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El Niño y la Niña son anomalías del sistema Atmósfera-Océano con efectos de magnitud planetaria y grandes consecuencias económicas. El origen, significado y relaciones de estos fenómenos tienen muchos interrogantes que aún esperan respuestas claras.
La opinión pública mundial ha sido recientemente sacudida por informaciones sobre diversos aspectos del cambio climático global. Entre ellos, el deterioro de la capa de ozono, el Efecto Invernadero y el avance de los océanos, que son atribuidas en gran medida a las actividades humanas.
No obstante, se intensifica también el estudio de los cambios ambientales inducidos por condiciones meteorológicas y otras causas naturales.
Uno de ellos es El Niño, una anomalía del sistema climático, originada en una diversidad de factores atmosféricos y oceánicos en el Pacífico ecuatorial. El Niño es una gran inestabilidad del sistema acoplado Océano-Atmósfera, cuyos efectos se extienden a grandes distancias hasta afectar todo el planeta.
Durante su desarrollo se altera la circulación general de la atmósfera, con las consecuentes alteraciones en los ecosistemas terrestres y marítimos con importantes efectos económicos. Se producen grandes inundaciones y lluvias torrenciales en regiones habitualmente secas, y sequías prolongadas en regiones habitualmente húmedas.
Las investigaciones actuales plantean los siguientes interrogantes: ¿Qué es El Niño?¿Cuál es su origen? ¿Cómo puede producir efectos tan diversos a distancias tan grandes? Y otra cuestión aún más compleja: ¿Cómo puede generar efectos similares, el fenómeno inverso, La Niña? Estos interrogantes no tienen una respuesta clara en la actualidad.
Presentaremos brevemente los fenómenos naturales que intervienen en El Niño, y también en su fase fría, La Niña.
El Sistema Acoplado Atmósfera-Océano
La circulación atmosférica puede ser visualizada como un movimiento ascendente de grandes masas de aire en los trópicos, y descendentes en latitudes medias y altas.
Como la cantidad de calor que recibe una dada región de la Tierra, depende del ángulo de incidencia de la radiación solar, en las regiones tropicales (incidencia normal), se produce un incremento de calor, y en altas latitudes se produce una pérdida de calor
Este desequilibrio de temperatura provoca un intercambio de calor entre los trópicos y las regiones polares.
El intercambio de calor atmósfera y océanos es producido y determinado por la temperatura de las capas superiores del océano y por la velocidad del viento. La temperatura del agua está dada por el calor que el océano recibe, por intercambio con la atmósfera, por absorción de la radiación solar incidente, y por las corrientes que penetran en la región con agua de distinta temperatura.
Este movimiento se llama advección, horizontal o vertical. De modo que, además del intercambio de calor con la atmósfera, el balance calórico del océano depende del movimiento de advección mediante las corrientes marinas. La densidad y el peso específico del agua caliente son menores que en el agua fría. El agua que se enfría desciende debido a su mayor densidad, y es reemplazada por agua ascendente, más caliente (convección). Las corrientes frías son más profundas que las cálidas.
El agua de las capas superiores puede enfriarse al mezclarse con aguas más profundas, en proceso de convección o de mezcla turbulenta.
La diferencia de temperatura entre las capas oceánicas crea el fenómeno de surgencia, en el cual las aguas frías (más profundas), ascienden y desalojan a las aguas superficiales, más calientes.
El sistema acoplado atmósfera - océano es un sistema caótico, sus variaciones son impredecibles. Pequeños cambios pueden producir efectos de gran magnitud, a enormes distancias.
La acción recíproca Océano-Atmósfera genera inestabilidades que a su vez provocan diversos efectos en el sistema acoplado. Por ejemplo, un pequeño debilitamiento en los vientos alisios puede producir un leve calentamiento del mar lo que a su vez conduce a una mayor disminución de los vientos alisios.
Se ve entonces que el sistema acoplado puede pasar por una pequeña perturbación, y desarrollar efectos de gran magnitud, como ser un ciclo de El Niño. Las inestabilidades que hemos mencionado, se originan en los distintos modos en que la atmósfera reacciona ante los cambios en la temperatura del agua.
Cambios en la Circulación Atmosférica
En el año 1904 Gilbert Walker comenzó a estudiar los cambios de presión atmosférica en distintos lugares de la Tierra y observó que los cambios en América del Sur eran inversos a los que ocurrían en la región de Indonesia, Australia. A este fenómeno le dio el nombre de Oscilación del Sur, y lo publicó en 1924. Los estudios desarrollados desde entonces, indican un movimiento de vaivén en la presión atmosférica, tal que cuando es alta en el Sudeste del Pacífico (costa sudamericana), disminuye en el Sudeste de Asia y viceversa.
Para evaluar la magnitud de estas oscilaciones se ha definido el Índice de Oscilación Sur (lOS), como la diferencia de presión atmosférica entre Tahití, Polinesia Francesa en el Pacífico central y Puerto Darwin en el Norte de Australia.
El seguimiento satelital del campo de presión atmosférica superficial permite registrar las variaciones de este parámetro. Sus valores positivos indican una presión mayor en Tahití que en Darwin. Una presión atmosférica alta en el Pacífico central y baja en el Océano Indico (lOS positivo), produce fuertes lluvias en este océano, y débiles en el Pacífico. Por el contrario, el lOS negativo corresponde a temperaturas elevadas en la costa sudamericana.
Para explicar la interacción Atmosférica-Océanos, Walker (1923 y 1928), desarrolló un modelo de circulación, que fue actualizado por Bjerkness (1969) y publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) (1985).
La distribución de presión en los trópicos que genera la circulación atmosférica, depende fundamentalmente de la temperatura del agua en la región.
En las regiones de mayor calentamiento del mar, el calor proveniente de las aguas superficiales y de las capas bajas de la atmósfera produce mayor evaporación, concentra mayor humedad en el aire produciendo gran nubosidad y tormentas.
Se desarrollan entonces movimientos ascendentes del aire que alcanzan la Tropopausa, desde donde el aire, en un movimiento divergente, se desplaza hacia regiones más frías.
El aumento de temperatura en la extensa región formada por Indonesia, el Norte de Australia, Islas Filipinas, el Sudeste de Asia y los mares cercanos, producen interacciones con las capas bajas de la atmósfera. Se producen entonces movimientos convectivos con fuertes movimientos de ascenso y descenso en regiones distantes.
El movimiento de ascenso forma las celdas de circulación de Walker, con el descenso en el Pacífico cerca de las costas de Perú y Ecuador.
En esta región de subsidencia se produce un aumento de presión, que agregado a la presencia de aguas frías, produce un importante efecto en el Hemisferio Sur. Obsérvese que la región de mayor actividad convectiva se desplaza desde Indonesia en el Pacífico central, hacia la costa sudamericana.
Las llamadas corrientes frías son más profundas que las cálidas. El fenómeno de surgencia de las aguas frías es debido a la acción del viento que desplaza las aguas superficiales más calientes. También es producido por la evaporación superficial del mar.
Como resultado de la surgencia, las aguas superficiales más cálidas son reemplazadas por aguas más frías, más profundas.
Ondas de Kelvin, Ondas Planetarias
El estudio de los sucesivos fenómenos de El Niño permitió observar gran número de anomalías climáticas extremas, que aparecieron en todo el planeta durante esos eventos. En sus trabajos pioneros, Gilbert Walker supuso que debían existir interacciones en escala mundial entre los acontecimientos climáticos, lo que fue el principio de la explicación de El Niño, y su fase posterior, La Niña.
La explicación de anomalías climáticas a grandes distancias, se basa en la teoría de las ondas de grandes dimensiones que se propagan en la atmósfera y los océanos, las ondas planetarias y las ondas de Kelvin.
Las primeras deben su nombre a que sus dimensiones horizontales son comparables a la circunferencia terrestre, por lo que se desplazan en la atmósfera por sobre toda la Tierra.
El océano ecuatorial reacciona ante los cambios del viento, generando ondas de gran extensión, en las cuales se suceden zonas ciclónicas con ascenso de nivel del agua, y zonas anticiclónicas con descenso del mismo, cuya velocidad de propagación es mucho mayor que la del agua.
Son las ondas de Kelvin que transmiten información sobre la variación del nivel del mar y sobre el declive del mismo. El avance de estas ondas produce el aumento de nivel del mar, que es medido mediante radares instalados a bordo de satélites.
Las ondas de Kelvin permiten explicar la reacción de los océanos ante otras fuerzas de la Naturaleza, tales como las cambiantes condiciones atmosféricas. Los vientos del Este (costa sudamericana), producen la acumulación de agua y aumento del nivel del mar en el Pacífico occidental (Indonesia). Cuando los vientos se debilitan el agua acumulada se desplaza hacia el Este, en forma de ondas de Kelvin generadas en el Oeste.
Las observaciones satelitales permitieron determinar la amplitud de estas ondas, en promedio 20 cm, y la velocidad de propagación promedio de 2,5 m/seg. Por lo cual, tardarán alrededor de dos meses en transferir cambios en el nivel del mar desde Indonesia hasta la costa sudamericana.
Desde las islas de Indonesia las ondas de Kelvin se ven como variaciones del nivel del mar, e influyen en su nivel a distancia de varios miles de kilómetros, fenómeno que es llamado teleconexión.
En cuanto a las ondas planetarias, se conocen como grandes meandros, grandes fluctuaciones en las capas altas de la atmósfera, que trasladan las regiones de alta y baja presión atmosférica. Se generan en un medio fluido de rotación, tal como la atmósfera terrestre, cuando en regiones montañosas, los vientos provocan el ascenso forzado de grandes masas de aire.
Se generan en latitudes medias, y principalmente en el Hemisferio Norte, debido a la mayor abundancia de masas continentales. Desde allí se propagan hacia distintas regiones del planeta produciendo modificaciones en la circulación atmosférica, las cuales son efectivas a distancias de varios miles de kilómetros, tal como las ondas de Kelvin.
Estas ondas pueden generar condiciones climáticas extremas, sequías severas o lluvias torrenciales, a grandes distancias de la anomalía original, mediante teleconexión y que caracterizan las dos fases del fenómeno, El Niño y La Niña.
Cuando se desarrolla El Niño, la irregularidad térmica del Pacífico central puede exceder de los 10º C, lo que provoca fuertes interacciones con la atmósfera y como consecuencia grandes movimientos ascendentes y alteraciones en la circulación de Walker, produciendo, anomalías climáticas a distancias de miles de kilómetros.
¿Cuándo Comienza El Niño?
El Niño es una inestabilidad en la relación Mar-Atmósfera, debida a la interacción entre el Pacífico ecuatorial y las capas bajas de la atmósfera. Puede ser caracterizado como una secuencia de variaciones en la circulación oceánica qué ocurre entre los extremos Este y Oeste del océano Pacífico ecuatorial.
El análisis de los eventos ocurridos desde 1950, ha permitido conocer las condiciones medias de su desarrollo, lo que condujo a caracterizar El Niño, como un fenómeno que llamaremos "normal".
El mismo comienza con diferencias de temperatura entre los extremos Este y Oeste del Pacífico, lo que crea tensiones en la masa oceánica, cuyo efecto es el calentamiento del agua en el Pacifico central. En la región de aguas calientes se incrementa la actividad convectiva, provocando movimientos ascendentes y descendentes en la atmósfera, en regiones alejadas entre si.
En el comienzo se registra también un fortalecimiento de los vientos del Este, que conduce al aumento del nivel del mar en el Oeste.
Por efecto de los vientos alisios la región de gran actividad convectiva se desplaza hasta las costas del Perú, originando lluvias torrenciales en esa región. Los vientos del Este se han debilitado, el nivel del mar en el Oeste comienza a descender. Esta etapa suele ocurrir entre septiembre y octubre.
En ese período el agua fluye hacia el Este y el aumento del nivel del mar se desplaza como una onda de Kelvin, alcanzando la costa sudamericana en pocos meses.
El fenómeno es seguido por su fase opuesta, La Niña, con variaciones oceánicas y atmosféricas inversas. El Niño se desarrolla con vientos alisios débiles, La Niña es acompañada por vientos alisios fuertes. En el primer caso los vientos están dirigidos de Este a Oeste en el Pacífico, en el segundo caso la dirección es inversa.
La Niña produce un gran enfriamiento de las aguas superficiales en la costa sudamericana, y la acumulación de aguas cálidas en el Oeste. Donde El Niño produce sequías prolongadas y altas temperaturas, La Niña produce lluvias torrenciales y tiempo frío.
Cuando se desarrolla El Niño la mayor perturbación ocurre entre diciembre y febrero frente a la costa sudamericana, con un calentamiento aún mayor de las capas superiores del océano y el aumento del nivel del mar
El impacto de la onda de Kelvin en la costa Sudamericana produce importantes variaciones al nivel del mar, aunque el viento no sea suficiente para producirlas. El efecto de las anomalías locales es excedidos por las ondas de Kelvin.
En esta situación, la presión atmosférica aumenta en el Norte de Australia y disminuye en la región de Tahití, por lo cual el lOS se hace negativo. Como se puede apreciar, disminuye la actividad convectiva en Indonesia y Australia, donde se producen prolongadas sequías.
En la fase final continúa el aumento de temperatura en la costa sudamericana, que se mantiene hasta comienzo del próximo año. Entonces la temperatura desciende bruscamente hasta niveles mucho más bajos que el normal. El viento y el nivel del mar recuperan las condiciones normales.
Como hemos visto, el fenómeno en su comienzo está localizado en una región del Pacífico, produciendo allí interacciones con la atmósfera, forzando los movimientos de ascenso y descenso. Los efectos se extienden a vastas regiones del planeta, alejadas de la anomalía original. Esta acción a grandes distancias son las teleconexiones, debido a las ondas de Kelvin, y a las ondas planetarias.
En este estado de equilibrio inestable del sistema Océano-Atmósfera, El Niño puede ser caracterizado por sus efectos principales, lluvias en las costas sudamericanas del Pacífico, y sequías en Australia, en la región de Indonesia y en el Sudeste asiático.
Estas perturbaciones del sistema Atmósfera-Océanos son seguidas por una secuencia de cambios inversos en cada región, La Niña, con consecuencias también inversas de menor duración.
El Niño Más Intenso
El fenómeno más intenso, conocido desde que existen registros, ocurrió en los años 1982 y 1983. Su desarrollo no siguió la secuencia de variaciones de los eventos normales. La intensidad excepcional de las anomalías y la diferente secuencia de sus fases, causó severas perturbaciones en el clima mundial.
Produjo efectos devastadores, incendios de bosques y selvas, grandes inundaciones, sequías prolongadas, abundancia de tormentas tropicales, afectando severamente a los ecosistemas. La pesca en la costa sudamericana disminuyó drásticamente, las aves migraron.
Arntz y Fahrbach (1998), que permanecieron en la costa peruana esos dos años, fueron testigos del evento y exponen detalladamente las complejas variaciones de sus fases.
Comenzó en agosto de 1982 con un incremento de la temperatura del agua, de 10º C, en la costa peruana. Este aumento sorprendió al mundo científico, pues estaba previsto para diciembre, de acuerdo con la fase de El Niño normal. Esta situación produjo un retardo con respecto al sistema global y tuvo grandes consecuencias en la circulación atmosférica.
En el Pacífico ecuatorial predominaban los vientos del Oeste, en lugar de los vientos del Este, de modo que la anomalía que normalmente se origina en el Este del Pacífico y se expande al Pacífico central, en 1982 se presentó al mismo tiempo en vastas regiones oceánicas.
El viento, de extraordinaria intensidad, produjo la formación de ondas de Kelvin, que crecieron por encima de todo los niveles registrados hasta entonces.
A diferencia de los años normales, a mediados de 1982 el nivel del mar aumentó hasta alcanzar un muy pronunciado máximo a principio de 1983 y se mantuvo hasta mitad del año, afectando la costa de Sud y Centro América.
El fuerte enfriamiento alcanzó 1000 m de profundidad, mientras que en los eventos normales no excede de 350 m. En la diversidad de perturbaciones que caracterizan este período, mencionaremos que en la costa de Perú y Chile se observó la onda de Kelvin con crestas de 50 cm. El declive de la superficie del mar produjo la disminución de la corriente fría de Humboldt, que cambiaba con frecuencia de dirección y conducía las aguas calientes hacia latitudes altas.
Cerca de dichas crestas la corriente de Humboldt alcanzó la velocidad de 40 cm/seg, mientras que antes de la llegada de la onda de Kelvin, era de 4 cm/seg. La profundidad normal de esta corriente que es de 75 m, en 1982 alcanzó los 150 m.
La temperatura máxima del agua frente a la costa peruana fue de 37º C, a principio de 1983. Las condiciones normales se restablecieron recién en abril de 1984 (Arntz y Fahrbach 1998).
Los intentos para explicar el excepcional desarrollo de este evento, suponen que la intensidad alcanzada por la onda de Kelvin se debe a vientos de gran violencia, los cuales también se desplazaron hacia el Este. Por eso estas ondas crecieron con una fuerza impredecible.
También se considera el comienzo de El Niño varios meses antes que en años normales, caracterizados aún por la baja temperatura del agua. El prematuro calentamiento del mismo con temperaturas entre 30º y 34º C provocó una inmensa convección con movimientos ascendentes que alteraron la circulación de Walker desplazando las celdas hacia el Este y la circulación atmosférica global.
En el Pacífico central ocurrieron los movimientos de ascenso y descenso en África e Indonesia. Esta inversión de la circulación atmosférica produjo alteraciones climáticas en todo el planeta, debida a los fenómenos de teleconexiones. Además causó el desplazamiento de las grandes lluvias tropicales hacia el Este, con precipitaciones torrenciales en el Norte de Argentina, Paraguay y Sur del Brasil, en Perú, Ecuador y Sur de Estados Unidos.
Asimismo, las prolongadas sequías abarcaron Indonesia, Australia, Norte del Brasil y el centro de América del Norte. En África las sequías en 1983 fueron las más graves del siglo.
Por otra parte, la secuencia irregular y la gran magnitud de las perturbaciones que abarcaron vastas regiones, no permitieron identificar el desarrollo de La Niña correspondiente a ese período.
Las alteraciones excepcionales anularon todas las previsiones que pudieran efectuarse, pues las fases de su desarrollo se presentaban de un modo caótico. Por ese motivo, La Niña de 1983 y sus efectos no pudieron identificarse en el conjunto de perturbaciones de ese periodo. La corta transición entre ambas fases nunca pudo ser registrada.
La Niña Más Reciente
El Niño y La Niña forman una secuencia de dos fases opuestas de fenómenos atmosféricos y oceánicos. La mayor parte de los estudios se orientan a las distintas fases de El Niño, por ser este un evento más prolongado y con efectos más devastadores que los de La Niña.
Además, por ser La Niña una continuación de El Niño, todo el desarrollo de este último que hemos expuesto, puede ser considerado la fase previa de La Niña.
La condición para que se desarrolle La Niña es que el anticiclón subtropical del Pacífico Sur, produzca una región de alta presión en los trópicos. Esta a su vez genera fuertes vientos alisios del Sudeste con sus efectos, la surgencia de agua más fría en la costa sudamericana y el desplazamiento de aguas superficiales cálidas hacia el Oeste, donde aumenta el nivel del mar.
Esta situación implica un mayor desarrollo de la corriente fría de Humboldt en el Pacífico oriental y frente a la costa sudamericana, y el efecto contrario, una acumulación de calor en la región insular de Indonesia.
El desplazamiento del agua caliente hacia el Oeste se ve favorecido por dos factores: el aumento de la fuerza de los vientos alisios del Sudeste, que incrementa el desplazamiento de agua caliente hacia el Oeste. El otro factor es la entrada de agua fría desde el Sur, que desaloja al agua más caliente que se desplaza hacia el Oeste.
Estas condiciones señalan el desarrollo de un fenómeno La Niña muy intenso. La baja temperatura de la superficie oceánica y las demás condiciones que hemos señalado, intensifican la circulación de Walker, provocando un desequilibrio térmico entre los extremos Este y Oeste del Pacífico.
La alta presión en el centro del Pacífico ecuatorial conduce a un lOS negativo. Esta situación genera una severa disminución de las precipitaciones en Polinesia, y una baja presión atmosférica en Indonesia.
Cuando los cambios de la circulación atmosférica provocan la disminución de la presión en la región tropical de alta presión y se debilitan los vientos alisios, La Niña comienza a debilitarse.
Disminuye entonces la surgencia de agua fría y aumenta la temperatura del océano. La circulación de Walker se debilita por efecto del calentamiento del agua en el Pacífico oriental, por lo cual aumentan las precipitaciones en Polinesia y disminuye la presión atmosférica en Indonesia.
No obstante, a pesar de originarse en áreas del Pacífico ecuatorial, los efectos de La Niña también se extienden a distancias de varios miles de kilómetros.
En este caso los mecanismos de teleconexión también actúan como desenlace de condiciones climáticas extremas.
Podemos entonces caracterizar sintéticamente a La Niña como una región de alta presión en los trópicos, con fuertes vientos alisios del Sudeste y grandes afloramientos de aguas frías profundas. Sigue entonces una disminución del nivel del mar en la costa sudamericana, y una acumulación de agua y aumento de nivel del mar en el Oeste del Pacífico, donde las aguas son más cálidas.
Sintetizaremos ahora las condiciones opuestas en la que aparece El Niño. Se debilita la presión atmosférica en la zona de presión alta subtropical, que dio origen a La Niña.
Su efecto es la disminución de los vientos alisios, por lo cual decrece la surgencia de agua fría, aumenta la temperatura superficial del mar y aumenta el nivel del mar en la costa sudamericana del Pacifico. En estas costas decrecen las precipitaciones y aumenta la salinidad del mar Paradójicamente, fenómenos originados en condiciones inversas, producen efectos similares, aunque en regiones distantes. En términos generales, en las regiones donde El Niño produce lluvias torrenciales, grandes inundaciones y altas temperaturas, La Niña produce sequías prolongadas y tiempo frío y viceversa.
Los registros satelitales de presión atmosférica de superficie, son empleados para asignar valores al lOS. El conjunto de los parámetros oceánicos y atmosféricos, permiten identificar la presencia de la fase El Niño, o de su hermana fría, La Niña.
Con referencia a La Niña más reciente, los satélites de la NASA aún en mayo de 1999 encontraron en la costa del Pacífico el nivel del mar más bajo que el usual, y temperaturas mucho más bajas que las de la corriente fría de Humboldt. Estas aguas frías abarcaban también las costas del Pacífico de Canadá y Estados Unidos. Todos estos son indicios claros de la presencia del fenómeno La Niña, como continuación de El Niño que tuvo efectos devastadores en 1997 y 1998.
La NASA comunicó que a mediados de junio de 1999, las aguas del Pacífico recuperaban su temperatura normal.
El calentamiento del agua está produciendo una mayor evaporación, lo que incorpora más humedad a la atmósfera. Esta situación producirá, en breve plazo, abundantes precipitaciones en la costa del Pacífico y en la cordillera de los Andes con grandes nevadas, como fin de la grave sequía que sufrió esa región durante 1998 y hasta mediados de 1999.
Además, de acuerdo con esa misma fuente, se está produciendo un verano más frío en América del Norte. También de acuerdo con las observaciones de la NASA, La Niña de 1999 ha desaparecido del Océano Pacífico a mediados de julio.
Fantasía Sin Límite
En la introducción de este artículo hemos presentado los grandes interrogantes que plantean los estudios recientes de los fenómenos climáticos. Estos estudios han excitado la imaginación de quienes buscan las fuentes primarias de cada fenómeno, buscando entre las posibilidades más remotas, en medio de la gran incertidumbre.
Estas tentativas se orientan también a la predicción del evento, pues una predicción a tiempo permitiría tomar las precauciones para disminuir la severidad de sus efectos.
Por ejemplo, en relación con el vulcanismo, escapes de lava submarina pueden ser considerados una fuente de calor que conduce al calentamiento de alguna región del océano. Este calor podría ser transportado hasta las capas superiores del océano, produciendo efectos similares a los de las corrientes superficiales de calor.
Las fuentes de calor submarinas podrían producir diferencia de temperatura en regiones cercanas del océano, las que alterarían el campo de presión, influenciando así las corrientes marinas. Esa "fantasía sin límite" se justifica con la magnitud de las incógnitas e incertezas de estas hipótesis. @
* Dirección Nacional del Antártico. Instituto Antártico Argentino, Cerrito 1248, 1010 Buenos Aires, Argentina.
Bibliografía
- Arntz W. E., Fahrbach E., 1998. El Niño, experimento climático de la naturaleza. Fondo de Cultura Económica.
- Bjerkness J., 1996. Atmospheric teleconnections from the equatorial Pacific. Mon. Weather Rev. 97,163-172.
- Organización Meteorológica Mundial (WMO). 1985. The global climate system, a critical review of the climate system during 1982 - 1984.
- Walker G.T., 1923. World Weather, Mem. lndian Meterol. Dep. 24, 75-131.
- Walker G.T., 1928. Cerá (Brazil) famines and the general air movement. Beitr. Phys. d. Frein. Atmosph. 14, 88-93.

Revista de Información Científica, Editada por la
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