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   Edición 80 / Julio - Agosto del 2001

Opinión




Es Bueno Convivir con la Naturaleza, y es Posible



Por Ricardo Barbetti
Distribuido por Carolina Salem Bersais
Analista Ambiental
carolina_bersais@hotmail.com

Argentina


Hace bien al cuerpo y a la mente tener en la vida de todos los días árboles y arbustos y flores silvestres que nacieron por el funcionamiento de la naturaleza, no plantados en líneas rectas, y pájaros libres. Paisajes espontáneos, arroyos y lagunas con plantas acuáticas, de noche oír las ranas.


Todo esto está siendo exterminado, prohibido. La mayoría de los que tienen en sus manos el cuidado de rutas y trenes, campos, plazas y parques, ríos y arroyos, no tienen ninguna consideración para lo silvestre: Cortan los árboles silvestres y no plantan esas especies, rellenan las lagunas y orillas, dragan y canalizan los ríos y arroyos, entuban arroyos y zanjas. Máquinas cortadoras, motosierras, arados, topadoras, fuego y herbicidas.

Se nos permite ver únicamente cultivos uniformes, o un césped monótono y muy corto, hileras rectas de árboles de las especies más rutinarias y originarias de otros continentes: Fresnos, Eucaliptus, Pinos, Plátanos, Paraísos, y conjuntos "prolijos" de arbustos "ornamentales". Así, nos acostumbramos al césped chato y no conocemos las especies silvestres, la naturaleza.

Hace unos años, viajar en tren o en rutas era ver y conocer la naturaleza. Ahora no, cada vez más vemos únicamente lo artificial, lo domesticado, lo monótono y chato. Y los que destruyen la naturaleza se ofenden y molestan cuando uno se lo hace notar, no lo agradecen. Ellos son los negativos, los irrespetuosos, los agresivos y violentos, pero quieren que se los elogie porque "hacen obras", "traen progreso".

Entre las rutas y vías del tren, y los campos cultivados o pisoteados y devorados por el ganado, antes había una franja, aunque fuera muy angosta, donde se podía conocer el paisaje de la naturaleza. Esa franja está siendo exterminada, Ya no se ven flores silvestres ni bosques antiguos, la mentalidad moderna lo prohíbe. Como argumentos para hacer esto ponen la producción, la seguridad, la prolijidad. Y algunos se atreven a decir que así cumplen con "el mandato divino de dominar la naturaleza". Pero ese dominio significa la responsabilidad sagrada de tratar bien a la naturaleza, no ser un tirano cruel y destructivo.

Destruir la naturaleza es una forma de suicidio. Cuidarla y respetarla no es atraso o dejadez, es cuidarnos y respetarnos a nosotros mismos y respetar el origen de todas las cosas y al lugar donde vivimos. Por eso hay que dejar intencionalmente lugares silvestres, no solamente los que se salven por casualidad.

Y hay que plantar en las veredas, plazas y parques las especies silvestres de árboles de cada región, que en el caso de la ciudad de Buenos Aires son treinta y siete especies; no es argumento válido en contra de esto decir que eso sería un cocoliche, con esa idea, la gente tendría que ir de uniforme y las casas tendrían que ser todas iguales; evitar la monotonía si es una buena razón para plantar todas esas especies, otras razones son que: Así se ayuda a las especies que están siendo extinguidas, no en las que se convierten en malezas invasoras (Fresno, Paraíso, Álamo, etc.); el tener muchas especies de árboles evita la aparición de plagas, que son favorecidas cuando hay una (en este caso el Fresno) o pocas (en este caso nueve) especies de árboles; la gente aprendería a conocer las especies autóctonas de la región. Son hermosas y crecen bien en las veredas (hay cientos de ejemplares). @






 

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