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Introducción: Pocos sectores de la provincia de Buenos Aires no han sido modificados o destruidos por la acción humana. Uno de ellos se halla ubicado en el partido de Campana, a orillas del Paraná de las Palmas, a unos 70 Km de la Capital Federal (Ciudad de Buenos Aires). Creada en 1990, esta área protegida posee una superficie aproximada de 3.000 hectáreas. La Reserva lleva el nombre del Ing. Rómulo Otamendi quien fuera el antiguo propietario de las tierras que ocupa. El motivo de la creación de este espacio es ofrecer las máximas garantías para la conservación de la diversidad biológica que contiene. El Relieve de la Reserva: En el relieve de la Reserva se pueden diferenciar dos zonas. Por un lado, los terrenos inundables, originados por los sedimentos arrastrados por el río al tiempo que se formaban las islas de Delta del Paraná. Una diferencia de nivel considerable, en forma de barranca, marca el comienzo de otra zona, la terraza alta de la pampa ondulada, que tiene su origen en la acumulación de sedimentos traídos por el viento desde el oeste. Desde esa terraza, que constituye un mirador natural, se obtiene una magnífica vista de la Reserva. El clima de la región es templado húmedo con una temperatura media anual de 17º C; las precipitaciones alcanzan los 1.000 mm anuales. Ecosistemas de Otamendi Pastizal Pampeano: "Un mar de flechillas" Se asienta en la terraza alta y al pie de la barranca. En los suelos más salinos prospera el Pelo de Chancho; en otras zonas crecen densos espartillares entre los que se instalan erizadas matas de hunquillo o hunco, de tallos punzantes. En los sectores más altos se encuentran pastizales de flechillas con arbustos como chilcas y carquejas. Estos pastizales preservan también su fauna características: Pájaros como el "Misto" y mamíferos como el Hurón Mediano y el Cuis. Bosques de la Barranca: "El reino del Tala" En la pendiente crece una vegetación de árboles bajos y espinosos, expresión bonaerense empobrecida de los bosques chaqueños. El Tala, de dulces frutos, es dominante, acompañado por frondosos ombúes. El Saúco, de flores blancas y la Uvilla con su coloración amarillenta, en primavera, alegran el sotobosque. Por su canto se hacen notar la Tacuarita Azul y las parejas de Horneros, que emiten un estridente repiqueteo. Ocultas en huecos de los árboles, las Comadrejas Overas aguardan el crepúsculo para salir a buscar su alimento. Lagunas y Bañados: "Entre juncos y totoras" Aquí la vegetación dominante es el Pajonal, formado por varias especies de hierbas de gran tamaño como Juncos, Totoras, Pajas Bravas, Espadañas y Cortaderas. El Pajonal ofrece el aspecto de un mosaico con retazos de distintos tonos que indican la dominancia de las diferentes especies. Este extenso ambiente brinda refugio al Carpincho y en las inmediaciones del monte ribereño se guarece aún el Ciervo de los Pantanos, el cérvido autóctono más grande de América del Sur. Esta especie, debido a la caza y a la reducción de su hábitat natural, se encuentra amenazado de extinción. La avifauna está representada por junqueros, tachuríes sietecolores, gallinetas y burritos, que pueblan de sonido y movimiento el pajonal. De interés especial es la poco conocida Pajonalera de Pico Recto, de esquiva presencia. En primavera se descubren los anfibios, que llenan el aire con sus cantos. Los espejos de aguas abiertas, como la Laguna Grande y la del Pescado, tienen una profusión de plantas sumergidas y flotantes que, a su vez, proporcionan el ambiente para una fauna singular, Encuentran su lugar peces como la Tararira y el Sábalo, aves nadadoras como las gallaretas, los patos y los cisnes. Monte ribereño: "Entre lianas y claveles del aire" La vegetación de estos montes está formada por árboles de mediano porte, como sauces criollos, anacuchitas, curupies, alisos de rió, o ceibos, que alternan con pajonales húmedos. El sotobosque, con variedad de arbustos, es enmarañado, abundante en lianas y enredaderas, todo lo cual acentúa el aspecto selvático de la vegetación. Pequeños Helechos y Cactus tapizan las ramas, de las cuales pende la Barba de Viejo, un extraño Clavel del Aire. Mientras una Comadreja Colorada se desliza por debajo del Ceibal, variedad de pequeños pájaros recorren ágilmente el follaje. Con suerte podremos observar la Pava de Monte, que tiene aquí su límite sur de dispersión. Aún más difícil de divisar es el Lobito de Río. Excelente nadador, este animal se ha tornado localmente más escaso por la persecución que de él se hace a fin de obtener su codiciada piel. Como llegar a la Reserva A poco más de una hora y media de viaje desde la Ciudad de Buenos Aires, se puede acceder a la Reserva por tren utilizando los servicios del ex. Ferrocarril Bartolomé Mitre desde de Retiro, llegando hasta la estación Villa Ballester. Diferentes compañías de ómnibus cuyos servicios regulares llegan a Campana, se detiene en el cruce de la Ruta Nacional Nº 9 (Panamericana) y el camino de acceso a la localidad de Otamendi, continuando 2 Km por la calle principal que cruza la localidad se llega a la Reserva. Estos ómnibus parten desde Once y desde Puente Saavedra. En automóvil se llega por la Ruta Nacional Nº 9 debiendo, al llegar al cruce antes mencionado, girar a la derecha. @ |
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