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Ocultose el verdor al crepúsculo reinante y las estrellas azules se fijaron, de pronto, en el entorno negro de esa noche sin par. La Esperanza se sentó primera en la ancha mesa; la Frustración la seguía con su paso cansado, y a escasos metros, tomaron también asiento la Vida y su compañera oscura, la Muerte fría. Todas bebieron de las copas de oro talladas, y sin quererlo siquiera, vieron danzar sus sombras fugaces en el recinto apenas iluminado. La gruta, debajo de los hombres comunes, era de esa piedra, gastada por los siglos, con la que se construyeron catedrales o las mismas pirámides, quizá. La Vida extendió su mano fresca, y al abrirla, comenzó diciendo: En esta semilla reside mi ser y por siglos eternos todo fue bien; las hojas nacieron aún de árboles muertos; los hombres y bestias por mí subsistieron. Se crearon poblados en toda la tierra y se multiplicó mi esencia por todo rincón de este tan vasto mundo. En la mirada de un joven pueden ver la mía; en el rumor de la lluvia pueden escuchar mi canto; estoy, como sabéis, en todas partes; en pequeñas y grandes cosas... Sin embargo, no me siento satisfecha. Algo ha cambiado en mis dominios. Falta el frescor del río y negros portentos sin forma se avecinan. El mar está oscuro como la noche, y el viento sopla amenazante... Será porque tu rumbo se ha perdido -interrumpió la Muerte- Nada esperes de tus pobres mortales, que de carnes son, y no de acero... Estás en falta y error -acotó la Esperanza- Pues en ellos se cifra todo el secreto. Cuando amanezco en las ilusiones de un niño, o en la mirada pura de una joven madre, puedo darme cuenta que no todo está perdido. Mientras yo exista nada podrá quebrar la ilusión del hombre, pues aún bajo las piedras buscará mejor destino. Insensata y pueril, como siempre -respondió la Frustración- A mis garras caen millones, para nunca más salir; cerceno sus ideas locas, las mismas que tú les dejas, para luego ahogar sus vidas. Airosa, se incorporó la Muerte, y apartando su negro capuz, increpó a la Vida: ¿Dónde están ahora tus hermosas facultades? ¿En qué oscuro laberinto se perdieron tus nobles criaturas, si sólo hay uno, y es el mío? Nada puedes hacer para impedir que exhaustos, fatigados y vencidos, se abandonen a mí partir lejano. Eres débil, compañera, pues apenas puedes prometer un instante de rocío, ante mi eterna noche... Meditó ante esto la Vida; lo meditó un momento, y tomando su copa, levantó los ojos al cielo. Es posible que tu dominio sea más fuerte que el mío, pero ten presente que tu reino cubre y anula voluntades, almas, amores y destinos. En el mío, existe el goce de los sentidos: una caricia del ser amado, no importa cuánto dure; la lucha cotidiana hombro con hombro; la ilusión de cada día, el sentimiento, la pasión, el dolor si se quiere... ¿Pero no ves que en la existencia del hombre, y las demás criaturas, hay tan intensos momentos que bien vale la pena morir mil veces por ellos? Pregunta a los amantes si cambiarían un beso por cien años de tiempo, y abrazados el uno con el otro te responderán que Sí. Podrás llevártelos contigo, pero nunca partir sus almas en pedazos y desmenuzar sus mejores momentos. ¿Crees acaso que se muere siempre por morir? Se muere también por amor, por solidaridad, por actos heroicos, y por dignidad. No todo es oscuro; cierto es que en estos tiempos el clima ha cambiado, pero si bien lo miras, nada de eso destruirá por completo lo mío. En cada hogar se enseñará a vivir; se cantará al amor; habrá solidaridad, aunque sea poca, pues en la adversidad las personas se juntan entre sí. Palabras hermosas dices, pero sin sentido -acotó la Frustración- No todo es triunfo, te lo recuerdo. También existen momentos donde todo parece nada. Conmigo tengo a ese hombre joven que ahora llora; a ese niño que nadie quiere; a esas almas que viven entre cuatro paredes blancas, y cuya única culpa es verse sometidas por el paso de los años... Es verdad -sentenció la Vida- pero no olvides que aún en la prisión más tremenda del cuerpo o del alma, puede encontrarse una mano tendida a la Esperanza; unos ojos fijos en un destino mejor, y si esto no es posible, en recuerdos mejores. Como siempre, de miles y miles de años a esta parte, nunca podremos coincidir en esto. Lo que para vosotras, Muerte y Frustración, son significativas victorias, para nosotras no son tales. Nunca se muere del todo, pues cada uno se perpetúa en los seres amados; y eternas son las cuestiones que nos dividen en dos bandos definidos. Por favor, cerremos aquí esta interminable discusión, y que seas tú, amigo lector, el que decidas, con tus actos, cual de los bandos tiene la mejor posición. Pero no olvides que sólo se está aquí una vez... concluyó la Vida. @
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