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La inundación que actualmente padece una gran porción de la pampa húmeda, sumada a otros desastres sucedidos en el país, no pueden ser explicados como una repetición de los fenómenos climáticos del Niño o la Niña. Lo afirma Vicente Barros, profesor titular de Climatología de la UBA e investigador superior del Conicet, quien vincula el aumento de las precipitaciones a un cambio climático a escala planetario. En los 40 días previos al 12 de octubre, sobre 100.000 Km2 del noroeste de Buenos Aires, el sur de Córdoba y el noreste de La Pampa se precipitaron 25.000 millones de m3 de agua, es decir un promedio de 250 mm. En esa zona, la lluvia anual antes de 1960 era de alrededor de 600 mm. Este episodio se suma a otros recientes, por lo que se extiende la inquietud sobre lo que ocurre con el clima en nuestro país. Las inundaciones de los grandes ríos del Litoral en los últimos 20 años estuvieron asociadas a los eventos del Niño. Desde mediados de la década de 1970, este fenómeno presentó siempre una mayor duración que la habitual, siendo esta la causa de las mayores inundaciones del río Paraná. Pero aún sin la presencia del Niño, se produjeron importantes inundaciones como las que este año afectaron la Ciudad de Buenos Aires y el año pasado al noroeste del país y las ya repetidas en los últimos años en el oeste de Buenos Aires y el sur de Santa Fe. Los daños de las inundaciones han llegado en algunos años a más de 1.000 millones de pesos, afectando las exportaciones y las economías regionales. Los daños son probablemente mayores como consecuencia de la quiebra de productores, el aumento del desempleo y el consiguiente deterioro de la situación social. ¿Qué pasa con el clima? Al igual que en el sur de Brasil y en Uruguay, en la mayor parte del territorio argentino se han registrados aumentos considerables en las precipitaciones durante las décadas de 1960 y 1970, habiéndose mantenido aproximadamente estables en los altos valores alcanzados entonces. En algunas localidades los aumentos registrados en los promedios de diez años son de hasta un 50%. Es la única región húmeda de la Tierra en que ha ocurrido semejante cambio en los últimos 150 años. La cara positiva de esto fue la mejora a nivel país de los rendimientos en la producción agropecuaria, así como el corrimiento de la frontera agrícola hacia el oeste, ambos causados también por las nuevas tecnologías. Parte del cambio observado en nuestra región estuvo asociado al que se produjo en muchos aspectos del sistema climático a escala planetario durante la década de 1970. El conocimiento científico no permite por ahora determinar si este último cambio y el de las precipitaciones en nuestra región se deben al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo que se sabe con un alto grado de certeza es que estas emisiones están llevando a un calentamiento global. Sin embargo no es aún posible pronosticar cuál ha de ser el escenario climático de las próximas décadas a escala regional. Es factible que las tendencias regionales no sean necesariamente constantes, por lo que no se debe descartar una reversión de los cambios de observados en nuestra región. Lo que sí ha quedado evidenciado durante el siglo XX es que el centro y el este de la Argentina, su región más productiva, tiene una enorme vulnerabilidad climática y que por lo tanto podría sufrir otra vez grandes cambios en uno u otro sentido. En este contexto, la región hoy afectada por las inundaciones presenta una mayor vulnerabilidad, ya que no sólo sufre por grandes variaciones en la precipitación sino que además el escaso declive de su topografía no permite el rápido escurrimiento de las aguas. El presente evento es ilustrativo al respecto. Considerando el volumen de agua precipitado en las seis semanas de septiembre y de principios de octubre, y descontando la evaporación, si se pretendiera evacuar toda la masa de agua en seis semanas de forma de evitar casi completamente la inundación, se requeriría de un canal que transportara un caudal de 5.000 m3/s, prácticamente el caudal del río Uruguay, pero con la desventaja de que este transporte se debería hacer en un terreno de muy escasa pendiente. Este rápida ejercicio numérico no apunta a desacreditar la necesidad de las obras planificadas, que seguramente permitirán mitigar el impacto de las futuras inundaciones. Es para subrayar la necesidad de un planeamiento integral que supere la política de parches y las disputas entre los afectados. Dada la naturaleza del problema, este planeamiento -aunque incluyendo obras de infraestructura-, debe ir más allá, propiciando medidas y políticas de adaptación al nuevo contexto climático, tanto en el sector productivo como en otros ordenes. Otra cuestión que surge ante eventos como el actual es si son al menos predecibles, para poder mitigar sus impactos negativos. Ello requeriría de pronósticos del clima con anticipación de uno o varios meses. Este pronóstico es sustancialmente diferente al del tiempo, porque se hace sobre las condiciones medias de un periodo de un mes o más, y porque utiliza una metodología distinta. El pronóstico del tiempo tiene un límite teórico que no supera las dos semanas y en la práctica es de utilidad hasta una semana en ciertas ocasiones. En los últimos años se han difundido numerosos pronósticos climáticos, algunos de organismos oficiales y otros de particulares. Los mejores aciertos estuvieron apoyados en la conocida evolución de los fenómenos del Niño y La Niña, y en los impactos que a veces tienen en el clima regional. Las grandes precipitaciones de este año -en que no hubo ninguno de estos fenómenos- ponen de manifiesto lo que ya los especialistas conocían: Que la variabilidad del clima depende de muchas otras causas además del Niño. Lo cierto es que no se sabe de ninguna verificación independiente del grado de acierto de los pronósticos climáticos con una sola excepción. En la región, se han realizado 13 foros de predicción climática para emitir pronósticos a tres meses, con la participación de instituciones y especialistas de Argentina, países vecinos y EE.UU. A pesar de contar con los resultados de los modelos climáticos más sofisticados del mundo, la verificación de las predicciones de estos 13 foros para la Argentina indica que los pronósticos no fueron superiores a las que se hubieran podido lograr usando simplemente la climatología. Ello no quiere decir que en un futuro próximo no se pueda contar con pronósticos climáticos, ya que las investigaciones en curso que se realizan en el Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la UBA, así como en otros centros de la región y del mundo, están clarificando rápidamente aspectos centrales de la variabilidad climática. De todos modos, la actual inundación pudo haber sido anticipada con algunos días o quizás un mes si hubiera habido un adecuado monitoreo de la humedad en el suelo. Ello debido a que los suelos probablemente estuvieron cercanos a la saturación en septiembre y es sabido que las precipitaciones de octubre son generalmente importantes. El monitoreo de humedad en el suelo requiere de modelos que están disponibles y de una densidad de observaciones climatológicas de las que lamentablemente no se dispone. Esto último contrasta con lo que ocurre en la mayoría de los países vecinos. Siendo la Climatología y la Meteorología insumos importantes en la toma de decisiones en muchísimos aspectos de la vida civil y la actividad agropecuaria, resulta muy difícil entender el descuido en que se encuentran en nuestro país. Dada la ubicación institucional de esta actividad en la estructura del Estado Nacional, parecería ser que los argentinos creemos que el mayor interés por la misma resulta de la defensa aérea. @ |
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