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   Edición 74 / Septiembre del 2000

Flora




El Boj ...
El Pequeño Gran Árbol

Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en España del MAE
hu@nexo.es

España


Los primeros ejemplares fósiles que se tienen noticia datan del plioceno, hace 5 millones de años. Estos hallazgos proceden de excavaciones realizadas en Francia.

En la actualidad existen en el mundo 20 especies de Boj que viven en una amplia zona que se extiende desde las Antillas, las islas Canarias, África tropical y la región mediterránea hasta el Himalaya. En las áreas montañosas del Mediterráneo, el más común es el Buxus sempervirens, que también es el más empleado en la jardinería europea. Todas estas especies son arbolitos de porte bajo y arbustos. Teóricamente pueden llegar a alcanzar los ocho metros; pero, debido a la lentitud de crecimiento, es difícil ver algún ejemplar que sobrepase los tres metros.

Se produce la floración de marzo a abril. Las flores están reunidas en glomérulos axilares, cada glomérulo lleva en el centro una flor femenina rodeada por masculinas.

El hombre ha estado utilizando desde hace mucho tiempo el Boj, como lo demuestra una tablilla encontrada en Ur, de hace 4.000 años en la que describe el proceso de forja y habla también de asientos para hombres hechos de madera de Boj y revestidos de bronce.

Las hojas contienen alcaloides, como la buxina, esencias naturales y taninos. Produce ligeros efectos antipiréticos, para hacer descender la temperatura en estados febriles. Antaño se empleaba también como sustituto de la quinina.

El naturalista griego Teofrasto, del siglo IV a.C. tomó buena nota del nivel de crecimiento que alcanza el Boj en la parte entonces conocida del mundo.

El Boj es árbol de no mucho porte y tiene las hojas semejantes a las del mirto. Se cría en lugares fríos y ásperos. Así es Cítora, donde es muy abundante. También el Olimpo de Macedonia es terreno frío y, por eso también allí se da, aunque no alcanza gran tamaño. Grandísimo y espléndido se cría en Cirno [Córcega]. En efecto, este árbol adquiere allí más altura y más corpulencia que en cualquier otra parte. Por lo cual allí la miel no es dulce, oliendo como huele a Boj.

(Teofrasto, Historia de las Plantas, Libro III, Capítulo XV).


No sólo resulta amargo el néctar de sus flores, sino que también lo son sus hojas, por lo que se utilizan como sustituto del lúpulo en la fabricación de cervezas.

El Boj forma el sotobosque de robledales, pinares e incluso hayedos secos. Pero, de estos bosques, en muchas ocasiones el hombre ha abusado sobre-explotándolo con una tala masiva de árboles; a veces, el Boj queda como el único árbol superviviente, por lo que constituye a menudo extensos bojedales, que permiten la conservación del suelo vegetal, manteniéndose el antiguo bosque en latencia, esperando que le llegue una oportunidad para reconquistar el terreno perdido.

Una parte de la provincia de Georgia está sometida al rey tártaro, pero el resto se le escapa y está bajo el dominio del rey David Melic debido a las plazas fuertes que tiene. Y en esta plazas fuertes y montañas no hay más árbol que el Boj.

(Marco Polo, El libro de las maravillas, Capítulo XXIII).


En la mitología griega, este pequeño árbol de hoja perenne, representaba la constancia de la naturaleza frente a los cambios cíclicos, la esencia frente a los cambios aparentes, por ello estaba consagrado a la vez a Afrodita, Cibeles y Hades, los dioses del amor, la fecundidad y la muerte. Es decir, los tres dientes que forman la rueda del eterno e inexorable ciclo de la vida.

Sus duras ramas, siempre verdes, con imperceptible, pero constante cambio, hablan de eternidad y perseverancia. Esta significación se patentizan por la costumbre de utilizarlo en la fiesta religiosa del Domingo de Ramos en los países más fríos, en vez de las tradicionales ramas de olivo o palmas. En otros lugares plantan ramas de Boj junto a las tumbas. En el lenguaje de las flores, las ramas de Boj son un mensaje firmeza y estoicismo ante la adversidad.

En el siglo XVII, el rey Sol, Luis XIV de Francia, decidió crear un gigantesco palacio que sería el centro de todo su poder: Versalles, con el que pretendía glorificarse a sí mismo. Este monarca tenía una obsesión por la simetría, la regla y el compás. Todo tenía que estar supeditado y doblegarse a sus deseos, incluso la naturaleza. En los monumentales jardines, el Boj jugó un papel fundamental en las creación de setos, por su denso follaje de hojas pequeñas y por el crecimiento tan lento, que permite mantener durante mucho tiempo la figuras modelada por el jardinero, aunque el mayor regalo que ofrece al paseante no es la forma cuadricula o las formas modeladas, sino su aroma que inundan las tardes de estío en los jardines.

Estos principios de diseño de jardines estaban en consonancia con el clasicismo imperante en la época, difundiéndose rápidamente en toda Europa. Se crearon muchos palacios a imagen del modelo francés, aunque siempre a una escala mucho menor, sin el desmesurado delirio de grandeza del megalómano rey Sol. En todos estos jardines palaciegos se impuso la utilización del Boj para crear espacios verdes, son los llamados jardines a la francesa.

Mas tarde con la caída del Antiguo Régimen en toda Europa se democratizó el disfrute de los jardines y parques. Aparece el concepto de espacio urbano, creándose numerosos parques municipales, donde antes quizás había cuarteles militares encargados de vigilar el orden público, como el Parque de la Ciudadela en Barcelona, empezado a construir en 1873.

En la mayoría de estos nuevos espacios, el seto formó la pieza primordial en la formación de parterres. Aunque existen muchas plantas que se prestan a la formación del seto, ninguna se adapta tan bien, ni ofrece una fragancia comparable a la del Boj. A veces se crean labores más propias de la escultura que de la jardinería, como es el caso de algunos espacios públicos de ciudades mejicanas, donde aparecen recortados distintos motivos escultóricos, realizados en Boj.

Por ser árbol de bajo porte y lento crecimiento, no se crean plantaciones madereras de Boj. Sin embargo, desde tiempos antiguos se viene utilizando su madera amarilla como materia prima, porque reúne unas características especiales: es la madera europea más dura, es muy compacta y tan pesada que no flota en agua. Cualidades que la convierten en material muy apreciado para el torneado, aunque lógicamente siempre han de tratarse de objetos pequeños, como piezas de ajedrez o de damas y fabricación de instrumentos musicales, como flautas y clarinetes. Por su dureza y resistencia, antiguamente también se hacían peines de madera de Boj.

- A "Madera de Boj" le puso usted el título antes de haberlo escrito.

- Yo lo pongo siempre antes. El título para mí implica una cierta vaga idea de lo que aspiro a hacer en la novela, lo que sea. El Boj es una madera muy dura, muy densa, casi incombustible, no flota. Es la imagen de la dureza. Pues el querer hacerse una casa de madera de Boj es un sueño casi imposible, y alguien en esta novela aspira a hacerse una casa por lo menos con las vigas de madera de Boj. Naturalmente, no lo consigue.

(C. J. Cela, entrevista sobre su novela "Madera de Boj")
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