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![]() Por Dr. Antonio Cafiero Senador de la Nación El Senado de la Nación: DECLARA
FUNDAMENTOS Si bien se habla mucho sobre la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono y de otros gases de efecto invernadero (GEI), la realidad es que la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, adoptada en la Conferencia sobre Desarrollo y Ambiente en 1992 en Río de Janeiro (aprobada en nuestro país por ley nacional 24.295) y que durante el mes de noviembre de 1998 se reunió en Buenos Aires, no puede determinar aún cómo deben lograrse esas reducciones. El Protocolo de Kyoto, elaborado durante la Conferencia de las Partes de 1997 como instrumento para establecer los mecanismos de reducción de las emisiones, debe contar, para entrar en vigencia, con la ratificación de un mínimo de 55 países (miembros de la Convención) que sus emisiones en conjunto representen al menos el 55 por ciento de las emisiones totales. Es importante señalar que hasta la fecha sólo 30 países han ratificado el Protocolo, todos ellos subdesarrollados y con niveles de emisión de GEI insignificantes. La última Conferencia de las Partes, realizada en noviembre de 2000 en La Haya, concluyó en un nuevo fracaso debido principalmente a la intransigencia de Estados Unidos y sus aliados (Japón, Canadá, Australia), que sólo aceptan para cumplir con el Protocolo los mecanismos de flexibilidad que, según los negociadores de la Unión Europea, se traducen en una serie de escapatorias que ellos se niegan a suscribir. En relación a estas cuestiones, días pasados conocimos la noticia de que el presidente de los EE.UU., George Bush, declaró públicamente su rechazo a alcanzar los objetivos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero establecidos en el protocolo de Kyoto, renunciando al liderazgo que se espera de su país en la lucha mundial contra la contaminación. En tal sentido, el titular de la Casa Blanca afirmó que "... Estados Unidos y la industria están antes ..." y que ".... no haremos nada que perjudique nuestra economía, porque primero está la gente que vive en Estados Unidos ... ". En realidad, dicho anuncio no hace más que manifestar de manera explícita la falta de interés y de compromiso político de la mayor potencia mundial para con uno de los problemas más arduos que debe encarar el mundo y que es indiscutiblemente global. La novedad se conoció apenas un día antes de la visita a ese país del canciller alemán Gerard Schoeder y del inicio, en Montreal, de un encuentro de Ministros del Ambiente del hemisferio, preparatorio de la Tercera Cumbre de las Américas, en Québec, el 20 y 21 de abril. Cabe destacar que Alemania es el líder europeo en cuestiones ambientales y sede, en julio próximo, de la 7ma. Cumbre sobre Cambio Climático. Sin embargo, a pesar del rechazo y la alarma que despertaron en la Unión Europea y en el resto del mundo estas declaraciones, esta posición no es nueva en los Estados Unidos. De hecho, ya en julio de 1997 en el Senado de ese país se aprobó, por el voto de 95 a 0, un proyecto de resolución presentado por el senador Robert Byrd (demócrata, West Virginia) instando al Gobierno a no firmar el tratado en Kyoto si este causase "daños serios" a la economía de los Estados Unidos o si no le exigiese a las naciones en vías de desarrollo que cumplan con exigencias comparables. Estados Unidos, que con un 4% de la población mundial produce alrededor del 25% de los gases asociados con el efecto invernadero, es el más grande productor de estos gases del mundo y, por lo tanto, el principal responsable de la pronosticada crisis climática global. De modo que tal negativa complica el futuro del acuerdo, lo que inquieta a los países europeos que pretenden avanzar sobre el mismo pero saben de su inviabilidad e ineficacia si el "gran país de norte" no participa del mismo. Si bien los países europeos intentan presionar ahora para que el gobierno de Bush cambie su política al respecto, el protocolo de Kyoto que fue firmado por unas cien naciones aún no ha sido ratificado por ninguna del grupo de los 8 (Estados Unidos, Rusia, Japón, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Canadá), por lo que se puede apreciar que tampoco éstos han demostrado un accionar político que aliente a otros a cumplir con los compromisos. Ciertamente, los países desarrollados no asumen la responsabilidad que les incumbe y cabe preguntarse si en verdad tienen la intención de alcanzar las metas impuestas por el protocolo. Un argumento utilizado por Bush para fundamentar su posición consiste en que el Protocolo de Kyoto no compromete a la mayor parte del mundo. Sin embargo, cabe notar que las naciones directamente incluidas en este acuerdo produjeron el 58% del dióxido de carbono que se eliminó a la atmósfera, por ejemplo, en 1997. Mientras tanto, diversas investigaciones vienen demostrando que el efecto invernadero efectivamente está aumentando y que en los últimos 30 años hubo un crecimiento significativo en las concentraciones de gases de invernadero que tendrían relación causal con el cambio climático global. Asimismo, estas investigaciones confirman la presunción de que tal incremento es generado por las actividades humanas, principalmente por el uso de combustibles fósiles. Más allá de las dificultades, posiciones enfrentadas e intereses particulares, resulta imprescindible la búsqueda de un acuerdo que permita reducir las emisiones de los llamados "Gases de Efecto Invernadero". Señor Presidente, luchar contra los efectos negativos del calentamiento del planeta es esencial para los países subdesarrollados, los que se verían más afectados y vulnerables a sus consecuencias, como sequías, inundaciones y mayores problemas de salud. En tal sentido, nuestro país debe reclamar, como probable víctima del calentamiento global, que el mundo desarrollado asuma su parte de responsabilidad y acelere los pasos para que la humanidad inicie la reducción de las emisiones de los gases que contribuyen al mismo. @
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