Editorial
Columnistas
Opinión
Investigación
Información General
Salud
Fauna
Publicaciones
Carta de los Lectores



   · Sitios de Interés

   · Diccionario Ecológico

   · Publique sus
     Artículos


   · Premios y Menciones








   Edición 76 / Noviembre del 2000

Publicaciones


El Mercurio de la Salud


INVESTIGACIÓN ESPECIAL:

El Misterio de las Arenas

Por Dr. Marco Aurelio Real (n)
mareal@sminter.com.ar

Argentina



Con millones de años de historia, la arena ofrece tantas diversidades y curiosidades que El Mercurio de la Salud decidió darle un vistazo bien de cerca.


Cuando este verano caminemos por las playas de la Argentina o de algún otro lado del mundo, ni por casualidad podríamos imaginarnos que esas pequeñas partículas que se escurren por nuestros dedos tienen más historia que la humanidad misma.

Casi todas las arenas del mundo nacen como rocas continentales de regiones montañosas, rocas compuestas sobre todo por cuarzo y feldespato. La fragmentación de estos componentes se forman por movimientos de glaciares o por ciclos de congelación y deshielo produciendo piedras o cantos rodados. Después, el ataque químico producido por la vegetación y la lluvia se asocia con la desintegración mecánica, dando como resultado la formación de microscópicos granos sueltos.

Según afirman los geólogos, las arenas son pequeños fragmentos pétreos de diámetro comprendido entre 0,05 y 2 milímetros; las partículas de mayor tamaño se denominan gravas y las de menor, lodos.

Tras su nacimiento los granos son arrastrados por las correntías hasta el lecho de un curso de agua. Desde allí, ruedan por el fondo chocando unos contra otros, acumulándose en el remanso de un remolino y luego al abrigo de un peñasco. Tal vez pasen años hasta que den el siguiente paso de su viaje, pero al final acaban abandonando las montañas por vía fluvial.

Parte de la arena del río llega hasta la costa, el resto se pierde a lo largo del camino. Para dar un ejemplo del movimiento que genera este proceso, un río de tamaño medio necesita un millón de años para trasladar sus depósitos arenosos 160 kilómetros aguas abajo. Durante este proceso, los agentes químicos disueltos en el agua se encargan de pulir los granos, dejándolos lustrosos y relucientes.

El viento, al igual que el agua, interviene también en el reparto de arena. En lugares de escasa vegetación, el viento es el encargado de poner en movimiento las partículas hasta introducirlas al proceso ya detallado. Los granos transportados por el viento no quedan pulidos, sino que adquieren un aspecto opaco, mate y deslustrado.

Pero no todas las playas arenosas tuvieron en fragmentos pétreos arrastrados ladera abajo por las aguas o llevados por el viento. En algunas ocasiones, las playas están compuestas por partículas de caliza formadas en el mar o en sus proximidades. En otros lugares, donde el agua es cálida y la actividad biológica grande, las playas pueden estar construidas por restos de invertebrados marinos y representan el mayor interés para los estudios microscópicos debido a las coloridas y delicadas obras de arte que la naturaleza ofrece.

Cayo Indio, Florida, Estados Unidos: Arenas formadas por corales y conchas provistas de un color mate. Estas características se deben a la descomposición del material calcáreo de la playa. Las aguas dulces y cálidas, la intensa luz solar pueden coadyuvar para devolver al mar los carbonos de los esqueletos de las plantas y animales muertos.

Taketomi Shima, Islas Ryukyu, Japón: Algunas de las islas meridionales del archipiélago japonés son renombradas por sus hermosas arenas asteriformes. Los granos de arena en forma de estrella proceden de tecas de foraminíferos.

Desierto del Sahara, entre El Cairo y Alejandría: Estas arenas exhiben los signos característicos de la erosión eólica: superficies mates y opacas Las partículas arrastradas por el viento presentan superficies ásperas porque carecieron de la amortiguación y pérdida de peso que proporciona el medio acuoso. La velocidad del viento, también inflinge a los granos un castigo más enérgico. Las arenas del desierto tienden a mostrar una variedad de tamaños más amplios.

Isla Lifuca, en Tonga (Pacífico Suroccidental): Los restos foraminíferos integran las arenas de algunas islas del pacífico. Estos seres unicelulares producen un teca, provista de numerosos compartimentos muy finos.

North Beach, Hampton, Estados Unidos: Al retroceder, la sábana de hielo fue dejando enormes cantidades de detritus a lo largo del litoral del noroeste de los Estados Unidos. Este espécimen aporta una muestra de aquellos depósitos de cuarzo, feldespato y materiales ígneos.

Punaluu, Hawai: Las arenas de las famosas playas hawaianas son de vidrio volcánico resultante del magma que al fluir llegó hasta el mar, donde la rapidez del enfriamiento provocó su vitrificación. El agua y las olas actuaron sobre esta masa vítrea hasta reducirlos a fina arena negra.

Cayo Hawksbill, Exuma, Bahamas: Su arena blanca está formada por partículas lisas de una caliza, dura como porcelana, llamada oolita, nombre griego que significa "piedra ovoide". Aún no se conoce el proceso exacto de la formación de estos diminutos granos. Un elemento esencial es la presencia de aguas sobresaturadas de carbono de calcio y magnesio; otro, la presencia de ondulaciones en el lecho marino, que permiten que las olas hagan girar de arcilla o de arena fina, sobre las que se depositan capas concentradas de carbonatos. @




El Mercurio de la Salud

Es una publicación Mensual
Editor/Director: Dr. Marco Aurelio Real (h)

Lavalle 1625
1048 - Buenos Aires - Argentina
Telefax: (54 11) 4371-8599 / 4372-7436
mareal@sminter.com.ar
http://members.xoom.com/elmercurio




 

© Copyright 2000, Multimedios Ambiente Ecológico
http://www.ambiente-ecologico.com / info@ambiente-ecologico.com