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Desde hace algunos años, los ambientalistas, pudimos a fuerza de voluntades, presiones y convencimientos, entre otros, tener el reconocimiento internacional de fechas donde se celebren o conmemoren algunos hitos ambientales determinados. Así, desde el "Día Mundial de la Tierra" los 22 de abril de cada año, el "Día Mundial del Ambiente" el 5 de junio, etc. El próximo a "festejar", será el 2 de febrero, como el "Día Mundial de los Humedales", fecha en que se conmemora la firma del Convenio Ramsar, en la Convención de los Humedales que se realizó en la ciudad iraní de Ramsar en el año 1971. La Convención Ramsar promueve cada tres años una conferencia internacional. La próxima (Ramsar COP8) se realizará en el mes de noviembre del 2002 en Valencia, España, cuyo tema central a tratar, en esta oportunidad, será la cultura de los humedales. Ver: www.ramsar.org . Todos sabemos la enorme riqueza de biodiversidad que encierran los humedales, muchas veces endémicos y exclusivos de zonas determinadas, como así también el enorme aporte a la sustentabilidad alimentaria de muchos pueblos aborígenes (prácticamente su único sustento) y la importancia del ciclo biológico de una gran cantidad de especies ictícolas, ya que, en una somera estimación se calcula que pasan por lo menos una parte de su ciclo de vida en los humedales casi dos tercios de las especies utilizadas en la explotación comercial pesquera. También existen fechas conmemorativas de acontecimientos que nos enlutaron a los que comulgamos los principios ambientalistas. Una de ellas, el asesinato de Chico Mendes, conocido internacionalmente por su lucha en defensa de la Amazonia, fue ultimado el 22 de diciembre de 1988, en Xapuri (es una pequeña localidad próxima a Bolivia, en la Amazonia brasileña). Aunque sus asesinos materiales (el terrateniente Darly Alves da Silva, y su hijo, Darcy Alves Pereira) fueron capturados y juzgados (en diciembre de 1990 y condenados a 19 años de cárcel), se fugaron sin muchos problemas de la cárcel de Río Branco en 1993, capital del estado de Acre; el padre fue detenido de nuevo en 1996. La causa ambientalista ya cuenta con más de mil mártires que ofrendaron sus propias vidas para que, por lo menos, algo cambie. Nosotros, todos juntos o individualmente tenemos la responsabilidad ética de respetar sus memorias, y la obligación moral de continuar sus luchas en pos de un ambiente sano, respetando a rajatabla el desarrollo sustentable y los derechos humanos de toda la población, sin ningún tipo de excepción, con equidad y justicia. En la Argentina, en estos momentos, se está viviendo una etapa angustiante. El descreimiento en quienes dicen representar a la ciudadanía ha llegado a tal punto que, a sus discursos se lo toman "como un verso más". Lo bueno, que desde el 20 de diciembre pasado hay otro compromiso ciudadano que se mantiene en continuo manifiesto: El poder de las "Cacerolas". Éste, está incrementándose día a día. Lo lamentable, es que ese no es un método coherente para gobernar y puede producir enfrentamientos no deseados y que se tengan que lamentar por los excesos que se produzcan. Pero la gente quiere comer, quiere trabajar, quiere tener la total disponibilidad de sus ahorros de acuerdo a cómo lo pautó con la entidad bancaria en el momento de depositarlos. Mucha gente tiene la intención de "empalar" en la Plaza de Mayo (plaza central en Buenos Aires) a todos los "corruptos" que durante años los engañaron con políticas económicas que sirvieron únicamente para que unos pocos se enriquecieran y, terminaran postrando a la mayoría de la población por debajo de la línea de pobreza. Pero esa, tampoco es una solución coherente. Mi padre me repetía algunas veces: "No tiene la culpa el chancho sino quien le da de comer". En este caso, las dos partes tienen la culpa. Los corruptos que regalaron las empresas públicas y sumergieron a la población cautiva a tarifas groseras, y los grandes grupos económicos "inversores" que pagaron precios viles por las mismas, especialmente, con títulos de la deuda externa argentina que compraron en el mercado al 15% y que sus "cómplices", los funcionarios que malversaron el patrimonio nacional los hicieron cotizar al valor facial en la compra de las empresas. Hoy, muchos "inversionistas" se rasgan las vestiduras y quieren demostrar que fueron inversiones genuinas y pretenden que se le respeten los contratos con cláusulas leoninas. Que porquería de personas. José Luis Di Lorenzo, director del Ente de la Ciudad (Ente regulador de las empresas de servicios públicos de la ciudad de Buenos Aires), en una parte de su artículo "Las Privatizaciones y la Captura del Estado", nos dice: "... El proceso de privatizaciones logró de forma 'legal' la 'captura del Estado', tanto más cuanto se profundiza la crisis económica del país...". También agrega: "... En el caso de la Argentina, más grave es aún el hecho que muchas de las empresas que se alzaron con las privatizaciones no eran ingresantes al mercado sino que por el contrario eran antiguas prebendarias del Estado... ", y en otro párrafo señala: "... Esta captura del Estado, que fue despojado hasta de su función reguladora, induce a pensar que la corrupción es un acto de poder que logra instituirse en leyes". J. Hellman, G. Jones y D. Kaufmann, especialistas en Administración del Estado y Privatizaciones, opinan que: "En una economía capturada, los funcionarios públicos y los políticos venden, en beneficio propio, bienes públicos y diversas ventajas generadoras de renta 'a la carte' a empresas individuales". Pero esto, no es exclusivo de la Argentina. Latinoamérica está pendiente de un hilo. Lo podemos ver y sin ningún tipo de trastocar la realidad, en los informes de Desarrollo Humano que año tras año realiza el PNUD. Eso nos da la pauta de lo mal que se está viviendo. Pero, lo mismo ocurre en África, en Asia, y en algunos países de la ex URSS. Mientras todo esto está ocurriendo en tiempo real, me pregunto: ¿Puede haber gente que saca algún tipo de satisfacción a costa de aprovecharse de las necesidades básicas de la población sumergida en la pobreza, marginada de la sociedad y acotada al mínimo su expectativa de vida? Si las hay, dan lástima, porque la morbosidad de su ambición es tan enfermiza que causa compasión. Indira Ghandi, siendo Primer Ministro de la India decía: "... La pobreza de por sí contamina. El uso de carbón o leña para cocer sus alimentos, no disponer de un sistema de alcantarillado, tener limitado el acceso al agua potable y desechar sus pocos desperdicios orgánicos en su mismo hábitat, la población marginada y sumergida en la miseria, no tiene otra posibilidad que producir una contaminación incontrolada y deteriorar los pocos recursos naturales de su zona de influencia... ". Si bien, coincido en parte con lo manifestado por Indira Ghandi, reitero mi convencimiento que: La contaminación mayor es la producida por la "Contaminación Moral". Si ésta no existiese, las otras no coexistirían porque a nadie "moralmente" se le ocurriría vertir algún desecho contaminante al ambiente, a involucrarse en algún hecho delictivo, o simplemente, dejar de pagar sus correspondientes impuestos o querer evadirlos. Las "Cacerolas", por ahora, están dando buenos resultados. @ Hasta el próximo número.
Ing. Antonio Nicolás Gillari |
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