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Desde hace mucho tiempo se sabe que los animales transmiten ondas de radiofrecuencia. Los murciélagos, las ballenas, los delfines, etc. tienen una agudeza sensitiva aparentemente superior a la nuestra. Por ejemplo, el silbato de ultrasonido es escuchado perfectamente por los perros. Sin embargo, nosotros no lo podemos oír. Las palomas mensajeras, los salmones, los patos, las mariposas monarca y muchos otros animales "reconocen" el camino que tienen que recorrer en cada ciclo de su vida. Este recorrido puede ser hasta de varios miles de kilómetros. Aparentemente la glándula pineal actúa como su radar, ya que es sensible a la luz, la temperatura y los campos electromagnéticos extremadamente bajos. Pues bien, últimamente varios investigadores han pregonado que también los hongos microscópicos, las bacterias, los virus y demás microorganismos emiten ondas como las del radio. En general, podemos decir que entre más pequeño es el organismo, la frecuencia es más baja y la amplitud de la banda es más angosta. Por ejemplo, el moho de la Lama emite una onda entre las frecuencias de 100 a 200 KHZ. Las bacterias y los virus se encuentran entre aproximadamente los 300 a los 420 KHZ. Por otra parte, los ácaros transmiten entre los 700 y los 850 KHZ. En Ucrania, unos investigadores encontraron que el DNA humano vibra entre los 40 y los 70 GHz. Lo interesante es que ya se conocen las frecuencias de cada microorganismo. Según la Dra. Hulda Clark, todas las enfermedades tienen dos únicas causas en común: Los parásitos y la contaminación. La Dra. Clark, basándose en un método de la electroacupuntura del Dr. Voll (inventor del famoso Dermatrón que usa solamente corriente directa) conocido como la prueba de medicamentos, pudo encontrar una forma no invasiva de examinar a los órganos utilizando un circuito externo (oscilador de audio) para buscar la resonancia y así poder detectar un problema al encontrar una frecuencia semejante. Se hicieron pruebas en osciloscopios y no se pudieron ver las radiofrecuencias. Por lo tanto se dedujo que eso se debía probablemente a que se trata de una energía de alta frecuencia y no de una frecuencia de alta energía. Con el tiempo, se descubrió que inclusive los microorganismos muertos siguen teniendo una amplitud de banda de resonancia. De esta forma, se encontró que el Trematodo intestinal humano tiene una frecuencia de resonancia de 434.000 Hz. El virus del VIH tiene una frecuencia de 365.000 Hz. Posteriormente se llegó a la conclusión de que cualquier frecuencia positiva pulsante mata a todas las bacterias, virus y parásitos simultáneamente si se da suficiente voltaje (de 5 a 10 voltios) con una duración de 7 minutos y una frecuencia de entre 10 a 500.000 Hz. Teóricamente se requieren tres tratamientos. El primero mata a los virus, bacterias y parásitos, pero frecuentemente recurren los virus y las bacterias. Según la Dra. Clark, esto se debe a que los virus y las bacterias infectaron a los parásitos y al matar a los parásitos se liberan estos virus y bacterias. Así que el segundo tratamiento mata a los virus y bacterias liberadas. Y el tercer tratamiento se da para matar a los virus que infectaron a las bacterias, ya que al matarlas fueron liberados estos virus. Este tratamiento experimental se realiza con un pequeño generador de frecuencias del tamaño de una cajetilla de cigarros, con 2 electrodos. Es importante recordar que la electricidad viaja sobre el exterior de las cosas. Esa es la razón por la que al usar un generador de señales no se pueden matar los organismos protegidos, tales como aquellos que pueden estar en medio del estómago o en los intestinos. La electricidad viaja a lo largo de la pared del estómago o del intestino, no a través de su contenido. Toda esta información concuerda con un descubrimiento formidable que se hizo en el Albert Einstein College of Medicine en la ciudad de Nueva York en 1990, donde se demostró que una corriente diminuta (de 50 a 100 microamperios) puede alterar la capa proteica externa del virus VIH en una caja de petri como para prevenir su fijación subsecuente en los sitios receptores (Science News, March 30, 1991, Pág. 207). Este conocimiento debe recordarnos a una forma de curación bien probada para la mordida de víbora al aplicar una corriente eléctrica que instantáneamente neutraliza la toxicidad del veneno (Lancet, July 26, 1986, Pág. 229). Por otro lado, el Dr. Robert Beck opina que la linfa y la sangre pueden limpiarse in vivo (lo que significa que no es necesario extraer la sangre ni la linfa de los pacientes) en una forma simple, rápida y barata con técnicas similares pero no invasivas como las que propone el Dr. Steven Kaali; sacar sangre de los pacientes, tratarla eléctricamente y regresárselas por métodos similares a la diálisis. No se conocen efectos colaterales, puesto que las corrientes de miliamperios son mucho más bajas que aquellas usadas en los estimuladores musculares y los aparatos TENS aprobados ambos por la FDA (Administración de Alimentos y Drogas de los EE.UU.) y que han sido usados diariamente durante muchos años por miles (tal vez millones) de pacientes en todo el mundo. Ahora sabemos que la electrificación de la sangre mencionada aquí, puede causar electroporación, lo que hace que las membranas celulares aumenten su tasa de absorción (Electroporation: A general phenomenon for manipulating cells and tissues; J.C. Weaver, Journal of Cellular Biochemistry 51: 426-435, 1993). Este efecto puede imitar dosis aumentadas en muchas veces. Por esta razón es indispensable evitar la ingesta de cualquier medicamento potencialmente tóxico durante una semana antes de empezar el tratamiento de electrificación sanguínea (Robert Beck, Explore, Vol. 7, No. 1, Pág. 4-10, 1996). Todo lo mencionado arriba sugiere que vale la pena hacer más investigaciones. Que es críticamente importante darnos cuenta que una cantidad significativa de microondas de centímetros y milímetros producidas por la tecnología moderna harán que la supervivencia humana sea más y más difícil, ya que el uso de frecuencias que se dirigen al rango de los gigahertz interferirá con el sistema de comunicación de las células en el cuerpo humano. ¿Será esta misma interferencia la que hace que las ballenas se desorienten y aparentemente se suiciden? Este tipo de contaminación electromagnética se conoce con el nombre de electrosmog. Estudios epidemiológicos realizados por la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. han encontrado una posible asociación entre los campos electromagnéticos y los abortos, las malformaciones congénitas, la leucemia, el cáncer cerebral y los linfomas. Ojalá que este pequeño informe estimule la investigación de otros estudiosos de la materia. @ (*) El Dr. Héctor E. Solórzano del Río, es Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A. C. |
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