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La reducción y eliminación de la pobreza, es una meta implícita ya manifestada en la Carta de las Naciones Unidas de 1945. El medio siglo transcurrido desde la fundación de las Naciones Unidas ha sido testigo de un entusiasmo desbordante en el mundo... y también de la desesperación cada vez mayor de cientos de millones de personas. En medio de un progreso material sin precedentes, la miseria humana ha alcanzado proporciones inimaginables. La pobreza, a la par con la prosperidad, se ha mundializado. "La pobreza absoluta, el hambre, la enfermedad y el analfabetismo afectan la quinta parte de la población mundial", señaló el Secretario General de Naciones Unidas "No puede haber tarea más urgente para el desarrollo que atacar tanto las causas como los síntomas de estas lacras". Los hechos claves que caracterizan a la pobreza son: Si bien la pobreza aqueja a las personas y las familias en todas partes del mundo, la mayoría de los más pobres, viven en el mundo en desarrollo, donde representan un tercio de la población mundial. En los últimos años la pobreza ha aumentado en cifras tan relativas como absolutas en África, Latinoamérica y los países industrializados, en tanto ha disminuido en Asia. El impacto es más fuerte sobre las mujeres, seguidas de los ancianos y los niños. Existe un acuerdo general de que las naciones industrializadas son responsables de la mayor parte de la contaminación en el mundo. No obstante, los pobres, en su lucha diaria por subsistir, carecen a menudo de los recursos necesarios para evitar la degradación del ambiente. La mayor parte de la población pobre mundial vive en zonas de baja productividad agropecuaria y no tiene otra alternativa que seguir adelante con prácticas no sostenibles que harán más difícil aún que sus hijos salgan de la pobreza. Al mismo tiempo, para incrementar sus ingresos de exportación, los países más pobres del mundo dependen de productos agrícolas tropicales que son vulnerables a los vaivenes o el empeoramiento de las relaciones de intercambio. La expansión sólo es posible a expensas del daño que se ocasiona al ambiente. Se suma a esto el uso de productos agro tóxicos prohibidos en países desarrollados, impidiendo de esta manera el posterior ingreso de los productos de las cosechas a mercados como el de la UE. El vínculo entre la pobreza y la destrucción del ambiente natural se reconoció oficialmente hace casi tres decenios en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Ambiente celebrada en Estocolmo (Suecia). "La pobreza es el mayor contaminador" expresó la Primera Ministra de la India Indira Ghandi. Tanto tiempo después, el vínculo entre la pobreza y el desarrollo sostenible pasó a ser la base de trascendentales tomas de posición por parte de la comunidad internacional. Los 178 Estados Miembros representados en cónclave diplomático más grande de la historia, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo de 1992, en Río de Janeiro (Brasil) hicieron un llamamiento a favor de poner fin a la pobreza, recomendando que todas las naciones actuaran para atacar el problema de modo adecuado a cada país. "Todos los Estados y todas las personas" se señala en la Declaración de Río sobre el Ambiente y el Desarrollo, "deberán cooperar en la tareas esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible, a fin de reducir las disparidades en los niveles de vida y responder mejor a las necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo" En "Lucha contra la pobreza", uno de los 40 capítulos del Programa 21, plan maestro de la CNUMAD para el desarrollo entrando el siglo XXI, los gobiernos hicieron varias recomendaciones para "lograr que los pobres tengan medios de subsistencia sostenibles". En el documento se señala que por el hecho de ser la pobreza "un problema complejo y multidimensional con orígenes tanto en el ámbito nacional como en el internacional no es posible encontrar una solución uniforme aplicable en el ámbito mundial" Asociando el creciente desequilibrio entre países desarrollados y en desarrollo a los problemas ambientales se destaca la necesidad de un apoyo efectivo a la consolidación democrática y al crecimiento sostenible. Si bien la actividad política de la construcción de la paz no opera en el vacío, ella depende del desarrollo económico, el que, a su vez, depende de modelos ambientalmente sostenibles. No podemos tener un planeta ambientalmente sano en un mundo socialmente injusto Es fundamental el intercambio entre naciones, principalmente en relación con la cooperación tecnológica. Esta transferencia exige el tratamiento innovador de la cuestión de la propiedad intelectual, apuntando a un régimen que favorezca efectivamente el acceso de los países en desarrollo a los avances mundiales. El cuidado de la salud es el gran ausente en los planes y programas de gobierno de los países pobres del planeta. Son inexistentes las medidas preventivas como por ejemplo infraestructura sanitaria básica, lo que evitaría un sinnúmero de enfermedades manifiestas de origen hídrico. No podemos ni debemos seguir debatiendo entre Desarrollo y Ambiente como opuestos en la balanza. Historia de la pobreza en la Argentina En la Argentina, la historia de la pobreza muestra un significativo vuelco en el transcurso de los últimos 15 años. La crisis del modelo agro exportador en la primera mitad de siglo y el temprano desarrollo de la actividad industrial, entre otros factores, favorecieron un rápido proceso de urbanización. Surgen así las "villas miseria", barrios ilegalmente constituidos ubicados en zonas marginales del espacio urbano, carentes de una infraestructura mínima de servicios orientados a atender sus requerimientos básicos, y que significaron para un gran número de inmigrantes provenientes de zonas rurales o de los países limítrofes la puerta de entrada a las grandes ciudades. Una importante demanda de trabajo en el sector industrial, salarios elevados, y la posibilidad de acceder a créditos para vivienda permitían a los habitantes de las villas dar respuesta, en un principio, a sus necesidades habitacionales, por lo que su permanencia en ellas era una situación transicional. Pero los cambios que se inician en la década de los sesenta en el sistema productivo de nuestro país y, fundamentalmente, la crisis se inicia en los setenta, quitan a estos sectores de la población la esperanza de vivir en mejores condiciones, consolidándose de este modo bolsones de pobreza estructural, que en el caso de la Argentina, en relación con la gran mayoría de los países de América Latina, son de extensión limitada. Las transformaciones económicas y sociales que caracterizaron a la década del ochenta tuvieron un notable impacto en las condiciones de vida de la población. Al igual que en el resto de los países de la Región, la fuerte recesión, que tuvo entre sus principales desencadenantes el peso de la deuda externa, se tradujo en un notable deterioro de la capacidad que el sistema productivo tiene de generar empleo. En consecuencia, el aumento de la desocupación, la subocupación, el importante corrimiento de trabajadores hacia sectores de menor productividad y la consecuente consolidación del denominado sector informal derivaron en un notable deterioro en el nivel de los ingresos. Crecientes grupos sociales se ven de este modo excluidos de la posibilidad de atender sus necesidades básicas. Lo distintivo de la crisis ha sido el surgimiento de un nuevo grupo social: los nuevos pobres. Se trata de aquellos sectores medios de la población que, por el deterioro de sus ingresos, se encuentran ante la imposibilidad de acceder a los bienes y servicios básicos necesarios. Así, la pobreza se extendió y el universo de los pobres es ahora más heterogéneo. La pobreza estructural mantuvo durante este período su tamaño y localización originales. El grupo de los nuevos pobres, por el contrario, al ser más sensible a las variaciones del valor real de los ingresos, es dinámico en términos de su tamaño. En cuanto a su localización, la nueva pobreza se ve dispersa, con diferentes niveles de concentración, en todo el espacio urbano. Este proceso de crisis, deterioro de los ingresos y surgimiento de los nuevos pobres marca un cambio fundamental no sólo en el tamaño de la pobreza, sino también en sus características. En efecto, tal como se señaló, previo a la crisis la pobreza se concentraba casi exclusivamente en las villas miseria, conventillos e inquilinatos. La llamada nueva pobreza suma a este universo un importante número de familias provenientes de los más diversos sectores de la sociedad, con historias culturales y económicas muy diferentes, por lo que sus necesidades y demandas conforman un amplio espectro que se traduce en una gran heterogeneidad de carencias. Este factor, sumado a la gran dispersión espacial de los nuevos pobre son claves a ser consideradas al momento de desarrollar tanto el diseño como la implementación de programas para la superación de la pobreza. Desde el punto de vista de la metodología adoptada para la medición de uno y otro tipo de pobreza, es importante destacar que el criterio de medición que se basa en la evaluación de la satisfacción de las necesidades básicas (NBI) es adecuado para la captación de los hogares pobres estructurales. Esto responde al fuerte sesgo que este criterio tiene a evaluar, a través de las condiciones de las viviendas, la no-existencia de un stock básico, lo cual resulta de una larga historia de pobreza. Los nuevos pobres son hogares que seguramente cuentan con una vivienda adecuada, acceso a servicios de saneamiento básico, etc., a los cuales pudieron acceder previo al deterioro de sus ingresos. Es precisamente este último aspecto el que los identifica, por lo que el criterio de Línea de Pobreza (LP) es el más adecuado para su captación. Para el análisis de la situación de pobreza en diferentes regiones del país se recurre básicamente a dos fuentes de información. Por un lado, los censos de población de 1980 y 1991, a través de los cuales es posible evaluar la incidencia y distribución de la pobreza estructural a lo largo de la década del ochenta. Por otra parte, se recurre a encuestas de hogares, a través de las cuales se pudo relevar los ingresos que las familias perciben. Esta información permite captar la dinámica de la nueva pobreza. En relación con la pobreza estructural, la información proveniente de los censos nacionales de población muestra cierta reducción de su incidencia, tanto en términos absolutos como relativos. En efecto, entre 1980 y 1991 el número de hogares con necesidades básicas insatisfechas muestra una reducción del 4%, en tanto el número total de hogares se incrementó en un 20,5%. De este modo, la incidencia de la pobreza pasa de ser del 18.3% al 14.5%. Esta reducción relativa de la pobreza tuvo lugar en la casi totalidad de las provincias del país, siendo la Capital Federal y Tierra del Fuego los únicos distritos donde se verifica un leve incremento de la misma. Esto no implica que en todas las provincias se verifique una reducción del número de hogares pobres. Más aún, en 11 de los 24 distritos se verifica un incremento en el número de hogares con sus necesidades básicas insatisfechas, llegando dicho aumento a más del 10% en 5 de ellas. Estos distritos son, además de los dos ya mencionados, Misiones, la Rioja, Salta, Formosa, Santa Cruz, Neuquén, Mendoza, San Luis y Jujuy. Por otra parte, es de destacar que, pese a la reducción de la incidencia de la pobreza, en 7 provincias más del 25% de los hogares tienen sus necesidades básicas insatisfechas. Ellas son Salta (32%), Formosa y Jujuy (31,8%), Chaco y Santiago del Estero (30,7%), Misiones (28,1%) y Tierra del Fuego (25,3%). Salvo esta última, todas pertenecen a la zona norte del país. En el otro extremo, provincias como la Pampa y Buenos Aires (excluirán Buenos Aires) muestran una incidencia de NBI del 9.4%, y la Capital Federal tiene el 5.6% de sus familias con necesidades básicas insatisfechas. Tal como se mencionó previamente, en el transcurso de la década del ochenta, si bien se percibe un comportamiento relativamente estable del tamaño y la distribución de la pobreza estructural, el volumen total de la pobreza se fuertemente incrementado por la aparición de los nuevos pobres. Para el caso del Gran Buenos Aires, entre 1980 y 1986 se produce un leve incremento de la pobreza. El proceso inflacionario que se inicia desde 1987, y que tiene su pico en 1989, repercutió en un crecimiento del 100%, representado fundamentalmente por aquellas familias que, si bien tienen sus necesidades básicas satisfechas, el deterioro de sus ingresos las lleva a la situación de no poder cubrir el costo de una canasta básica de bienes y servicios. El análisis de la composición global de la pobreza hace visible el proceso de heterogeneización de la misma. Si se considera la situación en 1980, el 83% de los pobres eran pobres estructurales, en tanto que en 1989, y como consecuencia del surgimiento de los nuevos pobres, dicho grupo representa el 43%. LA CRISIS DEL MERCADO DE TRABAJO Y EL DEBILITAMIENTO DE LOS MECANISMOS DE INTEGRACIÓN SOCIAL (*) Desde mediados de los años setenta y hasta finales de los ochenta, como efecto del estancamiento económico se produjo un importante incremento del desempleo, de la incidencia del empleo por cuenta propia y de la precariedad en el trabajo asalariado, y, fundamentalmente, una fuerte reducción de los ingresos. Se hacen claramente visibles de este modo las dificultades del mercado de trabajo como instancia de integración social, al quedar un creciente número de trabajadores posicionados en puestos inestables y de baja remuneración, hecho que se traduce en el empobrecimiento de los sectores de ingresos medios y bajos. En la primera mitad de la década del noventa, el paso de la inflación a la estabilidad y del estancamiento al crecimiento económico significó revertir dos situaciones que forzaban el empobrecimiento de los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero el funcionamiento del mercado de trabajo en este período no ofrece las condiciones para revertir los niveles de desprotección acumulados durante el período anterior, ya que genera nuevas fuentes de vulnerabilidad que contrabalancean los efectos positivos de aquellos logros. Las familias que más débilmente estaban relacionadas con el sistema productivo, por estar sus miembros en puestos marginales al sector formal de la economía, son las principales protagonistas del desempleo, lo cual acentúa su distanciamiento respecto de aquellos sectores de la sociedad que sí pueden responder a las nuevas exigencias que del mercado. Es esperable que la demanda de empleo en el futuro tenga un crecimiento lento, y que las exigencias de calificación y educación sean cada vez mayores. La inequitativa distribución de capacidades y conocimientos, que resulta del paso diferencial de los distintos estratos de la sociedad por el sistema educativo, crea un escenario en el que la posibilidad de competir por los nuevos puestos de trabajo está dada solo a los miembros de las familias mejor posicionadas, cristalizando el límite entre los que participan de los beneficios del crecimiento y los que no. El mercado de trabajo continúa sin funcionar plenamente como instrumento de cohesión social. Aun cuando las políticas que promueven su desregulación, la reducción de las contribuciones sociales o el incremento de la flexibilidad laboral, como formas de reducir obstáculos a la creación de nuevos puestos, puedan implicar un retorno a altos niveles de empleo, (...) esto se hará estableciendo vínculos frágiles e inestables, y al costo de mayores inequidades y divisiones sociales. El pleno empleo no es un fin, sino un medio, y necesariamente debe aportar a la integración social. En el marco del desarrollo esperable del mercado de trabajo, es previsible un paulatino crecimiento del universo de los más vulnerables y más desprotegidos. Las necesidades se superponen, y al desempleo o empleo precario se suma la pobreza por caída de los ingresos, el endeudamiento, el deterioro en la calidad de las viviendas, la crisis en la vida cotidiana de las familias. La pobreza es cada vez más un fenómeno de acumulación de carencias económicas, sociales, familiares y del medio. Este carácter multidimensional de la pobreza requiere cada vez más de políticas sociales que superen las nociones de reaseguro frente al riesgo y de asistencia a los desposeídos, y que asuman claramente un rol de integración de la sociedad, mediante un abordaje de la realidad más abarcativo y estructurado en torno a metas de cohesión e inserción. Del libro "Sin trabajo. Las características del desempleo y sus efectos en la sociedad argentina". Luis Beccaria y Néstor López, Buenos Aires, UNICEF/Losada, 1996. La pobreza actual en Tigre La situación de la pobreza en Argentina es grave y crece día a día, junto a los altísimos niveles de desocupación y subocupación que se registran. Según información brindada por el Frente Nacional contra la pobreza 14 millones de argentinos actualmente son pobres, siendo la mitad de ellos niños. No es diferente la situación en el partido de Tigre, es marcada las diferencias de niveles socio económicos que podemos observar en apenas unas pocas cuadras de distancia. Según un estudio realizado por la organización FUNDAE (Fundación de Asistencia Educativa) en el Barrio Villa Liniers se desprende una realidad abrumadora, sobre todo para los niños que allí habitan. La organización cumple una labor fundamental de apoyo escolar y a la salud para estos niños, formando a los padres para encarar el difícil momento que se está viviendo. El estudio comienza planteando el porcentaje de hombres (47%) y el de mujeres (53%), y el nivel educativo alcanzado como demuestran los gráficos A y B. Sólo el 3% de la población completó sus estudios secundarios y el 1% completó sus estudios terciarios. Con respecto a las actividades que desarrollan el 29% se encuentran desocupados y el 39% de las mujeres es ama de casa. A este 29% de desocupación hay que sumarle el 11% de sub ocupados que sólo realizan trabajos ocasionales. Con respecto a infraestructura el 90% de la población cuenta con agua potable pero no así con el servicio de cloacas. La asistencia médica está cubierta en un 67% por el hospital zonal y sólo el 11% posee Obra Social. Lo alentador es que pese a la situación de la población el 82% de ellos se mostraron dispuestos a colaborar para mejorar las condiciones del barrio. Tigre es sólo una muestra de lo que está sucediendo en el resto del país. El abismo social se acrecienta, las oportunidades son escasas. El sistema económico social no es eficiente, el deterioro ambiental por efecto de la pobreza afecta a todos, el planeta es único no existente aislantes para estos problemas.@ Bibliografía
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