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Entonces surgió de las tinieblas, como un fantasma; el pantano guardaba un aspecto sombrío y solitario, aún así miles de ojos miraban silenciosos. Haciendo caso omiso de miradas ocultas, brotaba de la superficie fangosa y se mezclaba con la niebla; algún destello fosforoso provocaba de vez en cuando una fuerte luz que desde lejos el paisano dio en llamar "La Luz Mala".
No se trata del monstruo del lago Ness o del popular Nahuelito, es el biogás o vulgarmente llamado "Gas de los Pantanos".
SI bien es una metáfora, no por ello deja de ser una realidad; en los pantanos se origina un gas combustible, mezcla de gas metano y anhídrido carbónico, el cual se desprende en forma natural de la superficie del lugar.
Por diversas reacciones químicas que también se originan, suelen aparecer emanaciones de fósforo que en determinado momento reaccionan con el gas del pantano y producen destellos luminosos, que no son más que eso aunque se les haya adjudicado cierto maleficio.
El gas de los pantanos o biogás, también suele encontrarse en los islas del Delta del Paraná, donde se clava un caño en el suelo hasta una profundidad de aproximadamente dos metros y se obtiene un gas que permite encender una lámpara tipo "Sol de Noche".
¿Pero qué es lo que está ocurriendo? Bueno, saliendo un poco de la tónica de las últimas notas, donde siempre les dejo una duda planteada, vamos o charlar un poco sobre este tema, pero no se entusiasmen demasiado...
El efecto descrito anteriormente se desarrolla en forma natural, con la materia orgánica, o sea restos animales o vegetales sometidos a condiciones particulares, siendo la temperatura uno de los parámetros más importantes para que ocurra el fenómeno.
Todo materia orgánica sufre un proceso de degradación natural por la acción de bacterias y microorganismos; esa degradación puede ser de dos tipos: aeróbica (en presencia de aire) y anaeróbico (en ausencia de oxígeno). La primera es la que estamos acostumbrados a ver, desgraciadamente muy a menudo por todas partes; cualquier resto de materia orgánica dejado a la intemperie comienza a pudrirse, dicho técnicamente comienzo a "sufrir un proceso de degradación aeróbica", generalmente acompaña a este proceso un fuerte olor conocido en los altas esferas científicas como el famoso "olor a podrido" similar al que percibe un automovilista cuando comienzo a recorrer el Camino del Buen Ayre desde el Acceso Norte, durante los dos o tres primeros puentes.
Una prueba práctica puede llevarla usted a cabo arrojando restos de comida en una lata de 20 litros y abandonarla en el fondo de su terreno; al cabo de una semana o quince días sentirá un aroma que le hará recordar su paso por el camino antes mencionado.
Si bien resulta muy instructivo, no es una práctica recomendada en lugares que no sean muy aireados, menos en un departamento.
Lo que el automovilista no alcanza a percibir es lo que ocurre con los residuos orgánicos que ya fueron enterrados y quedaron sepultados bajo capas de tierra y otros residuos.
Cuando nosotros los enterramos, algo de aire queda en ese ámbito, por lo cual comienza a llevarse a cabo el proceso de putrefacción o degradación aeróbica, vale decir las bacterias comienzan a trabajar consumiendo oxígeno. En determinado momento el oxígeno se termina y comienzan a desarrollarse otro tipo de bacterias que pueden subsistir en ausencia de oxígeno, llamados anaeróbicos que continúan con el proceso de degradación, pero ahora con la particularidad que el producto de su "digestión" se transformó en algo útil para el ser humano. En efecto se generan dos subproductos que pueden ser empleados sin tener que soportar olores y peligros de contaminación.
Uno de ellos es el Biogás o gas metano pobre, ya que su poder calorífico ronda un valor de 5500 KcaI/m3 frente a las 9300 Kcal/m3 que estamos acostumbrados a ver en la factura de gas (los que tienen gas natural; los que usan gas en garrafas y si bien no lo dice en ningún lado, usan propano-butano, que es un derivado del petróleo y tiene un poder calorífico de 22300 Kcal/m3 equivalente a 11000 KcaI/Kg de gas y un costo muy superior al gas natural).
El otro subproducto de mucha utilidad lo constituye el residuo que arroja la degradación anaeróbica, que es un fertilizante orgánico útil para abonar la tierra sin peligro de incorporar sustancias químicas y arruinar los suelos.
Vamos a un ejemplo práctico. ¿Quién alguna vez no abonó la tierra con estiércol de vaca o caballo?
Generalmente uno buscaba alguna "porción" que estuviera media seca pero que no tuviera tanto olor; correcto. Con esto usted rodeaba el cantero y lo regaba abundantemente; luego veía con agrado como sus plantas crecían frondosamente. Bueno ahora le proponemos uno práctico que sí es recomendado y muy fácil de llevar o cabo.
Haga de cuenta que ha decidido abonar sus plantas pero de una forma indirecta; entonces consiga un poco de estiércol pero que no esté tan seco, mezcle con una parte igual de agua y colóquelo en un frasco de vidrio hasta llenar un 75% de la capacidad del frasco. Trate de triturar toda la materia de manera tal que la mezcla sea la más líquida posible. Luego tome una bolsita de polietileno no muy grande y que no esté perforada, colóquela en la boca del frasco y asegúrela bien con cinta adhesiva.
Coloque el frasco en un lugar cálido, no al sol directo, pero que sea lo más cálido posible. Espere quince días y observe que pasa. No se haga problema, no hay olor y puede hacerlo en su departamento.
De manera que se infla la bolsa de polietileno, usted verá cómo se va acumulando el Biogás generado con el experimento. @
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