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   Edición 76 / Noviembre del 2000

Columnistas


Contaminación:
La Muerte Lenta


Por Juan Javier Álvarez
info@ambiente-ecologico.com

Argentina


Nuestra sociedad moderna, construida en base a muchos siglos de esfuerzo, talento y tenacidad, se fundamenta básicamente en la industrialización, producción y consumo. Este proceso conlleva, no obstante, ciertas aristas peligrosas hasta hace poco no consideradas: la contaminación y la destrucción pertinaz de ecosistemas, sea por abuso, inconsciencia o negligencia total.


Inciden en esto factores económicos, claro está. Es más fácil y sencillo enterrar o tirar la basura, 9UC reciclarla adecuadamente. A fin de cuentas, otras generaciones se harán cargo del planeta. Mientras tanto (y siempre y cuando no se produzca efectos catastróficos) , puede contaminarse sin medida. Éste pensamiento desaprensivo comenzó a cambiar a mediados de los ochenta, cuando muchos países desarrollados tomaron cartas en el asunto, buscando soluciones al problema que habían creado. Se realizaron estudios de impacto ambiental, los cuales se complementaron con una conciencia general sobre las repercusiones del tema.

Se redactaron kilómetros de pormenorizados informes, y no obstante ello, todavía resulta difícil, para muchos, asimilar que la tecnología del futuro deberá conducirse de la mano con el medio ambiente, sin asfixiar ni envenenar su valioso entorno; que las políticas del presente y del mañana, hablan de un desarrollo sin forzar la capacidad de carga del planeta.

Muchos no entienden esto. Prueba de ello son los diversos flancos con que ataca la contaminación: cauces de agua abarrotados de residuos químicos, industriales y cloacales; bosques enteros talados sin nueva forestación; mares empetrolados; transferencia de sustancias tóxicas a países del Tercer Mundo; aumento de superficies desérticas y erosionables; falta de infraestructura que reduzca el impacto ambiental; basurales a cielo abierto donde incluso de depositan residuos hospitalarios patológicos... Y tantas otras cosas mas.

A esto podríamos sumar la contaminación ciudadana, producto, por ejemplo, de las emisiones y escapes de infinidad de automóviles, con su carga de gases y sustancias tóxicas. Los controles ciudadanos, en este sentido, resultan escasos e ineficaces, dada la gravedad del problema. En la ciudad de Córdoba, por ejemplo, se liberaban al aire, en 1983, cerca de trescientas toneladas diarias de gases contaminantes, según estudios pormenorizados.

Vastas napas de agua subterránea se contaminan a diario merced a productos enterrados, o vertidos sobre basurales a cielo abierto. Es sencillo imaginar que cuando llueve sobre ellos, el agua arrastra infinidad de compuestos y sustancias de altísimo peligro para la salud, las cuales se encargarán de contaminar debidamente la fuente de agua de miles de personas. Por otra parte, la quema de basurales afecta gravemente la atmósfera con su carga de muerte. Lejanas parecen las instalaciones usadas en países desarrollados. que reciclan y procesan debidamente los desechos...

Si deseamos ejemplos de este tipo de práctica, podemos visitar los basurales a cielo abierto que, clandestinos o no, y en número superior al centenar (solo en buenos Aires) reciben a diario su carga de desperdicios de todo tipo, color y procedencia.

Nuestros ríos languidecen víctimas de actitudes desaprensivas. El Salí, en la provincia de Tucumán, presenta contaminación pertinaz por desechos de los ingenios azucareros, y efluentes cloacales. De más esta decir que son numerosas las veces que se registraron peces muertos, flotando sobre sus aguas para nada puras.

El río Paraná, en cambio, presenta predominio de contaminación industrial, con puntos de elevado nivel (frente a Rosario, por ejemplo). El Río de la Plata, a su vez, recibe las aguas del Reconquista y el Riachuelo, los cuales están a la miseria. En el Puerto de Buenos Aires, el derrame de petróleo de los buques que allí operan, aporta una cuota adicional a la ya caótica situación antes mencionada.

Por otra parte, como muchas industrias y fábricas carecen de instalaciones rara el procesamiento de los residuos, los mismos van a parar, sin ningún miramiento, a cualquier lugar descampado, a los cursos de agua o bien, a la red cloacal. Y esto acontece además, con los residuos patológicos de origen hospitalario: muchos centros de salud no poseen la infraestructura necesaria para su eliminación segura; entonces, a arrojarlos afuera, nomás.

Cabe a esta altura recordar el contenido del informe "Cuidar la Tierra - Estrategia para el Futuro de la Vida", que en su edición de Octubre de 1991, menciona:

"En primer lugar, es necesario evitar la contaminación. Todos los gobiernos deben adoptar el Principio de Prevención, lo significa minimizar, y siempre que sea posible impedir, la que es carga de sustancias que puedan resultar nocivas. Para ello el mejor método sería asignar a una sola organización la responsabilidad de la protección de la tierra, el aire, los ríos y el mar. Se deberá recurrir tanto a incentivos económicos como a reglamentaciones. Los municipios, las empresas de servicios públicos, la industria y los agricultores deben contribuir a estos esfuerzos."

Creemos innecesario acotar las palabras del presente reporte, cuyo contenido es difundido en virtud a la cooperación de la Unión Mundial para la Naturaleza, el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente, y el Fondo Mundial para la Naturaleza. Como tampoco sería necesario recordar ciertas tragedias ecológicas, como el escape de Dioxina en Seveso, Italia, en 1976, por el cual tuvo que evacuarse la ciudad; o aquel de gas Metil isociamato de una fábrica de pesticidas, que en Bhopal, India, provocó la muerte de tres mil quinientas personas, en el mismo año.

Ni hablar de Chernobyl, Three Mille Island, y otros. De igual forma, parece redundante mencionar el uso pertinaz, en el Tercer Mundo, de agroquímicos prohibidos en los países desarrollados. Cuidado, que en Argentina muchos agricultores los emplean...

Pero sí mencionar algunas sugerencias a tener en cuenta, sobre este tema:

  • Es necesaria una legislación más fuerte en esta materia, como así mismo, su cumplimiento estricto.
  • La población tiene el derecho de conocer la incidencia ambiental de todos los productos que emplea.
  • Deben confeccionarse reportes detallados sobre las implicancias en la salud de los consumidores, de sustancias que se adicionen a los comestibles y bebidas, como conservantes, edulcorantes, etc. Estos informes tienen que llegar al conocimiento de la población en general, y no descansar en algún escritorio.
  • Para la generación de energía, conviene emplear aquellas alternativas que no generen contaminación, en la medida de lo factible. Por ello, en los países desarrollados se utiliza cada vez más, para diversas aplicaciones, la energía solar, eólica y mareomotriz, entre otras.
  • Tiene que instaurarse la costumbre de proteger el medio donde uno vive, no abandonando desperdicios en la vía pública o en terrenos baldíos. Tratando siempre que nuestra presencia por bosques, ríos y campos no sea notoria, merced al reguero de basura que dejemos. Evitemos esto, a la, par de preocuparnos activamente por todos aquellos temas relativos a la salud del planeta, los que, sin lugar a dudas, redundarán en una mejoría de la calidad de nuestra vida como especie diferenciada pero siempre interdependiente de la madre Naturaleza, Por ciudades menos contaminadas cauces de agua más claros, árboles y mucho verde. Por un cielo diáfano, y el tibio sol acariciando a nuestros hijos.

En fin, existe mucho daño por reparar, y mucho más todavía por prevenir. Por legislar. Por cumplir. Por anticiparse, inclusive. Pero sIempre con la participación de todos. Gobiernos, empresas, instituciones y población en general. Exigiendo. Promoviendo un mundo mejor. Sin tanta contaminación... @



 

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