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   Edición 80 / Julio - Septiembre del 2001

Columnistas



Lima es el Jirón de la Unión

Por Marcos Chumpitaz Sánchez (*)
chumpitazmarcos@hotmail.com

Perú


Cuando la ciudad de París llenaba el significado de la cultura en nuestra vieja Lima, Abraham Valdelomar menudeaba, en las tertulias literarias, su vasta impresión de lo que, para él, significaba la identidad nacional: un paralelismo lógico que afirmaba que el Perú era Lima y que Lima era el Jirón de la Unión.


Para inicios del siglo pasado, Francia se había convertido en la panacea del buen gusto, la libertad y todo lo valioso de este mundo. Las clases altas emulaban la sensibilidad europea en la forma de gastar, de vestir, de vivir, y el Jirón de la Unión marcaba una suerte de belle epoque en nuestra capital. Sus portales exhibían los trajes de crinolina, corsés y faldas largas, según el dictado de las casas francesas y los limeños se volcaban a pasear por las calles en busca de entretenimiento como cines, teatros y cafés.


De la belle epoque a la laid epoque

Casi un siglo después, ya no se escucha en el Jirón de la Unión los fastuosos recitales de ópera. Han desaparecido la bohemia, los techos dorados y las sillas de terciopelo. Ya no existen las levitas y chisteras, ni los sastres europeos. Nada de eso. Hoy cunde, más bien, los churros de a sol, el olor a fritura de pollo, largas colas para entrar al cine, un comercio ambulatorio intenso, papeles y bolsas en el piso, la apetecida pizza popular, la estridente technocumbia, delincuencia, mendicidad, y sobre todo: Decenas de miles de personas que fluyen a diario en un desfile interminable de roces, empujones, caídas, gritos y ofertas de CD´s.

Como nos hemos podido dar cuenta, el Jirón de la Unión es un ambiente sujeto a la presión de los ciclos cambiantes en la historia de la ciudad y del país. Al ser un espacio público se ha convertido en una estructura fluctuante y redefinible. Es como dijera Isaac Joseph, "un laboratorio de la sociabilidad", donde el patrimonio histórico está unido, indisolublemente, al valor social de la población que la habita y frecuenta.

El Jirón de la Unión al cobijar, en su extensión, empresas, lugares, paisajes y colectivos humanos, se convierte en un soporte de alta sensibilidad que a su vez transmite un valor. Por tal motivo, para poder afrontar y dar solución a muchos de sus problemas, hace falta, en primer lugar, comprenderlo como un ecosistema urbano.


Vía Limpia

La Municipalidad Metropolitana de Lima encargó, a comienzos del mes de julio de este año, realizar una campaña de limpieza pública para el proyecto denominado "Vía Limpia", que comprendiera, exclusivamente, todo el tramo del Jirón de la Unión. Luego de un diagnóstico inicial, se recomendó realizar un estudio de percepción que involucrara a la gente que circula por ahí cada fin de semana.

Anteriormente, la Municipalidad de Lima había tomado el tema del ambiente y la limpieza pública desde un enfoque donde, si bien se era consciente que la gente tiene conductas generalizadas difíciles de cambiar, sus planes de acción no incluían como solución conocer a esa población e indagar los motivos por el cual se ensucia la vía. Se debía, entonces, cambiar de perspectiva e innovar el sentido de lo que hoy se conoce como el ambiente.


Nuevos enfoques

Siempre se ha creído que los estudios del ambiente deben concentrarse, única e indefectiblemente, en los recursos naturales como los bosques, el aire o el agua.

Casi nunca se ha considerado como ecosistemas a los espacios físicos inmediatos, donde vivimos, donde paseamos, donde trabajamos, los cuáles tienen una funcionalidad como recurso, sean de tipo económico o recreativo. Ellos responden a una búsqueda de placer, de funcionalidad geográfica, de interrelación social y de sistemas de aprendizaje. Definiciones que le van a conferir, todas ellas, su valor histórico y social.

En un ecosistema urbano, los sistemas sociales se adaptan al entorno y pueden degradarlo completamente. Es por ello que en un espacio tan heterogéneo como el Jirón de la Unión vale más la naturaleza de la cultura predominante y la calidad de vida percibida, que los niveles de basura que puedan existir, ya que el respeto a un entorno físico sólo va a ser posible cuando este mismo deje de ser un espacio desatendido.

Los enfoques del marketing de ciudades explican que un espacio urbano con problemas de contaminación, degradación y aumento de la basura, tendrá como consecuencia un incremento de la delincuencia y el caos. Asimismo, se ha hablado mucho que la EDUCACIÓN es el factor clave por el cual, en otras ciudades del mundo, las personas sienten una innata obligación de cumplir sus deberes y derechos relacionados a conservar el ornato y la limpieza de la ciudad.

Los resultados del estudio dan cuenta que, en la realidad, todo se mueve en sentido contrario: Un espacio urbano con problemas de delincuencia, mendicidad, comercio informal y desorden servirá de estímulo para la práctica de conductas inapropiadas. En otras palabras, son las mismas características del espacio físico quienes producen alicientes que penetran en la conciencia de las personas, haciendo que éstas lo valoren o no.

Es por ello que el cambio social requiere un enfoque que no sólo atraviese todos los patrones sociales y culturales en nuestra sociedad, sino también que comprometa a los gobiernos locales para que, de una vez por todas, solucionen los problemas sociológicos que existen en el Jirón de la Unión.

Los encargados de dirigir los destinos de las ciudades son responsables de satisfacer las necesidades tanto de las personas que las visitan como de los que la habitan, así como de afrontar los problemas que en ella se acuñan. Las ciudades deben producir satisfacciones a los consumidores externos e internos, ofreciendo calidad de vida.


Cifras alarmantes

Según este estudio, realizado en agosto de este año, el Jirón de la Unión es considerado, en comparación con otros cinco lugares del Centro de Lima, como el más sucio. Un 57,5% de los "jironeros" perciben al Jirón con una valoración negativa, en lo que a la limpieza se refiere, seguido muy de cerca por la Plaza San Martín (55,4%), con quien el Jirón comparte espacios físicos inmediatos. En contraste, la Plaza Mayor recibe una valoración del 23,1% y el Gran Parque de Lima sólo recibe un 9,6%.

En cuento al nivel de delincuencia, el Jirón de la Unión es considerado el segundo lugar más peligroso con un 55,6% del nivel de respuestas, detrás de la Plaza San Martín con un 67,2%. La Calle Capón recibe una valoración del 37,5%; la Alameda Chabuca Granda un 24,5%; la Plaza de Armas un 23,3% y el Gran Parque de Lima un 14,9%.

La valoración respecto al atractivo turístico tampoco favoreció mucho al Jirón de la Unión. Ocupa el cuarto lugar en categoría ascendente. Para los jironeros, resulta más atractiva la Plaza de Armas (84,3%), la Alameda Chabuca Granda (75,4%) y el Gran Parque de Lima (71,5%). El Jirón de la Unión recibe una valoración del 64%. Resulta curioso que la Calle Capón se encuentre detrás del Jirón de la Unión con una valoración del 59,5%, pero ello se debe a que más del 17% de los encuestados no la conoce.

Siendo éste un estudio de percepción, los principales problemas percibidos en la zona, varían en distintas categorías como el tráfico de gente (24,7%); la delincuencia (23,5%), el comercio ambulatorio (21,9%); la suciedad (13,4%) y la mendicidad (6%). Por otro lado, el carácter frívolo del paseo por el Jirón, no ha cambiado desde la belle epoque, pues lo que más agrada a los jironeros son las tiendas y/o comercios (57,9%), aunque sólo un 15% compre algo.

Es importante mencionar que para el 70% de los encuestados, el Jirón de la Unión es considerado, exclusivamente, un lugar de paseo y recreación. El 40% que visita el Jirón de la Unión lo hace de vez en cuando o casi nunca, dando cuenta el poco nivel de compromiso con el lugar. El paseo es mayoritariamente familiar (38%) y un gran porcentaje de los jironeros son estudiantes (30%) y empleados (15%). El 57% proviene de distritos del Cono Norte y distritos periféricos al Centro Histórico. El 82,7% cree que sólo la Municipalidad de Lima debería encargarse del cuidado del Jirón De la Unión; en cambio sólo un 7% afirmó que son los mismos transeúntes quienes deben cuidarlo.


Hacia una propuesta de cambio

Una campaña de este tipo debe ser considerada, desde un primer momento, como una campaña de tipo social y deberá prever, desde su formulación, objetivos de comunicación y de adopción de comportamientos para los distintos públicos que frecuentan el Jirón de la Unión. Ello pasa por crear mensajes a partir de la segmentación de los públicos, sino se caería en el error de creer que los jironeros son una masa uniforme donde niños, jóvenes, amas de casa, empleados, ambulantes y turistas piensan lo mismo y actúan de manera similar.

Debemos ser conscientes que el cambio sólo vendrá con la suma de acciones conjuntas. Por un lado, el gobierno local deberá buscar los móviles necesarios para poder acabar con los problemas que son percibidos dentro del Jirón, teniendo siempre en cuenta que toda gestión deberá empezar por conocer a las personas y en ello la investigación servirá no sólo como base de conocimiento, sino también como fuente creativa de respuestas para elaborar estrategias que logren efectos positivos. @


(*) Periodista y Director del Círculo de Investigación en Comunicaciones (CINCO) de la Universidad de Lima - Perú - Teléfonos: 920-2465 / 566-1415



 

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