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El Punto Verde y la Ecotasa



Toda actividad humana produce un impacto ambiental. En los procesos industriales la fabricación de un producto impacta desde la extracción de las materias primas utilizadas como insumos, hasta el momento en que el producto finaliza su vida útil, por eso el "Análisis del Ciclo de Vida" de los materiales a utilizar es tan importante para poder evaluar y cuantificar el impacto ambiental de un producto, y como decimos siempre, debe ser considerado: "Desde la cuna a la tumba".

Desde 1991, en Alemania, se introdujo en la población una costumbre que después de una década está dando muy buenos frutos. Para los más exigentes o "verdes" extremos, gran parte de esa movida sigue siendo una falacia, pero para los ambientalistas moderados, autoridades y población en general, el resultado, si bien no resulta lo óptimo deseado, el efecto, es muy positivo.

Todo comenzó con una "alianza" entre los productores y fabricantes, las autoridades (que planearon y construyeron junto con profesionales en la temática del reciclaje las plantas de reciclaje de basura domiciliaria), los administradores comunales, y por supuesto el alma mater del proyecto, el público consumidor, el habitante de cada pueblo o ciudad.

Previamente, como toda campaña, especialmente cuando en ella está involucrada toda la población, y en ésta, nadie puede quedar afuera o decir: "Yo no genero basura", se comenzó a difundir los beneficios finales que se obtendrían. Como siempre, los escolares, pusieron su gran cuota de influencia incentivados por sus maestros. Previamente, éstos últimos, fueron preparados satisfactoriamente en lo referente a la "Educación Ambiental", las metodologías, y la posterior evaluación de los resultados.

Los diseñadores del "Packaging" de los productos de consumo masivo, si bien trataron que continuaran siendo atractivos, se ufanaron de minimizarlos, buscar nuevos o redescubrir otros materiales, especialmente, los más fáciles de reciclar a que denominaron: "Amigables con el Ambiente". Se hizo un enorme esfuerzo en toda la cadena de diseño, que comenzó con las grandes agencias de publicidad y los docentes universitarios catedráticos de la carrera de diseño.

Lamentablemente, en muchos países, esa posición no es tenida en cuenta y el aquelarre del diseño y el mal uso de los materiales continúan haciendo estragos en la tecnología del reciclaje o la disposición final. Algunos diseñadores se creen "genios creadores" y diseñan porquerías que se utilizarán en forma efímera, pero su tratamiento posterior resulta verdaderamente caro y ambientalmente negativo.

Algunas industrias, como entre ellas la plástica, dedicó grandes esfuerzos e importantes inversiones para investigar y desarrollar polímeros que permitan fabricar productos cada vez mejores y más livianos, las botellas de gaseosas que en 1977 pesaban 68 gramos, actualmente pesan 51, lo que significa que sin perder funcionalidad, permiten una mayor compactación de los envases post-consumo, de esta manera, se reduce el consumo de energía y recursos naturales, no aumentando el volumen de plásticos en los rellenos sanitarios en la misma proporción que aumenta el consumo del material.

William Rathje, en su trabajo: Rellenos Sanitarios: Pasado y Futuro, publicado por la National Geographic en 1991, sostiene que prácticamente nada se descompone en un relleno sanitario. Su equipo de investigación ha excavado alrededor de 14 rellenos en los Estados Unidos y ha encontrado periódicos enterrados durante años todavía legibles.

Es claro entonces que la biodegradación no ayuda a la vida útil de un relleno sanitario, la única forma de lograrlo es haciendo que ingrese menos cantidad de residuos al relleno y más allá de la REDUCCIÓN EN LA FUENTE.

Y bueno, esto es lo que debería apuntar prioritariamente el "Punto Verde". La responsabilidad de la reducción en la fuente comienza con el diseño, fabricación y distribución del producto. Si bien una vez utilizado, la responsabilidad debe ser compartida entre el fabricante y el propio consumidor, también los costos de la recolección y el reciclaje deben ser absorbido únicamente entre ambos sectores involucrados.

Una posibilidad, es gravar con una "Ecotasa" a todas las mercancías y servicios. Esta Ecotasa deberá ser evaluada de acuerdo a cada uno de los productos y actividades que existan o ingresen nuevos al mercado de acuerdo a su ecuación "Costo Beneficio Ambiental". No existe ningún producto o servicio, que en algún momento -o varios- de la cadena de afectación, fabricación, distribución, comercialización, consumo y desecho, que no impacte negativamente al ambiente. Este impacto negativo deberá ser evaluado y monetizado para poder aplicarle la Ecotasa justa que le corresponda.

Con una buena y consciente evaluación de cada producto o servicio, deberá generarse una Ecotasa que resultará justa para todos los sectores. Esta Ecotasa, únicamente, la pagarán los generadores y los consumidores, por lo tanto, resulta muy equilibrada y equitativa, porque no afecta a los demás habitantes del lugar que no son consumidores de esos productos o servicios gravados y no se ven afectados a subvencionar a los verdaderos consumidores como ocurre en la actualidad en casi todos los lugares.

Un ejemplo de ello, es la barbaridad y el robo legalizado por los pliegos de la licitación internacional en que se le adjudicó y que está realizando la explotación comercial en la Argentina la empresa Aguas Argentinas SA que se hizo cargo de la privatizada Obras Sanitarias de la Nación. Aguas Argentinas SA, por esa licitación, cobra el servicio de agua corriente y cloacas, no por la cantidad de agua potable provista o metros cúbicos de aguas servidas enviada a la red, sino por la cantidad de metros cuadrados de la propiedad a servir, sin importar la cantidad de canillas o drenajes, o la cantidad de habitantes en ella. Incluso cobra por las superficies comunes de los edificios porque tienen en los palieres o cocheras las mangueras de la red contra incendios, que salvo un siniestro, no se utilizan nunca. Un verdadero despojo legalizado.

Volviendo al tema de la editorial, esta Ecotasa deberá ser un porcentaje variable según el producto o servicio independientemente del precio del mercado. Esta variable, está dada por los distintos procesos necesarios que afectan a cada producto o servicio. No es lo mismo en costos monetarios y ambientales reciclar una batería de automóvil usada que una silla de madera aunque tengan en el mercado, de nuevos, precios similares.

Con ese mismo criterio, no debe pagar lo mismo en tasa municipal o comunal, una persona consciente sobre los costos ambientales y el impacto sobre el mismo que generan los residuos domiciliarios y que se preocupa para minimizar los mismos y seleccionarlos en origen por tipo, que el despreocupado que lo arroja sin ningún tipo de tapujo, incluso, en áreas no habilitadas para ello.

Sí bien, el axioma: "El que contamina paga", se ha visto desvirtuado por distintos criterios de aplicación y con resultados diferentes, bien utilizado, resultará a la corta o a la larga, un importante método para reducir la contaminación ambiental producida por nuestros propios desechos, porque afectará directamente al bolsillo de los contaminadores, que en definitiva, es el lugar donde más les duele.

Si bien la globalización permite consumir productos manufacturados en otros lugares del planeta por distintos fabricantes y diferentes tecnologías, los costos ambientales de fabricación (materia prima y manufacturación) deberán ser absorbidos por los consumidores finales del producto, que deberá sumársele el costo de reducción o reciclaje al final de la vida útil del producto. Si se refiere a su disposición al final, a ésta deberán agregársele los costos de las "externalidades" que no son tenidas en cuenta en la mayoría de los casos.

El momento justo de cobrar la Ecotasa a los productos importados, es agregarla junto con los gravámenes aduaneros en la posición arancelaria correspondiente. Con el cobro de la Ecotasa a esos productos, lo que se conseguirá, es un justo equilibrio del mercado y una real competencia. No tienen los mismos costos y no es lo mismo producir un producto respetando todas las normas ambientales y de calidad final, que los que son fabricados sin ningún tipo de respeto y pudor, tanto para el ambiente como por las personas que las producen.

No importa la ideología política, la religión o no que profese, el color de su piel o el origen étnico de nuestro vecino. Es necesario que nos unamos con él y con los demás para generar principios participativos donde estemos todos involucrados y comprometidos con la defensa y mejoramiento de nuestro hogar, nuestra calle, nuestro barrio, nuestro municipio o comuna, nuestra provincia o estado, nuestro país, nuestro continente, nuestro mundo, que en definitiva, y por el momento, es nuestro único hogar y lo estamos destruyendo. @

Hasta el próximo número.



Ing. Antonio Nicolás Gillari
director@ambiente-ecologico.com
Director General
Multimedios Ambiente Ecológico





 

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