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Por Ricardo López Dusil Director Periodístico El Corresponsal de Medio Oriente y África info@elcorresponsal.com elcorresponsal.com
Los pueblos africanos poseen una variada gama de mitos de la creación, es decir de relatos sobre el origen de la vida y el universo. También llamados cosmogónicos, los mitos de la creación sirven como modelo para otros que hablarán del origen de las prácticas culturales de los diversos pueblos. Así, por ejemplo, los Kono de Guinea creen que la fuerza inicial en el mundo fue la muerte, la cual es anterior a Dios. Los Pangwa de Tanzania afirman que el mundo fue creado por los excrementos de las hormigas, y los Yorubas de Nigeria, consideran que Dios estaba ebrio de vino cuando creó a los mutilados y a los albinos. Para los Peules o Fulanis, de Malí, pueblo de actividad pastoril, la leche es el centro de la creación. Al comienzo hubo una enorme gota de leche. Entonces Doondari vino y creó la piedra, entonces la piedra creó el acero, y el acero el fuego, y el fuego creó el agua, y el agua el aire. Entonces Doondari descendió por segunda vez. Tomó los cinco elementos y con ellos creó al hombre. Pero el hombre era orgulloso. Entonces Doondari creó la ceguera y la ceguera anuló al hombre. Pero cuando la ceguera se hizo muy orgullosa, Doondari creó el sueño, y el sueño anuló a la ceguera; pero cuando el sueño se volvió muy orgulloso, Doondari creó la pena, y la pena anuló al sueño; y cuando la pena se hizo muy orgullosa Doondari creó la muerte, y la muerte anuló a la pena; pero cuando la muerte si hizo muy orgullosa Doondari descendió por tercera vez. Y vino como Gueno, el eterno. Y Gueno anuló a la muerte. Grandes Lagos, la reconstrucción africana Azotados por conflictos internos y externos, hambrunas endémicas y pandemias, los países involucrados en la guerra en la República Democrática del Congo (RDC) están, desde 1960 y partiendo desde el caos, en proceso de reconstrucción. En mayo del 2000, la República Democrática del Congo (ex Zaire) atravesaba un conflicto interno de grandes proporciones por sus causas y consecuencias externas que habían surgido veinte meses antes, en 1997, cuando el veterano guerrillero Laurent Dèsirè Kabila se autoproclamó Presidente e inició su Gobierno dictatorial. Con su ingreso en Kinshasa, Kabila y su Frente de Liberación Congolés le pusieron fin a treinta años de guerra civil, deponiendo al entonces dictador Mobutu Sese Seko, quien murió días después exiliado en Marruecos. Babilonia El conflicto en la RDC tenía en ese entonces diversos frente de lucha, como así también múltiples eran las causas y elementos que lo motivaron. Por un lado, diversos grupos rebeldes intentaban deponer a Kabila, apoyados militar y económicamente por Uganda y Rwanda. Por otro lado, las tropas gubernamentales no disimulaban la asistencia que les brindaban Angola, Namibia y Zimbabwe. A estas alianzas y a la cantidad de extranjeros que armaban trincheras y campamentos de combate en territorio congoleño, Naciones Unidas agregó sus "Fuerzas de Paz", llamadas MONUC y compuestas por entonces de 5.537 efectivos provenientes de una veintena de países africanos, asiáticos, europeos y sudamericanos. Estas fuerzas, sumadas las tropas de ocupación, hacían de la RDC una verdadera Babilonia. También en filas de las MONUC, pero en calidad de "neutrales", se encontraban Tanzania y Kenia, países que habían participado en la guerra civil de Zaire, aunque no de forma armada, brindándole asilo a Laurent Kabila. Exceptuando a Zambia, los demás países de los Grandes Lagos intervenían en la RDC (Uganda, Rwanda, Burundi, Kenia y Tanzania). También integraba el contingente de Naciones Unidas África del Sur, un país que (si bien tenía otro gobierno cuando la guerra civil en Zaire) había luchado contra Kabila y su aliado número uno, Angola. Las mil caras del conflicto Una primera mirada a la RDC, dice que es el país bisagra entre el norte y el sur del continente africano y el único de habla francesa en los Grandes Lagos (Sudán y todos los países de los Grandes Lagos son anglófonos, en tanto Angola es lusófona). Por otra parte, los 2.344.858 Km2 de la RDC están repletos de minerales (entre otros, yacimientos de oro, hierro, cobre, manganeso, cobalto, diamantes y uranio) y petróleo, en una veta que se extiende desde Nigeria al norte hasta Angola al sur. A la multiplicidad de intereses en juego respondió como la cantidad de países y empresas extranjeras pugnando por una tajada. Al padecimiento de conflictos internos y externos, los países de los Grandes Lagos -principalmente desde 1960- agregan el de las hambrunas endémicas, las pestes de malaria y cólera, y las pandemias de tuberculosis o VIH-SIDA. El producto más claro de estos conflictos son los cientos de miles de refugiados que establecieron otro frente de lucha que era sostenido por diversas organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras y algunas oficinas de la ONU. En un intento de paliar estas enfermedades, las organizaciones que aplicaban sus proyectos de asistencia en su mayoría financiados por el Banco Mundial -se constituyeron sin quererlo- en otro elemento de conflicto ya que, a menudo, los campamentos eran trasladados por las autoridades para que sirvieran como escudo civil contra los ataques de los grupos rebeldes o enemigos de turno. A esto es preciso sumar, tanto en la RDC como en el resto de los países de los Grandes Lagos, los miles de muertos y heridos por la herencia de tantos años de guerras civiles: Cientos de miles de minas antipersonales que por ser de plástico- sólo se adivinan cuando estallan. La guerra civil Si bien suele datarse en 1965 el comienzo de la guerra civil en el territorio de la actual RDC, es imprescindible recordar que sus orígenes -como en todos los conflictos de la región- están en la herencia colonial y en la partición de África consumada en 1884, cuando en la Conferencia de Berlín las potencias europeas trazaron a regla 48 nuevos estados, y, allí donde existían imperios, reinados y civilizaciones milenarias, pusieron a sus gobernantes o regentes, estableciendo límites que nunca habían existido porque ni la naturaleza ni la relación entre las diversas culturas lo exigían -. Una vez que se iniciaron los diferentes procesos de descolonización, a mediados del siglo XX en las colonias portuguesas, Angola y Timor Oriental, en Asia, a partir de la Revolución de los Claveles, en Lisboa, en 1975, los países africanos se vieron forzados a adoptar sistemas de gobierno ajenos a sus historias y cosmovisiones de siglos. En la actual RDC y en los países de los Grandes Lagos era imperioso elegir a un presidente, a un parlamento bicameral y designar a un primer ministro. En definitiva, era imperioso para occidente, que se modernizaran. Desde entonces y por cuatro décadas, estos países se han desangrado en guerras civiles muchas veces alimentadas por diferencias étnicas que habían sido "sabiamente" explotadas por los colonizadores. Antes de las enfermedades y de la pobreza estructural, aparecieron las primeras asistencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), también los intereses estadounidenses en plena Guerra Fría. Más tarde, los primeros planes de ajuste estructural para que continuaran entregando sus patrimonios y la apertura de sus mercados. Mobutu y las alianzas La guerra en la República Democrática del Congo que involucra a los Grandes Lagos y a muchos países de la región se inició en 1965, cuando el general Mobutu tomó el poder en esta ex-colonia belga, la llamó Zaire, e inició sus alianzas para perpetuarse en el poder. Para Francia, Bélgica y Estados Unidos (sobre todo para la CIA), el viejo dictador era su mejor escudo contra el avance "comunista" de Laurent Kabila y de su Frente de Liberación Congolés. Con sus sistemáticas asistencias militares, en armas y en entrenamiento, Mobutu pudo repeler durante años los avances rebeldes, y también granjearse amigos y enemigos. Sin embargo, cuando el avance de los rebeldes se volvió incontenible, las ayudas internacionales comenzaron a mermar, o a modificarse. En este entretejido de alianzas, Mobutu jugó el papel principal: Por un lado, le pidió asistencia a Uganda y a Rwanda, países que ya estaban combatiendo en territorio zaireño contra los refugiados Hutus y Tutsis rwandeses y de Burundi. Con sus asistencias, Mobutu permitió otro nuevo elemento: Que estos ejércitos y refugiados explotaran y comerciaran sus yacimientos auríferos, próximos a sus fronteras. Lentamente, los ejércitos extranjeros fueron ocupando el territorio y ya nadie los sacaría. El conflicto en Zaire se internacionalizaba, y el país se enajenaba. Congo y el fin del apartheid El Frente de Liberación del Congo, por su parte, también tejió sus alianzas. La mayor parte del tiempo, Laurent Kabila se encontraba en el exilio, en Dar es-Salaam, capital de Tanzania, y desde allí movía las piezas y a sus tropas. Estas, además, eran armadas y entrenadas por Cuba, que había destinado en Zaire al mítico guerrillero Ernesto "Che" Guevara. Desde su exilio, Kabila trabó amistad con Agostinho Netto, de Angola. Netto aparecía como el líder de la independencia angoleña, y bajo su mando se constituyó el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA). Mobutu, a todo esto, apoyaba a la Unidad Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) de Jonas Savimbi, y lo mismo hacía Uganda. Las guerras civiles de ambos países tuvieron una estrecha relación. En 1989, las tropas de Kabila apoyadas por Cuba y el MPLA lograron expulsar de territorio angoleño a las Fuerzas Armadas de África del Sur. En la batalla de "Kuito Canavale" se decidió gran parte del futuro de estos países, sobre todo porque hasta entonces los blancos no morían en combate, y sus parientes no estaban acostumbrados a recibirlos en bolsas de plástico. La victoria del MPLA de Netto, ayudado por Laurent Kabila y Cuba, ciertamente decidió el fin de sistema y régimen de Apartheid en África del Sur, también la independencia de Namibia. Favor con favor se paga. La globalización y los infortunios del África Subsahariana Cuando los europeos comenzaron a internarse en busca de los centros productores de oro y marfil, a partir del siglo XIII, en el África Subsahariana, redescubrieron la práctica de la esclavitud, que estaba entonces en desuso en la Europa Católica. Esta práctica, expandida en el África Subsahariana desde tiempos pre-islámicos, había experimentado un incremento con el arribo del Islam, al punto de que en el mundo islámico se traficaron, entre los años 865 y 1905 d.C. unos 18 millones de africanos negros. A partir de este "redescubrimiento", en la segunda mitad del siglo XV, los portugueses comenzaron a comerciar esclavos a través de la costa occidental del continente (llevando primero esclavos blancos y luego Bereberes hacia el Reino de Ghana). Pero la institución de la esclavitud alcanzó un cambio de magnitud y de calidad que sería definitivo para toda el África Subsahariana a partir de la primera globalización. En efecto, a partir de la conquista del territorio al que se denominó América y la consecuente circunnavegación del planeta, sucedió que el "África Negra" se vio afectada por necesidades de puntos del planeta muy distantes de sí. La conquista de América, en primer término, cambió el estatus de la esclavitud, ya que los europeos consideraban que los nativos de aquel continente no eran "humanos en el sentido pleno". Al comenzar a requerir España, a inicios del siglo XVI, de esclavos africanos para sustituir la mano de obra amerindia en sus colonias, la "denegación de la humanidad" fue transferida, de los amerindios, a los esclavos, que desde esa fecha y, hasta 1867, fueron embarcados hacia el Nuevo Mundo en una cifra cercana a los 10 millones. Pedacitos de continente El desprecio de los europeos hacia "los salvajes africanos" llevó a que éstos casi no se internaran en el interior del continente hasta mediados del siglo XIX, cuando el tráfico de esclavos ya había disminuido notablemente y las potencias europeas, necesitadas de minerales y materias primas para alimentar su revolución industrial, se fueron repartiendo el continente hasta que, en 1884, la Conferencia de Berlín dividiera África en 48 nuevos estados. Para crear este puzzle no se respetaron las culturas nativas, ni las realidades geopolíticas; pueblos enteros fueron divididos y otros, heterogéneos entre sí y a menudo enemigos ancestrales, fueron juntados, a fin de cumplir con las necesidades del nuevo tiempo histórico europeo. El caos y desolación en el que ha venido experimentando el África Subsahariana a partir de la "descolonización" iniciada luego de la segunda guerra mundial es sin duda producto de aquella repartición irresponsable, pero también de una irresponsabilidad aún mayor: Pretender que sociedades de pastores y cazadores puedan adecuarse a las necesidades dictadas por las culturas europeas, insertándose en la última globalización, esa que ya no necesita de colonias sino que alienta instituciones que favorezcan el desarrollo del cada vez más avasallante capitalismo. Estados nación Los primeros estados-nación de la modernidad fueron los americanos, que alcanzaron esa condición a costa del constante genocidio, por parte de sus pobladores criollos (es decir, de origen europeo), de las poblaciones nativas que no se adaptaban a las exigencias del capitalismo. Incluso entre las élites criollas, este proceso exigió, tanto en la América "sajona" como en la "latina", constantes guerras intestinas y supranacionales. De los países del África Subsahariana se ha exigido el milagro de que completen en un período brevísimo la tarea imposible de conformarse en estados-nación. Carentes de una élite "europea", como sí ocurriera en América, se han visto en la obligación de conformar estados a partir de sociedades heterogéneas, y de asumir las exigencias de un mundo interconectado que les reclama la conducta de ciudadanos modernos y "globalizados". Paradójicamente, les toca funcionar en un tiempo histórico que, a escala global, abomina del genocidio y es así que, en los últimos años, hemos asistido a manifestaciones de horror por parte de países como Estados Unidos, que edificó su riqueza territorial y material a partir del exterminio sistemático de sus nativos, y de países europeos que hicieron su bienestar a partir de la explotación de esclavos y riquezas naturales de África. Se puede observar así que, más allá del despojo y explotación que Occidente infligiera al África Subsahariana durante siglos, cuyo emblema más notorio ha sido el tráfico de esclavos -que no era novedad para el continente-, el mayor mal que le ha causado ha sido uno que parece no tener remedio: Haber insertado a culturas de pastores, recolectores y cazadores, de buenas a primeras, en el tiempo histórico, cada vez más exigente, de Occidente. @ |
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