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El 6 de junio y el 21 de noviembre de 2000 dos noticias fuera de lo común recorrieron, a su turno, muchos medios de difusión. Entre amarillismos, paros, denuncias de corrupción y cataclismo económico, el periodismo daba cuenta que una empresa argentina de alta tecnología estaba involucrada en dos sucesos de trascendencia internacional. Por un lado dicha empresa ganaba una licitación en Australia -nada menos que por un monto de ciento setenta millones de dólares- calificando mejor que monstruos tecnológicos primermundistas y por el otro era la responsable por el diseño y construcción del primer satélite argentino de observación del territorio que la NASA acababa de lanzar al espacio. Toda una rareza para nuestra actualidad. En 1998, el organismo nuclear australiano convocó a un concurso internacional de propuestas para rehacer un reactor destinado a investigación y producción de radioisótopos ubicado en los suburbios de Sydney. Si bien ocho empresas de tecnología nuclear acudieron al requerimiento australiano, solo cuatro preclasificaron. Entre AECL (Canadá), Siemens (Alemania) y Technicatome (Francia) figuraba INVAP (Argentina). También INVAP es un nombre que aparece asociado a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CoNAE) en lo que a los satélites argentinos de la serie SAC se refiere. Pero, ¿Qué es INVAP? INVestigación APlicada INVAP es una Sociedad del Estado de la Provincia de Río Negro, con sede en Bariloche, dedicada a "satisfacer las demandas de desarrollo de alta tecnología en los campos nuclear, espacial, ambiental e industrial y a crear fuentes genuinas de trabajo en la provincia de Río Negro", según consta en sus principios fundacionales. Si bien, INVAP surge formalmente en 1976 como proveedor de tecnología nuclear para la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), "los padres ideológicos fueron Jorge Sábato, con su concepto de empresa de tecnología, y Antonio Balseiro quien, hace cincuenta años, vislumbró la conexión entre centro de excelencia académica y generación de tecnología", explica el asesor de la gerencia general de la empresa doctor en química-física Tomas Buch. Buch es graduado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (FCEyN) y fue uno de los profesores con marcas de los bastones policiales de 1966. No obstante, los dos pilares del lanzamiento de INVAP lo constituyeron la CNEA, en general, por su coherencia para desarrollar tecnología propia antes que importarla y el doctor en física Conrado Varotto, en particular, "quien desde 1972 trabajó para reunir en Bariloche a la masa crítica -en la jerga nuclearista- de profesionales capaces de impulsar y sostener semejante emprendimiento", reseña Buch quien no sólo perteneció a ese grupo inicial sino que también formó parte del primer plantel de docentes del Instituto Balseiro. Varotto, quien hoy dirige la no menos prestigiosa Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CoNAE), supo conjugar los niveles de excelencia del Instituto Balseiro y del Centro Atómico Bariloche con el objetivo de erigir un centro de investigación aplicada. Hace un cuarto de siglo, la lógica de la CNEA -herética en al actual discurso oficial- consistió en "optar por el desarrollo propio cuando eso parecía imposible", continua Buch. Tal el caso del desarrollo y construcción de la Planta de Enriquecimiento de Uranio en Pilcaniyeu (Río Negro). Por su complejidad e implicancias, Buch considera a ese emprendimiento como el más importante logro tecnológico de la Argentina. Del mismo modo, la decisión de construir el reactor nuclear de investigación en Bariloche -denominado RA6- en lugar de comprarlo a Estados Unidos, fue el punto de partida en 1985 para el lanzamiento internacional de INVAP. Buch asegura que, como consecuencia de aquella decisión y de la competencia de los profesionales de INVAP y de la CNEA, actualmente INVAP es el primer referente mundial en la especialidad de reactores de investigación científica. En épocas donde un Secretario de Ciencia y Técnica cae en sorprendentes conflictos conceptuales tratando de ordenar los términos Ciencia, Tecnología e Internet, el de INVAP es un saludable ejemplo acerca de cómo la investigación básica de excelencia puede generar, naturalmente pero no sin esfuerzos, un polo de investigación aplicada y de desarrollo tecnológico, no solo de excelencia equivalente, sino también de alto impacto social. "La tecnología no es meramente ciencia aplicada como muchos afirman", dice Buch. Luego, la imagen de una secuencia ciencia básica - ciencia aplicada - desarrollo tecnológico - producción es inadecuadamente simplista. "Por de pronto, ciencia y tecnología involucran actitudes diferentes ante problemas distintos. Alguien dijo que la ciencia investiga lo que existe, mientras que la tecnología crea lo que no existe", argumenta Buch y agrega que la actitud básica del científico es la de buscar las relaciones causales entre los fenómenos mientras que la del tecnólogo es partir del planteo de una finalidad para poder trabajar sobre las partes que la harán posible. En tecnología, el conocimiento científico, que no tiene en ella el carácter de producto final, es necesario pero no suficiente: la eficiencia de la organización -cumplir plazos y respetar costos- es fundamental. INVAP hoy En el área nuclear, INVAP desarrolla equipamiento para usos pacíficos en ciencia, medicina e industria. Diseña, construye y pone en marcha, tanto en el país como en el exterior, reactores para investigación, plantas de irradiación y para la fabricación de elementos combustibles, instalaciones para manufactura de radiofármacos y almacenamiento de residuos nucleares. En este aspecto sobresalen los reactores de investigación construidos en Egipto y en Argelia -además del mencionado RA6-, y los sistemas de máquinas herramientas para actuar a distancia y para almacenar combustible agotado. La tecnología espacial es otra de las áreas en las que INVAP tiene un marcado protagonismo ya que e s la única empresa argentina que califica en los estándares de la NASA. Por estas razones INVAP es la principal contratista de la CoNAE, quien desarrolla -asociada a la NASA- el llamado Plan Nacional Espacial Argentino que incluye, entre otros programas, la serie de los denominados Satélites de Aplicaciones Científicas (SAC). Los SAC, que han adquirido desde hace algún tiempo una relativa popularidad mediática, llevan consigo instrumental para un amplio rango de observaciones de nuestro territorio, en muchos casos, de gran relevancia ecológica e importancia económica. La NASA aportó el lanzador, la CoNAE diseñó la misión y participó en las diferentes etapas del proyecto e INVAP tuvo a su cargo, la ingeniería, la fabricación, la integración de los componentes y los ensayos finales. Por su parte, INVAP es un referente esencial para la industria en las áreas de robótica (equipamiento especial para operación en ambientes peligrosos), ingeniería medioambiental (tratamiento de residuos peligrosos), automatización, control de calidad y de procesos industriales y equipamiento para aprovechamiento de energía eólica. La división de medicina nuclear de INVAP ha diseñado, desarrollado y fabrica equipos de cobaltoterapia, simuladores radioterapia y, además, suministra los servicios de reemplazo de fuentes de cobalto, realiza programas de mantenimiento predictivo y correctivo y diseña y construye salas de tratamiento. La conquista del continente australiano A mediados de 1998, INVAP apuesta fuerte por conseguir la adjudicación del megaproyecto australiano y elige -exhibiendo gran solvencia, manejo y experiencia internacional- como subcontratistas, a un consorcio local de arquitectura, ingeniería e instrumentación, a un laboratorio ruso de investigaciones nucleares y a una empresa húngara y, como asesor técnico, a la mismísima CNEA. Luego de un año de preparación de la oferta, de treinta tomos de documentación, de una maqueta completa, de cuatro meses de presentaciones orales, de ruedas de preguntas de clarificación, de revisión de ofertas, de consultas y procedimientos burocráticos, el 5 de junio de 2000 los australianos anunciaron que INVAP ganaba la licitación. La historia también tuvo sus costados polémicos: por un lado los ambientalistas australianos y argentinos enarbolaron su clásica bandera disidente contra cualquier emprendimiento nuclear y, por el otro, algunos perdedores de la licitación ejercieron grandes presiones diplomáticas para que el Gobierno australiano no adjudicara a favor de INVAP. Buch opina que los grupos ecologistas locales que, de todas maneras, se hubieran opuesto al proyecto en sí mismo, contribuyen de una manera u otra a reforzar la estrategia de los competidores internacionales. Aquí, en Argentina, la imputación se refería a una supuesta cláusula contractual que incluiría el depósito de desechos en nuestro territorio. "Los desechos se depositarán en Australia", afirma Buch y agrega que los australianos están muy conformes con su actual arreglo con Francia en lo que a basura nuclear se refiere. La gente es la clave Buch, quien fuera gerente de recursos humanos de INVAP, asegura: "La clave del éxito de la empresa reside en sus trescientos cincuenta empleados -más de doscientos de los cuales son profesionales altamente calificados y técnicos especializados provenientes de diferentes áreas científicas y tecnológicas- que tiene puesta la camiseta." Tanto los visitantes estadounidenses de la NASA como los australianos se sorprendieron no sólo por el ritmo de trabajo que incluye, si es necesario, horas extras espontáneas, sábados, domingos y feriados sino también por la versatilidad del personal. A manera de reflexión final, Buch opina que hemos fracasado copiando modelos de desarrollo europeos y, por lo tanto, es hora de abordar estilos propios. "La viveza criolla, en su variante positiva, en interacción sinérgica con el conocimiento científico acumulado puede producir maravillas", concluye Buch. El pequeño SAC se fue para arriba El 21 de noviembre de 2000 a la hora 15.24 el cohete Boeing denominado Delta II despegó de la Base Vanderberg (California, Estados Unidos) de la NASA transportando cuatro satélites. Entre ellos viajaba el argentino SAC-C o, según la definición de sus diseñadores de la CoNAE, "el primer satélite argentino dedicado al medioambiente". Noventa minutos después, el tercer miembro de la familia de los SAC (Satélite de Aplicaciones Científicas) comenzaba a describir una orbitar polar alrededor de la Tierra cada noventa y nueve minutos, a setecientos diez kilómetros de altura y por los próximos cuatro años. Si bien una red internacional de estaciones rastreó el lanzamiento, el centro de operaciones de la misión estuvo localizado en la Estación Terrena del Centro Espacial Teófilo Tabanera en Falda del Carmen (Córdoba). El SAC-C, de casi media tonelada de peso y unos cuarenta y cinco millones de dólares de costo, lleva a su bordo cuatro instrumentos íntegramente construidos por INVAP para CoNAE mientras que los restantes cinco pertenecen a proyectos científicos de Estados Unidos, Italia, Dinamarca y Francia. Brasil, por su parte, aportó todo lo referente a los ensayos ambientales del satélite. El satélite transporta tres sofisticadas cámaras mediante las cuales los científicos tomarán imágenes ópticas del territorio argentino que proveerán información sobre cosechas, ríos, desertificación, inundaciones, incendios forestales, humedad de la atmósfera y contaminación del mar argentino. Además, un cuarto instrumento permitirá monitorear la trayectoria de las ballenas francas australes en el marco de las medidas adoptadas. @ (*) El Dr. Guillermo Mattei, es asistente en la Coordinación de los Laboratorios Básicos de Enseñanza del Departamento de Física y Secretario de Graduados de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. ![]() Publicación bimestral editada por |
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