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   Edición 74 / Septiembre del 2000

Columnistas



Donar una Esperanza

Por Juan Javier Álvarez
info@ambiente-ecologico.com

Argentina


La esperanza es, quizás, lo último que se pierde. El hombre se aferra a sus brazos con la fuerza más extrema, a veces con todo su ser. En ciertos casos, el motivo de la espera es algo superfluo; en otros, en cambio, puede ser tan vital como cada uno de nuestros latidos. De hecho, y pensándolo bien, ciertas esperanzas pueden prolongarles...

Cuando todo se cifra en un transplante de órganos, de aquellas porciones de vida capaces de dar vida, entonces la espera puede tornarse en desesperación y angustia, en la medida que pasan los días infructuosamente.

El órgano no llega, y los tiempos del enfermo se acortan; su cuadro clínico se agrava, la voluntad flaquea y dramáticamente se suplica al cielo por un minuto más.

No se distinguen edades en esto; puede tratarse de un niño, postrado quien sabe desde cuánto tiempo; un niño que ya se olvidó de los juegos y las risas, del sol bañando su rosada frente, de la alegría de correr libremente; o tal vez, puede tratarse de una mujer joven, madre de varios chiquitines que no se acostumbran a un cuadro día a día más sombrío; o un hombre mayor, que forja toda una existencia de arduo y fecundo trabajo, y ahora, el destino le somete a tan dura prueba.

Y es que cientos de vidas penden, diariamente, de un hilo. De ese hilo dorado que forja las mejores sociedades y "toma" las decisiones más justas: la Solidaridad; ese acto desinteresado y altruista, que tiende una mano amiga a quien pueda precisarla. Sin importar nada, tan sólo ayudar. En este caso, nada más ni nada menos que a VIVIR.

Existe una manera generosa de dar vida, y es quizás, una de las más hermosas. Cuando ha finalizado nuestra existencia en este mundo, y nuestro cuerpo se destina, inexorablemente, al polvo, en ese momento, todavía puede vivir. No en nosotros, sino en ese niño, para que pueda correr, ver las flores y jugar; en el adulto, para que pueda volver con los suyos; o en la joven, que todavía espera ver crecer a sus hijos...

¿Quién puede discutir que tal entrega constituye, de pleno, el más elevado acto de amor al prójimo? ¿Puede alguien restar importancia a tal acto de ternura, comprensión y solidaridad?. Entonces, apoyemos la donación de órganos. Como una de las decisiones más importantes que podamos tomar.

Muchas vidas esperan todavía ese milagro de amor. Y está en nuestras manos hacerlo realidad. @






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