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   Edición 78 / Abril del 2001

Opinión



Paisajes y Jardines en Riesgo


Por Dra. Sonia Berjman (*)
sberjman@arnet.com.ar

Argentina


El año próximo se cumplirán 20 años de la redacción y aprobación por parte de ICOMOS de la Carta de Florencia, primer documento internacional referido a la preservación y conservación de jardines y paisajes patrimoniales de valor.


Este documento vio la luz 18 años después que la Carta de Conservación y Restauración de Monumentos y Sitios -conocida como Carta de Venecia de 1964- referida al patrimonio en general. Esto ya nos muestra un primer y significativo atraso en la consideración del patrimonio verde y paisajístico con relación al patrimonio arquitectónico y urbano.

Ante la próxima conmemoración veinteñal, coincidentemente con la reciente emisión de la Convención Europea del Paisaje (último documento referido al tema emitido en Florencia en octubre del 2000 y que muestra significativos cambios en el concepto y tratamiento de ese patrimonio) y, ante el atraso atávico que nos caracteriza en la Argentina, creo oportuno hacer unas reflexiones sobre el estado de la cuestión en nuestro país.

En primer lugar me permitiré recordar algunos conceptos fundamentales sobre los que siempre se debe insistir.

Tenemos ante nosotros dos temas sobre los cuales existe todavía cierta confusión: El paisaje y el jardín, y más aún, el paisaje "cultural" y el jardín "histórico".

Sabemos que el jardín surgió como la necesidad de redimir la culpa original de pérdida del Paraíso Terrenal y por ello conlleva una carga significativa y psicológica inmensa. Por ello, también, acompaña al hombre desde tiempos inmemoriales en sus moradas terrenales (sean éstas las viviendas, las ciudades o los cementerios).

El jardín es la reinvención de la naturaleza con sentido estético y mediante un material vivo (la vegetación): Debemos considerar a este bien como la suma e interacción de lo natural con lo cultural. Un jardín público urbano siempre debe ser el resultado de un equipo multidisciplinario que contemple todas las variantes naturales y culturales del contexto físico y social en el que se insertará.

El "paisaje", por otra parte, entremezclado con la "naturaleza", siempre -reitero, siempre- es una simbiosis entre lo natural y lo cultural, pues como bien nos enseña César Naselli, paisaje es mirada: es la mirada del hombre sobre su entorno. O sea, un paisaje siempre es la suma e interacción de lo natural con lo cultural.

El patrimonio arquitectónico y urbano nace con el afán de perdurar (y muchas veces con el afán de inmortalizar a su autor y por eso no respeta lo existente o la obra de sus antecesores) y sus materiales tienden a la perdurabilidad. Por una cuestión económica, además, los edificios y los barrios, por ejemplo, deben conservarse en el mejor estado posible por la mayor cantidad de tiempo.

Los jardines públicos -sean éstos parques, plazas, plazoletas, boulevares o canteros- se construyen sobre terrenos del común y con el dinero aportado por todos los contribuyentes con el objetivo de brindar esparcimiento físico y psíquico a todos por igual. La gran diferencia con el patrimonio arquitectónico y urbano radica en el material cambiante y perecedero con el que están construidos, el que nace, vive y muere a la par del hombre.

De ahí la necesidad de su correcto mantenimiento, aggiornamento de sus posibles usos, respeto por las obras singulares y de alto valor paisajístico (los jardines históricos). Estas tareas también deben ser realizadas por equipos interdisciplinarios de técnicos y profesionales apropiadamente entrenados en conjunción con las asociaciones de vecinos.

Este patrimonio también tiene un alto valor monetario (sumando el terreno, la vegetación, el equipamiento, las obras de arte, los edificios incluidos, el patrimonio arqueológico subyacente, el valor estético y el significado social) y además es un recurso de lenta renovación pues cuando se muere un árbol para reemplazarlo hay que esperar 50 años a que crezca de nuevo (cuando no 100).

Pues bien, nuestro país poseía un patrimonio paisajístico original de excepcional valor debido a su ubicación relativa que comprende variados climas y conformaciones geográficas: montañas, costas marítimas y fluviales, lagos, praderas, valles, cataratas, glaciares, y nuestra inmensa y característica Pampa argentina.

Es evidente para todos que con el transcurso de la conquista española y la "urbanización" del territorio en aras del "progreso indefinido", generaciones anteriores y actuales han depredado, degradado, contaminado y destruido variados bienes. La pionera acción en pro de los Parques Nacionales emprendida a principios del siglo XIX por Carlos Thays y Francisco Pascasio Moreno no fue continuada en la misma medida ni con la misma seriedad. Nuestro paisaje original también comprendía al hombre: Los indígenas que fueron masacrados para "ampliar la fronteras de la civilización".

El inmenso vacío provocado fue parcialmente subsanado con la importación de nuestros antepasados, los inmigrantes venidos de diversas regiones que contribuyeron a crear una sociedad culturalmente variada. La idea de "una" Argentina identificable llevó a ignorar las diferencias territoriales heredadas (la Argentina es la suma de identidades regionales) tanto como la diversidad cultural de sus nuevos habitantes.

La urbanización modelística -española primero y luego genéricamente afrancesada- llevada a cabo sobre el territorio primigenio pensada para que condicionara una tal sociedad uni-identitaria, provocó una uniformidad espacial y estética que va de la Quiaca a Ushuaia. Pero es lo que tuvimos. Igualmente, el modelo de espacio público con plazas secas y municipalistas seguido por la plaza y el parque verdes "a la manera francesa" igualó nuestras ciudades y pueblos dentro del territorio y con aquellas que eran nuestro paradigma a imitar allende el océano. No pocas veces superamos a las metrópolis en cuanto a la concreción de esos espacios pero lejos estamos de haberlos cuidado y respetado como los fueron y son en Europa. O sea, eso que tuvimos ya no lo tenemos.

Algunas transformaciones culturales de nuestro paisaje original debidas a la necesidad de alimentación, recreación y desarrollo de nuestros asentamientos, nos legaron paisajes modificados que fueron la representación de nuestra vida cotidiana y que respetaron, por su escala de intervención, el territorio heredado. Me refiero a ciertos sembradíos, costaneras, caminos y puentes, por ejemplo. También las estamos perdiendo.

Y llegó el momento de bosquejar en que estado estamos y porqué.

Hoy, enfrentamos la realidad de una ruta mendocina trazada sobre un yacimiento arqueológico, la prohibición de filetear los colectivos porteños mientras pedimos aparatosamente que el tango se considere bien de la humanidad, "restauraciones" de MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL que más parecen destrucciones (¿Palacio San José ?), intentos de "privatizar" amplias posesiones de gran valor paisajístico (¿un country en el INTA Castelar?), propuestas de declaración de MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL a bienes otrora excepcionales para beneficiar tributariamente a sus propietarios (el caso más notorio es el Mercado de Abasto luego de su burda deformación a la que hubiera sido preferible un "asesinato" total o sea una demolición).

El atropello y saqueo en las estaciones ferroviarias, el intento de cambiar la normativa de protección parcial actual del Parque 3 de Febrero so pretexto de declararlo Área de Protección Histórica permitiendo su explotación y privatización salvaje, Bariloche, las Cataratas ... ¿Cuántos puntos suspensivos debo intercalar?

Como el tratamiento de todos estos diferentes bienes patrimoniales excede las posibilidades de este informe, me centraré en los espacios verdes urbanos.

Nuestros otrora admirables parques y plazas, heredados de las manos maestras de Carlos Thays I y II, Benito Carrasco y otros preclaros paisajistas, están agonizando y carecen de legislación apropiada de protección. Debemos ponerlos en terapia intensiva.

Los principales problemas a resolver son:

  1. Insuficiente superficie verde: La escasa proporción verde/habitante (una de las más bajas del "mundo civilizado") se debe en parte a las usurpaciones ilegales y a las concesiones legales mal hechas. Todos nuestros parques han sido invadidos por clubes e instituciones privadas que usufructúan importantes superficies que deben volver al dominio público. Por otra, a la no conclusión de los proyectos originales mucho más amplios que lo realmente materializado. Estas causas han llevado al sobreuso de todos nuestros parques al extremo de ahogarlos espacialmente y a depredar su flora y fauna de manera alarmante. El diseño del Parque 9 de Julio de Tucumán contemplaba una superficie el doble de la finalmente materializada y para una población de 80.000 habitantes. Hoy la ciudad tiene 800.000 habitantes y la mitad del parque previsto hace un siglo.
    El Parque 3 de Febrero de Buenos Aires estaba proyectado para tener casi 800 hectáreas y hoy tiene menos de 100 de acceso público e irrestricto. Las asociaciones vecinales, desde la fundación pionera de la Asociación Amigos del Lago de Palermo hace 10 años, realizan ingentes esfuerzos para revertir esta situación pero se encuentran con obstáculos mayúsculos puestos precisamente por quienes deberían velar por su reintegro a la sociedad: los funcionarios públicos.
  2. La pérdida de la integridad territorial: Debida a esas usurpaciones provoca quiebres en la continuidad de bienes que son vivos como nosotros. ¿A alguien se le ocurriría "injertar" un brazo en medio de un estómago? Tampoco le podemos decir a un pajarito: vuele hasta acá pues luego sigue un espacio privatizado y por allí no puede pasar. Por ello, las últimas recomendaciones de ICOMOS en cuanto a la protección de jardines históricos no sólo prevén la globalidad del espacio verde aún cuando se encontraran zonas intercaladas dedicadas a otras actividades, sino una amplia "zona colchón" (buffer zone) a todo su alrededor con una protección menor para, precisamente, ir escalonando los cuidados necesarios.
  3. La pérdida del diseño original: Debido también en parte a estas usurpaciones (¿el Vilas Racket Club en el Parque de Palermo conservó el diseño de Thays o construyó canchas, vestuarios, confiterías y otras "necesidades"?), en parte a la malísima manutención efectuada por las Direcciones de Paseos (el Parque Independencia de Rosario ha visto "pavimentar" sus caminos para atender a difusas "necesidades de tránsito de peatones"), en parte a la acción de los padrinos quienes no están obligados a respetar los trazados. Repito mi ejemplo favorito: Los funcionarios que permiten esta alteración del diseño original ¿permitirían que a la Gioconda la tiñéramos de rubio y le agregáramos aros hippies?
    No se deben permitir elementos espurios ya que alteran el sentido del diseño original: Ejemplos como las rejas que han proliferado en las plazas porteñas convirtiendo a los canteros en "corralitos para bebés" al decir de un lúcido taxista, bah! un Pérez cualquiera de esos que García Rozada acostumbra a consultar y que representa ni más ni menos que al habitante de la ciudad. El tránsito vehicular debe estar prohibido o minimizado a un sólo camino de baja velocidad: Los caminos previstos dentro de los parques a fines y principios del siglo XIX no contemplaban a las motos, autos, ómnibus y demás artefactos móviles de hoy sino a unos tranquilos coches de caballos o a unos primitivos autos capaces de desarrollar muy bajas velocidades.
  4. El tema de los padrinos: Da para más reflexiones. Las Direcciones de Paseos no pueden delegar su responsabilidad de manejo de los espacios verdes públicos. Se da el caso de la ciudad de Buenos Aires cuya Dirección General de Paseos tiene el mismo rango que la Dirección General de Padrinazgos: ¿Podemos equilibrar ambas? Decididamente NO. Las Direcciones de Paseos han perdido las incumbencias con las que nacieron, deberían tener el poder centralizado para cumplir con su cometido y no compartirlo con otros numerosos organismos que intervienen en las plazas provocando acciones múltiples e inconsultas (Iluminación, Fiestas, Veredas, Deportes, Cultura y sus recitales !!!).
    La asignación de recursos deriva directamente de este tema de los padrinos. ¿Cuánto cuesta mantener el triángulo de césped sobre Avenida del Libertador al lado del Monumento a los Españoles? (u$s 50.- mensuales) ¿Cuánto significa la publicidad de la empresa que lo hace? (un mínimo de u$s 5.000.- mensuales) ¿Quiénes se benefician con la ecuación: La empresa padrina o la sociedad toda? Respuesta fácil. Otro tema concerniente a los recursos es su utilización con sentido común. ¿Vale la pena gastar u$s 330.000.- en el arreglo de una fuente sin ningún valor estético ni histórico o ese monto debe aprovecharse para otras cosas más urgentes?
  5. Incorrecto mantenimiento: Éste, debe comprender a TODO el bien, con sus distintos componentes (diseño, vegetales, obras de arte, equipamiento, servicios, usos, significación, toponimia) y debe ser realizado por equipos interdisciplinarios de los que carecemos a nivel público y deben ineludiblemente tener contacto con las asociaciones vecinales. La iluminación de una fuente, la instalación de un basurero, la inauguración de un nuevo monumento, deben responder al plan general del bien y no a caprichos, presiones o acciones intempestivas. Todo espacio verde público debe contar con un Plan de Manejo consensuado entre especialistas y vecinos.
  6. Ausencia de legislación adecuada: Tenemos la gran suerte de poseer una mayoría de jardines históricos dentro del conjunto de nuestros parques y plazas urbanas. Tan sólo el Parque 9 de Julio de Tucumán tiene una protección nacional.

    Pero no nos quedemos sólo en las críticas, aunque éstas sean el primer y necesario primer paso. Pensemos en propuestas para revertir esta situación:

  1. Conformar una legislación adecuada a nivel nacional, provincial y municipal.
  2. Efectuar llamados a concursos públicos, abiertos y limpios para las funciones ejecutivas y de asesoramiento en las Direcciones de Paseos.
  3. Implementación de cursos de especialización y de becas para estudios en el extranjero de las áreas en las que carecemos completamente de profesionales entrenados.
  4. Contratación de expertos extranjeros que realmente sean expertos con amplia experiencia teórica y práctica.
  5. Incorporación en la CNMMLH de especialistas disciplinares.
  6. Realizar un Inventario científico computadorizado de los espacios verdes públicos.

Los parques y plazas reemplazaron a la naturaleza virgen y salvaje. Lo hicieron de un modo civilizado y ordenado. Pero es lo que nos resta de contacto con un origen natural que ya hemos casi completamente olvidado. Además de este aspecto "cultural", los parques y plazas contribuyen a escurrir las aguas de lluvia (chocolate por la noticia !), a oxigenar el aire, a moderar el clima equilibrando el hormigón armado, en fin, a mejorar el ambiente excesivamente "artificial" de nuestras ciudades.

Hoy nos estamos quedando también sin eso. De nosotros depende el establecimiento de políticas ambientales y de preservación correctas, el acrecentamiento de las superficies verdes públicas, el correcto mantenimiento de los espacios verdes urbanos y en general, está en nuestras manos y en nuestra acción tener una vida más feliz y legar a nuestros hijos la posibilidad de vivir en un mundo mejor. @


Para la realización de este documento han colaborado con informes locales los arquitectos Osvaldo Guerrica Echevarría, Olga Paterlini, Marta Silva, Carlos Page, Raquel García Ortúzar y Ricardo Ponte, a quienes agradezco.

(*) Dra. Sonia Berjman. Vicepresidenta del Comité Científico Internacional "Jardines Históricos-Paisajes Culturales", ICOMOS Consejo Internacional de Monumentos y Sitios.


 

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