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   Edición 81 / Octubre - Diciembre del 2001

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El Mercurio de la Salud

Aspectos Biológicos y Psicosociales

Cuerpo, Sexo y Género
Por Dr. Nicolás Torres
mareal@sminter.com.ar

Argentina

Este informe, que se desprende de un análisis profundo de la influencia cultural en el género, obtuvo el primer premio en el XVI Congreso de Psiquiatría de Salud Mental


Existe una antigua polémica en psicología que no ha podido ser zanjada en forma satisfactoria y que permanece a la cuestión de cuál es el papel de lo biológico y cuál el de la cultura en la determinación de la conducta humana. A pesar de las múltiples teorías desarrolladas en el intento de superar el problema, el tema permanece sin resolverse.

Monismo y dualismo se disputaron el terreno y aunque en los últimos tiempos se ha intentado muchas veces dejar de lado la polémica, por parecer improductiva e inconducente (por ejemplo el DSM IV en psiquiatría), el paradigma superador no aparece.

En el campo de la sexología, diversos autores se movieron como si la polémica no existiera e hicieron afirmaciones biológicas - psicológicas, mientras cada uno seguía su camino como si la contradicción no existiera. Se pasaba de un campo al otro sin mayores recaudos metodológicos y sobre todo se construyeron conceptos tales como sexualidad normal, perversiones, desviaciones, interrupción del desarrollo, inmadurez, cuya finalidad fue más bien satisfacer una definición apriorística, arbitraria y falsa, antes que esclarecer el problema.

Gran cantidad de material empírico sobre la sexualidad era desechado o rechazado en función de la noción de sexualidad normal que se definía como una verdad con base biológica. El impulso sexual, los dos sexos anatómicos, la reproducción, eran asuntos muy fuertemente regidos por el orden biológico.

Los autores que se ocuparon de teorizar sobre la sexualidad, advirtieron que esta contenía una gran proporción de elementos que no respondían al orden biológico y a mediados del siglo XX la biología en el campo sexológico. Esto no impidió sin embargo que se siguieran usando criterios biológicos que sustentaban la base del sexo y no pudieran plantearse con claridad, qué representaba cada orden en la conducta sexual humana.


El género como cultura

Una clara prueba empírica del origen cultural del género, lo constituyen los errores de diagnóstico en el sexo. Muchos casos estudiados muestran con claridad que por pequeñas malformaciones exteriores, como un escroto bífido, que semeja una vulva, o una soldadura de labios mayores que semeja un escroto, se asignaba el sexo contrario al que poseían los recién nacidos y el desarrollo genérico que hacía a la perfección, a pesar de que cada uno de ellos, poseían el resto de su anatomía, sistema hormonal y codificación genética del sexo originario, niño/a correspondía plenamente al sexo asignado y no a las determinantes biológicas.

Los datos de la etnografía han recogido en la actualidad gran cantidad de estudios realizados en pueblos de muy diversas partes del planeta. También nos muestran con absoluta claridad cómo procede a contribuir al género masculino mediante una serie de operaciones realizadas en el pasaje de adolescente a adulto. En estos rituales de pasajes se perciben los mecanismos culturales en acción y sobre todo la función social del género pues los rasgos que definen la masculinidad tienen una estrecha vinculación con los sistemas de supervivencia de estas poblaciones.

Estas dos series empíricas nos muestran al género desligado de bases biológicas y por lo contrario muy determinados por la cultura.

A pesar de ello la confusión entre sexo y género es un hecho habitual en la literatura científica. La mayoría de los autores continúan hablando de sexo cuando se refiere a asuntos pertenecientes al género y esto conlleva riesgos de importancia, ya que estos dos órdenes son cada uno de un tipo muy distinto de fenómenos sobre todo en lo referente a su determinación causal.

Es necesario enunciar taxativamente que el género no es sexo, aunque aquel lo incluye y lo subordina.

En el comportamiento sexual el único elemento biológico está en el origen de la pulsión, cuando ésta se constituye, los medios y el objeto que se definen, ya pertenecen al género. Este determina lo que atrae o lo que rechaza o lo que resulta indiferente, así también determina el cómo y además la "elección" del objeto.

Si somos consecuentes arribaremos a la conclusión que los comportamientos sexuales son todos admisibles y válidos, que la atribución de un valor ético o de una prescripción moral son productos de convenciones que están al servicio de "una necesidad de ordenamiento social".

En la brillante obra de Foucault sobre la sexualidad en la Grecia Clásica, el autor se plantea al comienzo de su estudio, porqué los griegos hicieron de la sexualidad un tema que fue objeto de una preocupación moral y esto no pasó con otras necesidades básicas humanas, como por ejemplo la alimentación. Foucault en todo su trabajo, que a nuestro entender es un estudio acabado del orden genérico (aunque lo sigue llamando sexual), no responde a esa pregunta inicial. Sin embargo, la respuesta surge fácilmente si el mal llamado sexo es visto desde su verdadera naturaleza, que es el género y es así entonces donde puede entenderse.

El género es un ordenador social y su función esta en la base de la identidad y en la distribución de poder, por lo tanto necesita una moral (normas internalizadas y sacralizadas) para que los individuos respeten la moral en su subjetivación, y así posibiliar ese orden tan necesario para el funcionamiento social. El género constituyente y constitutivo de la moral, fundamento de un orden social, aprovechando así, la fuerza que el instinto provee al deseo.


La Lógica Binaria

Al tratar de establecer un orden que permita una inteligibilidad en la interconexión universal de los fenómenos del mundo, se tiende a separar ciertos fenómenos u objetos en dos clases, en una necesidad que surge de la dificultad que presenta enfrentar la multiplicidad. Frente a una serie de fenómenos diferentes, buscamos la cualidad que puede ser común a muchos y su presencia o ausencia nos permite clasificar en dos tipos o dos conjuntos. Así fabricamos o construimos una clasificación binaria.

¿Qué grado de arbitrariedad tiene esta forma de proceder o en que refleja una realidad exterior qué se le impone al hombre? Lo más probable es que haya una relación entre este tipo de clasificación binaria y las necesidades humanas de atender o satisfacer, es decir con el grado de utilidad que los objetos o fenómenos tienen para el hombre.

Clasificar los seres vivos en vegetales o animales tienen por ejemplo relación con el grado de movilidad que estos objetos del mundo tienen como cualidad. Los animales se mueven y desplazan y los vegetales, están fijos. Esto establece una diferencia marcada en la forma de apropiarse que el hombre estableció con los animales y vegetales, en tanto fuente alimentaria.

Por cierto el rasgo diferente existe en la realidad circundante, pero lo aislamos y lo usamos como clave clasificatoria, como consecuencia del modo útil, que ponemos en juego, para llegar a la posesión del objeto necesario. Por este camino, podríamos llegar, con razón, a dudar de muchas afirmaciones que el hombre ha hecho.

También así, la lógica binaria en este tema de la sexualidad por su utilidad social, nos extravía el camino. Se parte de un hecho binario incontrovertible que es el dimorfismo sexual, es decir la exigencia de sólo dos sexos anatómicos y de allí al devenir la construcción del género, se extendió la premisa binaria. A los dos sexos, macho/hembra le corresponden dos géneros, masculino y femenino.

Esto a primera vista parece sencillo y lógico, pero si echamos una mirada al orden de causación, el género no tiene como el sexo una determinante biológica tan fuerte y definida sino que su construcción depende una gran cantidad de variables culturales, cuyas combinaciones y recombinaciones dan lugar a una multiplicidad de resultados. De hecho ocurre así y nosotros no sabemos que hacer con los resultados que no encajan dentro de la concepción binaria.


Conclusiones

Es necesario tener en claro que el género no es una entidad teórica - abstracta sino que constituye la estructura básica de la identidad de las personas y define su inserción en la sociedad.

También es necesario remarcar, que al ser el género una construcción socio - cultural no podemos considerarlo como un valor absoluto sino como una variable de la cultura. De allí se deduce sin mucho esfuerzo que el comportamiento "sexual" que en realidad responde casi totalmente a un orden genérico también es una variable de la cultura y por lo tanto lo que llamamos sexualidad "normal" no tiene fundamento ni metodológico ni científico. @




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