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   Edición 74 / Septiembre del 2000

Columnistas



Informe Argentino sobre
Desarrollo Humano 1999


Salud y Educación...
Dos Pilares del Desarrollo Humano


Dr. Luis Reinaldo Fernández
Miembro del Consejo Editorial - MAE
lrf@ambiente-ecologico.com

Argentina


Por Programa Argentino de Desarrollo Humano
Senado de la Nación
Comisión de Ecología y Desarrollo Humano

eco@senado.gov.ar


A lo largo de cinco años, el Programa Argentino de Desarrollo Humano ha llevado a cabo investigaciones básicas acerca del estadio y de las posibilidades del Desarrollo Humano en nuestro país. Se han realizado diagnósticos a nivel nacional y provincial de las situaciones que comprometen el presente y el futuro del Desarrollo Humano, se han identificado las dimensiones particulares de nuestra situación histórica, se han inventariado realizaciones y potenciales en todos los niveles de la organización social y, en el último Informe de 1998, se ha relevado la trama profunda de valores que fundamentan la posibilidad de generar un ánimo cultural basado en el consenso sobre el Desarrollo Humano.


El Informe Argentino sobre Desarrollo Humano 1999 ha considerado oportuno generar un debate acerca de las vías disponibles para llevar a cabo un salto significativo en el lugar que ocupa la Argentina en el ranking mundial del Desarrollo Humano, y de los costos que implicarían las diferentes alternativas posibles.

El debate que inevitablemente habrá que hacer atraviesa las siguientes alternativas: ¿Cuánto está dispuesto a invertir la sociedad por cada avance en el Índice de Desarrollo Humano? ¿Cuál es la mejor manera de lograrlo? Para ello, se propone instalar el diálogo con las distintas vertientes del pensamiento nacional para construir las bases del consenso. Si estos objetivos son compartidos, tal consenso debería impulsar la decisión de hacia dónde ir y la urgencia de hacerlo. El Desarrollo Humano es un camino que sólo puede recorrerse “con todos y a tiempo”.

En la primera parte del Informe, la cuestión es: ¿cómo elevar la Esperanza de Vida de los argentinos?, habida cuenta del impacto negativo que sobre ella tienen las casi 100.000 personas que sufren muertes prematuras, muchas de ellas evitables.

En la segunda parte, la pregunta es: ¿cómo mejorar la educación de los argentinos?, incluyendo las deudas pendientes con el millón de analfabetos y los cuatro millones de analfabetos funcionales, o sea con los compatriotas que no tienen acceso a herramientas esenciales para desempeñarse en igualdad de oportunidades en el umbral de un milenio que será el de las comunicaciones ciberespaciales: la alfabetización ha tomado una nueva dimensión que trasciende las perspectivas tradicionales.

Existen zonas de riesgo que deben constituirse en alertas, en función de generar estrategias adecuadas para elevar la Esperanza de Vida de los argentinos. Se rescatan como dimensiones relevantes del análisis la percepción de la salud, la actitud preventiva y los hábitos de las personas. Como telón de fondo que envuelve a las mismas, aparecen las condiciones sociales que improntan en ellas de manera diferente.

A pesar de que estudios anteriores generaron evidencia empírica sobre la alta relación que existe entre la percepción que las personas tienen de su propia salud y las estadísticas de salud de la población, y de que probablemente esta sintonía con la realidad mejora con la edad, el nivel educativo y las características culturales de las personas, en la Encuesta Argentina de Salud 1999 surgen algunas discordancias.

Efectivamente, desde la percepción surgen zonas de riesgo por la disociación entre lo que creen las personas acerca de su condición de salud y lo que refieren que hacen para cuidarla. Si bien existe una evaluación muy positiva de la salud declarada por la población, la presencia de algunas enfermedades como la hipertensión, la obesidad o el colesterol alto, que están relacionadas con la posibilidad de enfermar de patologías cardiovasculares, no es sentida como riesgo en un número importante de casos.

Tampoco las dificultades en el dormir, que fueron mencionadas por casi la cuarta parte de la población, se percibe como un déficit en la salud. Asimismo, no se tiene suficientemente en cuenta la importancia de los antecedentes familiares en el riesgo de aparición de determinadas enfermedades. Esta condición es de suma importancia para generar una actitud preventiva.

Otro plano considerado fue el de los hábitos. Entre ellos, se rescatan los alimentarios que, como se ha visto, revisten dos grandes consideraciones: la cantidad de lo que se come y la calidad de los alimentos. En el primer caso, los varones son los más expuestos, al mencionar la imposibilidad de ingerir lo necesario por dificultades económicas. En cuanto a la calidad, si bien es alto el sector que considera que no come alimentos sanos, es mucho más importante el número de población que piensa que está bien alimentado y sin embargo come alimentos perjudiciales.

La actividad física marca también el perfil de salud de la población. En la actualidad, casi el 90% de las personas que trabajan, lo hace en tareas sedentarias, con lo cual los hábitos alimentarios y físicos deben readecuarse a este nuevo estilo de vida. Si bien los varones refieren realizar más ejercicios físicos que las mujeres, lo hacen en forma discontinua y como actividad de fin de semana, con lo cual se exponen a mayores riesgos por el esfuerzo realizado sin el necesario entrenamiento previo.

Entre los hábitos tóxicos (o adicciones) aparece más representado el consumo de tabaco que el de alcohol, y en ambos casos son los varones los más expuestos. En el caso del tabaco, no sólo por fumar, sino también por ser los que permanecen más tiempo en lugares donde se fuma. Respecto del consumo de drogas indagadas (medicamentos) existe un importante número de personas que ingieren medicamentos, sobre todo calmantes y psicofármacos, con predominio de las mujeres. Sin embargo, los varones son los que más se automedican.

La actitud preventiva también encierra zonas de riesgo. Primero, el desconocimiento ya mencionado de algunos factores que determinan un daño a la salud. Segundo, la característica de una comunidad que tiene poco presente el cuidado en la vida cotidiana. Los varones jóvenes resultan ser otra vez el caso alerta en esta observación. Son ellos los que menos consultan por su salud y los que menos perciben los riesgos de la vida cotidiana. Las mujeres, por otro lado, confiesan una mayor actitud preventiva, confirmando lo que otras investigaciones demuestran.

A pesar de que se cree lo contrario, el hogar resulta uno de los lugares más riesgosos, especialmente para los niños, por la accidentalidad que ocasiona, aunque esto no es registrado como tal por las personas, al no tomarse todos los recaudos necesarios frente a los distintos peligros. Teniendo en cuenta que la primera causa de muerte en los niños resulta la de los accidentes, se hace imprescindible generar una actitud de mayor cuidado para preservar su peculiar vulnerabilidad.

En la calle también hay riesgo, porque se actúa peligrosamente, al no cumplirse por ejemplo, con las normas de tránsito que, según los propios informantes, son debidas a la falta de costumbre, a la irresponsabilidad o al no creerlo necesario. El ocio, medido a partir de la sociabilidad, también influye sobre la salud. Reunirse con amigos, con la familia, concurrir a charlas o pasear, fueron las actividades más mencionadas entre los adultos consultados, pero son los jóvenes -y en especial los varones- los que más preservan los espacios de relación social entre pares.

El juego es la principal actividad de los niños, pero este espacio está siendo capturado por la pantalla de televisión y otras actividades sedentarias. A partir de la encuesta, se observa cómo aquellos niños que están más expuestos a la televisión son también los que más consumen productos nocivos.

La televisión le ha ganado espacio a otras formas de entretenimiento, promoviendo un determinado tipo de consumo. En tal caso, hay que entender mejor no sólo qué nuevas figuras aparecen como interlocutores, sino quiénes son los que han perdido esa función y pensar cómo la podrían recuperar. Finalmente, las condiciones sociales determinadas por el Estado, el Mercado y la Sociedad Civil juegan como telón de fondo, conspirando muchas veces en contra de la salud de la persona.

La situación de pobreza, la falta de promoción de hábitos saludables desde las instituciones, la carencia de responsabilidades adoptadas desde cada sector respecto a los daños que provoca, constituyen un entramado a ser revisado si se quiere aumentar y mejorar la Esperanza de Vida de los argentinos.

Por otro lado, la Esperanza de Vida al nacer de los argentinos mantiene una estrecha relación con el gasto en salud. Al desarrollar un análisis de regresión con datos de las 24 jurisdicciones provinciales para 1997, se obtuvo un coeficiente de determinación de 69%. Estudios anteriores han demostrado que la relación entre ambas variables sigue la forma de una función logarítmica. A través de este análisis se verifica que hay un margen de dispersión mucho mayor en la variable independiente (gasto en salud per cápita), que en la variable dependiente (Esperanza de Vida al nacer).

Se compra más salud asignando recursos adicionales fuera del sistema de atención médica. Los resultados de salud dependen en pequeña medida del sistema de salud. Aunque se asume la covariación entre el gasto en salud y la Esperanza de Vida, la literatura especializada coincide en que las formas más efectivas de obtener resultados en salud exigen el desarrollo de acciones por fuera del sistema de atención médica.

No obstante, se puede incrementar la Esperanza de Vida invirtiendo más recursos dentro del sistema. A través del análisis de regresión se arribó a una ecuación que explica la Esperanza de Vida en función del gasto en salud. Este último es considerado como resultado de la sumatoria de funciones logarítmicas del gasto de cada subsector del sistema de salud (público, privado y de obras sociales). Este procedimiento supone un funcionamiento análogo al de una función de producción de la salud -medida a través de la Esperanza de Vida al nacer, o, en otros términos, del rendimiento del gasto sanitario.

Se puede incrementar la Esperanza de Vida reformando el sistema. Esto es, invirtiendo en salud de modo diferente a como se lo hace en la actualidad. Ello supone la optimización del rendimiento de los recursos actualmente asignados al sector. En otros términos, comprar más salud con el mismo dinero.

Existe la posibilidad de mejorar los resultados en salud asignando más recursos al sistema de la misma manera. Sin reformar el sistema de salud, lograr un incremento marginal de la Esperanza de Vida al nacer de los argentinos exigiría inversiones cada vez más elevadas. La experiencia internacional demuestra que, a partir de determinada edad, el costo marginal de un año adicional de vida tiende a tornarse infinito.

La Argentina se sitúa en el punto de inflexión a partir del cual el rendimiento de nuestras asignaciones sanitarias comienza a ser decreciente. Las mayores conquistas en términos de Esperanza de Vida se obtienen cuando los gastos per cápita se sitúan entre $30 y $500, punto superado por la Argentina en términos globales, que ronda los $600 per cápita.

Se observa asimismo que la Esperanza de Vida nacional promedio es superior a los 72,9 años, transitando entonces el país una etapa de “metas duras” en cuanto a resultados en salud, muy difíciles de elevar vía inyección de fondos al sistema de salud propiamente dicho y como un todo, dado que se considera que para mejorar los niveles de vida el gasto o inversión a realizar tiende a infinito.

Para mantener el actual nivel de Esperanza de Vida constante será necesario incrementar el gasto total en salud. El volumen del gasto total en salud aumentará aunque no lo haga el gasto en salud per cápita. Esto se debe al crecimiento vegetativo de la población, que es en promedio del 1,4% en la Argentina, lo cual significa casi 500.000 personas nuevas por año. Sería necesario un crecimiento de 300 millones de dólares en el gasto total de salud por año para mantener las actuales relaciones constantes. El monto del incremento necesario se calcula multiplicando el gasto per cápita en salud actual por la población proyectada al 2005. Si se considera un período de cinco años, la cifra a invertir rondaría los 1.500 millones de pesos.

Para incrementar la Esperanza de Vida al nacer en un año se debería incrementar el gasto en salud en un 35% en términos reales (7.578 millones de pesos). Si se supone un escenario de inversiones crecientes en salud, para incrementar en los próximos 5 años la Esperanza de Vida en un año y teniendo en cuenta el crecimiento vegetativo de la población, la inversión total debería presentar un incremento cercano a los 2.000 millones por año, que representa casi un 10 % anual de lo que actualmente gasta la sociedad en recuperar su salud.

Este análisis implica no modificar la estructura de Esperanza de Vida entre provincias, que es la restricción de utilizar este tipo de metodología. Es de esperar que con incrementos del 35% en gasto en salud, su impacto sea mayor en las provincias de más baja Esperanza de Vida.

Existe la posibilidad de optimizar el rendimiento del gasto sanitario asignando recursos de manera diferente. Por ello, se han analizado otras opciones posibles para evaluar la efectividad del gasto en salud desde la perspectiva sociosanitaria y la epidemiológica, a fin de colaborar en la tarea de diagnóstico, identificando desigualdades y brechas potencialmente vulnerables. Con ese propósito se buscó explorar alternativas o “nichos” de mayor potencial en cuanto a rentabilidad de resultados sanitarios en relación al gasto en salud, que permitan evaluar líneas de acción orientadas a lograr una asignación equitativa y eficiente de los recursos.

Es posible identificar como "blancos prioritarios" o "nichos de rentabilidad" del gasto para obtener mayores rendimientos: tanto el NEA como el NOA, a los cuales se les suma Chubut en la Región Patagónica, es donde se encuentran las mayores heterogeneidades. A la vez, estarían en una situación de metas en salud más “blandas” que la media nacional, ya que los gastos per cápita se sitúan en la franja de rentabilidad de $30 a $500 (aproximadamente $380 para el NEA y $450 para el NOA), y en estos casos la Esperanza de Vida mediana está entre los 60 y 72 años.

Del análisis de indicadores y la información catastral disponible, es posible concluir que, en términos generales, el sistema de atención médica del país está preparado estructuralmente (en cuanto a cantidad de recursos disponibles) para dar una respuesta positiva suficiente a las necesidades de la población. Ello indica que resultaría mucho más conveniente asignar recursos fuera del sistema, al menos en cuanto a sus funciones tradicionales de atención y curación. La educación y promoción de la salud, la mejora de las condiciones ambientales y estilos de vida posibles, el pleno empleo y las campañas focalizadas a las principales causas de pérdida de años de vida saludable, emergen como opciones de mayor impacto potencial en el intento de aumentar la Esperanza de Vida y la calidad integral de esos años ganados.

Desde otro enfoque, el análisis epidemiológico a través de instrumentos que precisen la prematurez, evitabilidad, brechas regionales y distribución no equitativa de fallecimientos, así como la ponderación relativa de los mismos en términos de años de vida potencial perdidos (AVPP) y la identificación de las principales causas de muerte, constituyen una opción no sólo interesante, sino imprescindible para encontrar nichos de rentabilidad a la hora de efectuar acciones para mejorar la Esperanza de Vida en la Argentina.

Del análisis de las "brechas" de mortalidad se evidencia la diferencia existente en las tasas por grupos etáreos, entre distintas provincias agrupadas en regiones por razones de semejanza económica, cultural o climática (NEA, NOA, Centro, Cuyo y Región Patagónica), en donde se esperaría que presentaran respecto a ese indicador valores similares. Como consecuencia de ello, se podría inferir que esta desigualdad no esperada representa un objetivo de salud fácilmente alcanzable, vía acciones específicas sobre poblaciones vulnerables, en aparente situación de inequidad pero con posibilidades fuertes de mejoramiento.

En esta perspectiva, se ha observado que en la región del Centro se repiten resultados menos alentadores en salud para Buenos Aires y Entre Ríos. Cabe aquí recordar que en Buenos Aires se encuentran grandes bolsones de NBI, en tanto que el conjunto de análisis geoestadísticos y epidemiológicos parece indicar que Entre Ríos tiende a presentar un perfil transicional, con resultados más similares a los del NEA.

En el NEA, provincias como Chaco y Formosa, repiten en todas las edades resultados menos favorables en comparación con sus semejantes, y por supuesto muy lejos de la mejor tasa del país. Catamarca, Jujuy y Santiago del Estero son las provincias con peores resultados en el NOA. En la región de Cuyo los indicadores más desfavorables pertenecen a La Rioja y San Juan. Por último, en la Región Patagónica esta situación se repite respecto a Chubut y Santa Cruz.

En general, en la mortalidad infantil es donde se encuentran las brechas más marcadas, y aunque este estudio no tiene el alcance de sus causas, médica y epidemiológicamente hay consenso respecto a que generalmente las mismas obedecen a factores relacionados con la prematurez, retardos de crecimiento y problemas infecciosos. Con el objetivo de identificar consensos acerca de las líneas de acción que posibiliten disminuir la mortalidad materno-infantil en la Argentina, se desarrolló un encuentro de especialistas el día 21 de septiembre de 1999 en el Senado de la Nación, donde se estudiaron propuestas alternativas para incrementar el ritmo de descenso de la tasa de mortalidad infantil.

Por otro lado, complementando el análisis a través de la ponderación de los años de vida potencial perdidos (AVPP), puede tenerse una visión más comprensiva de la influencia de las brechas, observándose el impacto que tienen la mortalidad infantil y la mortalidad hasta los 14 años. Estas muertes “prematuras” generalmente tienen causas prevenibles o, dicho de otro modo, reducibles por prevención y tratamiento oportunos. Luego se encuentra otro nicho muy importante en el grupo etáreo comprendido entre los 35 a 44 años, donde sería interesante indagar más acerca de las causas.

Durante el trienio de 1992 a 1994 se registraron en el país 787.004 muertes, que generaron 7,26 millones de AVPP. Los accidentes fueron la primera causa de pérdida de años (939.209 AVPP, 15,45%), revistiendo asimismo gran magnitud las causas relacionadas con las afecciones perinatales y las malformaciones congénitas.

Finalmente, se ha analizado econométricamente la relación que puede establecerse entre las condiciones sociales en las que se desenvuelven los individuos (que dada la visión abarcativa del concepto de salud aquí adoptada, se consideran muy relacionadas a la misma) y su influencia sobre la Esperanza de Vida. De ello surge que a mayor porcentaje de NBI menor es la Esperanza de Vida, lo cual nos permite calcular cuánto debería descender el porcentaje de población NBI para incrementar un año el promedio de vida. El análisis de sensibilidad determina que sería necesario reducir un 8,2% la cantidad de personas con NBI para que la Esperanza de Vida promedio del país se incremente en un año.

En síntesis, en función de los enfoques realizados y del impacto del gasto sobre la salud, se podría concluir que los niveles de salud de una población están más relacionados con el Desarrollo Humano que con los flujos del gasto sectorial. Ambos análisis permiten detectar nichos regionales de oportunidades de inversión efectiva en salud. Si el nuevo gobierno asume como objetivo mejorar la salud de los argentinos midiendo su desempeño a través de indicadores como Esperanza de Vida al nacer o mortalidad infantil, entonces para obtener las inversiones más rentables, debería orientarlas en primer lugar hacia las provincias de Chaco y Formosa, en segundo lugar a Jujuy, Salta y Chubut, y luego a Catamarca y La Rioja. Aceptando que este razonamiento es correcto -ya que de ningún modo es el único válido-, el NOA y el NEA (a los que se agrega Chubut) deberían ser las mayores prioridades regionales del gasto sanitario.

Pero para obtener el mayor rendimiento no sería conveniente invertir con la misma intensidad en todas las provincias dentro de cada región. Algunas se sitúan mejor que otras y pueden ser tomadas como metas a ser alcanzadas. Corrientes y Misiones, por ejemplo, tienen similares niveles de esperanza de vida al nacer y de gasto, pero la segunda registra una mortalidad infantil dos puntos por debajo de la primera. Si se consiguiera que todas las provincias del NEA alcanzaran el nivel de TMI de Misiones, la mortalidad infantil del país en su conjunto se reduciría un punto.

En resumen, se ha dado respuesta puntualmente a la cuestión planteada a la vez que se han explorado y analizado otras opciones para mejorar la Esperanza de Vida. Trabajar sobre el contexto, profundizando y direccionando el análisis epidemiológico hacia posibles “nichos de rentabilidad” de la inversión en salud, y en el entendimiento de los efectos negativos que genera un medio socioeconómico francamente deficitario, permite identificar otros posibles cursos de acción a nivel de las políticas sociosanitarias que pueden llegar a tener mayores impactos sobre la Esperanza de Vida de la población argentina, a la vez que reducir inequidades regionales.

En cuanto al componente conocimientos del Índice de Desarrollo Humano, se ha realizado en el Informe Argentino sobre Desarrollo Humano 1999 una descripción del sistema educativo nacional a partir de las variables constitutivas básicas del mismo. Se analizaron las características de la oferta y la demanda educativas; los costos y el financiamiento del sistema; algunos indicadores de eficiencia como así también la cobertura educativa. Por último, se diseñaron escenarios prospectivos con sus costeos respectivos como ejercicio exploratorio para la toma de decisiones.

El hecho educativo ha sido considerado en tanto función de producción que, como tal, es abstracta. No obstante ello, somos conscientes de que la educación trasciende las cifras y los porcentajes. Es un imperativo determinar cuáles son las dimensiones que producen tales porcentajes.

Los 10 millones de estudiantes en el sistema distribuidos a lo largo y a lo ancho de nuestro país dan una idea por demás elocuente de la vastedad, complejidad y magnitud del mismo. El primer paso, aun cuando pueda resultar obvio, es tomar debida nota de estas características y del financiamiento requerido para mantenerlo en los actuales niveles.

El 96,3% de alfabetización es un resultado del esfuerzo de muchos durante mucho tiempo. Ahora bien, ese porcentaje es complementario de otro 3,7% de analfabetos, es decir, casi un millón de personas. En términos geográficos, el Gran Buenos Aires concentra el 30% del total de analfabetos del país. Ahora bien, en términos relativos el NEA presenta la mayor proporción de analfabetos respecto de la población total de la región: 6,96%; le sigue el NOA con 4,75%; Patagonia y Nuevo Cuyo con el 3,5% y la región Centro con un escaso 2%.

No escapa a nuestro análisis que la meta de alfabetizar al 100% de la población es más viable si contamos como haber con un 96% de población alfabetizada, es decir con alrededor de 26 millones de habitantes. Al mismo tiempo, alrededor de 4 millones de personas no completaron los estudios primarios. De ese total, alrededor de 400.000 tienen entre 15 y 24 años.

La deserción escolar prematura también se presenta como un rasgo de las desigualdades regionales de la Argentina: la mayor parte de las provincias se ubican por encima del promedio nacional de jóvenes de 15 a 19 años que abandonaron y no completaron el ciclo primario: en tanto la media nacional es de 7%, sólo algunas provincias (la Ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego, Santa Cruz, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Jujuy) presentan indicadores por debajo de esa tasa, mientras que la gran mayoría (17 provincias) supera ese valor. En algunos casos, se alcanzan niveles de extrema gravedad, con valores que van desde el 12,7% en Formosa hasta niveles cercanos al 20% en Chaco y Misiones. El porcentaje de repitencia en el nivel primario es de 5,8%, con fuertes diferencias según las provincias. En enseñanza media el porcentaje es más alto (10%) y se produce con mayor frecuencia en los primeros años.

La sobreedad es del 22% en el nivel primario y del 38% en el nivel medio, mientras que el abandono es del 25% para el nivel primario y de más del doble: 53,8% para el nivel medio. Las diferencias regionales son también aquí muy marcadas.

La situación de polaridad en cuanto a las condiciones de acceso al conocimiento es alta: sigue siendo mayor el número de adultos que no completaron la escuela primaria que el número de los que tienen el ciclo terciario completo.

El porcentaje de gasto en educación representa el 3,71% del gasto total de consumo de los hogares. En el caso de los hogares comprendidos en el quintil más bajo de ingreso per cápita, cuyos gastos de consumo promedian $452 mensuales, el gasto en educación, sin incluir el transporte diario, representa 2,32% de dicho total.

Al mismo tiempo, el gasto familiar en educación aumenta, y de forma más que proporcional, respecto del incremento del gasto total en consumo. La diferencia del gasto entre el quintil de ingresos más altos y el de ingresos más bajos es de 9 veces más a favor del de ingresos más altos.

Estas son a la fecha algunas de las cifras de nuestra educación. A partir de ellas, ¿cuál es el pronóstico que podemos formular habida cuenta de que los resultados (de cualquier orden) del sistema educativo son apreciables sólo a largo plazo? Cualquier análisis de la educación debe considerar por lo menos, tres dimensiones: los valores que transmite y que puede modificar; la función social que cumple y las estructuras, los recursos humanos, financieros y materiales que hacen de la educación una institución social esencialmente pública.

El Informe ha puesto el foco tanto en los "logros educacionales" como en las "asignaturas pendientes" de la educación en la Argentina, a la vez que estimó los costos mínimos para obtener un mejor desempeño. En nuestro propósito estimular a partir de este análisis un debate con todos los actores que conforman el hecho educativo, los actores intra y extra sistema, en tanto la Educación, con mayúsculas, como vía regia para el desarrollo humano, es y debe ser un desafío para todos. Un debate, adulto en cuanto a la actitud y multidisciplinario respecto de la perspectiva. Un debate que los argentinos nos debemos y nos merecemos.


El Desarrollo Humano Como Principio Rector de la Acción Estatal

En cuanto al resultado de la acción del Programa, el Desarrollo Humano se ha instalado en secretarías o en el ámbito ministerial de numerosas provincias y municipios. Es decir, el Desarrollo Humano se ha ubicado en una categoría del pensamiento, a nivel académico, y en una categoría de la acción, a nivel político o ejecutivo.

Un modelo de tal inserción lo representan los Centros de Desarrollo Humano y Social de Avellaneda, surgidos como corolario de un vínculo de consultoría establecido a lo largo de 1998. A fines de ese año se firmó un Convenio con la Municipalidad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en cuyo marco se realizó el asesoramiento a las autoridades municipales en la definición conceptual y operativa relativa a la creación, potenciación y crecimiento de 24 Centros de Desarrollo Humano y Social ubicados en distintas ciudades del municipio, para dar respuesta a las necesidades de la infancia en alimentación y educación y, a los requerimientos de participación comunitaria para la equidad social y la seguridad ciudadana. La gestión de los mismos es comunitaria, no lucrativa, autogobernada, laica y voluntaria. También cuenta con recursos humanos rentados (docentes) por el Gobierno municipal.

El Programa realizó una Capacitación de Constructores del Desarrollo Humano Local sobre la significación, dimensiones fundantes y operacionalización del concepto Desarrollo Humano a los miembros de los Centros y a los niveles de conducción del Gabinete municipal. También se realizó una Bienal que consistió en una muestra en que cada una de las ciudades exhibió a la comunidad los “productos” del Desarrollo Humano: los resultados de todas las acciones tangibles y simbólicas que promovieran el Desarrollo Humano de los habitantes del municipio. La Primera Bienal se realizó en el Parque de los Derechos del Trabajador de la ciudad de Villa Domínico los días 9 y 10 de Octubre de 1999 y contó con asistencia masiva de la comunidad y amplia repercusión en los medios de comunicación locales y nacionales.

Después de dos años de trabajo y habiendo compartido la experiencia de "incubamiento", creación e incipiente desarrollo de los Centros de Desarrollo Humano y Social, se pueden formular algunas puntualizaciones:

  • Al momento de tomar contacto con las conducciones de los Centros se recortaba con claridad cada uno de ellos, pero no había un conocimiento recíproco y ni comunicación sistemática entre los mismos, y al interior de cada uno de ellos.
  • En una primera lectura, y como objetivo fundacional, el mayor esfuerzo de cada Centro se dirigía a generar la igualdad de oportunidades para todos a través de una oferta educativa básica para niños y adultos, a la vez que intentando garantizar una ingesta mínima y proteica para la población infantil más próxima.
  • A lo largo del proceso de capacitación y consultoría se pudo generar una apertura en el vínculo establecido entre cada Centro y la población, y entre los Centros entre sí: se amplió la oferta de servicios, se multiplicó la relación con otras organizaciones de la comunidad y se idearon respuestas novedosas frente a problemas distintos. Aparecieron actividades con criterios propios e iniciativas que revelan un grado de creatividad particular de los actores de cada Centro, vinculados a la realidad de cada barrio.
  • Los escenarios propuestos por el Equipo de Capacitación para su resolución permitieron visualizar un grado importante de dinamismo y flexibilidad para diagnosticar problemas, para diseñar respuestas y lograr consensos respecto de las alternativas.
  • La sustentabilidad de los Centros de DH y social es decisiva para lograr el mejoramiento de la gerencia social y la transparencia, asegurando que las acciones programadas lleguen a sus verdaderos beneficiarios o, en caso contrario, permita la más rápida rectificación de las mismas.

En el ámbito nacional, también se ha producido un importante avance en la evaluación de las políticas públicas estatales a partir del paradigma de Desarrollo Humano. Como consecuencia de una iniciativa de la Comisión de Ecología y Desarrollo Humano del H. Senado de la Nación, a partir de 1998, una vez al año el Jefe de Gabinete de Ministros informa a la Cámara Alta sobre las acciones y las principales demandas pendientes relacionadas con el Desarrollo Humano de los argentinos. Tal actividad promovería a la vez la producción de información estadística en función del paradigma del Desarrollo Humano, a la vez que se procuraría la desagregación de la información ya existente.

En la Argentina existen proyectos de ley para redistribuir la coparticipación federal de los impuestos en función de criterios de avance en Desarrollo Humano, aunque difícilmente puedan aprobarse en el corto plazo. Por ello, el Programa Argentino de Desarrollo Humano ha optado por una propuesta que responde a semejante debilidad institucional, procurando que cada intendente, cada jefe comunal, si no recibe los fondos en función del estado de situación de su municipio, al menos asigne los fondos que recibe en función de objetivos fijados participativamente a través de un acuerdo con la comunidad, con las instituciones sociales relevantes -las comunidades eclesiales, las organizaciones profesionales, empresariales o barriales, las cooperativas, etc.-, convirtiéndose en un agente real de Desarrollo Humano.

A tal fin, en el Informe de 1997 se promueve la conformación de una agenda municipal del Desarrollo Humano, procurando la formulación local de una tabla con objetivos mensurables en las diferentes áreas temáticas contenidas en tal concepto, cuya calificación de logro permite evaluar el desempeño de la comunidad en favor del Desarrollo Humano. Para el diseño preliminar de la agenda, para ponderar la valoración de las acciones, se ha convocado a un panel de intendentes seleccionados por su papel en la promoción de experiencias exitosas en actividades participativas y solidarias.

Es objetivo del Programa desarrollar con el tiempo un modelo de agenda para distintos tipos de municipios -pequeños, medianos, grandes, rurales, industriales, ricos, medianamente ricos, pobres, que expulsan gente, que atraen gente, etc.-, que si aún no se puede vincular directamente a la coparticipación de tributos, al menos permita hacer visibles las acciones que diariamente realizan los jefes comunales de los más de 1.920 municipios del país.

El asignar un esfuerzo conjunto entre el municipio y la comunidad para resolver problemas considerados prioritarios -y para ello precisamente medidos y expresados en forma de metas- puede generar un profundo incremento en la productividad social, sin que necesariamente se halle atado a una explosión en la disponibilidad de recursos fiscales. De esta forma, se estará llevando a cabo una revolución cotidiana, barata en términos fiscales pero que insume una gran masa de recursos sociales disponibles y hasta el momento poco aprovechados, silenciosa pero perdurable en el tiempo.

La difusión del paradigma del Desarrollo Humano también se ha extendido al ámbito universitario: se han firmado convenios con todos los rectores de las 36 universidades nacionales, cuyo objetivo inmediato consistió en la participación de las mismas en las investigaciones coordinadas por el Programa Argentino de Desarrollo Humano, pero se aspira a extender esa participación a través de la realización de otras actividades académicas conjuntas, tales como cursos, talleres, seminarios, investigaciones y pasantías.

Por último, en 1998 el paradigma del Desarrollo Humano ha sido adoptado por consenso de todas las provincias en la Asamblea del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (COFECyT) como base para definir las prioridades regionales de investigación en temas sociales. En el marco de un Convenio entre el Programa y el COFECyT, fueron consultados por las oficinas de Ciencia y Tecnología de cada provincia más de 600 especialistas que seleccionaron prioridades para el llamado a convocatoria para la presentación de proyectos de investigación y desarrollo.


Un Desafío Pendiente: El Informe Sobre Desarrollo Humano del MERCOSUR

El MERCOSUR es el proyecto más relevante que registra la reciente evolución económica, comercial y financiera de nuestro continente. Su consideración, ampliado por la participación de Bolivia y Chile -que también está asociado-, ha permitido el planteo de un interrogante: ¿qué es el MERCOSUR? ¿Es una agrupación comercial que solamente procura el avance de los intercambios, o implica una concepción cultural y política? ¿Es solamente una asociación para el libre comercio, una unión aduanera, o es una idea superior de integración política de identidad cultural común?

En las expresiones de los más altos representantes y mandatarios de los países integrantes, es esta versión la que se procura, este sueño -poco menos que una utopía hace pocos años atrás- que hoy se ha convertido en una realidad cada día más visible en el escenario mundial.

Nuestras comunidades aspiran a una integración superior, y ésta puede darse si caen los muros que obstaculizan el intercambio comercial, al par que se derriban las barreras que permiten las profundas diferencias observables en el seno de cada una de nuestras naciones. ¿Es el Desarrollo Humano del MERCOSUR un criterio unificador que deberíamos comenzar a analizar? ¿Se interpone este criterio como una suerte de realismo práctico entre las concepciones más universales y las particularidades de nuestras naciones?

Estos y otros interrogantes habilitan la iniciativa de promover la elaboración de un Informe sobre Desarrollo Humano del MERCOSUR.

En primer lugar, la conceptualización de la temática todavía tiene un largo espacio para recorrer, y para ello es bueno comenzar mediante el análisis de la experiencia que se ha acumulado al interior de cada una de nuestras naciones y nuestros esfuerzos. El análisis de las experiencias en el desarrollo conceptual podrá enmarcarse probablemente a través del intercambio de las metodologías diseñadas para la elaboración de los informes locales.

El pensamiento latinoamericano debe actualizarse, debe asumir nuevas funciones, nuevos roles y nuevas posibilidades creativas. El esfuerzo realizado desde distintos foros también tendría que formar parte de un Informe regional sobre Desarrollo Humano.

En el Informe Argentino de 1996 se hace una incursión bastante extendida sobre los grandes temas que hoy preocupan, que también son del Desarrollo Humano, pero no específicamente referidos a los que se manejan como indicadores convencionales del tema.

Otra cuestión relevante es el avance del mero nivel del diagnóstico hacia el de las propuestas de cambio, que se demandan inclusive desde el nivel político. La coincidencia en la mayoría de los temas -lo local, lo municipal, lo regional, dónde instalar los informes, su difusión y quién debe hacerse dueño de esta información- tratados en informes nacionales de la región, concebidos en forma independiente en cada país, es indudablemente reflejo de una potencialidad que podría canalizarse hacia la búsqueda de tales propuestas.

Por último, un Informe regional debería considerar la temática de la articulación del Desarrollo Humano con la sociedad civil. El Desarrollo Humano no brota exclusivamente del Estado, y es la comunidad la que tiene que entronizar estos nuevos valores y ver qué cooperación se puede brindar al descubrimiento de este nuevo paradigma.


El Futuro del Programa Argentino de Desarrollo Humano

En la actualidad, además de perseverar en la preparación de informes desde diferentes niveles estatales y comunitarios, el Programa aspira a fortalecer la perspectiva del Desarrollo Humano en el Poder Legislativo. Los informes producidos por instituciones provinciales, nacionales e internacionales podrán servir para promover la reflexión acerca de determinados aspectos relevantes de la realidad social que deben ser observados para formular, implementar o evaluar la eficacia de las políticas públicas. Pero el objetivo último de tales informes se alcanzará en la medida en que los poderes estatales incorporen esta perspectiva en cada una de sus normas.

Por otro lado, el Programa tiene entre sus capítulos fundamentales el de la ampliación de las capacidades de los poderes públicos desde el paradigma del Desarrollo Humano. En este sentido, se proyecta la continuación de la actividad desplegada a propósito de la elaboración de los informes provinciales de Desarrollo Humano, consistente en promoción, asistencia técnica y asesoramiento de los equipos redactores de tales informes. Ello redundará también en una mayor apertura del concepto de Desarrollo Humano desde el punto de vista regional.

Asimismo, se proseguirá con las actividades de capacitación que se han venido desplegando a través de cursos y seminarios en los niveles universitario y de postgrado, académicos, políticos y de la sociedad civil, ya que uno de los principios rectores del Programa Argentino de Desarrollo Humano es el de promover una integración entre los ámbitos académicos y políticos, con el objeto de favorecer la elaboración de diagnósticos y propuestas conjuntas que fomenten el despliegue de las oportunidades vitales de las personas y las comunidades.

Los decisores políticos requieren aportes de los sectores académicos que orienten su acción, así como las Universidades requieren información sobre las perspectivas políticas y estratégicas que guían el accionar del Estado. El Desarrollo Humano sólo es posible si se combinan acción y reflexión, la circulación del conocimiento y la consiguiente democratización del poder político y social, mediante una retroalimentación entre la formulación, la implementación y la evaluación del impacto de las políticas públicas.

Por otro lado, la difusión es otra tarea que será reforzada por el Programa, que hasta el momento ha sido llevada a cabo a través de la distribución de ejemplares del Informe en bibliotecas, en organismos ejecutivos y legislativos nacionales, provinciales y municipales, en universidades e institutos de investigación, asociaciones comunitarias e, incluso, a través del PNUD, a gobiernos extranjeros y organismos internacionales; el texto de todos los informes publicados ha sido diseñado y grabado en discos compactos que se distribuyen en diversos medios, ha sido incorporado para su consulta en la página del PNUD en Internet; también se han publicado contenidos de los informes sobre Desarrollo Humano en diferentes medios masivos de comunicación de circulación nacional y local, y por medio de la participación de los integrantes del Programa en audiciones radiales.

Para mitigar el peligro de que el Desarrollo Humano se convierta exclusivamente en una jerga propia de administradores y planificadores gubernamentales o de organismos internacionales, se debe procurar su difusión y comunicación a través de las extensas oportunidades que brindan los medios. Si ello sirve para promover la participación de la comunidad en la orientación de las políticas públicas, el Programa habrá dado un paso fundamental en el logro de sus objetivos. @








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