilmente, y no estrictamente ligado a la calidad de vida de las personas y a la conservación de nuestra propia especie. En cuanto a su condición legal, las ONGs ambientalistas van adquiriendo en nuestro país cada vez mayor sustento. Al respecto podemos mencionar el artículo 43 de la Constitución Nacional, que las legitima para interponer la acción de amparo en defensa del derecho al ambiente, y las leyes 10.000 de Santa Fe y 6.006 de San Juan que legitiman a las asociaciones constituidas específicamente para defender intereses ambientales para accionar ante la justicia en defensa de esos intereses. Es de esperar que las ONGs sepan aprovechar su nivel de aceptación y credibilidad frente a la sociedad (se encuentran entre las instituciones de mayor credibilidad) y se esfuercen por no apartarse de sus principios originales, evitando así defraudar a quienes les depositan su confianza y se ilusionan al ver proclamar sus convicciones. En tal sentido, su empeño debe estar dirigido a trabajar en forma abierta a la sociedad, poniendo a disposición la información con la que cuentan y desenvolviéndose en un ámbito de total transparencia de su accionar. Así como es sabido que no pueden darse soluciones capaces de resolver los problemas ambientales si éstas no van acompañadas de la voluntad política y la capacidad para ejecutarlas, no es menos cierto que tampoco podrán darse cambios trascendentes en la materia sin la participación activa de la sociedad. Para ello las Organizaciones no Gubernamentales para la defensa del ambiente pueden brindar una importante contribución. @ Bibliografía:
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