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   Edición 77 / Enero del 2001

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Ciencia e Investigación



Clima y Observaciones Meteorológicas
en Buenos Aires (1800-1850)


Por Ing. Juan Carlos Nicolau (*)
ednuci@rcc.com.ar

Argentina




El hombre ha escudriñado el cielo desde siempre, empujado por la necesidad de saber si recibiría las bondades que éste podría brindarle o para prevenirse de los males que podrían llegar de lo alto. Su subsistencia ha sido una constante depender de los fenómenos atmosféricos para conocer si las lluvias favorecerían sus sembrados o evitar la desolación y la ruina de las tormentas de agua, viento y descargas eléctricas.


En particular, en la ciudad de Buenos Aires, la influencia de las condiciones climáticas, tanto respecto a la temperatura como a los vientos y otros factores atmosféricos era muy importante para la existencia de un puerto con un activo comercio abierto a la navegación de ultramar. Sí bien con limitaciones debido a la escasa profundidad del Río de la Plata en la costa bonaerense, principalmente por ese puerto se recibían los productos y manufacturas provenientes principalmente de Europa y se exportaban las producciones del país.

No debe extrañar, entonces, que las primeras publicaciones realizadas en Buenos Aires dedicaran un lugar a las observaciones meteorológicas, tal como lo señala Juan María Gutiérrez, quien recuerda que la serie regular de esta clase de observaciones comienza con el siglo y se encuentran consignadas por primera vez el miércoles 12 de agosto de 1801, en el "Telégrafo mercantil, rural, político, económico e historiográfico del Río de la Plata". Su editor Pedro Cabello y Mesa deseaba publicar observaciones astronómicas y meteorológicas, por la influencia que tienen sobre el comercio humano"; pero a pesar de sus buenas intenciones no le fue posible realizarlo desde la aparición del primer número el 1º de abril de 1801 "por la falta de instrumentos y de un observador especial" (Telégrafo, 1914-339)

Gutiérrez comenta que, con anterioridad a esa fecha, se efectuaron registros de las condiciones meteorológicas en Buenos Aires, se refiere en particular al día 19 de diciembre de 1779 cuando la temperatura se encontraba a 84º F medidos a la sombra, circunstancia en la cual repentinamente se cubrió el cielo de nubes y a las 5.30 de la mañana se desprendió un rayo que incendió el depósito del Estado que contenía 3.150 quintales de pólvora. (Gutiérrez, 1886-279)

El mismo autor señala que en esos tiempos 'no se conocía más pararrayo que el Trisagio", el cual, como su nombre la indica, era un artefacto de tres puntas, del cual no se conoce una descripción pormenorizada.

Las observaciones relativas a las condiciones atmosféricas, publicadas en el Telégrafo, según su editor fueron realizadas por un "perito viajero", cuyas iniciales eran D.A.S.C. quien posiblemente fuera un piloto de navío por sus conocimientos de astronomía y meteorología. Estas observaciones indicaban la fecha del mes y día de la Luna; la temperatura máxima y mínima expresadas en grados Réaumur (en esta escala el punto de congelación es de 0º R y el de ebullición 80º R) y finalmente, la presión barométrica medida en pulgadas de mercurio.

La primera observación del día 10 de agosto de 1801, correspondía al 23 en el lunario y se registró 11,6 grados de máxima a las 4 de la tarde; 1,3 grados de mínima a las 12; 27,6 pulgadas de presión barométrica a las 4 de la mañana y 27,5 a las 8 de la noche, mientras el higrómetro señalaba 21 de humedad y reinaba el OSO, ventoso, variable con nubes gruesas.

Estos registros se hacían al aire libre en una casa central de la ciudad, por lo cual, comentaba Gutiérrez, "las horas de las observaciones no guardan regularidad ni periodicidad rigurosa" (Gutiérrez, 1886-282)

Es interesante describir el instrumento que utiliza el observador de esas mediciones para la determinación de los valores de la humedad ambiente. El higrómetro, dice, "jamás se conforma con otro semejante, y es preciso advertir que el eje es de paja de avena, adoptado por los más eximios observadores, respecto a su nativa singular sensibilidad y que en el interior de un aposento, donde no entraba aire, con diferentes indagaciones se observó que cuando el barómetro se elevaba a 28 pulgadas 7 líneas francesas, el termómetro Réaumur se hallaba en 29 grados y el higrómetro apuntaba 32 grados de sequedad; y cuando el propio Barómetro bajaba a 26 pulgadas 4 líneas y el termómetro a 5 grados mostraba el Higrómetro 42 grados de humedad; teniéndose entendido que este instrumento es más sujeto a la cualidad del viento dominante que al temperamento de la Atmósfera". (Telégrafo, 1914-340)

Otra de las observaciones del perito se refería a la "variación diurna" de la aguja imantada, lo cual induce a suponer la existencia de diferencias con respecto a los registros nocturnos. El dispositivo utilizado en este caso para efectuar las mediciones era una aguja imantada, "un acero magnético, pendiente de un hilo de seda que no sólo lo equilibra del centro de gravedad, sino que hace que sus extremos se conserven horizontales". (Telégrafo 1914-340)

Las observaciones del desconocido perito se realizaron entre el 1º de agosto y el 24 de septiembre, siendo las únicas publicadas por el periódico.


Observaciones de Pedro Antonio Cerviño (1787-1816)

La segunda serie de registros del clima fue publicada en el "Semanario de Agricultura, Industria y Comercio" cuya dirección ejercía Hipólito Vieytes.

En este caso se conoce ala persona que realizó las observaciones meteorológicas ya que fueron efectuadas por Pedro Antonio Cerviño, en el período comprendido entre el 18 de enero de 1805 y el 25 de diciembre del mismo año. Estas fueron acompañadas de otros datos que, al decir de Gutiérrez, demostraban los conocimientos de éste sobre un tema poco conocido en Buenos Aires en esa época.

Cerviño, ingeniero español nacido en Pontevedra, arribó a Buenos Aires para trabajar en la segunda comisión demarcadora de limites entre España y Portugal, y entre otras tareas practicó mediciones para determinar la ubicación geográfica de aquella ciudad, la cual, según sus mediciones, tenía una "elevación sobre el nivel ordinario del Río de la Plata" de 6 toesas y 5 pies, equivalentes a 13,446 metros. (Gutiérrez, 1886-284)

Al describir la topografía de la ciudad señalaba que estaba edificada en un terreno llano que se extendía más de 200 leguas a partir de la costa del río. "Los vientos son frecuentes y tal vez no se cuentan en un año, ocho días de calma absoluta, los vientos SO, NO y SE soplan con fuerza; el primero limpia, los otros dos son tempestuosos y con el segundo se desprenden algunos rayos. El país es enteramente descubierto, no tiene arboledas ni montañas y por esto anula todas las influencias de los meteoros (Gutiérrez, 1886-285)

Con respecto a los medios para llevar a cabo las observaciones, Cerviño señalaba que utilizó un "barómetro de la mejor construcción y dos termómetros", uno de ellos colocado dentro de un cuarto y el otro, al aire libre, expuesto al Sur y al SO sin protección contra el sol para el registro de la temperatura.

"A las 6 de la mañana, a las 12 del día, a las 6 de la tarde y a las 12 de la noche hice las observaciones", relataba Cerviño, "tomando la altura del mercurio en el barómetro con la mayor exactitud, poniendo el extremo inferior de la columna mercurial tangente a la línea que pasa por el cero de la división". (Gutiérrez, 1886)

Gutiérrez en sus escritos señala que Cerviño se proponía obtener datos acerca de las precipitaciones pluviales mediante la construcción de un pluviómetro y de un atmidómetro (sic), para medir la cantidad de agua de lluvia y su evaporación. Por otra parte, pensaba agregar un anemómetro que permitiera registrar la fuerza de los vientos.

Estos registros perseguían un propósito concreto, ser utilizados para facilitar la navegación y, sobre todo, poder predecir los "tiempos que acaecen" y prevenir los destrozos que pudieran provocar en la ciudad. Todas las observaciones que realizó Cerviño fueron reproducidas años más tardes en las páginas de "La Abeja Argentina", revista publicada a partir de 1823 (Senado, 1960, Tomo VI,5530)

Los datos consignados eran la presión barométrica en pulgadas francesas, la temperatura definida por el naturalista francés R. A. F. de Réaumur (1683-1757), al aire libre, máxima, mínima y media, días claros, nublados, de lluvia y días de truenos y relámpagos y vientos predominantes de los cuadrantes NE, SE, SO y NO.

Cerviño realizó diversos trabajos tipográficos y cartográficos y en 1813 tuvo a su cargo una Academia de Matemáticas, destinada a dar instrucción en esa materia a los cadetes de la guarnición de Buenos Aires, dos años antes de su fallecimiento, en 1814, levantó un "Plano topográfico de Buenos Aires".


Los trabajos de Bartolomé Muñoz

Bartolomé Muñoz, quien llegó de muy niño al Río de la Plata de la mano de su padre, en 1776, se dedicó al estudio de las ciencias naturales -la geografía y la botánica apunta Gutiérrez- ya observar el clima y el cielo de Buenos Aires. Publicó varios "Almanaques" entre los años 1817 y 1821,donde se leen sus comentarios acerca de las variaciones de la temperatura, días de lluvia y tormenta.

Los almanaques fueron publicados desde mediados del siglo XVI en Europa con un propósito práctico, ayudar a los marinos y exploradores en sus viajes incluyendo en sus páginas datos sobre astronomía, cosmografía, mareas y astrología. Los publicados en Buenos Aires ofrecían referencias comerciales, artesanales y políticas para los visitantes extranjeros y difundir el conocimiento del país en el exterior (Hill, 1982-49)

En la edición del martes 25 de junio de 1816 el periódico "La Prensa Argentina" editado en Buenos Aires, anunciaba que los ciudadanos Bartolomé Muñoz y Vicente López habían efectuado las observaciones astronómicas del eclipse total de Luna ocurrido el día 9 de ese mes. Estos dos amigos, estudiosos de la naturaleza comenzaron de esta forma sus observaciones: "Sin más instrumentos que un buen acromático de Dollond de algo más de tres pies de focus, triple objetivos, con tres pulgadas de abertura y un regular reloj de segundos, arreglado con la exactitud posible y el plan selenografito del sabio Hervas y Panduro; después de haber calculado la distancia del centro de la Luna al Sol, signos en los cuales se hallaban y cuanto estuvo a los alcances de unos meros aficionados (...) vimos el primer contacto o principio del eclipse (...)".

Al finalizar su informe los autores señalaban: "Como no somos astrónomos y los instrumentos pueden carecer de precisa delicadeza en esta operación hemos notado las inmersiones parciales de varias manchas de la Luna como por regla de comparación y comprobante del cuidado que hemos tenido en la observación, que sólo publicamos para emular a la juventud patriótica", comentando que, además, lo hacían para "comprobar los pronósticos del Astrónomo americano Buenaventura Suárez, setenta y seis años después que los hizo". (Senado, 1960, Tomo VII-6153)

El padre Suárez (1679-1750), citado por López y Muñoz, cursó estudios en el colegio que los jesuitas tenían en Santa Fe, su ciudad natal y en la ciudad de Córdoba, dedicando su vida a la observación astronómica, utilizando en principio instrumentos construidos personalmente por él, en las Misiones de San Cosme y San Damián, mientras que más tarde pudo utilizar para sus observaciones otros traídos especialmente desde Europa. Su obra fundamental, dice Furlong, fue su célebre Lunario de un Siglo, resumen tal vez de todos los trabajos menores anteriores, que le otorgó fama internacional. (Furlong, 1945-42)

Muñoz en su almanaque publicado "el año décimo de nuestra Libertad" (1819) cuya redacción estaba a su cargo registraba las siguientes observaciones: "En el año 1817 en Buenos Aires el día de más calor fue el 20 de febrero con un registro de 83 grados F (aproximada 28º C) y el más frío el 10 de julio con 28 grados F (-20º C)

Hubo 31 días de poca lluvia, 29 días de lluvia copiosa, 28 con truenos, 7 con granizo, 6 con humedad excesiva, 2 con niebla y se produjeron huracanes el 8 de agosto y 6 de septiembre, en octubre y noviembre y electricidad con este fenómeno el 22 de febrero en que a las 7 horas 10 minutos de la mañana una nube de tierra oscureció el entente (sic) la atmósfera por 4 minutos y giro de SO a NE". (Muñoz, 1819)

En cuanto a los registros efectuados dos años después (año 1819) anota que el día de más calor fue el 17 de enero con 85º F (aproximadamente 29º C) "en una pieza ventilada de nueve pies de elevación sobre el nivel del río". El día más frío de ese año fue el 6 de agosto cuando el termómetro bajó a 43 grados F (6º C)

En ese año hubo 37 días de poca lluvia y 28 donde ésta fue muy copiosa, 29 días con truenos, 16 días de garúas y 7 de niebla, 4 de nieve y se produjeron huracanes los días 8, 13, 25 y 31 de enero, el 20 de abril, el 25 de octubre y el 26 de diciembre.

Otro dato que consideró interesante registrar fue la existencia de jejenes (pequeños insectos) en los días 2 de enero, 14 y 21 de marzo y el 17 de abril.

Los efectos meteorológicos en todo el año 1821, registrados por Bartolomé Muñoz fueron publicados por el "Registro Estadístico', señalando que los días de lluvia fueron 44, de lluvia copiosa 23, de truenos 39, de nieblas 5, de nieve escasas y de granizo 2. Los de mayor frío, en que bajó el termómetro a 51º F del 19 al 24 de julio. Huracanes el 31 de enero, 12 de febrero y el 7 de septiembre."Al primero acompañó una nube de polvo y paja quemada, que oscureció totalmente la atmósfera a las 4 y media de la tarde por espacio de 8 minutos", comenta el observador.

Los temporales huracanados que con tanta frecuencia azotaban la ciudad, también eran noticia destacada por los periódicos. Una tormenta ocurrida el 1º de agosto de 1820 fue mencionada por la 'Gaceta" en estos términos: "amaneció con viento del SE aunque no fuerte, siguió arreciando por grados hasta la noche, en la que se desencadenó con tanta furia y subsistió en la misma hasta el 21, que ha causado los mayores estragos". La violencia del fenómeno ocasionó la rotura de las amarras de "más de 40 buques de fragatas a balandras" continúa la crónica, con la pérdida de cargamentos de los navíos, de algunas personas arrebatadas por las olas y destrozos en las viviendas. (Gaceta, 1820)


Vicente López (1784-1856) sus observaciones meteorológicas

Durante su larga vida Vicente López desempeñó diversos cargos en el Gobierno de la provincia de Buenos Aires y realizó distintas tareas, entre ellas fundar el Registro Estadístico, cuya publicación comenzó en 1821, dada la importancia que le otorgaba a la publicación de la actividad económica de la provincia y a las cifras que indicaban el desenvolvimiento social y educativo. Otra de sus preocupaciones se vinculó con la ciencia dedicándose a estudiar problemas relacionados con la astronomía y la meteorología.

Con respecto a los primeros en una libreta de apuntes particulares se leen las notas extractadas en enero de 1836, de un articulo titulado "Conjeturas sobre el Universo', publicado en el Nº 12 de la Revista Británica de diciembre de 1833.

Otras anotaciones se refieren a una fórmula destinada a determinar el 'Novilunio", según su definición, "para conocer el día que hace (sic) la Luna en un mes cualquiera"; y las observaciones acerca de los "Fenómenos meteorológicos del año 1834" que se transcriben continuación:

"El domingo 21 de septiembre fue un día de calor con viento norte; a la noche se observaron algunos relámpagos; a las diez y minutos de la noche fuimos sorprendidos por un furioso viento del SO que de las diez y cuartos a las diez y medía amenazaba estragos y en efecto causó algunas averías.

"El miércoles 24 a media noche arreció el viento del SE que duró hasta el sábado 27 con gran fuerza; lloviendo desde el 26 a medio día hasta el 27 a las nueve y media o diez de la mañana. Pero la mayor fuerza de las ráfagas se hizo sentir entre siete y nueve de la mañana del 27 causando estragos en los buques de la Bahía; se encuentran 26 embarcaciones, incluso una fragata norteamericana y tres bergantines ingleses, dos italianos, etc., entre los arrojados a las toscas y deshechos o maltratados. Las aguas del río subieron hasta las barrancas y se desarmaron por la Boca del Riachuelo y calles y potreros de barrancas.

"Repitió la sudestada desde el jueves 2 de octubre hasta la noche del 4, no tan fuerte, pero llovió mucho el viernes todo el día y el sábado desde la una hasta las ocho de la noche.

"Repitió la sudestada desde el martes 7 hasta el lunes 13 del mismo octubre, lloviendo desde el domingo a media noche hasta el lunes a la tarde en que varió el viento: No ha sido tan fuerte esta sudestada como las otras, pero ha sido más constante" (A.G.N. VII 21-1-9)

Tal como señala Gutiérrez, además de su intervención en actividades políticas López se contrajo con empeño a la meteorología y comenzó publicando en el Registro Estadístico las fórmulas para convertir las escalas de termómetros, con distintas graduaciones".

Entre las notas de López, recogidas en un cuaderno depositado en el Archivo General de la Nación, se encuentra un curioso escrito, el cual se transcribe en el Apéndice de este artículo con el título de "Grados de probabilidad de las indicaciones de las lluvias y el buen tiempo por el barómetro" en el cual pretende establecer una teoría para pronosticar el clima teniendo en cuenta los valores de la presión barométrica, la temperatura y sus oscilaciones. Si bien su intento carece de rigor matemático, constituye un ejemplo de su interés por los temas de la ciencia y su preocupación por la difusión de estos estudios en un medio social poco proclive a éstos en su época.

Esta exposición es parte de una serie de lecciones que brindó probablemente en la Sociedad de Ciencias Físico-Matemáticas de la cual era miembro, según se desprende del último párrafo de su nota.


Observaciones de Manuel Moreno (1781-1857)

Manuel Moreno, profesor de química en la universidad, también se aplicó a las observaciones relacionadas con el clima de la ciudad porteña durante el año 1822 y de enero a mayo de 1823, datos que fueron publicados en el periódico "La Abeja Argentina". (Senado, 1960,Tomo VII-5523 y 5664)

En distintos números de esa publicación se recogieron los registros a partir del mes de marzo de 1822 indicando las lecturas del barómetro, termómetro, higrómetro, vientos predominantes y un comentario acerca del clima, sé agregaba un resumen de las temperaturas mayores y menores, días de vientos secos y húmedos. Estos continuaron mensualmente hasta el mes de junio de 1823.

En el número 10 del periódico mencionado, con fecha 15 de enero de 1823, un artículo firmado por Manuel Moreno se refiere a las observaciones meteorológicas efectuando un extenso comentario acerca del clima de la ciudad de Buenos Aires.

En él comienza por señalar la ubicación geográfica de la ciudad, latitud y longitud, con mención de las mediciones efectuadas por Malaspina, Cerviño, el capitán Heywood y las indicadas en el Registro Estadístico, mencionando simultáneamente la elevación del terreno respecto al nivel del río. Luego de describir la topografía del lugar, los límites de la provincia y el sistema de los ríos que desembocan en el Río de la Plata, comentan la calidad del terreno y de las aguas, como así también a los vientos, sus características en distintas estaciones del año. Más adelante estudia los registros higrométricos y del barómetro, señalando las distintas oscilaciones de estos aparatos en distintas fechas. En el final efectúa comparaciones con los registros publicados en el "Telégrafo Mercantil" en 1801 y aquellos efectuados por Muñoz, los cuales relaciona con los pertenecientes a ciudades como Lima y Filadelfia y de otros países europeos (Senado 1960, Tomo VI-5524)

En esa misma época, bajo la influencia de las actividades que desarrollaba la Sociedad de Ciencias Físicas y Matemáticas, sus miembros realizaron observaciones astronómicas que fueron comentadas en el periódico "La Abeja Argentina". Estas fueron de menor importancia, sin duda por la ausencia de instrumentos adecuados y, como se comentaba en la edición del número 5 del 15 de agosto de 1822, existía la necesidad de establecer un Observatorio en alguna torre de la ciudad que permitiera realizar cálculos astronómicos con exactitud, para de esta forma determinar "el primer meridiano que debe servir de término de comparación para la geografía del país" (Senado 1960, Tomo VII-5524)

En el mismo número del periódico se señalaba que el 2 de agosto de 1822 "varios individuos de la Sociedad de Ciencias" habían observado un eclipse de Luna mediante el concurso de "tres observadores con anteojos acromáticos", uno con un "sextante de metal, de Lenoir", para conocer la altura del satélite de la Tierra sobre el horizonte y otro controlando la "marcha de un reloj". La observación se realizó a las 6 horas, 55 minutos y 52 segundos en la plazuela de Santo Domingo (lugar del templo del mismo nombre, actual Avenida Belgrano y calle Perú). El eclipse tuvo una duración de 3 horas, 4 minutos y 20 segundos.

En el mismo periódico se comentaba el "Cometa observado en Buenos Aires" el 5 de abril del año anterior, que apareció a las 6 horas 45 minutos, indicándose los datos de longitud y latitud registrados. El comentario señala que se trataba de un cometa cuya órbita por "primera vez era calculada en la ciudad", lamentablemente sin indicar el nombre del observador Felipe Senillosa (1783-1858) al año siguiente dio a publicidad una serie de mediciones astronómicas en un artículo titulado: Geografía matemática, destinadas a determinar la verdadera posición de un punto de esta provincia, sobre la superficie del globo, que sirviera de comparación con otras mediciones que se efectuaran en el futuro". Luego de indicar los distintos cálculos efectuados y el método empleado, Senillosa concluye que la latitud de Buenos Aires en la plazuela de Santo Domingo era de 34º 35' 47", valor promedio de las distintas lecturas (Senado 1960 Tº VII-5520)

Probablemente Senillosa efectuó otras observaciones y cálculos geodésicos, tan importantes para los trabajos topográficos, pero no se encuentran otras menciones en las páginas del periódico mencionado.

Woodbine Parish en su libro Buenos Aires y las provincias del Río de la Plata, reprodujo las tablas resumen de las observaciones de Moreno, indicando que fueron tomadas del Registro Estadístico, pero el cónsul inglés efectúa su mejor aporte sobre este tema al reproducir una carta dirigida a él, cuando se encontraba de regreso en Londres, que describe una tormenta ocurrida el 10 de febrero de 1832.

En uno de sus párrafos se relata: "La rapidez con que se aproximaba (la tormenta) y su terrible oscuridad alarmaron a toda la población; como si fuese en un instante, hubo una transición de la luz radiante del mediodía a la más oscuridad. Inmensas bandadas, o mejor, una inmensa muchedumbre de pájaros, la precedía inmediatamente; y de hecho, por más increíble que parezca, comenzaba con ellos la oscuridad. El tiempo de su duración fue el de once y medio minutos y la oscuridad total el de ocho y medio minutos, que a la luz de la vela contamos por el reloj el Dr. S. y yo. Vino acompañada de fortísimos truenos pero no se vio ni un solo relámpago, a pesar de serios truenos cercanos. Después de once y medio minutos, la lluvia principió a caer en gotas muy gruesas y negras, que producían sobre las paredes blanqueadas, cuando volvió a alumbrar el sol, el efecto de haber sido salpicadas con tinta. Nunca he presenciado un fenómeno más majestuoso ni horrendo". (Parish 1958-194)

Parish agrega a continuación que "los truenos y relámpagos son tan fuertes en Buenos Aires que, según creo, en ninguna parte del mundo se ven de igual violencia. Pero, al fin, límpiase del todo la atmósfera; respira de nuevo el hombre, y toda la naturaleza parece revivir con la regocijante frescura del ventarrón".


Los aportes de Octavio Mossotti (1791-1863)

En las columnas del periódico "El lucero" durante los meses de noviembre y diciembre de 1829 y al año siguiente, se dieron a conocer observaciones meteorológicas. En el Archivo General de la Nación se encuentra una planilla denominada "Tablas Sinópticas de las observaciones meteorológicas hechas por el Departamento Topográfico' en las cuales en cuatro tablas se indican: Alturas del Barómetro, Alturas del barómetro para determinar las variaciones diurnas, Temperaturas termométricas -Termómetro de Fahrenheit, y Estado higrométrico del aire- higrómetro de Daniell, para los años 1828 y 1829. (A.G.N. X-22-8-6).

Juan María Gutiérrez, en su documentado libro acerca de la enseñanza superior en Buenos Aires, asegura que estos datos fueron el resultado de los registros efectuados por el "sabio y digno profesor de física experimental en la Universidad de Buenos Aires D. Octavio Mossotti" (Gutiérrez, 1915-628)

En la exhaustiva investigación que Máximo Barón realizó acerca de la vida de Mossotti señala que las observaciones diarias efectuadas por el profesor piamontés, recopiladas por éste en 1834, las envió a su amigo el astrónomo Domingo Arago, de la Academia de Ciencias de París, mientras una copia la entregó al Departamento Topográfico donde también trabajaba. En los Comptes Rendues" de aquella institución se publicó un resumen de dicha recopilación con el título de "Meteorologie-Memoire sur le climat de la ville de Buenos-Ayres" por M. Mossotti, preparado por los comisionados von Humboldt, Arago y Nathieu. (Barón,1981-79)

En las planillas preparadas por Mossotti se reunieron las principales conclusiones acerca de la temperatura, presión atmosférica y según comenta Gutiérrez, por primera vez se anoté entre nosotros la cantidad de agua llovida, valiéndose de un pluviómetro que él hizo construir". (Gutiérrez, 1915-628)

Octavio Mossotti regresó a su tierra natal en 1835 y a partir de esta circunstancia aparentemente no se realizaron nuevas observaciones relativas al clima de Buenos Aires ni otras relacionadas con sus interesantes investigaciones físicas.


Escritos de Francisco Javier Muñoz (17951871)

Este destacado científico y médico se ocupó del clima de la provincia de Buenos Aires, sin efectuar observaciones meteorológicas cuantitativas, en la zona de la Guardia de Luján, Arrecifes, Areco y adyacencias vecinas en sus "Apuntes Topográficos" redactados en 1847 y que merecen ser recordados por a agudeza de sus comentarios acerca de estos fenómenos.

Muñoz, sutil e inteligentemente, relaciona la temperatura de la atmósfera con las modificaciones que produce en el ambiente la acción del hombre, por consiguiente, estima que el clima ha variado desde la costa del Río de la Plata hasta 30 leguas hacia el interior, por la existencia de mayor cantidad de poblados, las explotaciones agrícolas y pecuarias con animales de todo tipo y la "abundante plantación de árboles". Por el contrario, señalaba que en las restantes partes del territorio que no presentaban estas características, el clima permanecía sin variaciones con respecto a las épocas del predominio indígena.

En la parte más poblada, afirma Muñoz, explicando la influencia de los cambios provocados por el hombre, existe "una temperatura media distante de los extremos".

Razonaba que un terreno con plantaciones necesitaba "mayor cantidad de calórico" para elevarse a la misma temperatura que otro árido o pedregoso, por lo cual, contribuía a crear un clima más fresco. En invierno,"la absorción de mayor cantidad de calórico, provocaba un principio del calentamiento de las capas inferiores del aire".

Respectos a los vientos, Muñoz consideraba que éstos se caracterizaban en ser húmedos o secos, fríos o cálidos. El viento Norte, "que procede en su curso por el Paraguay y el interior del Chaco se caliente, se carga de humedad al atravesar el estuario del Plata y sus tributarios" y como consecuencia se satura. "Llega al fin a pasar de fluido elástico al estado líquido, a formar nieblas y aún precipitarse en lluvias, si el aire pierde su capacidad para contenerla". El Sur, "viento polar que llega después de atravesar el mar es frío y húmedo" escribe Muñoz, desplaza nubes grises y pesadas provocando lluvias y granizo.

Observa, además, que cuando el viento Norte es caliente y húmedo, el aire está "brumoso y pesado", en cambio el Oeste,"andino o de serranía es seco y frío". El Este, al atravesar el océano es húmedo y fresco, y a veces, concluye por arrastrar nubes de lluvia, cuando sopla por varios días". El Sur-Este que pasa sobre el mar es lluvioso y húmedo, provoca temporales que conmueven las aguas del Río de la Plata.

El propósito de Muñoz al estudiar las características de los vientos es observar sus efectos sobre las personas, en este sentido considera que el Norte húmedo y caliente "excita la irascibilidad en los individuos de temperamento nervioso o hepático".

En cuanto al viento Norte del hemisferio boreal, que es "frío y húmedo en el invierno entorpece la potencia nerviosa" y disminuye la actividad de los individuos. El Sur, en nuestro hemisferio, causa "los efectos morbosos que nacen del frío combinado con la humedad", mientras el Oeste "es sano por excelencia" y con respecto al Este y Sureste, "no tienen otra influencia en la salud que las que les comunica la humedad (siempre nociva) que lleva consigo". (F. J. Muñoz - s/f-59)

Las observaciones de Muñoz sobre el clima se detienen en las consideraciones citadas, pues su objetivo es describir la topografía de la provincia y aquel aspecto es, por consiguiente, un aspecto parcial de sus escritos, no obstante lo cual muy valioso por su aguda captación de la realidad de su ambiente.


Algunas conclusiones

Los estudios y registros relacionados con la meteorología en el Río de la Plata desde 1800 hasta mediados del siglo fueron evidentemente escasos y carecieron de continuidad. No obstante los trabajos realizados por Cerviño, Bartolomé Muñoz, Vicente López, Moreno y Mossotti en el transcurso de la primera mitad del siglo XIX, junto con las inquietudes de Francisco Javier Muñoz en relación a la variación del clima, muestran la importancia de este factor en la actividad económica y social del hombre y la necesidad de tenerlo en cuenta para mejorar sus condiciones de vida.

Todos ellos fueron precursores en los estudios físicos en el Río de la Plata y de los fenómenos de la naturaleza, sus esfuerzos lamentablemente quedaron olvidados durante largos años hasta tanto la organización política y social del país no brindó condiciones más favorables para la creación de instituciones y establecimientos de enseñanza que sé dedicaran a esas tareas.

En el Registro Estadístico de Buenos Aires redactado por Manuel Ricardo Trelles se incluyeron algunos de los datos meteorológicos recopilados durante la primera mitad del siglo XIX y, además, los recogidos por el doctor Kennedy, un médico norteamericano que efectuó observaciones entre los años 1853 a 1855, llegado al país integrando la expedición científica dirigida por el capitán Rage para explorar el Paraguay. Aparte de los señalados, no se efectuaron registros sistemáticos referidos al clima.

Fue necesario esperar a la presidencia de Domingo F. Sarmiento (1811-1888) para la creación del Servicio Meteorológico Argentino, ante la "importancia teórica y práctica científica y económica, de estos estudios, que se relacionan, además, con intereses valiosos y visibles" como se expresaba en el proyecto de ley de creación de ese organismo, para comenzar a contar con registros y estudios nacionales referidos al clima de nuestro país. (Babini, 1986-170)


Apéndice

Grados de probabilidad de las indicaciones de la lluvia y del buen tiempo por el Barómetro

"Sabéis que este instrumento está particularmente destinado a indicar las variaciones del peso de la atmósfera y que a este destino primitivo debe su nombre; pero como hace mucho tiempo que se usa habitualmente para predecir los cambios del tiempo y se cree comúnmente que anuncia con tanta exactitud estos cambios, como el peso del aire que nos rodea, vamos a examinar hasta qué punto son positivas estas predicciones y lo que puede alterar su exactitud. La disolución del agua por el aire de la atmósfera y su abandono que nos dan sobre la Tierra el buen tiempo y la lluvia son, como hemos visto, resultado de las dos causas, la presión y la temperatura.

De estas causas una sola es indicada por el barómetro, la presión o densidad del aire. Así, combinando estas causas de dos en dos se obtienen ocho indicaciones de las cuales solamente cuatro, que dependen de la presión del aire, son anunciadas por la columna de mercurio del barómetro. Dos son indecisas por cuanto provienen de la acción reunida de la temperatura y de la presión; y las otras dos, dependiendo de la temperatura, no puede ser indicadas por este instrumento.

El desenvolvimiento de esta proposición puede ser presentado de manera que sea entendido aún por los que no están habituados a los cálculos.

Sea P la presión, p el cambio de presión, Z la temperatura, t el cambio de temperatura.


P + Z indicará la variable y se tiene:
1   P + Z = Buen tiempo
2   P + Z - t = Lluvioso
3   P + Z + p = Bueno
4   P + Z - p = Lluvioso
5   P + Z + t + p = Bueno
6   P + Z + t - p = Bueno, variable o lluvioso
7   P + Z - t - p = Lluvioso
8   P + Z - t + p = Bueno, variable o lluvioso



Se ve, pues que el barómetro no indica sino los resultados 3, 4, 5 y 7 cuales suceden; que respecto del 6 y 8 indica al uno en aumento y al otro en disminución, y que las otras variables del tiempo, dependiendo de las relaciones 1 y 2, no son indicadas por este tipo de instrumento.

Por último, notareis también que según las observaciones que os he referido en mi penúltima lección los vientos secos deben generalmente hacer subir el mercurio del barómetro y los lluviosos hacerlo bajar, pues, que la ligereza del aire atmosférico es tanto mayor cuanta más agua tiene en disolución. Vicente López. Ref. AGN VII-2 1- 1-O (Escrito probablemente cerca de 1825)



(*) El Ing. Juan Carlos Nicolau es Director del Instituto de la Ciencia y a Técnica de la Sociedad Científica. Argentina.


Referencias:

  • Archivo General de la Nación Abreviado - AGN. Babini, José (1986) Historia de la Ciencia Argentina, Solar, Buenos Aires.
  • BARÓN M. (1981) - Octavio Mossotti, ECA. Buenos Aires
  • FURLONG G. (1945) - Matemáticos Argentinos durante la dominación hispánica. Huarpes. Buenos Aires
  • GACETA DE BUENOS AIRES (1820) - Nº 17 del 23 de agosto
  • GUTIÉRREZ J. M. (1886) - Crónica del desarrollo de las ciencias matemáticos y de observación en el Río de la Plata en Revista Nacional. Año 1, Tº 1, Nº 1 y siguientes.
  • HILL C. (1982) - lntellectual Origins of the English Revolution. Claredon Press. Oxford
  • MUÑOZ BARTOLOMÉ (1819) -Almanak Patriótico de Buenos Aires (1819)
  • MUÑOZ FRANCISCO JAVIER (s/f) - Escritos Científicos. Rosso. Buenos Aires
  • PONISH WOODBINE (1958) - Buenos Aires y las provincias del Río de la Plata Registro Estadístico de Buenos Aires (1857) -Tomo 1 - Observaciones Meteorológicas, compiló los datos del Telégrafo 1801, Cerviño 1805, Manuel Moreno diciembre 1821, Bartolomé Muñoz 1821, M. Moreno, diciembre 1822 a junio 1823, Departamento Topográfico, diciembre 1829 y 1830 y, Mossotti 1831 a 1834
  • SENADO DE LA NACIÓN (1960) - Biblioteca de Mayo - Tº VI - Literatura. La Abeja Argentina, Senado de la Nación (1960) - Biblioteca de Mayo - Tomo VII - La Prensa Argentina
  • TELÉGRAFO MERCANTIL, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata (1801-1802) Reimpresión Facsimilar (1914) - Junta de Historia y Numismática Americana.




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