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   Edición 79 / Mayo del 2001

Columnistas


Marea Negra

Por Juan Javier Álvarez
info@ambiente-ecologico.com

Argentina


El mar se volvió rápidamente negro, tanto como la noche. Desde el aire, un observador ocasional hubiera percibido cómo esa extensa mancha de petróleo se extendía cada vez más. Las aguas perdieron su tono azul-verdoso, para cambiarlo por una densa capa viscosa.


Cerca de la mancha, cualquier conjunto de cormoranes, pingüinos, peces... no importa cual: todo lo vivo que se impregne con ella morirá sin remedio. Debajo las plantas acuáticas también perecerán, pues los rayos vivificantes del sol no podrán llegar...

A tierra han llegado algunas aves; su estado es calamitoso. Están impregnadas en petróleo negro, y en el ejemplo, podemos ver a los pingüinos del Chubut. Quien vio los documentales, o estuvo en el lugar, jamás podrá olvidar esa agonía lenta de miles de vidas inocentes, último eslabón de una cadena imprecisa de descontrol, irresponsabilidad o fatalismo.

Se calcula que, durante 1990 y en todos los mares del mundo, fueron derramadas más de un millón de toneladas de petróleo. Cuesta trabajo asimilar semejante cifra, como también, al pormenorizar en detalle asombran hechos como el protagonizado por el Exxon Valdez, en las costas de Alaska, con más de 40.000 toneladas de crudo liberado.

Explosiones, colisión de petroleros, sabotajes, choques con transbordadores, hundimientos, roturas de oleoductos o simplemente escapes durante la carga constituyen algunas de las causas principales de los derrames de petróleo en los mares. Y dentro de las áreas del globo que sufrieron hechos de mayor magnitud, podríamos mencionar a Estambul (Turquía), Golfo de México, Mar Mediterráneo (Italia, Francia), Golfo Pérsico...

Y a las causas anteriores, habría que agregar las producidas por acciones bélicas, como sucedió en la pasada Guerra del Golfo Pérsico donde intencionalmente se provocaron enormes derrames, los cuales afectarán por muchos años a los ecosistemas regionales.

Puede decirse que el ecosistema costero es casi siempre el más afectado, además de influir también en la atmósfera, como sucede cuando arden grandes cantidades de crudo, sea resultado de la explosión de petroleros, o bien, de acciones militares o actos deliberados.

No obstante ciertos hechos de inconsciencia ecológica y humana (como es el caso de Kuwait), cuando accidentalmente se producen derrames existen medidas para controlarlos y reparar los daños ocasionados.

Estas medidas pasan principalmente por el control de las manchas, al delimitarlas y permitir su succión. A su vez, se trabaja en las costas afectadas, actividad ésta que a veces se torna dificultosa. No obstante ello, en ocasiones el perjuicio es tan grande y vasto que miles de seres vivientes perecen.

Por esto, se tornan necesarios mayores controles sobre el transporte, carga y descarga de petróleo, la envergadura de los buques y el uso del doble casco, que otorga mayor seguridad. Otra medida: impedir drenajes (producto del lavado) de buques en puertos y atracaderos.

Hay que darse cuenta que así no se puede seguir. Que debemos cambiar prácticas, costumbres y formas de trabajar en pos del beneficio de vastas zonas, y en definitiva, de todo lo vivo.

Porque nada, ni todo el oro del mundo, puede reparar la muerte o la destrucción de la Naturaleza. Y no olvidemos que nosotros también estamos en ella. @





 

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