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   Edición 81 / Octubre - Diciembre del 2001

Columnistas


Anthrax

Es Hora de Desasnarnos
y Parar la Pelota


Por Lic. Irene Rut Wais (*)
irenewais@entedelaciudad.com

Argentina


Somos testigos de tal catarata de "supuestas noticias" en los medios masivos de comunicación ante la creciente paranoia de los ataques terroristas, que me pareció importante comentar algo respecto del hoy famoso Anthrax. Más allá del nombre que tuviera -que adquirió una resonancia generalizada en los últimos días-, nos interesa el tema en este momento porque está instalado -mentira más, verdad menos- en todos lados.


Para comenzar, como muchos sabemos, la causante del mal en cuestión es una bacteria. No es ni virus (lo cual significaría una propagación fabulosa y mayor probabilidad de mutaciones constantes), ni ninguna clase de bicho. Tampoco es todo lo mortal para los seres humanos que creemos, si comparamos a esta enfermedad con cualquier otra forma de ataque "más efectivo" con alguna arma biológica de las mucho más eficientemente "creadas".

Está comprobado el 95% de los casos humanos que contraen Anthrax no mueren. Además, la reproducción de su germen patógeno es cara en cautiverio en relación con la de otras especies y, a diferencia de las enfermedades generadas por otras bacterias, es relativamente lenta. Por otra parte, es altamente probable detectarla tempranamente y mucho antes de que se reproduzca lo suficiente como para generar el mínimo daño en gente con defensas "normales".

En 1863, el veterinario francés Delafond demostró que la sangre de borregos muertos por Anthrax contenía organismos microscópicos que se multiplicaban sólo si se mantenían las condiciones ecológicas adecuadas. Años más tarde, en 1876, Robert Koch, el mismo bacteriólogo alemán que descubrió el bacilo que produce la tuberculosis (y que lleva su nombre), comprobó que los organismos que Delafond había cultivado eran los causantes del Anthrax en animales y en personas. Para muchos investigadores modernos, ése fue el inicio de la microbiología, coincidente y cronológicamente con los trabajos de Luis Pasteur en otro campo de ésta, entonces, incipiente ciencia.

Un sinónimo muy conocido en la literatura especializada para la enfermedad generada por el Anthrax es el "Carbunclo bacteriano". De hecho, las publicaciones científicas al respecto prácticamente comenzaron hace ¡ciento veinticinco años! con el mismo Koch, que fue el autor de la famosa Aetiologie der milzbrand-Krankheit (Etiología del Carbunclo). Este tratado dio origen en 1876 al fundamento de la asepsia moderna que todavía hoy -avance de la ciencia mediante con el advenimiento del microscopio electrónico- mantiene vigencia.

Además, es importante que sepamos que históricamente el Anthrax fue una de las primeras enfermedades producidas por bacterias de las cuales se demostró su etiología y cómo prevenirla. Posteriormente, con la "llegada de la era de los antibióticos", se detalló también cuidadosamente en las publicaciones especializadas cómo curarla en caso de infección.

El famoso minúsculo microorganismo responsable del mal se conoce como Bacillus anthracis. En presencia de oxígeno forma esporas - sus estructuras reproductivas y de resistencia frente a condiciones adversas-, y en este caso sobrevive a la presencia de agentes físicos y químicos. Como zoonosis (enfermedad que se transmite de un animal al hombre) es renombrada desde los tiempos bíblicos. El ser humano puede infectarse por cualquier vía, las más comunes de las cuales e constituyeron por siglos el pasaje a través de la piel, por las vías aéreas superiores, o por vía digestiva.

La afección por Bacillus anthracis ocurre sobre todo en herbívoros por la ingestión de esporas a partir de pastos o forrajes contaminados. Los carnívoros suelen ser menos susceptibles a este microorganismo y las aves sólo pueden infectarse en forma experimental y bajo situaciones estresantes, como la disminución de su temperatura corporal. El hombre resulta ligeramente sensible cuando desarrolla un carbunclo cutáneo, generalmente adquirido por el potencial ingreso de la bacteria a través de heridas preexistentes.

En caso de ingestión por parte del ser humano, puede resultar una infección generalizada e inclusive ser mortal, pero sólo en los casos en los que no es tratada con antibióticos. Por esa razón, en el hombre que trabaja en áreas rurales es considerada como una de las enfermedades profesionales de las conocidas en este ámbito y por las cuales -desde hace mucho tiempo- se toman recaudos ante potenciales riesgos.

Las esporas, como estructuras de resistencia, pueden permanecer hasta treinta años en los campos. Los suelos alcalinos y los ciclos de humedad propician su periódica germinación, manteniendo su ciclo en el suelo y siempre latente, aunque no haya manifestaciones clínicas de la enfermedad en animales aledaños.

En determinadas condiciones ecológicas favorables, existe la posibilidad de infección activa. En este caso, las bacterias penetran en el organismo animal, atraviesan el intestino y pueden superar las defensas inespecíficas contra la enfermedad, diseminándose y produciendo la toxemia. La dosis infectante depende de la cantidad de esporas ingeridas y del estado fisiológico general del animal infectado.

Es una enfermedad muy común en áreas enzoóticas con animales criados sin demasiadas medidas de control. El ganado más susceptible es el bovino, el ovino y el caprino. Sin embargo, también puede atacar caballos, cerdos y hasta perros. Es muy conocida por la gente de campo. Algunos tienen el bacilo en su organismo y viven muchos años, sin siquiera a veces enterarse, ya que es sabido que en zonas rurales, por las grandes distancias, la gente no acostumbra ir al médico en forma preventiva.

Los animales contraen la enfermedad principalmente por ingestión. Para los animales domésticos existe una vacuna de muy buena actividad inmunogénica y totalmente inocua. Los ganaderos saben que frente a un animal muerto por "Carbunclo" y para evitar la propagación, por las dudas deben enterrar el cadáver y cubrirlo luego con cal viva. En todo caso, si pueden, incineran los restos. Pero no siempre lo hacen. En la mayoría de los casos, las fuentes de infección en el ser humano son los animales afectados, sus productos contaminados o la presencia en el ambiente de esporas de Bacillus anthracis.

La mejor prevención en el hombre es el control de la infección en los animales. Si bien no se transmite de ser humano a ser humano, se debe eludir el contacto con animales infectados o productos derivados contaminados con la bacteria. Es muy importante también la higiene del medio y la personal en lugares en los cuales se manejan subproductos de origen animal, con adecuada ventilación, aseo cuidadoso de la ropa de trabajo, entre otros recaudos.

La atención médica oportuna de las lesiones cutáneas, especialmente en trabajadores rurales, consiste en la desinfección de pelos y lanas animales con productos específicos. En áreas enzoóticas, se recomienda la vacunación anual y sistemática de todas las especies animales susceptibles. La inmunidad se establece en alrededor de una semana. En el caso de áreas hiperenzoóticas, se recomienda vacunar entre períodos más cortos. En áreas esporádicas, en cambio, no se recomiendan vacunaciones masivas, sino sólo en los rebaños o rodeos afectados.

Si llegan uno o más animales afectados por carbunclo a un matadero, se suelen suspender las operaciones hasta la confirmación del diagnóstico. Si éste llegara a ser positivo, se deben destruir las reses faenadas o medias reses expuestas y realizar una desinfección cuidadosa de las instalaciones, antes de reanudar nuevamente la rutina.

Yo me pregunto entonces, después de recaer en epidemias de aftosa y otras enfermedades por creernos "superados". ¿Vamos a seguir persiguiéndonos asegurando que nos están "sembrando" una enfermedad como ésta, y además con un agente archiconocido como el Anthrax? ¿No es realmente como para meditar y, como diríamos en un lenguaje criollo no muy académico, como "para parar la pelota y no darnos tanta manija..."?

Sin pecar de hacer apología de ningún tipo de delito, ¿no somos dueños de reflexionar con toda libertad que, si en realidad nos quisieran atacar hoy ese modo, usarían otra arma biológica más efectiva, más barata, que tuviera un tratamiento menos conocido, con alguno de los tantos agentes patógenos hoy modificados y "optimizados" por el monstruo de la biotecnología armamentista? @


(*) La Lic. Irene Rut Wais, es Directora del Ente Único Regulador de los Servicios Públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina. Egresó como Bióloga en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Se especializó en Ecología durante sus estudios de postgrado en la Oregón State University (EE.UU.). Entre otras especialidades, se certificó en Evaluadora de Impactos Ambientales producidos por las modificaciones que el hombre genera en las grandes ciudades.



 

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