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Alterando a la Naturaleza


Cuando en su evolución, lenta pero paulatina, llegó a la etapa del "Hombre de Neanderthal" -Homo neanderthalensis- (Una variedad hoy extinguida) la Tierra, continuaba transformándose, aunque ya, en ese momento, los cambios ambientales en ella, eran más lentos y no tenían la abruptuosidad y el dramatismo de épocas anteriores.

Si bien el hombre se parece muy de cerca a la clase superior de monos o antropoides, porque ambos son primates, la diferencia principal entre ellos es que el hombre tiene el cerebro de mayor tamaño, camina erecto y tiene manos capaces de fabricar y manipular herramientas. En su camino evolutivo, el Homo sapiens, -el hombre actual- terminó siendo la única especie viviente del género Homo.

Cuando ocupaba una pequeña porción del territorio antiguamente conocido, o la cantidad de ellos era insignificante en comparación a la actual, el daño o transformación del ambiente no era relevante. Hasta cuando moría, pasaba a ser en la mayoría de las veces, parte de la cadena trófica o alimenticia.

Al no existir los "cementerios" y las culturas eran influenciadas por religiones primitivas en algunos casos, o por supersticiones y temores en otros, era común que los cuerpos fueran expuestos a la intemperie para que fueran reducidos por animales carroñeros o eran incinerados en piras fúnebres. Sin quererlo, se evitaba la concentración de los cuerpos con su consiguiente descomposición orgánica y la contaminación de los suelos y los acuíferos, como ocurre en las actuales necrópolis. Muy pocos eran embalsamados o enterrados en tumbas especialmente diseñadas para ello.

Pero, desde siempre, si bien la naturaleza actúa sobre el hombre y obliga a éste a adaptarse a su entorno o desaparece -porque él también es parte de ella- éste, también intenta transformarla a ella constantemente a su gusto y "piacere", tratando de sacar los mayores beneficios de ésta, aún, contra el detrimento y la extinción de la misma.

La era industrial, si bien, fue la principal impulsora del aumento de la calidad de vida, también fue la responsable de casi todas las poluciones actuales y el deterioro paulatino de los distintos ambientes naturales y antrópicos. Existen otros factores muy importantes que también deben tenerse en cuenta. La superpoblación humana, seguramente, es otro de los agentes responsables de los daños ambientales, y que paradójicamente, también lo es, de los daños que se producen en esa misma hacinada población.

Por principios éticos, morales y de propio derecho, ningún ser humano, organización o Estado, tiene la facultad para decirle y exigirle a un matrimonio que no tengan hijos, que no tengan descendencia. Tampoco pueden por métodos, cruentos o no, psicológicos o físicos, limitarle la cantidad de ellos. Algunos gobiernos para el control poblacional utilizan el método de los privilegios (premiándolos) a quiénes se limitan a un solo hijo y castigando a quienes tienen más de uno, llegando a desterrar socialmente a toda la familia.

Muchos "científicos" y estudiosos han desarrollado desde hace siglos miles de teorías sobre la superpoblación humana. Ya en la época de la caída de la Bastilla (14-Julio-1789) se hablaba de los enormes problemas que estaban ocasionando las grandes masas y lo difícil que resultaba darles de comer a todas esas bocas. La tecnología agraria todavía estaba en pañales y se realizaba totalmente en forma artesanal.

En parte, algunos agradecían a las grandes pestes que asolaron a Europa y Asia como un "Equilibrio Poblacional Divino". Nada más ignorante y supersticioso que esas afirmaciones. Con ese criterio, podríamos también justificar las pequeñas y grandes guerras. Hasta la "Santa Inquisición" y las grandes limpiezas étnicas de la historia humana tendrían su lado bueno visto de la perspectiva de esos "pensadores". Claro, a ellos, o a sus familiares, no les hubiera gustado estar en la lista de los masacrados y ser parte de esa funesta estadística.

Indudablemente, el 11 de septiembre último marcó una diferencia. Ésta, se puede medir en "el antes y él después" de esa luctuosa mañana. Como consecuencia, además de no poder vivir más tranquilos por la psicosis generalizada de los ataques terroristas con agentes biológicos letales, el combate a estos sicarios del mal está convirtiendo a un país como Afganistán en una gran playa de estacionamiento por el continuo bombardeo. Y van por más.

La Guerra del Golfo (1991), la llamada operativamente: "Tormenta del Desierto", dejó como toda contienda, además de los miles de muertos y mutilados, una cantidad innumerable de soldados contaminados por material radiactivo y una zona totalmente polucionada, dado que, los pozos de Kuwait fueron incendiados deliberadamente. Estos incendios produjeron, sin contar las pérdidas monetarias, millones de toneladas de contaminantes y especialmente particulados, que incrementaron notablemente los problemas producidos por el efecto invernadero o invernáculo. Extinguidos por un grupo de elite altamente especializado, que si bien su trabajo es rentado, vale el reconocimiento a esta gente que arriesga su vida para combatir estos peligrosísimos focos ígneos.

Kosovo y aledaños, también sufre las consecuencias de la contaminación radiactiva de una guerra moderna (se usó Uranio empobrecido). Panamá, aunque sin haber sufrido una conflagración, contiene zonas que fueron escenarios de prácticas de tiro con esas armas. Dichos territorios, de difícil y costosa remediación, perdurarán así durante cientos de años y sus consecuencias se percibirán casi como las que se están viendo en Chernobyl.

Las grandes represas como la de Asuán en el sur de Egipto, si bien incrementó las áreas cultivables en un 30%, también formó un formidable embalse artificial (Lago Nasser) que modificó una enorme extensión de áreas prístinas e inundó miles de obras arqueológicas milenarias. El embalse de Yacyretá, compartido por la Argentina y el Paraguay, inundó varias poblaciones que debieron ser erradicadas y trasladadas a cotas más altas. El desafío actual se está desarrollando con la obra de ingeniería más importante de estos tiempos: La represa de la Triple Garganta en China. Allí, el nivel de las aguas se incrementará más de un centenar de metros y producirá la migración más grande de la época al tener que reubicar a millones de habitantes de esa populosa geografía.

¿Todas estas obras de infraestructura se justifican para lograr la generación eléctrica para el desarrollo industrial? En el caso de la China, se argumenta que su construcción se realiza para solucionar definitivamente las grandes inundaciones que asolan esa región y que anualmente producen miles de muertos y desaparecidos. ¿Con esa obra, ya no habrá más muertos en el futuro por las inundaciones? ¿Será verdad que esa es la única razón o se esconden otros intereses?

La dicotomía se produce en muchos lados, pero, con la represa de Inga en la República Democrática del Congo, que ubica a esa nación como el segundo país generador hidroeléctrico del mundo detrás de los EE.UU. es grandísima. Si bien a la R.D. del Congo la represa le genera buenos ingresos porque exporta a los países vecinos más del 80% de su generación eléctrica, irónicamente, el 70% de la población congoleña se alumbra con velas y cocina con leña. También le produce enormes impactos ambientales que deben ser sumados, además, al problema de la esquistosomiasis (el Mal de las Represas).

Si bien las guerras y las grandes obras son las principales actividades que modifican a simple vista el ambiente, algunas actividades humanas como la explotación de hidrocarburos, la industria petroquímica, las grandes aglomeraciones humanas, entre otras, se destacan sensiblemente de las demás. El hombre en busca de su propia comodidad y bienestar actual modifica el entorno, genera residuos peligrosos, contamina napas esenciales para su subsistencia, envenena la tierra de cultivos, destruye bosques centenarios para transformarlos en papel o muebles que duran apenas horas, o a lo sumo unos pocos años.

Da la impresión que, los que se aferran a esas costumbres que debemos desterrar porque resultaron ser nefastas para el ambiente y el futuro de la vida terrestre, no piensan en el futuro. Y si no le importa el mañana, es porque para ellos, lo que cuenta solamente es hoy. No existen muchas esperanzas de hacerlos cambiar, salvo, con la aplicación de todo el peso de la Justicia, haciéndoles cumplir a rajatabla todas las leyes ambientales que existen actualmente a escala mundial, que no son muchas, pero las que existen, se están dejando de lado o incumpliendo adrede.

A algunos hombres les fascina jugar a ser Dios. Les encanta modificar a su gusto y necesidad el entorno sin ningún tipo de miramientos y mucho menos de evaluación. Pero debemos tener en cuenta que, por más que realicemos concientemente los estudios de impacto ambiental de cualquier gran obra, hagamos correr los excelentes programas existentes de informática simulando las alteraciones futuras con el mejor "autómata celular", existen cientos o miles de parámetros imprevisibles que de alguna u otra manera influenciarán muy diferente al del resultado teórico obtenido. Posiblemente, mañana nos arrepentiremos.

Esta es la última editorial de este año. Llegan las fiestas y algunos se ponen melancólicos mientras que otros se tornan jocosos. Para los que profesan la religión Cristiana y festejan las Navidades y el año les termina el 31 de diciembre, les deseo, en nombre de todos los que hacemos Ambiente Ecológico WWW, que tengan una feliz Navidad y un futuro próspero y venturoso para el próximo año. Los que no profesan esa religión, pero simpatizan con las celebraciones, igual muchas felicidades y festejemos todos.

Un par de últimas reflexiones para evitar accidentes. La primera es la clásica: Si bebe alcohol, no conduzca ningún vehículo. Y la segunda: Que los festejos de las fiestas no se vean empañados por accidentes pirotécnicos que se pueden evitar manteniendo todos las normas de seguridad vigentes, pero la medida más importante de esa seguridad, es evitar el uso de la misma, o por lo menos, que sea utilizada por un profesional en la materia. Unos segundos de alegría que terminan accidentados, pueden producir nuestro arrepentimiento de haberlos mal utilizado, por el resto de nuestras vidas. @

Hasta el próximo número.


Ing. Antonio Nicolás Gillari
director@ambiente-ecologico.com
Director General
Multimedios Ambiente Ecológico





 

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