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Los tumores cerebrales han desafiado a la medicina moderna, convirtiendo en fracasos o casi, a tratamientos exitosos para otras variantes del cáncer. En tal sentido, una de las opciones sobre la que trabajan científicos de varios países, y que apunta al aumentar la sobrevida de pacientes con cierto tipo de tumor cerebral, en particular, el glioblastoma multiforme, es la terapia: "Captura Neutrónica con Boro" Esta es una técnica binaria que requiere la presencia simultánea de un flujo de neutrones epitérmicos y un capturador de neutrones, Boro en principio, el objetivo es que estos interaccionen para atacar a las células tumorales, sin ocasionar daño significativo a los tejidos cuando ambos agentes se encuentran separados. Esta es precisamente una de sus ventajas con respecto a otras terapias, como el Boro no es radiactivo, no irradia al paciente mientras no tenga contacto con los neutrones. Quienes padecen este tipo de cáncer tienen, actualmente, una sobrevida promedio de entre nueve y once meses. Menos del 10% de los afectados sobrevive luego de los cinco años. Los glioblastomas multiformes, que representan aproximadamente el 35% de los tumores cerebrales, provocan la muerte de unas 800 a 900 personas por año en la Argentina. Hasta el momento esta constituye una terapia totalmente experimental. "Los grupos científicos que trabajan en ella están tratando de demostrar su factibilidad para convertirla, en un futuro, en una terapia de uso convencional. Aún falta mejorar la afinidad de las drogas con el tejido tumoral y algunos aspectos de la irradiación" comenta el licenciado Osvaldo Calzetta, del Grupo Reactor RA-6 del Centro Atómico Bariloche. Por el momento los logros obtenidos se asemejan a los de las terapias convencionales. Un dato alentador según los entendidos. En Qué Consiste la Terapia La terapia por captura neutrónica con Boro implica la inyección en el cuerpo del paciente de una droga, o un compuesto, que transporte el Boro, y cuya composición química sea afín con el tejido tumoral de tal modo que se adhiera a él y no al tejido sano. La segunda etapa consiste en la irradiación, de la zona afectada, con neutrones de muy baja energía. Dichos neutrones, al entrar en contacto con el Boro, producen una reacción nuclear, y como consecuencia de esta reacción se liberan partículas alfa. Las células absorben la energía de las partículas alfa, y ésta destruye su capacidad de reproducción porque daña el ADN nuclear de la célula. Las partículas generadas en esa reacción sólo alcanzan a las células tumorales, impregnadas en Boro, a las que destruyen sin afectar a las células sanas. Lo ideal sería, entonces, lograr que el Boro transportado por la droga sea absorbido sólo por el tejido tumoral y no por el sano. "La realidad es que aún se está trabajando con drogas que no son totalmente selectivas y no poseen afinidad total con el tejido -sostiene Calzetta-, la relación lograda hasta ahora es del orden de 4 a 1, es decir que se alojan cuatro veces en el tumor y una vez en el tejido sano". Esta selectividad del Boro es otra de las ventajas frente a las demás terapias con irradiaciones. Por ejemplo, las irradiaciones con Cobalto no son selectivas y matan, de alguna forma, todo lo que tocan a su paso hasta llegar al tumor. La herramienta principal para la aplicación de esta terapia es la fuente de neutrones, que debe tener un flujo del orden de 1012 n/cm2 seg, con una energía muy baja entre 1 y 10 KeV, neutrones tipo térmico, es decir que están en equilibrio con la temperatura del ambiente. Este tipo de neutrones se obtiene con haces neutrónicos en reactores experimentales, como el RA6 ubicado en el Centro Atómico Bariloche. Una Afección Compleja La particularidad del glioblastoma multiforme es la que determina su complejidad para el tratamiento. La cirugía puede remover sólo la parte central del tumor -alrededor de las dos terceras partes-, pero no puede actuar sobre sus ramificaciones en el tejido sano. Y es allí donde fracasan las terapias convencionales, fundamentalmente cuando estas ramificaciones afectan a centros de importancia, como los que controlan emociones, movimientos o el pensamiento. En el paso previo a la aplicación de la terapia en seres humanos los investigadores utilizan "fantomas", una especie de maniquíes, con formas y materiales parecidos al tejido humano, que sirven para comprobar ciertos parámetros de irradiación que luego deberán ser comparados con los obtenidos por tomografía en seres humanos. El objetivo es determinar el "mapa de dosis", es decir cómo y cuánto irradiar sin afectar al tejido sano. "La teoría que sustenta a esta terapia data de la década del '5O. Pero en este tiempo se produjeron cambios importantes en las drogas disponibles y en los métodos de diagnóstico. Antes de 1960 para diagnosticar este tipo de tumores era necesario que se manifestaran los efectos clínicos, es decir que el tumor alcanzara al menos los 2,5 cm de diámetro. Los actuales métodos diagnósticos posibilitan su detección con pocos milímetros. Esto permite intervenir en un estadio muy inicial del tumor" comenta el investigador La Argentina es uno de los pocos países del mundo donde se trabaja en esta técnica. Japón fue el pionero en 1968, y cuenta actualmente con unos 220 pacientes tratados con distintos resultados. Estados Unidos comenzó a trabajar en el tema en 1994 y ya tiene cerca de 100 pacientes tratados. También la Comunidad Europea está abocada a su investigación y aplicación. En nuestro país el grupo interdisciplinario, que trabaja desde hace cuatro años en la terapia por captura neutrónica con Boro, incluye a investigadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica y un equipo de médicos. Ellos planean realizar la primera aplicación de la terapia en un paciente en los primeros meses de este año. En tanto, el reactor, la dosimetría y la sala de irradiación para los pacientes ya están listos. Existe mucha expectativa en los grupos investigadores que trabajan sobre el tema a nivel mundial, porque más allá de los resultados logrados hasta el presente, esperan poder mejorar la química de las drogas, para hacerlas más afines al tejido tumoral, y mejorar la calidad de las herramientas de irradiación para que sólo irradien el objetivo. "Otro de los objetivos es mejorar la caracterización de la irradiación que se maneja actualmente, porque esto permitiría conocerla mejor y evitaría las incertezas actuales, es decir que posibilitaría irradiar mejor al tumor" asegura Calzetta. Según los expertos, si esta técnica mejora en todo sentido, se podrá aplicar en otros tipos de cáncer. De hecho ya existen grupos investigadores que trabajan, también en el ámbito experimental, en tumores bucales, de tiroides, hígado y pulmón. Con esta perspectiva se abre un panorama interesante para la medicina del futuro. "Suponiendo que todo salga bien -dice el investigador- esto llevará todavía cuatro o cinco años, que es la sobrevida ideal para un paciente tratado con esta terapia. Y durante ese tiempo, si los resultados son exitosos, se puede llegar a ampliar el espectro de pacientes tratados". @ ![]() Publicación bimestral editada por
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