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En la newsletter anterior, he comentado el papel que desempeñan los bomberos en este complejo mundo de la protección contra los incendios. Pero ellos, además de extinguir fuegos y pasear en auto bombas, cumplen otras funciones que, a veces, no se tienen en cuenta. Supongamos: A usted se le cayó el perro al pozo de agua. ¿Quién saca al pobre pichicho? Los bomberos. Un tanque con sustancias químicas vuelca en la ruta. ¿Quién hace el operativo de descontaminación? Los bomberos. Su suegra sube a la terraza y se quiere tirar a la calle. ¿Quién impide su decisión? Nadie... perdón, los bomberos, ellos no saben que es su suegra. Ocurre un accidente en la ruta. El operativo de rescate de los accidentados hasta que los paramédicos puedan actuar. ¿Quién lo hace? Los bomberos. Si ocurre la desgracia de una catástrofe. ¿Quién se pone al frente de las operaciones? Puede haber una Junta de Defensa que planifique pero, la parte operativa, la hacen los bomberos. Mire, si sigo enumerando se va a cansar y dejará de leer, y ese no es mi interés. Como verán, cada brigada de bomberos debe estar especializada en un sinnúmero de situaciones, a veces impensadas. Todo destacamento debe tener el equipamiento y los hombres con la adecuada preparación física, para que la operaciones sean exitosas y den solución a los problemas. Si algo falla, sólo recuerde algún noticiero de televisión o de la radio. Las críticas no tienen piedad para estos hombres. Los reclamos a viva voz serán: se los llamó y demoraron media hora, con las hachas rompieron todo, se les terminó el agua, faltó gente, no hubo coordinación, o cualquier otro inconveniente que pudieran haber tenido. Todo sin piedad, sin pensar: ¿Hubo un atascamiento de tráfico en el trayecto? ¿Estarían atendiendo otro siniestro cuando surgió éste? ¿El destacamento tiene las disponibilidades presupuestarias para hacer frente al siniestro? A veces hay que hacer de chicle al presupuesto y, por ejemplo, para extinguir determinado tipo de incendios, es necesario atacarlo con espumas químicas, pero éstas no son baratas. No todos los destacamentos las poseen en cantidad y tipos adecuados porque, para colmo, las espumas son para usos específicos; distinto es extinguir un incendio provocado por combustión de alcohol, que por combustión de diesel oil. Suele también ocurrir que, cuando llegan, se encuentran con un depósito de agroquímicos y todos creían que era de hierros. Luego, al otro día, si no se olvidó el incidente, escuchará algún comentario sobre la imprudencia de tal o cual empresa o persona que motivó el hecho desgraciado, pero nada más. ¿Usted cree por ventura que estos no son hechos posibles? Si señor, claro que les pasa. Tanto Ud. como yo, vivimos en algún país de Latinoamérica no-desarrollado, con poca legislación, malos organismos de control, mala distribución de los recursos del Estado, y todos los palos en la rueda que se le ocurra. Pare, pare. No me trate de nefasto o de negativo recalcitrante, mandándome a vivir a un país desarrollado donde el mundo es feliz y todo se cumple. Un momentito. Si lee las Llama Piloto anteriores descubrirá que amo a mi Latinoamérica y a mi Patria, pero ello no impide que marque, desde mi punto de vista, lo que creo que debe corregirse. Si así fuera, tenga por seguro que estaría leyendo un buen libro o tomando unos mates antes de perder tiempo escribiendo Newsletters. Gracias por comprenderme. Un mail de mi amigo -el Sr. José Luis Sevillano, un gran especialista en Seguridad, de España él- agrega un poco de condimento a la función de los bomberos, como comentario de la newsletter anterior: "... Suponen que, cuando se produce un incendio o sin llegar a ello, los bomberos "tienen la obligación de ser creativos", es decir, tienen que resolver en el momento el problema creado por el diseñador y, si no lo consiguen, son unos maulas". "Pero nadie mira el problema cuando se está proyectando, tampoco en fase de ejecución, paseando o, desde el aire, volando, que sé yo". "Supongo que las autoridades también pasean o, como tú, se asoman a la ventana y ven el edificio". "¿En qué pensarán cuando observan esas torres o, mejor aún, en qué pensaron cuando las dejaron construir?" "Pero, ironías aparte, un edificio puede estar bien proyectado dejando, por ejemplo, un espacio suficiente entre bloques". "Sin pensar en que está previsto para el eventual uso por parte de los bomberos, esto le viene de maravillas a otro." "El listo piensa: ¡qué tontería hizo "el primer listo"! ¡Dejó un espacio libre entre bloques, con lo útil que sería aprovecharlo para construir un recinto deportivo con pileta y todo!." "Conclusión: ¡Aprobación general de los consorcistas!" "Pero... ¿Y si necesitan a los Bomberos? No hay problema: ELLOS SON CREATIVOS." "Llorar en equipo acompaña más y, a la distancia, observarás que se repiten los errores." ¿Qué les parece? Mal de muchos es consuelo de tontos, se ve que las habas existen en todos lados y se cuecen tanto como aquí. Pero, no le quepan dudas, el gran avance que estamos logrando es que, se nota el despertar de la búsqueda de mayor seguridad, tanto aquí como al otro lado del charco. Ahora bien, se supone que los bomberos deben estar preparados y listos para entrar en acción inmediatamente. Hay leyes y reglamentos que los obligan a estar presentes en determinado tiempo, y deben cumplirlos. Como cuerpo operativo, deben estudiar todas las posibilidades de siniestro que se puedan dar en su área de influencia. Cuando se instala un edificio nuevo, una planta industrial, un club, un campo deportivo, un hospital, una escuela, una estación de servicio, un taller, etc. ellos deben conocer en qué condiciones se hizo la construcción, cuáles son los nuevos riesgos que se agregan a los existentes, y cómo actuarán en caso de algún siniestro. ¿Sabe cuántas horas de planificación, entrenamiento, mantenimiento y adecuación de equipamiento tienen que hacer? Le aseguro que, al número que piense, debe multiplicarlo por dos y, al resultado, le falta la mitad. La especialización y la preparación para actuar ante siniestros no tiene límites; cuanto mejores son las condiciones en las que se encuentran, más posibilidades de éxito tienen. Piense que, a veces, un bombero dispone sólo de unos pocos segundos para actuar con seguridad; transcurrido ese tiempo, es posible que se necesiten tres hombres en vez de uno: El primero, se accidentó en la acción por haberla hecho en acto arriesgado. El segundo debe rescatar al primero y, el tercero, hace lo que debió hacer el primero, pero con mayores precauciones. Pero eso no es todo. A principios del siglo XX, en Latinoamérica, las ciudades eran habitadas por el 15 % de las personas y, el 85 % restante, era población rural. Por razones que no son tema de análisis en la Newsletter, la actual distribución de la población se ha invertido de manera que, el 85 %, vive ahora en las ciudades. Los centros de las mismas crecieron hacia arriba, con edificios de gran altura. Las periferias lo hicieron horizontalmente, con grandes zonas marginales. Los códigos de edificación y normas de seguridad son obsoletos, no son respetados o no existen. Los organismos de control son deficientes. ¿Qué resulta de todo esto?: los cuerpos de bomberos deben cubrir cada día mayor cantidad de situaciones riesgosas. Es como solicitar a una persona que se encuentra en el río, que mantenga a dos pelotitas de ping pong en el fondo del lecho. Luego, se le entregan dos pelotitas más, con el mismo propósito, mantener a las cuatro en el fondo. Luego otras dos, luego otras. Llegará un momento en que aprisiona algunas y, las restantes, rápidamente se le escapan a la superficie. Si intenta retenerlas, se le escapan las que ya tenía aprisionadas. No tiene alternativa; otra persona debe acudir en su ayuda. Desde el punto de vista de la analogía que empleo, el riesgo aumentó y se debe crear un destacamento nuevo. Todo muy lindo, pero ¿quién pone la plata y le da protección jurídica a su accionar? No crea que no se le presentan problemas jurídicos, además de los que he planteado. En Latinoamérica, la mayoría de los bomberos son voluntarios, una especie de ONG (Organización No Gubernamental) con características particulares. Por un lado reciben algún aporte del Estado, a veces. El resto lo aporta la comunidad. Sus hombres se capacitan voluntariamente, con las ventajas e inconvenientes que ello implica. No dependen de organismos gubernamentales y, por consiguiente, no tienen poder de policía. Además, los destacamentos suelen emplazarse en función de la gestión y esfuerzo comunitario de un barrio o zona y no según el nivel de riesgo que exista. Suelen ser asesores -y he aquí otro inconveniente con que tropiezan- y esto, a veces, los induce a errores. ¿Por qué digo que a veces los induce a errores? Veamos ese puntito. Lo analizaré con una propuesta utópica. ¡Hoy es utópica!, porque como el impacto social y ambiental que producen los incendios es grave -si en los ámbitos gubernamentales de toda Latinoamérica no se toman medidas- deberán esperarse consecuencias lamentables. Cada ciudad, pueblo o caserío, debería contar con Ministerios o Secretarías de obras privadas y públicas, donde se planifique la expansión de los centros urbanos y los riesgos admisibles que generen las nuevas construcciones. Los bomberos, como cuerpo operativo, programarían su estrategia en función de las ordenanzas municipales y en coordinación con éstas. Debería haber un organismo de fiscalización de riesgos autárquico, que se desempeñe coordinadamente con la municipalidad y los bomberos. Podría estar integrado con bomberos, representantes municipales y asociaciones o colegios de ingeniería. Se subvencionaría con un canon por ingreso de documentación a sus oficinas. Las municipalidades, los bomberos y los organismos fiscalizadores no serían asesores sobre la ingeniería de la prevención de riesgos. Simplemente, verificarían el cumplimiento de la legislación, nada más. ¿Cómo funcionaría este sistema? Las municipalidades deberían obligar a que ANTES, si, así con mayúsculas, ANTES de iniciarse toda construcción, el propietario de ésta contara con la autorización municipal de inicio de obra y, dicha autorización, incluiría la visación del organismo de fiscalización de riesgos. Los bomberos, aportarían al organismo de fiscalización y control su experiencia como cuerpo operativo, observando si, en la obra que se piensa construir, fueron consideradas las protecciones pasivas y activas ante el riesgo de un posible incendio. Reitero, por si no está suficientemente claro: observarían si hay un error u omisión, involuntaria o no, en la ubicación de las vías de escape, la compartimentación, la ubicación de los hidrantes, rociadores, barrido del sistema de alarmas, etc. Esto evitaría por ejemplo que, en el caso de un siniestro, quede gente atrapada y no pueda salir, o que un gran y moderno shopping, tenga unas hermosas antepuertas giratorias, que sólo servirán como tapón en caso de necesidad de evacuación de personas. Los Ministerios o Secretarías de Obras verificarían si el emplazamiento para el uso de suelo propuesto es el correcto. Esto evitaría, por ejemplo, que un geriátrico se ubique contiguo a una estación de servicio que despache gas natural comprimido a vehículos. El organismo fiscalizador analizaría si la documentación está completa y si los diseños fueron hechos por especialistas habilitados, quiénes son los responsables del proyecto de cada una de las especialidades que conforman la obra, qué normas se han utilizado, y verificarían si éstas son las aceptadas por los códigos de edificación. Los diseñadores, deberían ser los responsables del diseño. Parece un perogrullo, pero ya lo verá, el comentario es real. La municipalidad, divide la ciudad en zonas donde pueden radicarse las distintas actividades. Si Ud. quiere construir en ellas, presenta planos a la Secretaría de Obras y Servicios de la comuna, y ésta lo autoriza construir. En otros municipios, éste trámite no es requerido. Si Ud. Quiere construir, construye. Trate de no hacer la casa cerca de la calle, porque cuando esté lista y pase el camión regador, le va a mojar el alfombrado del living. En el primer caso, durante la construcción, o cuando Ud. Necesita habilitar la obra para su uso, presenta los planos a los bomberos. Ellos revisan, según su criterio, si está bien o mal. Requieren dónde y cuántos matafuegos, dónde y cuántos hidrantes, la capacidad del equipo de bombeo y una serie de indicaciones, cuya responsabilidad correspondería definir al diseñador, pero... la asumen ellos; tienen un departamento técnico subvencionado con el presupuesto estatal. Aquí haré una pequeña disquisición y luego seguiré con el tema. En la Argentina, existen dos organizaciones de bomberos: una oficial y otra voluntaria. Los bomberos oficiales son dependientes de la policía y los cargos que ocupan están en función de su grado, no de su especialización. No siempre hacen su carrera dentro del área de bomberos. La mayoría son policías antes que bomberos, que no es lo mismo. Éstos, son los que cuentan con departamentos técnicos y asesores. ¿No cree que se gastan esfuerzos en áreas que pueden cubrir mejor los profesionales de la ingeniería para lo cual, teóricamente, las universidades lo han capacitado? De lo contrario, es como querer abrazar todo y, el que mucho abarca, poco aprieta. El cuerpo de bomberos, ya tiene demasiado con ocuparse de la operatividad de su acción. Déjenme a mí, especialista en tender caños, hidrantes, rociadores y sistemas de alarmas, y háganme rendir cuentas por el correcto funcionamiento de ellos, que para eso fui instruido y preparado. Los bomberos, deben saber cómo usar esas instalaciones. Yo no tengo idea de como se toma un hidrante que empuja con 50 Kg cuando lanza agua; sólo sé que ellos necesitan ese hidrante en esas condiciones, porque me lo indican las normas y la Ley. Ellos deben saber cuándo y cómo operarlos, para eso fueron preparados. De otra forma, los roles están confusos. Volviendo al tema. Si la obra tiene errores garrafales en el sistema de seguridad, en ese momento se busca el parche. Es imposible demoler, si ya está hecho. ¡¡Con toda la plata que han gastado!! He aquí otra falla, también garrafal: los bomberos asesoran sobre cómo aplicar parches. ¿No me entiende? Claro, eso ocurre si el edificio fue diseñado por proyectistas que no consideraron las protecciones pasivas ni activas. Antes de habilitarlo, la municipalidad les exige el "conforme" por parte de los bomberos, como trámite previo. Éstos, al constatar las fallas, indican en un plano qué debe hacerse para solucionar - a medias- el problema. ¿Se da cuenta por qué digo que parchan? Se transforman, a la vez, en juez y parte. Piense, y se dará cuenta por qué lo digo. Si el edificio se incendia y ocurre una pequeña catástrofe, o algunas personas quedan atrapadas y mueren por no haber podido salir ni ser rescatadas, o no pudieron entrar los bomberos porque había pérgolas a la entrada u otra de las infinitas oportunidades que le damos al diablo de meter la cola: ¿Sabe la oportunidad que tiene el abogado del usuario para actuar contra los bomberos y la municipalidad por haber autorizado esa obra? Mi amigo el Dr. Héctor Sagalovsky(*), no puede perderla. Y tiene razón: los bomberos asesoraron sobre las instalaciones y la municipalidad habilitó el uso. Y, por si fuera poco, es el mismo usuario quien ahorró unas monedas, correspondientes a los honorarios que debería haber pagado al especialista del proyecto de la instalación contra incendios, o sea, a mí. Con el sistema que les propongo, las responsabilidades quedan delimitadas perfectamente, como en cualquier otra actividad del mundo. Ud. diseña, es responsable profesionalmente por la firma que ha puesto en su plano. Yo calculo y diseño las protecciones pasivas y activas contra incendios, soy el firmante de la propuesta, soy el profesional responsable a quien se deberá recurrir, en el caso de que mi proyecto tenga fallas adjudicables a las reglas del arte. En este caso el Dr. Sagalovsky, cuando defienda a los damnificados, verá que los responsables del incendio son otros y no los bomberos o la municipalidad. Mientras tanto, a veces por necesidad de disminuir riesgos, en otras por el espíritu de servicio que tienen estos hombres, ocupan espacios vacíos que nadie cubre: agregan pelotitas a su ya peligroso juego. Las pelotitas de ping pong fueron hechas para jugar al ping pong, no para ver cuántas puede retener un bombero bajo el agua. Si todos hacemos las cosas correctamente, podremos usarlas para el esparcimiento; de lo contrario, cada una que sube a la superficie indicará una posibilidad de contaminación, de ineficiencia, ineficacia, insolvencia, falta de medios de combate, mayor riesgo y, por ende, peligro de muerte. ¡Con tan poco se puede hacer tanto! Tan sólo algunas medidas gubernamentales que no le agregan costo al presupuesto estatal, podrían ser un pasito adelante para cuidarnos a nosotros mismos, porque estaremos viviendo un poco más seguros; estaremos transitando nuestra vida en seguridad. Sembrando prevención, cosecharemos seguridad. @
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