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   Edición 82 / Enero - Febrero del 2002

Columnistas


La Justicia y Paz se Besan
Por Gregorio Rosa Chávez (*)
caritas@caritaspanama.org

Panamá


Ayer leí en el diario "Le Monde" lo que dijo Zora, una muchacha afgana de 16 años que no sabe lo que es vivir en paz: "No sé lo que significa la paz. Me imagino que debe ser algo bueno. La paz debe ser algo muy diferente de la guerra". Ella soñaba con ser azafata; ahora quiere ser traductora, porque un cohete que cayó junto a su casa mató a varios vecinos y le destrozó la pierna derecha. Como esta historia hay miles y miles en los países que sufren la guerra.


"La justicia y la paz se besan"

Ayer concluimos la jornada con una mirada sobre un hecho que ha dado a este inicio de siglo y de milenio un dramatismo jamás imaginado. Porque, para bien o para mal, el mundo ya no es el mismo después del 11 de septiembre. Ahora está claro que todos somos vulnerables y que todos vivimos en una pequeña aldea en la que estamos los unos junto a los otros. ¿Cómo hacer para que estemos también los unos con los otros en una sociedad justa y solidaria?

Alguien dijo que hay que reconstruir en el área de Manhattan las Torres Gemelas para dar al mundo un mensaje claro de que el pueblo norteamericano no se deja vencer por el terrorismo. Otro más sensato -que habló desde un país del tercer mundo- propuso que construyamos un mundo nuevo con dos torres: La de la Justicia y la de la Paz. Todos conocemos la frase del salmo: "La justicia y la paz se besan". Apasionante tarea, porque lo que tenemos es la torre de Babel, en la que el diálogo se ha vuelto imposible. La torre que la familia Cáritas desea construir es la que surge cuando todos hablamos el lenguaje del amor y de la solidaridad.

El viernes pasado, junto con los demás obispos de El Salvador, almorcé con el Papa. Hablamos de la situación mundial. De la conversación, tres cosas me impresionaron: Su firme convicción de que el pueblo palestino tiene derecho a un territorio; su dolor inmenso por el drama de la guerra; y su firme compromiso con la paz que nace de la justicia. No estoy seguro si todos sus colaboradores tienen por estos asuntos la misma pasión que él.


Cómo derrotar los terrorismos

Durante una de sus famosas homilías, Monseñor Romero, leyó una carta que pensaba enviar al presidente Jimmy Carter para pedirle que detuviera la ayuda militar al Gobierno salvadoreño. En ella le decía que El Salvador no necesita balas sino frijoles; es decir, que se debía detener la represión y comprometerse en favor del desarrollo humano. Cuando estalló la guerra, el Ejército hizo las dos cosas: Primero disparó balas y luego repartió ayuda.

Para mí fue una gracia muy grande poder seguir minuto a minuto, durante el mes de octubre, el palpitar del corazón de Juan Pablo II después de esa jornada trágica que él describió como un "día oscuro en la historia de la humanidad". Al día siguiente, durante la audiencia general, se hizo una oración de los fieles en la que se pidió al Señor "para que no prevalezca el torbellino del odio y de la violencia". También se rezó por los responsables de las naciones "para que no se dejen dominar por el odio y por el espíritu de venganza, hagan todo lo posible por evitar que las armas de destrucción siembren nuevo odio y nueva muerte, y se esfuercen por iluminar la oscuridad de las vicisitudes humanas con obras de paz". Desgraciadamente lo que sucedió después fue todo lo contrario. Como dice la conocida canción de protesta: "No basta rezar; hacen falta muchas cosas para conseguir la paz".

Lo que más me llamó la atención fue lo que el Santo Padre dijo al nuevo embajador de los Estados Unidos ante el Vaticano, a las cuarenta y ocho horas de los atentados terroristas. Quizá alguien crea que estoy exagerando cuando escuche la cita textual:

"En el siglo que se abre ante nosotros (...) hay inmensas posibilidades para la familia humana, a pesar de que no sean siempre aparentes en un mundo en el que demasiados hermanos y hermanas nuestros padecen hambre, desnutrición, falta de acceso a los cuidados médicos y a la educación, o se ven aplastados por un gobierno injusto, por conflictos armados, desplazamientos forzosos y nuevas formas de esclavitud humana. A la hora de sopesar las oportunidades disponibles, son necesarias visión de futuro y generosidad, especialmente por parte de aquellos que han sido bendecidos con la libertad, la riqueza y la abundancia de recursos".

No estoy seguro si nosotros vamos a ser capaces de hacer una declaración en términos semejantes. Quede claro, sin embargo, que ninguna medida contra el terrorismo del 11 de septiembre será eficaz si no se atacan estos otros terrorismos que impiden a millones de seres humanos de los que no se ocupan las grandes cadenas de televisión, la vida digna a la que tienen derecho.


"La verdad les hará libres"

He hablado de mirar la realidad. Pero, ¿es posible conocer realmente lo que está pasando? La pregunta puede parecer retórica para quienes han olvidado que en una guerra la primera víctima es la verdad; la segunda son los derechos humanos.

Se asesina la verdad por medio de la guerra de la propaganda, que es tanto o más importante que la guerra de las armas. En el conflicto de Afganistán, las grandes cadenas de televisión de los Estados Unidos rompieron su tradicional compromiso con la objetividad y se convirtieron en instrumentos de propaganda. La CNN, por ejemplo, ordenó a sus reporteros que trataran de mostrar lo menos posible las víctimas civiles. Fue distinto el caso de Gran Bretaña, donde el Gobierno llamó al orden a la BBC y otros grandes medios de comunicación; la respuesta fue que, aunque el Gobierno británico estuviera involucrado en la guerra, tenían un compromiso con la verdad.

El caso más dramático sucedió en el Pentágono, a donde fueron llamados varios periodistas muy cualificados, a quienes se les reclamó por "prestarse al juego de la desinformación de los talibanes". Cuando ellos pidieron a los altos jefes militares que les mostraran las pruebas, éstos guardaron silencio. Por eso evoco con respeto la memoria de los periodistas que ofrendaron la vida movidos por la pasión de ser testigos inmediatos de un drama humano que nos querían contar. Desde la presencia de Aquel que dijo "la verdad les hará libres", ven ahora las cosas como realmente son y pueden penetrar en las intenciones de los señores de la guerra.


La globalización de la solidaridad

En la discusión de ayer hubo una gran convergencia, pero hubo también diferencias notables. En lo que no debería haber ninguna vacilación es en el compromiso de la familia Cáritas con la dignidad de la persona humana. Y aquí entran las preguntas que según los señores de la guerra es prohibido plantear: ¿Cuáles son las verdaderas razones de este ataque despiadado contra un país tan pobre y sufrido?; ¿Cuál es el efecto real de las armas de destrucción masiva que se están empleando sin misericordia?; ¿Cuántas son las víctimas inocentes, sobre todo entre los ancianos, las mujeres y los niños? Dom Helder Cámara hablaba de la "espiral de la violencia". Y otro obispo brasileño, Dom Pedro Casaldáliga -el mismo que escribió el famoso poema dedicado a "San Romero de América"- habla de "indignación ética", que es esa actitud de no quedarnos tranquilos ante tanta iniquidad.

Terminó con la mirada puesta en la próxima Asamblea General, trayendo a nuestra mente el tema ya aprobado: "La globalización de la solidaridad". A veces se dice que esta palabra -solidaridad- es demasiado profana y que se presta a la manipulación política. A quienes tienen esa preocupación, quisiera decirles que la expresión -nacida en América Latina- la ha hecho suya Juan Pablo II. El mismo nos recuerda los pasos del proceso que han llevado hasta esta nueva formulación. Primero fue Pío XII, quien inspirándose en el texto de uno de los salmos, acuñó la frase "Opus justitiae Pax": La paz es fruto de la justicia; vino luego Pablo VI, el Papa de la "Populorum Progressio", donde escribió la famosa frase: "El desarrollo es el nuevo nombre de la paz". El Papa actual ha querido hacer su propia contribución, al atreverse a afirmar: "Opus solidaritatis, pax": La paz es fruto de la solidaridad.

Y él mismo nos ha dicho que la solidaridad no es una simple actitud humana sino una verdadera virtud cristiana, virtud que consiste en que todos nos sintamos responsables de todos.

De Jesús hemos aprendido lo que es la encarnación y lo que es hacerse prójimo del hermano o hermana tirados a la vera del camino. El también nos ha enseñado a descubrirlo en el rostro de las personas, sobre todo en el rostro del pobre y del que sufre. Y para que no quede duda de cuáles son las prioridades en el Reino que él vino a anunciar y a hacer presente, nos recuerda que -lo diré con palabras de San Juan de la Cruz- "... en el atardecer de nuestra vida, seremos examinados acerca del amor".

Al escriba que le preguntaba cuál es el primer mandamiento de la Ley, le dijo: "Anda y haz tú lo mismo". Ahora, en el último día del Ex-Co, nos dice: "Cáritas de Europa, Asia, África, Oceanía y América, vayan y anuncien con su compromiso, que sólo el amor cambia el mundo. Vayan y digan que en lugar de las Torres Gemelas hay que crear un nuevo mundo - "Es posible un mundo diferente"- en el que la justicia y la paz se besen. Vayan y trabajen para que en esa aldea global en que el mundo se ha convertido, porque estamos todos unos junto a otros, aprendamos a estar unos con otros, es decir, a ser solidarios". Porque sólo hay dos caminos: El de la globalización de la violencia y el terror; o el de la globalización de la solidaridad y del amor. @


(*) Gregorio Rosa Chávez, es Presidente de Cáritas de América Latina y El Caribe. Reflexión durante la 83º reunión del Comité Ejecutivo de Caritas Internationalis (COEJ). Roma, 29 de noviembre de 2001.



 

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