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Anualmente, se calcula que tres millones de iguanas, otro tanto de nutrias, ochenta mil pecaríes, veinte mil carpinchos, quinientos mil zorros y cuarenta mil guanacos son cazados o capturados en nuestro país. Podemos decir que la Argentina ostentó el cuarto puesto entre quienes menos protegen a su fauna, con un contrabando de animales y pieles por valor de cuatrocientos millones de dólares al año. Como dato ilustrativo cabe mencionar que la exportación legal es apenas la cuarta o quinta parte, según estimaciones bien fundadas, del contrabando existente (cifras 1990) Muchas veces, el contrabando sale del país por el aeropuerto internacional de Ezeiza, enmascarado bajo documentos que aseveran que las piezas parten a otro país para ser utilizadas con fines científicos, o bien, bajo rótulos que designan con tipo de especie falso, al contenido de los embarques; de esta forma se pasa por alto la protección que existe sobre especies que se hallan en peligro de extinción. No obstante el hecho de tener la Argentina cerca de tres mil normas que regulan la comercialización y protección de los recursos faunísticos, el país adolece de ciertas falencias en su cumplimiento estricto, como en las sanciones por su trasgresión. Para dar una idea acabada de la importancia, a escala mundial, del comercio ilegal de fauna, podemos mencionar que se encuentra en tercer lugar, luego del narcotráfico y la venta de armas. A modo de ejemplo, cabe citar el esfuerzo concretado durante 1992 en la provincia de Misiones, donde autoridades gubernamentales interceptaron un cargamento, en el aeropuerto de Posadas, con cinco mil pieles de Yacaré, mil de Iguana, y varios bultos con pieles de felinos y otros animales, expresamente protegidos. Esta, y otras situaciones parecidas, comienzan en la población rural que, por su nivel de pobreza, muchas veces se presta a capturar especies salvajes. El pago por un Loro Hablador, a quien lo captura, es de tres dólares y medio, mientras que es vendido en Europa, en cerca de quinientos dólares. Como puede verse, las ganancias se distribuyen entre el acopiador, quienes lo exportan y los que, en territorio extranjero, le comercializan. Por otra parte, la relación entre el precio del insumo (piel, por ejemplo) y el producto terminado, alcanza niveles increíbles; puede hablarse de un incremento de cincuenta o cien veces, de acuerdo al material y producto en cuestión. A modo de ejemplo, mencionaremos a continuación, algunas especies de nuestro país, que se encuentran amenazadas: * MAMÍFEROS: Mono Caí; Perezoso Gris y Bayo; Ballena Boreal, Franca, Jorobada, Azul y Pigmea; Ciervo de los Pantanos; Zorro Colorado y Gris; Aguará Guazú; Huemul; Lobo Marino de Dos Pelos; Oso Hormiguero. * AVES: Pato serrucho; Guacamayo Verde, Rojo y Violáceo; Pava de Monte Chica; Ganso de Monte; Macá Tobiano. * REPTILES: Yacaré Overo y Negro; Tortugas; Boa de las Vizcacheras. Es innecesaria mencionar la gran cantidad de ejemplares que mueren durante los traslados y acopios, o en el primer año de cautiverio; o el estado desquiciado con que llegan, luego de prolongadas jornadas, encerrados en cajas de madera, casi sin ventilación y con escasa comida... La situación de pobreza y escasez de trabajo crea el basamento propicio para que el cazador se desempeñe como tal, prefiriendo esta actividad a otras de menor pago y mayor esfuerzo. Según aseguran ciertos especialistas en la materia, esta situación no cambiará mientras no se modifiquen las condiciones y posibilidades de esta gente. Para ellos, el problema se resume en subsistir, sin importarles mucho las consideraciones ecológicas del asunto. Varias firmas que comercializan fauna en forma ilegal, enmascaran su actividad bajo el rótulo ambiguo de "Exportación - Importación", obviamente, sin especificarlo mucho. Así, se ofrecen pumas, avestruces, iguanas, osos hormigueros y otras especies, remitidas al destinatario mediante jaulas de madera, y transportadas en camiones, por ejemplo. Con esta situación se enfrenta la Dirección Nacional de Flora y Fauna Silvestres y sus inspectores, los cuales deben luchar contra innumerables sociedades "fantasmas". Muchas veces, en el mismo aeropuerto de Ezeiza, se labran las actuaciones correspondientes, cuando se descubre un embarque ilegal. En formularios especiales se asientan lugar y fecha, el hecho constatado, el nombre del imputado, nacionalidad, edad, número de documento y dirección, y una descripción pormenorizada de la encontrado, merced al concurso de inspectores de Flora y Fauna acreditados. Se deja constancia, entonces, de la presunta infracción a la ley 22.421 de Conservación de la Fauna, y su Decreto Reglamentario 691/81. Pero no obstante ello, resta mucho por hacer. Al aspecto legal, hay que complementar el educativo, y la necesaria conciencia ciudadana sobre este tema. Porque es otra forma de proteger nuestro entorno, tan diezmado por infinidad de actitudes desaprensivas, donde sólo impera el lucro económico. En este, como en tantos otros temas asociados, la prensa y las Organizaciones No Gubernamentales defensoras de la Ecología, tienen un compromiso establecido. Pero no debe escucharse sólo su voz. Gobierno y población en general deben necesariamente tomar cartas efectivas en el asunto, para corregir y prevenir todo lo que atente a nuestro medio, sus ecosistemas, y la infinidad de criaturas que, como usted y como yo, tienen derecho a la vida. @ |
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