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   Edición 81 / Octubre - Diciembre del 2001

Salud


La Toxicidad del Aceite de Colza del '81


Por A. Aguirre de Cárcer
Del Diario ABC de Madrid - España
info@abc.es

España


Descubierta una Mutación Genética que Agravó la Toxicidad del Aceite de Colza en las Víctimas. Veinte años después de la trágica irrupción del síndrome del aceite tóxico en la sociedad española, un equipo científico ha logrado evidencias sólidas de la existencia de un factor genético de riesgo entre los afectados por el aceite de colza adulterado. Se trata de una mutación genética observada en un significativo número de pacientes, que habría provocado una metabolización más lenta de los compuestos tóxicos.


El 1º de mayo de 1981 fallecía en Torrejón de Ardoz (Madrid) el niño Jaime Vaquero, primera víctima mortal de la más grave intoxicación alimentaria ocurrida en España. Sólo durante ese año murieron trescientas personas por el síndrome del aceite tóxico. Hoy la cifra oficial ronda las quinientas, aunque los expertos atribuyen al consumo del aceite de colza adulterado el fallecimiento de 2.400 personas en los últimos veinte años.

Transcurrido este tiempo, 17.500 supervivientes sufren todavía secuelas de esta enfermedad, precisando asistencia médica y social. A causa del envenenamiento masivo de la población, y tras un histórico macrojuicio, el Estado debe pagar como responsable civil subsidiario medio billón de pesetas a los afectados, aunque por el momento se ha hecho efectivo el pago de 143.000 millones de pesetas correspondiente a unas 7.000 de 18.287 reclamaciones.

Como el drama social y sanitario de las víctimas, la investigación de esta criminal intoxicación alimentaria está lejos de haber concluido. Aún quedan por esclarecer numerosas incógnitas de este nuevo síndrome de evolución desconocida. Pero en ese empeño surgen hallazgos que arrojan luz sobre la naturaleza de la enfermedad y cómo se convirtió en una "lotería mortal" en muchos hogares españoles, donde unos familiares enfermaron y otros resistieron sin secuelas una intoxicación a la que también se vieron expuestos.

En un estudio publicado en el último número de "Environmental Health Perspectives", editado por el Instituto Nacional de las Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos, investigadores españoles de varios centros detallan el hallazgo de un factor genético de riesgo entre los afectados, que aumentó la susceptibilidad a los daños producidos por los compuestos tóxicos existentes en el aceite adulterado.

Se trata de mutaciones en las dos copias de un gen llamado NAT2, localizado en el cromosoma 8, que es clave en la metabolización por el hígado de los compuestos tóxicos. Según las conclusiones de los científicos españoles, las mutaciones en ambas copias de este gen habrían provocado una metabolización más lenta de las sustancias nocivas presentes en el aceite, reduciendo la capacidad para eliminar rápidamente la toxicidad o bien favoreciendo la acumulación de los metabolitos tóxicos en el organismo.


Estudios Genéticos

Para descubrir este factor genético de riesgo, los autores de este estudio, cuyo primer firmante es Margarita Ladona, que ahora trabaja en el Centro de Investigación y Desarrollo del CSIC en Barcelona, analizaron muestras biológicas de 72 afectados (54 mujeres y 18 hombres), que forman parte del grupo de más de mil pacientes que son seguidos y atendidos en la unidad clínica del Centro para la Investigación del Síndrome del Aceite Tóxico, que dirige el investigador Manuel Losada en el Instituto de Salud Carlos III de Madrid.

El objetivo de este grupo, que incluye a un clínico del Hospital Doce de Octubre de Madrid y a un farmacólogo de la Universidad de La Laguna, era analizar la posible existencia de mutaciones en cinco genes que codifican en el hígado otras tantas enzimas fundamentales para metabolizar los fármacos y los compuestos tóxicos de origen ambiental. El gen NAT2, por ejemplo, es bien conocido por los investigadores que trabajan en farmacogenética porque es crucial en la respuesta a la toxicidad de las sulfamidas, compuestos descubiertos hace décadas para el tratamiento de enfermedades bacterianas.

Para llegar a conclusiones sólidas sobre posibles peculiaridades en el perfil genético de las víctimas de la colza, Margarita Ladona analizó también muestras de 72 familiares de esas 72 víctimas, con las que compartían domicilio en el año 1981. También se examinó material genético de otras 70 personas, sin ninguna relación personal con las anteriores, pero que vivieron en el mismo vecindario hace veinte años.

El análisis comparativo no reveló ningún dato significativo en cuatro genes. Pero al examinar el gen NAT2 en los afectados, y luego establecer comparaciones con este mimo gen en sus vecinos de hace 20 años, los científicos descubrieron en las víctimas una mayor proporción de casos con mutaciones en ambas copias del gen NAT2.

El investigador Manuel Losada explicó a ABC que se trataría de un factor genético de riesgo, pero matiza que con toda seguridad no es el único implicado en la enfermedad. En su opinión, es muy probable que exista al menos otra enzima en el hígado, "el laboratorio bioquímico del organismo", que participaría con la anterior en esta disminución de la capacidad metabólica. El hallazgo refuerza la idea de los investigadores de que existió una susceptibilidad individual en los intoxicados, un fenómeno que, junto al nivel de consumo del aceite adulterado, sería un cofactor fundamental en la diferente respuesta observada en los pacientes a la intoxicación.


Genes y Autoinmunidad

Esta no es la primera vez que investigadores españoles detectan genes involucrados en la patogénesis del síndrome del aceite tóxico. Losada, junto con otros científicos, publicó el pasado año el descubrimiento de anomalías en el gen DR2 en una alta proporción de pacientes que habían fallecido por el aceite de colza. La participación del gen DR2, situado en el cromosoma 6, ha venido a reforzar otra de las hipótesis científicas sobre la enfermedad: su mecanismo patogénico de carácter auto inmune.

Losada recuerda que el gen DR2 ha permitido establecer un vínculo molecular entre el humo del tabaco y el cáncer del pulmón, otra enfermedad con una clara interacción entre la genética y la exposición ambiental a sustancias tóxicas. Paralelamente a otras líneas de investigación, el centro que dirige Manuel Losada continúa buscando nuevas pistas genéticas relacionadas con este síndrome de origen alimentario y para ello dispone de un valioso banco de DNA con muestras de más de mil pacientes.

Las pesquisas se centran en regiones concretas de cinco cromosomas humanos donde existen genes involucrados en la respuesta inmunitaria del organismo. @





 

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