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El Mercado... ese Semidios


Si bien es cierto, de alguna manera desde la antigüedad "El Mercado" reguló, impuso, erradicó, equilibró, desfiguró, etc. todas las actividades comerciales del mundo. En éstas últimas décadas, con la globalización, también se incrementó el uso de ese término. A diario escuchamos: "lo que marca el mercado", "la tendencia del mercado", "los requerimientos del mercado", "los precios del mercado", "la autorregulación del mercado", etc. etc. y se nos transformó en algo cotidiano que aceptamos sin ponernos a meditar sobre sus consecuencias.

La "Ecología", llegó para quedarse a este "mercado de consumo". En los últimos cinco años la expresión se "globalizó" y se descubrió en el "mercado" que su simple mención, producía en los compradores mejor predisposición o tendencia a consumir los productos así identificados. Fue así, que aparecieron en el "mercado": Lápices ecológicos, papeles ecológicos, bolsas ecológicas, computadoras ecológicas, gasolinas ecológicas, etc, etc, todo se fue transformando, o mejor dicho, se fue denominando: "Ecológico". En realidad, una gran falacia.

Ampliemos puntualmente. ¿Es más ecológico un lápiz que está construido de una ramita seca, que tiene nada más que dos centímetros de mina en su interior, su exterior está terminado burdamente y su precio de venta es cinco veces más que el que siempre conocimos, por el solo hecho de llamarlo ecológico?

¿Es más ecológico que nos vendan un papel que denominan "Reciclado", con una superficie tan burda y áspera que no podemos escribir en ella, salvo, con marcadores y lápices, y no podremos darle otros usos, que el de lavar conciencias, y para colmo, pagarlo de cuatro a veinte veces más que los comunes? ¿O los mejores terminados, esos que podremos utilizar para escribir normalmente y podríamos imprimir en nuestras impresoras con ciertas limitaciones?. Ambos casos, llamados así, por el solo hecho de haber utilizado como materia prima otro papel usado, es decir, que se ha "reciclado" el papel que se utilizó anteriormente en otro fin.

Pero veamos la verdad: ¿Se evaluó verdaderamente en el primer caso la ecuación costo-beneficio ambiental? ¿Se determinó cuánta electricidad en más se debió utilizar para reciclar ese papel para ser transformado en "eso"? ¿ Se evaluó la cantidad de agua potable para uso humano de más que se utilizó? Si se hubiese calculado meticulosamente solamente esos dos parámetros, se hubiesen dado cuenta que la cantidad de energía eléctrica consumida (y generada en su gran mayoría de fuentes contaminantes) y la contaminación del agua producida por los desechos de pulpa (mal filtrada), son el doble que si se hubiere hecho en forma industrial. Además, de la limitación de su utilización como material.

Si tomamos los "Papeles Ecológicos" para uso comercial (resmas), veremos que para lograr con el reciclado del papel (especialmente diarios y revistas usados) el correcto destinte, pH, blanqueo y satinado de la superficie, involucra utilizar mayor cantidad de cloro y demás blanqueadores que en el papel normal a base de "pulpa mecánica", significando la generación de mayor contaminación y agresión al ambiente, y por su costo: mayor erogación del bolsillo de los crédulos consumidores. Pero lo peor, está en la estafa moral al usuario, que es engañado con que utilizándolos, pagando ese plus, está colaborando con la conservación de su entorno y tal vez salvando la selva Amazónica. Si se desea colaborar, lo mejor, es minimizar y aprovechar el papel al máximo.

Todo está relacionado con todo. La formación de grandes corporaciones de multinacionales y sus continuas fusiones, permiten mantener liderazgos en franjas o sectores del mercado, que de no tenerlo, se verían disminuidos sensiblemente sus enormes márgenes de ganancias (o rentabilidad como la prefieren llamar ellos) y tendrían que darles explicaciones a sus accionistas del porqué y para qué, realizaron así esas inversiones.

En las últimas décadas, las imágenes de las petroleras se vieron deterioradas por el tipo de actividad que realizan. La toma de conciencia ambiental de la población vio por un lado la falta de cuidado y la inseguridad en la extracción, sumados a los vertidos ilegales en piletas de inyección a cielo abierto y los continuos lavados de sentina de los buques tanques en el mar, van poniendo las gotas que terminarán haciendo rebalsar al vaso de la tolerancia. Si a eso le sumamos los grandes derrames de petróleo: "Bingo".

Me indigna la hipocresía de ciertas o casi todas grandes compañías petroleras que nos quieren refregar por la nariz un papel donde dice que fueron certificados por alguien, tanto en la calidad de sus productos como la utilización de sistemas ambientalmente productivos, y me refiero a las normas ISO 9000 y 14000, cuando la realidad que vemos a diario es totalmente distinta.

Creo que debemos rever los parámetros con que se rigen esas normas y ajustarlas a otras más estrictas. Debemos evaluar la calidad de un producto en su totalidad, es decir: "de la Cuna a la Tumba". Si la calidad de un combustible, deja o produce residuos en el ambiente, sea cual fuera la máquina térmica que alimente, no puede certificarse con la ISO 9000, tampoco "la pavada" de la "Emisión Cero", por lo menos por ahora. Tampoco pueden certificarse los procesos tan "sucios" y tomar únicamente un sector de esos procesos (toman las destilerías). Aquí como en todo lugar, también debemos aplicar el "de la Cuna a la Tumba". No podemos certificar la calidad de toda una partida, si no tomamos nuestras al azar y de distintos sectores, porque las muestras que nos presentan seleccionadas previamente no tienen ningún tipo de valor representativo fehaciente de nada.

Si bien, las normas ISO-9000 e ISO-14000, lograron en tan poco tiempo buenos resultados que repercutieron en productos de mejor calidad en el mercado y con procesos de manufacturación más limpios, cosa que no lo logramos presionando todos los ambientalistas, ecologistas, conservacionistas, etc, en estas últimas tres décadas.

¿Pero por qué tuvieron cuasi éxito las ISO? Simplemente, porque los industriales que no se adecuaron y aplicaron esas normas, se les fue cerrando el mercado a sus productos cada vez más. Entonces podemos deducir que esos resultados fueron productos de algo muy simple: "Si no puedo vender, no gano. Para vender debo reestructurar y reconvertir mi empresa para adecuarme a los nuevos parámetros del mercado, así vendo y sigo ganado dinero". Quiere decir, que aplicaron las normas, simplemente, para seguir ganando. Podemos afirmar que las normas le dolieron donde más les pueden doler: En los bolsillos.

Todo esto, en realidad, ¿cómo influye en el mercado? Si se muestra tal como es, más tarde o más temprano los usuarios de los productos y los servicios se darán cuenta de todo el daño ambiental que producen por el exceso de consumo. Ese daño ambiental repercute directamente sobre nuestra calidad de vida en mayor o menor medida, se reciente nuestra salud, disminuye nuestra productividad y se ve afectada la economía hogareña primero, y de toda la comunidad después. ¿Cómo podemos ayudar? Simplemente, limitando el consumo a lo justo y necesario, evitando utilizar productos agresivos con el entorno con una rápida evaluación desde su génesis hasta su desaparición final y allí sacar nuestras conclusiones.

Lo malo y contraproducente, es que en toda sociedad inmersa en sus propias debilidades, necesidades y desinformada, concentrada en el sobrevivir diario y con serias limitaciones de visión de su futuro mediato, el mercado, puede influir en mayor medida y sacar más provecho (ganancias) que en otras más sólidas y estables, donde pueden tomarse más tiempo para las evaluaciones.

El mercado, aunque en principio suena bien, puede ampliarse ilimitadamente. En la realidad, puede producir y dirigir tendencias de los consumidores con consecuencias nefastas para éstos. Con su gran aliada, la publicidad, y junto a otras herramientas comerciales existentes, mientras no haya algo que lo limite, controle o marque las pautas de ética, equidad y equilibrio hacia los consumidores puede transformarse en un monstruo devorador de todo lo que se le cruce.

No podemos desconocer que el mercado se maneja desde un solo "Gran Directorio". Éste, apoyado por sus múltiples tentáculos: Monopolios, oligopolios, limitaciones financieras y manejos espurios sobre las deudas externas de los países en desarrollo, aforos aduaneros elevados a su competencia y grandes subvenciones y subsidios solapados a productores de su costal, además, si está apoyado por los gobiernos que defienden esa libertad de mercado, termina poniendo y regulando los impuestos (haciendo lobby para que se generen leyes, decretos, resoluciones muy beneficiosos para ellos), pagando sueldos de hambre, y lo peor, subiendo o bajando gobiernos, haciendo crecer desmesuradamente de algunos países sus economías o hundiéndolas hasta el límite o quebrantándolas en otros.

Ese mercado, marca la tendencia de qué debemos usar, la ropa de moda con qué debemos vestirnos, lo que leeremos, lo que veremos, cómo debemos pensar, qué debemos comer, todos los productos que debemos consumir como sociedad e individuo "moderno" de ésta, etc. Manipula los medios de difusión de las grandes corporaciones para lograr sus objetivos, con una sola herramienta: "La Pauta Publicitaria". "Si no publica lo que yo quiero, le retiro los millones de dólares que invierto en publicidad en su medio". Éste termina cediendo, porque también esa... es una regla del mercado. @



 

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