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   Edición 80 / Julio - Agosto del 2001

Columnistas


Ambiente Turismo y
Preservación del Patrimonio
Natural y Cultural



Por Lic. Antonio Elio Brailovsky
Defensor del Pueblo Adjunto
de la Ciudad de Buenos Aires
y Arq. Nélida Beatriz Harracá
Asesora de la Defensoría
abrailovsky@buenosaires.gov.ar

Argentina


Ya en 1964, la Carta de Venecia planteaba en forma inequívoca la relación entre ambiente y patrimonio: "La noción de monumento comprende la creación arquitectónica aislada, así como también el sitio urbano o rural que nos ofrece el testimonio de una civilización particular, de una fase representativa de la evolución, o de un proceso histórico. Se refiere no sólo a las grandes creaciones sino, igualmente, a las obras modestas que han adquirido, con el tiempo, un significado cultural".


Tratamiento conjunto del patrimonio natural y del patrimonio cultural

Hoy nos importan tanto los objetos que testimonian la vida cotidiana de las personas en la Antigüedad como las estatuas de sus dioses, los símbolos de los grandes personajes históricos y los demás objetos de arte. Hay motivos para conservar una casa en la que vivió Sarmiento, pero también una pulpería en la que bebieron y se apuñalaron gauchos anónimos.

Lo mismo ocurrió con el entorno de los grandes monumentos. Antes, la sugerencia era: "-Tiren abajo esas callecitas para que se pueda ver bien el palacio". Hoy la actitud es preguntarse de qué modo esas callejuelas enmarcan el palacio y le dan sentido, ya que a menudo se han originado y desarrollado vinculándose entre sí. Poco a poco, entra en crisis el modelo de conservar sólo los monumentos importantes: las iglesias barrocas de San Pablo, ahogadas entre rascacielos, son víctimas de un desarrollo urbano irracional.

En el caso de Granada, el siglo XIX recuperó la Alhambra y el siglo XX salvó de la piqueta el Albaicín, el barrio árabe que desde hace mil años mira hacia la Alhambra. Pero el Albaicín no es una gran obra de arte. Es sólo un barrio medieval, que recrea la forma de vida de aquella época. Hay entonces, motivos artísticos para conservar algunas cosas y motivos históricos para conservar otras.

Hoy los franceses se preguntan si tiene sentido restaurar la catedral de Notre Dame sin pensar si el Sena está limpio o si es una cloaca, y sin tener en cuenta que la contaminación del aire le va comiendo las gárgolas que esculpió Viollet-le-Duc. El avance de la realidad hace que en todo el mundo se vaya hacia la protección conjunta del patrimonio natural y del patrimonio cultural.

A partir de allí, y de muchos episodios similares, se empieza a pensar en conservar las áreas antiguas en todas partes, aún aquellas que no rodean un monumento artísticamente significativo, y también su entorno natural y cultural. Es el caso del barrio de San Telmo y de la ciudad uruguaya de Colonia del Sacramento. Por supuesto, qué merece ser conservado y qué no lo merece es siempre objeto de polémicas y de puntos de vista opuestos.


La concepción de la UNESCO sobre la integración del patrimonio natural y el cultural

Esto tiene que ver, además, con los desarrollos de la UNESCO, que refuerzan cada vez más la relación entre patrimonio natural y cultural. Para los organismos internacionales lo natural y lo cultural forman parte del patrimonio común de la Humanidad. Estos organismos han pasado de reclamar la preservación individual de determinados monumentos a la de los sitios que los integran. En consecuencia, han planteado la necesidad de una normativa integrada en este terreno. Por eso, la declaración de sitios como pertenecientes al Patrimonio de la Humanidad bajo el auspicio de la UNESCO incluye tanto sitios naturales como culturales.

En particular, la Declaración de Nairobi de la UNESCO tiene precisas directivas que apuntan a la integración de la preservación patrimonial con los criterios ambientales. Al respecto, la UNESCO recomienda:

  • La protección del ambiente al que pertenecen los conjuntos históricos: "Los conjuntos históricos y su medio deberían ser protegidos activamente contra toda clase de deterioro, en especial los resultantes de un uso inapropiado, aditamentos parásitos y transformaciones abusivas o desprovistas de sensibilidad que dañan su autenticidad, así como los provocados por cualquier forma de contaminación".
  • La participación de equipos multidisciplinarios en la preservación del patrimonio cultural, incluyendo las disciplinas ambientales: "Los planes y documentos de salvaguardia se deberían preparar después de haberse efectuado todos los estudios históricos necesarios por equipos pluridisciplinarios compuestos, en particular de: especialistas en conservación y restauración, incluidos los historiadores del arte; arquitectos y urbanistas; sociólogos y economistas; ecólogos y arquitectos paisajistas; especialistas en sanidad pública y bienestar social".
  • La protección de los conjuntos históricos de la contaminación visual: "Deberían protegerse los conjuntos históricos y su medio contra la desfiguración resultante de la instalación de soportes, cables eléctricos o telefónicos, antenas de televisión y signos publicitarios en gran escala. Cuando ya existan, se tomarán medidas adecuadas para suprimirlos. Se deberían estudiar y controlar con el mayor cuidado los carteles, la publicidad, luminosa o no, los letreros comerciales, el mobiliario urbano y el revestimiento del suelo para integrarlos armónicamente con el conjunto".
  • La protección de los conjuntos históricos de las diferentes formas de contaminación: "Los Estados Miembros y las colectividades interesadas deberían proteger los conjuntos históricos y su medio contra los daños cada vez más graves causados por ciertos adelantos tecnológicos (como las diversas formas de contaminación) prohibiendo la implantación de industrias nocivas en sus cercanías y adoptando medidas preventivas contra los efectos destructores del ruido, los choques y las vibraciones producidos por las máquinas y los vehículos".
  • La solución a los conflictos ambientales creados por los automóviles: "Dado el conflicto que existe en la mayor parte de los conjuntos históricos entre el tránsito automóvil, por una parte, la densidad de la trama urbana, y las cualidades arquitectónicas, por otra, los Estados Miembros deberían incitar y ayudar a las autoridades locales a buscar medios de resolver este problema.

Para lograrlo y para favorecer el tránsito de peatones, convendría estudiar con sumo cuidado el emplazamiento y el acceso de los parques de estacionamiento periféricos, e incluso centrales, y establecer redes de transporte que facilitarán al mismo tiempo la circulación de los peatones y los servicios de transportes públicos".

En el mismo sentido, las cartas del ICOMOS advienten sobre el riesgo de subordinar el tratamiento del recurso turístico a los intereses del mercado, siempre preocupados por la rentabilidad del corto plazo y poco adecuados para implementar criterios sustentables.

"En todo caso, -señala el ICOMOS- con una perspectiva de futuro, el respeto al patrimonio mundial, cultural y natural, es lo que debe prevalecer sobre cualquier otra consideración, por muy justificada que ésta se halle desde el punto de vista social, político o económico.

Tal respeto sólo puede asegurarse mediante una política dirigida a la dotación del necesario equipamiento y a la orientación del movimiento turístico, que tenga en cuenta las limitaciones de uso y de densidad que no pueden ser ignoradas impunemente.

Además, es preciso condenar toda dotación de equipamiento turístico o de servicios que entre en contradicción con la primordial preocupación que ha de ser el respeto debido al patrimonio cultural existente."

Podemos dar numerosos ejemplos de esta infraestructura que contradice la preservación tanto el patrimonio natural como del cultural. La ruta que atraviesa el Parque Nacional los Venados, en San Luis, sin tener en cuenta la forma en que afectará a ese ecosistema El daño paisajístico provocado por hoteles ubicados en sitios en los cuales se ofrece a los turistas la contemplación del mismo paisaje que el hotel está dañando. Por ejemplo, el hotel ubicado en las Cataratas del Iguazú o el proyectado hotel a construir en el interior del Parque Nacional Talampaya.


Impacto ambiental y degradación de sitios de valor patrimonial

Esta concepción integradora del patrimonio cultural tiene consecuencias sobre la forma de comprender su relación con el ambiente. Y es que el sitio es mucho más frágil que el monumento ante determinados impactos ambientales urbanos. En efecto, el monumento tiene dimensiones acotadas, que permiten un mayor grado de control, protección y restauración. En cambio, el sitio es, por definición, mucho más extenso, y por consiguiente, mucho más susceptible de alteraciones por catástrofes naturales, contaminación o degradación urbana.

El cuidado de las condiciones ambientales del sitio requiere, por tanto, de una política y una gestión mucho más minuciosa de la necesaria para la preservación de monumentos aislados. En tal sentido, las conclusiones de una reunión especializada plantean criterios que integran ambiente con patrimonio y contemplan la situación social de las áreas a proteger:

Para lograr una efectiva conservación y rescate de las zonas monumentales, es indispensable considerar las siguientes medidas de acción:

  1. Rehabilitación de las viviendas en los centros históricos.
  2. Participación de la comunidad en los proyectos de conservación.
  3. Otorgar prioridad a las necesidades locales.
  4. Respetar el entorno ecológico de los centros históricos.

Y una vez que nos hemos puesto de acuerdo en cuidar los grandes monumentos y también los barrios pequeños, aparece otro problema, que muestra el aspecto social de las políticas de preservación del patrimonio: ¿qué hacer con la gente, con los habitantes actuales de las áreas históricas?


El rol de la población estable en la preservación

Esto nos lleva a pensar en la situación ambiental del hábitat de la población estable del sitio. Ha habido un gran deterioro de los centros históricos de América Latina: en Lima o Ciudad de México, por ejemplo, en esos centros se encuentra población viviendo en condiciones de hacinamiento, déficit de servicios, desocupación, insalubridad. Esto crea condicionamientos económicos a la preservación patrimonial.

Por este motivo, pensar en San Telmo no es solamente tener en cuenta la preservación de sus edificios históricos, sino también contemplar la relación que allí existe entre turismo internacional y marginalidad social. Es decir, que los aspectos sociales también forman parte necesaria de estas facetas de la política ambiental.

¿Transformamos el barrio en un museo? ¿Lo vaciamos de gente? ¿O reemplazamos la población actual por una más acaudalada, ya que la reconstrucción valorizará la propiedad? Si algo de esto último ocurrió con Colonia, ¿a quién beneficiaron realmente las obras?

Al mismo tiempo: ¿qué se va a hacer en ese lugar? Lo que equivale a preguntarse por las funciones que va a cumplir la zona o el monumento a preservar. Un ejemplo significativo es el de muchas iglesias italianas, que van perdiendo su función de lugar de culto para actuar como museos que exhiben sus tesoros artísticos. A un costado de la nave inmensa, cargada de esculturas de Bernini o cuadros de Tintoretto, hay una pequeña capilla en la que se reúnen los fieles para escuchar misa.

La iglesia del Pilar, en Recoleta, y la iglesia de Pedro González Telmo, en San Telmo, parecen estar siguiendo un destino similar. Lo mismo pasa con el Cementerio de la Recoleta, al que casi nadie va a llorar muertos. Su asilo de ancianos no fue preservado sino que fue demolido (simulando un reciclaje) para establecer un centro cultural, que organiza la zona de un modo completamente distinto.

Y también: ¿de qué va a trabajar esa gente, la que vive en los lugares a conservar? En las islas griegas ya no quedan pescadores, ya que es más rentable usar los barcos para llevar turistas que para pescar. Se conserva, entonces, el templo de Apolo y la muralla de la Edad Media, pero se pierde el modo de vida tradicional, el que los hombres de esas islas vienen llevando desde los tiempos de Ulises.

Ocurre algo parecido con el Mercado de Frutos del Tigre, convertido en un simulacro de lo que el Delta del Paraná ya no es. Ese mercado: ¿en qué medida refleja actividades actuales de la población local? ¿La venta de artesanías de Indonesia y cítricos provenientes de las zonas de riego de Tucumán tiene algo que ver con todo aquello que hace al patrimonio cultural intangible del lugar, con sus costumbres y sus tradiciones.

Durante la época colonial, el Delta fue el área de aprovisionamiento de leña y frutas de Buenos Aires. Se plantaron grandes extensiones de durazneros para este doble propósito, que quedaron en montes públicos de uso común, de acuerdo con lo estipulado por las viejas leyes de Castilla. En esa época, la preocupación principal del Cabildo fue evitar la sobretala de los durazneros, para que Buenos Aires no se quedara sin fruta durante el verano.

Sabemos poco del patrimonio arquitectónico del Delta en los períodos anteriores a la Organización Nacional. No había razones para valorarlo, por lo cual se lo dejó perder. Recién a partir de los mensajes de Marcos Sastre y los esfuerzos de Sarmiento, lo que era un área marginal se integró a la cultura y la economía nacional.

Sin embargo, los esfuerzos recientes se reducen a la restauración de la casa de Sarmiento, sin ningún interés por preservar ningún aspecto del entorno al que pertenece. En ese caso, está claro que el interés de la preservación es mucho mayor por el objeto simbólico que por el patrimonio cultural que representa.

En las últimas décadas se produjo el despoblamiento del Delta, a partir del reemplazo de frutales por forestación. De una densa población de fruticultores pasamos a unos pocos cuidadores de plantaciones y población de apoyo a los servicios turísticos. En consecuencia, decayeron las artesanías locales, lo que se manifestó en empobrecimiento de la cultura isleña.

La falta de un criterio integrador ha armado para el turista un espacio que recrea un Delta mítico, que no refleja el Delta actual ni el Delta pasado. Mientras tanto, los monumentos que sí lo reflejan (el Museo de la Reconquista, el Museo Naval, etc.) han quedado desplazados del circuito turístico masivo y reciben muy escasos visitantes.


Participación ciudadana

Es necesario establecer el rol de la participación ciudadana en la integración de las políticas ambientales y de preservación del patrimonio.

La concepción actual de preservación del patrimonio natural y cultural asigna fundamental importancia al fortalecimiento de la idea de pertenencia de una población respecto a su ambiente. Esto, que tiene relación directa con la función social y comunitaria del patrimonio, sólo es posible por medio de la implementación de mecanismos de participación ciudadana para definir criterios y objetivos de preservación.

Quiénes podrán identificar mejor que los propios vecinos de un barrio, cuáles son aquellos sitios, edificios u objetos que es necesario preservar, cuáles representan más cabalmente la identidad y la memoria del lugar, por su imagen, sus usos y las tradiciones asociadas a ellos. Esto supone un rol activo de la población local en la regulación y control de la actividad turística para evitar que la misma dañe el recurso a preservar.

Lo que requiere, obviamente, la incorporación de la temática en los proyectos de educación en todas las formas y niveles. Hace un par de décadas, parecía imposible extender la educación ambiental a toda la población, lo que ahora está en los diferentes planes pedagógicos. Es el momento de hacer lo mismo con los temas patrimoniales.

Al respecto, una de las recomendaciones internacionales aceptadas señala que: "El fomento de agrupaciones cívicas pro defensa del patrimonio, cualquiera fuese su denominación y composición, ha dado excelente resultados, especialmente en localidades que no disponen aún de regulación urbanística y donde la acción protectora a escala nacional resulta débil o no siempre eficaz".

Hemos realizado una campaña de opinión pública en torno de este edificio, ya que no existen herramientas formales para la protección de los bienes patrimoniales que no estén declarados espacialmente como tales (es decir, la mayoría de ellos).

Se trata de un edificio emblemático de la Ciudad, (ubicado en la esquina de Perón y Reconquista) construido por el Ing. Carlos Agote y representativo de la arquitectura bancaria de la "École des Beaux Arts", que actuó en nuestra Ciudad en las primeras décadas del siglo XX.

Esta orientación se desarrolló en Francia a partir de fines del siglo XVIII, como reacción a los modelos de exteriores barrocos, ya en decadencia, e impulsada por los descubrimientos arqueológicos en Grecia y las excavaciones de las ruinas romanas de Pompeya y Herculano. El academicismo de esta escuela se caracteriza por una vuelta a la arquitectura clásica de la Antigüedad, de un modo mucho menos rígido que la efectuada durante el Renacimiento. No era sólo copiar a los antiguos, sino seguir los principios que los habían guiado

A comienzos del siglo XX Buenos Aires era pensada como una ciudad francesa, siguiendo los lineamientos del Intendente Torcuato de Alvear, quien se identificaba a sí mismo con el barón Haussmann, el reformador de París. Siguen la "École des Beaux Arts" edificios tales como la Aduana, el Palacio de las Aguas de la avenida Córdoba, el Círculo Militar (Palacio Paz), el Círculo Naval en la calle Florida, el Ministerio de Relaciones Exteriores (Palacio Anchorena), el Diario La Prensa (hoy Casa de la Cultura), el Museo de Arte Decorativo (Palacio Errázuriz) las estaciones ferroviarias de Retiro y Constitución, etc.

De acuerdo con dicha concepción afrancesada, el edificio del Banco Español del Río de la Plata se caracteriza por:

  • Un exterior lujoso, pero no recargado, ya que se trata de un edificio consagrado al mantenimiento de la riqueza. Dicha sobriedad apunta a dar al cliente una sensación de seguridad. Se destacan las columnas y pilastras, el emblemático reloj sobre la puerta y el tímpano de esculturas alegóricas.
  • Un interior con un gran salón de doble altura, que un tratadista francés de la época describe del siguiente modo: "Allí el contacto con el público es la norma, y estas clases de oficinas son ubicadas en grandes salas, tan luminosas como sea posible y calefaccionadas lo mejor posible, pero que tengan siempre un poco del carácter de mercado o de abrigo cubierto. Aquí no hay distribución permanente: lo mejor es tener una sala tan grande como sea posible, libre de puntos de apoyo y, sobre todo, de muros, iluminada por luz abundante y que se difunda por todo, pues es con carpintería como se forman los compartimentos y las divisiones" (Julien Guadet, citado en: Alberto S. J. de Paula: "La Arquitectura, los Bancos y la Historia", Serie Histórica. Ediciones del Banco de la Provincia de Buenos Aires).

Precisamente, esa concepción de la luz es la que da origen a los enormes vitrales que caracterizan el gran salón de este edificio, uno de los principales exponentes en Buenos Aires de la arquitectura bancaria de la "École des Beaux Arts". Este edificio había sido restaurado hace apenas tres años, por lo cual la demolición se inicia cuando se encuentra en todo su esplendor.

Es probable que los funcionarios que autorizaron la destrucción de este edificio lo conocieran, ya que figura en los libros por los cuales estudiaron Historia de la Arquitectura en la Universidad. No podían desconocer su importancia patrimonial. Creo que cuando uno recibe el pedido de demolición de un edificio de esta importancia, no sólo debe ver si ya está protegido, sino que debe agotar los medios necesarios para protegerlo.

Resulta paradójico recordar que hace pocos meses el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires pidió a la UNESCO que declarara como Patrimonio de la Humanidad a parte del centro de la Ciudad. El argumento utilizado fue la importante presencia de edificios de la "École des Beaux Arts". ¿De este modo vamos a cuidar lo que le pedimos a la UNESCO que declare como Patrimonio de la Humanidad?


Proteger las estaciones terminales del ferrocarril

He enviado a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires un Proyecto de Ley para declarar como Áreas de Protección Histórica - APH las estaciones ferroviarias de Constitución, Retiro, Once y Lacroze, con sus correspondientes entornos.

Las estaciones terminales del Ferrocarril constituyen un patrimonio en peligro. El reciente anuncio de la adjudicación de las obras en todas las terminales de ferrocarril de Buenos Aires, con las consiguientes remodelaciones de los edificios e instalaciones, nos lleva a creer que podrá ser modificada la integridad del patrimonio arquitectónico y urbano de la Ciudad, como ha sucedido en varias ocasiones en los últimos tiempos debido a intervenciones que no tuvieron en cuenta el valor de los edificios en cuestión.

Sabemos que la arquitectura de los shoppings tiende a alterar profundamente los edificios que toma como base, generando una caricatura de la preservación. Así ha ocurrido con los mercados de Abasto y Spinetto y con las Galerías Pacífico. Más desastrosa ha sido la intervención realizada en el viejo colegio Olmos (hoy Patio Olmos) en la ciudad de Córdoba y en la fábrica utilizada como base para el Solar de la Abadía. En ambos casos, los edificios patrimoniales han sido demolidos, simulando conservar una parte.

Por esta razón, el anuncio de la remodelación de las antiguas estaciones para establecer galerías comerciales en ellas debería ser fuente de preocupación. Dicha intervención debe realizarse bajo el estricto control del Gobierno de la Ciudad para evitar daños irreversibles. La declaración de las mismas como Área de Protección Histórica es la herramienta para efectuar dicho control.

Las cuatro estaciones terminales de Buenos Aires deben ser preservadas en su integridad y autenticidad patrimonial por el alto valor de cada una de ellas y el conjunto que integran, que refleja la evolución arquitectónica, constructiva y tecnológica del período de apogeo de la civilización ferroviaria en la Argentina y el mundo.

Además del valor patrimonial de estos edificios, nos importa su rol en la construcción de la identidad de Buenos Aires. Así como el puerto nos da nombre a los porteños, ha sido la asociación del ferrocarril con el puerto la que diseñó el país agroexportador de la Generación del 80 y el país industrial de la segunda mitad del siglo XX. El puerto nos ha dado la relación con el mundo y el ferrocarril ha definido la relación con el interior del país.

Estas estaciones no son solamente edificios, sino que son el centro de un diagrama radial que organizó el territorio, la economía y la población de la República Argentina. Durante un siglo y medio, el principal factor que definió la conformación espacial de nuestro país fue el ferrocarril. El esfuerzo constructivo realizado en estas obras, el lujo y la magnitud de las inversiones efectuadas reflejan la importancia histórica que tuvieron en el país las líneas de rieles. @


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