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En Defensa de la Introducción de Especies Continuando el Debate
En el mundo actual, la introducción de especies se ha convertido en una práctica que responde a intereses disímiles, pero también generan la contraposición de otros. Por tal razón, se vuelve un tanto difícil hacer juicios realmente justos de cuando ello es correcto o no. Pienso que el análisis de un aspecto como este requiere de la ubicación consciente del momento y el lugar donde se realiza la introducción, o sea, cuándo y donde. Los criterios emitidos hasta el momento sobre el debatido tema de la introducción de la tilapia, se circunscriben al continente, donde en realidad existen numerosísimas especies que reúnen las condiciones para el cultivo, no obstante, es bueno señalar y en acuerdo con la Lic. María Cuadros, que el relativo atraso tecnológico de nuestros países obliga, en última instancia, a la introducción de especies exóticas conocidas en su biología y tecnología de cultivo, y en el caso de los países del continente, se carece del marco financiero adecuado para enfrentar líneas de investigación y desarrollo en este campo. Sin embargo, el carácter insular de Cuba la limita en riquezas de peces de agua dulce. Sus ríos son escasos y de pobre caudal y las especies autóctonas se refiere a unos pocos cíclidos y de ellos solo uno, con ciertas características comerciales, (Ciclasoma tetracantus). Antes del triunfo de la Revolución de Enero de 1959, la actividad pesquera de Cuba se circunscribía a la pesca en la plataforma cubana y en algunas zonas aledañas como el Banco de Campeche y las Bahamas, de donde se extraían en conjunto poco más de 20 000 Tn anuales. Un factor determinante en la pobre incidencia, no sólo de la acuicultura, sino de las capturas provenientes de agua dulce en la captura global nacional, es la pobreza de recursos lacustres y fluviales de nuestro país. El río más importante de Cuba, el Cauto, en la vertiente sur de la zona oriental, tiene sólo 343 Km y un cuenca total de casi 9000 Km2. El resto de los ríos importantes oscilan entre 62 y 145 Km de longitud con cuencas que varían entre 226 y 2400 Km2. Esta escasez de recursos hídricos, junto con la falta casi absoluta de embalses, matizaba la situación cubana antes de 1959. Sin embargo, el desastre que causó el ciclón "Flora" en Octubre de 1963, determinó que el Gobierno Revolucionario impulsara un programa de desarrollo hidráulico, que materializaría la construcción de presas en las principales cuencas. El objetivo principal era regular el caudal de los ríos para prevenir los desastres naturales que los frecuentes ciclones causaban a la economía y a la población. En segundo lugar, para servir como fuentes de abasto de los principales centros urbanos y a los sistemas de riego necesarios para el desarrollo agrícola del país. Este programa propició que desde finales de los años 60 hasta mediados de los 80, se construyan un gran número de embalses medianos y grandes con superficies desde 200 hasta más de 11 000 ha. Con ello se elevó la capacidad de almacenaje de agua de poco más de 47 millones de m3 al triunfo de la Revolución, a más de 8000 millones de m3 en la actualidad. El rápido desarrollo en muchos aspectos socioeconómicos de Cuba y en especial la agricultura, trajo aparejado las bases para la aplicación de una rama económica no existente antes. La Acuicultura. Los aspectos básicos que permitieron el rápido incremento de las producciones de pescado en aguas interiores y la colocación de Cuba entre los primeros países productores en América Latina y el Caribe, fueron:
Las carpas chinas (ciprínidos), al igual que la tilapia, se introdujeron en el último lustro de los 60s con algunas reintroducciones posteriores buscando mejores variedades, principalmente de carpa común. Durante los años 70 y primer lustro de los 80s, el trabajo con estas especies se encaminó principalmente al estudio de la biología, tecnología de la reproducción y manejo en las estaciones de alevinaje. La producción fundamental de pescado de agua dulce en Cuba (por sobre las 70 000 Tn) depende la repoblación. Por lo anteriormente explicado, puede comprenderse ahora que sin la introducción de especies exóticas a Cuba no existiría la acuicultura y menos aun, el aporte que ha hecho esta actividad en cientos de miles de toneladas a la alimentación de la población cubana. Lamentamos nosotros en la isla no haber contado en el propicio momento, con cualquiera de las más de 60 especie potenciales de Latinoamérica para ser cultivadas y tuvimos que acudir a especies asiáticas. A nuestro juicio, tanto la tilapia como los ciprínidos introducidos, pudieron afectar o no la biodiversidad de nuestros ríos o embalses, pero este es un tributo a pagar por el necesario desarrollo de la rama acuícola y la producción de alimento. Ambiente y desarrollo en muchas ocasiones se contraponen en un antagonismo sin aparente solución, la responsabilidad que le esta dada a los que deciden sobre estas soluciones en el día de hoy, los impulsa a ser extremadamente inteligentes y hábiles, de tal forma que se obtenga siempre la mejor alternativa para una conciliación sustentable (o al menos lo mejor sustentable posible), para que no se detengan el necesario desarrollo, y a la vez, no se degrade el ambiente. En estas contradicciones actuales se debaten criterios de cuan necesaria o no, es una introducción de especie. @ Aportado por: Noelia C. Calamari - Foro Electrónico sobre Pesca Continental - Fundación Proteger - pesca.proteger@arnet.com.ar |
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