Editorial
Columnistas
Opinión
Investigación
Información General
Salud
Fauna
Flora
Publicaciones
Carta de los Lectores



   · Sitios de Interés

   · Diccionario Ecológico

   · Publique sus
     Artículos


   · Premios y Menciones






   Edición 80 / Julio - Septiembre del 2001

Publicaciones


El Futuro de la Ciencia

El Mercurio de la Salud




Novedad en Vacunas Genéticas

Por Aníbal Adrián Fryc
El Mercurio de la Salud
mareal@sminter.com.ar

Argentina



Los nuevos métodos de inmunización podrían curar enfermedades hasta hoy imbatibles. Mecanismos y estructura de las vacunas del nuevo milenio.


Una de las promesas más atrayentes de la ciencia del nuevo milenio es la vacuna con material genético. Si bien una década atrás los científicos la miraban con desconfianza en los últimos años hubo un cambio de actitud tanto por los adelantos genéticos como por la imposibilidad de las métodos tradicionales de inmunización de enfermedades muy graves o mortales como el SIDA, el paludismo o la hepatitis C.

Las vacunas tradicionales como las genéticas consisten en una versión muerta o debilitada de un patógeno (agente que produce la enfermedad) o algún fragmento (subunidad) suyo. El propósito consiste en preparar el sistema inmunitario para que rechace rápidamente los virus, las bacterias y los parásitos peligrosos antes de que logren establecerse en el organismo. El objetivo se logra engañando al sistema inmunitario y así se comporta como si ya estuviera siendo acosado por algún patógeno que se multiplicara sin freno y produjera grandes daños en los tejidos.


Una nueva forma de inmunizar

Según el informe Vacunas genéticas de los científicos David Weiner -pionero en el estudio de las vacunas antivíricas de ADN- y Roland Kennedy -investigador de las vacunas génicas contra el cáncer y agentes infecciosos de la Universidad de Oklahoma-, publicado en 1999 "los mecanismos de inmunización entre las vacunas son similares, la estructura de las genéticas es diferente. Las más estudiadas consisten en plásmidos (pequeños anillos de ADN de doble hélice derivados originalmente de las bacterias, pero totalmente incapaces de producir una infección).

Los que son utilizados para la inmunización son alterados con el objetivo de transportar genes específicos de una o más proteínas antigénicas normalmente sintetizadas por un patógeno seleccionado; al tiempo que se excluyen los genes que permitirían que el patógeno se reconstituyera y provocara una enfermedad".

Las vacunas genéticas suelen administrarse mediante una inyección o un dispositivo llamado pistola génica. Su aplicación (intramuscular) introduce los genes directamente en algunas células e induce su captación por parte de las células situadas alrededor de la aguja insertada.

La pistola génica impulsa los plásmidos al interior de las células que están cerca de la superficie del organismo, que suelen ser las de la piel y de las mucosas. Una vez en el interior, alguno de los plásmidos recombinantes se abre camino hasta el núcleo y da instrucciones a la célula para que sintetice a las proteínas antigénicas codificadas. Esas proteínas pueden desencadenar la inmunidad humoral (de tipo anticuerpos), cuando escapan de las células, y la inmunidad celular (células asesinas), cuando son descompuestas y desplegadas de la manera adecuada sobre la superficie celular (exactamente lo mismo ocurre cuando las células albergan un patógeno activo). La inmunidad se consigue cuando esta actividad genera células de "memoria" duradera, preparadas para impedir la entrada del microorganismo patógeno o repelerlo en el futuro.


Vacunas prometedoras

Estas peculiaridades suscitan la esperanza de que, una vez perfeccionadas para su uso en humanos, las vacunas de ADN conserven todos los aspectos positivos de las tradicionales, a la vez que eviten sus riesgos. Además de activar las dos ramas del sistema inmunológico, serán incapaces de causar infección, porque carecerán de los genes necesarios para la replicación de un microorganismo patógeno. Presentan las ventajas adicionales de que son fáciles de diseñar y pueden producirse en grandes cantidades utilizando las técnicas de ADN recombinante, tan comunes en la actualidad, siendo igual o más estables que las otras vacunas en lo que a almacenamiento se refiere.

Su fabricación y su amplia distribución deberían ser relativamente baratas. Dado que pueden componerse de manera que transporten genes de varias cepas de un microorganismo patógeno, cuentan con la posibilidad de proporcionar inmunidad simultánea contra todas ellas, algo que será muy útil cuando se trate de microorganismos variables, como los de la gripe y el VIH.

También se están realizando pruebas con vacunas compuestas de ARN, un pariente de cadena sencilla del ADN. Weiner y Kennedy afirman que "el ARN introducido en las células induce la síntesis de las proteínas codificadas, pero es menos estable que el ADN, lo que puede ocasionar problemas en la fabricación y la distribución de la vacuna. Se supone que estas dificultades van a ser superadas".


Una investigación de 50 años

La idea de que los genes pudiesen actuar como vacunas surgió en parte de unos estudios iniciados hace medio siglo. Estos experimentos no tenían nada que ver con las vacunas, pero demostraron que la liberación de material genético dentro de las células de un animal podía desencadenar cierta síntesis de proteínas codificadas y anticuerpos dirigidos específicamente contra esas proteínas. La posibilidad de que los genes insertados indujeran una respuesta inmunitaria atrajo la atención de otros investigadores, esta vez como consecuencia de un fenómeno decepcionante.

Quienes intentaban desarrollar la terapia génica (liberación de genes para corregir trastornos hereditarios) observaron que, a veces, las proteínas sintetizadas a partir de los genes terapéuticos eran destruidas en el cuerpo de los animales. La razón era que se producía una reacción inmunológica a proteínas no familiares.

Fue entonces que a principios de los '90 algunos laboratorios comenzaron a explorar la posibilidad de utilizar esta respuesta inmunitaria no deseada para la creación de vacunas. Si bien algunos dudaban, un estudio realizado en animales por grupos independientes demostró, en 1992, que la idea era sólida.

Muchas de esas investigaciones revelaron que las vacunas de ADN liberadas en las células podían estimular el sistema inmunitario de los roedores y de los primates, y de esta manera, generar respuestas frente a muchos patógenos e incluso contra ciertos tipos de cáncer. También se comprobó que podían desencadenar respuestas inmunitarias y de protección contra algunas enfermedades, utilizando diferentes vías de administración.


Los últimos avances

La técnica ha avanzado hasta el primer escalón de los ensayos humanos, que se centran en la seguridad. El primero empezó en 1995, cuando se liberaron plásmidos que contenían genes del VIH en pacientes ya infectados. Pero los de mayor envergadura se iniciaron en 1996 y marcaron un hito histórico por otra razón: Era la primera vez que se introducían genes nuevos (que contenían la información de las proteínas del VIH y de la gripe) en personas sanas, en vez de hacerlo en enfermas.

Cabe destacar que las vacunas del VIH han generado respuestas humorales y celulares; los plásmidos portadores de antígenos de plasmodium (paludismo) han demostrado respuestas inmunológicas celulares significativas; y una vacuna contra la hepatitis B ha provocado niveles de anticuerpos que son lo bastante elevados como para evitar la infección.

Los ensayos clínicos actuales se refieren a vacunas diseñadas para prevenir diversas infecciones, para reforzar la inmunidad deteriorada de los pacientes ya infectados por el VIH y para tratar una serie de cánceres (linfomas y neoplasias malignas de la próstata y el colon). Aunque el cáncer no sea una enfermedad infecciosa, hay muchos datos que indican que el hacer trabajar a las defensas inmunitarias del organismo puede contribuir a combatirlo. Hasta la fecha no se han descubierto efectos secundarios graves.

Este tipo de pruebas no valora el grado de prevención ni la mejoría de la enfermedad, pero en muchas de ellas se controlan los efectos de las vacunas sobre el sistema inmunológico.

Además de analizar el comportamiento natural de las vacunas genéticas en el organismo, los científicos miran al futuro y exploran ideas para incrementar la reactividad inmunológica general y mejorar la proporción de respuesta celular respecto a la humoral. @






El Mercurio de la Salud

Es una publicación Mensual
Editor/Director: Dr. Marco Aurelio Real (h)

Lavalle 1625
1048 - Buenos Aires - Argentina
Telefax: (54 11) 4371-8599 / 4372-7436
mareal@sminter.com.ar
http://members.xoom.com/elmercurio




 

© Copyright 2000, Multimedios Ambiente Ecológico
http://www.ambiente-ecologico.com / info@ambiente-ecologico.com