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   Edición 74 / Septiembre del 2000

Información General



Argentina:

Crisis Mundial y Propiedad Privada. Desde el Cooperativismo


Hacia un Nuevo Contrato Social


Por Edgardo Forn
De Cuadernos para la Emancipación
emancipa@infovia.com.ar

Argentina


El cuestionario propuesto por Cuadernos para la Emancipación en torno de "La crisis mundial y la propiedad", focaliza la mirada en un tema de candente actualidad cuyo tratamiento admite múltiples enfoques.

En nuestro caso, resulta oportuno actualizar los conceptos que emitimos al celebrar el Día Internacional de la Cooperación, donde procuramos trazar un sucinto diagnóstico de la realidad contemporánea y fijar propuestas superadoras desde el punto de vista de la economía solidaria.

Señalamos entonces que el movimiento cooperativo de nuestros días vive una circunstancia inédita, crucial y decisiva de su historia: como nunca, en más de un siglo y medio de existencia, las entidades de la economía solidaria confrontan su ideario y su gestión cotidiana con fuerzas globalizadas y avasalladoras que persiguen obsesivamente la acumulación de riqueza, el privilegio y el poder absoluto.

En esta dramática contradicción entre el humanismo y la ambición de lucro, hay mucho más que concepciones económicas contrapuestas. Hay dos culturas, dos enfoques civilizatorios: el de un mundo para pocos y el de una sociedad equitativa, con desarrollo sustentable y justicia social para todos los habitantes.

Las mujeres y los hombres de buena voluntad, los millones de seres humanos que sufren los ajustes permanentes, la postergación de sus anhelos, la incertidumbre sobre su propio futuro y el de las generaciones venideras se preguntan en esta encrucijada: ¿Cuáles son las razones de este momento histórico difícil, traumático y desesperanzador? ¿Dónde buscar las ideas y las fuerzas de los cambios indispensables? ¿Cómo poner fin a la exclusión social, detener la sangría del hambre y el desempleo?

Entre tantos interrogantes e incertezas, surgen cada vez con mayor intensidad pensamientos renovados, propuestas y caminos alternativos frente a una globalización que impone la impronta de los más fuertes, de los triunfadores de esta etapa histórica, del capital financiero internacional. Toma cuerpo la convicción de que no es inevitable el pensamiento único ni el modelo dominante durante la última década.

En esa línea de búsqueda y trabajo constructivo, la cooperación aporta experiencias exitosas concretas, así como un conjunto de principios y valores éticos que mantienen plena vigencia a pesar de la crisis ideológica con la que finaliza el milenio.

Un hombre, un voto; control democrático; integración y responsabilidad social de las cooperativas; son algunas de esas normas esenciales que definen un modelo diferente de propiedad y de gestión concebido desde y para la gente.

En efecto, la forma de propiedad y el estilo de gestión son dos de las claves para comprender las vicisitudes del presente y pensar en las transformaciones para el porvenir. Frente a la concentración de la riqueza y el poder, democracia económica y democracia política son las banderas que el movimiento cooperativo, junto con las expresiones plurales y genuinas de la sociedad civil, deben enarbolar para construir una sociedad más justa y un mundo mejor.

Millones de personas organizadas en cooperativas practican a diario esas reglas básicas, para producir y brindar servicios a sus asociados y la comunidad. Demuestran que es posible organizar la economía de un modo diferente, solidario, con eficiencia y competitividad.

Esta acción mancomunada debe estar respaldada por el papel indelegable del Estado, en la protección de la integridad territorial y la seguridad pública, en la administración transparente de sus bienes y recursos, en la sanción de normas legales que respeten la naturaleza de las entidades con fines sociales. Pero también a través de políticas activas que garanticen la educación, la salud, la vivienda y el empleo, que respalden e impulsen la investigación científica y el desarrollo de la tecnología, que fomenten a las Pymes y las economías regionales, que aseguren un contexto propicio en el que el cooperativismo y las más variadas formas asociativas puedan desplegar todas sus potencialidades.

Por este camino de ayuda mutua y esfuerzo propio, con un proyecto que conjugue en armonía el destino nacional con el de todos los pueblos del mundo, se puede construir un mañana promisorio. De lo contrario, sin ese nuevo e indispensable contrato social, sin solidaridad no hay futuro. @







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