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   Edición 73 / Agosto del 2000

Columnista


Año 2010:
Muerte y Destrucción en Dock Sud


Cuento: (Pero mañana puede ser una realidad)



Por Severo Alfredo Clavijo
Miembro del Consejo Asesor Ambiental del MAE
sclavijo@ambiente-ecologico.com

Argentina


Hace ya cinco días que se produjo en el área de inflamables y productos tóxicos del puerto de Dock Sud, lo que se venía previendo desde hace más de cuarenta años.

Recién ahora nuestro corresponsal pudo penetrar a las proximidades del área del desastre, en el grupo habitacional Nicolás Avellaneda" compuesto por once edificios que fueron construidos en la década del setenta. Allí vivían más o menos siete mil personas entre niños y adultos, familias humildes, trabajadores; la mayoría fue sorprendida durmiendo, pues, la tremenda explosión, que conmovió el Gran Buenos Aires fue oída en San Isidro a las 1:40 hs por uno de nuestros colaboradores mientras cubría una nota policial.

Se llevan contabilizados 5700 cadáveres de ese complejo habitacional mientras quedan algunos cientos dentro de los departamentos. Vidrios por doquier, puertas arrancadas de cuajo por la onda expansiva y riesgo de derrumbe de algunos edificios son lo que quedó. A pocas cuadras, se ve otro complejo de similar estilo, que lo ocupaban descendientes de la antigua compañía de energía eléctrica (SEGBA) y que también sufrió consecuencias parecidas.

El barrio aún compuesto por la tradicional construcción de chapa, que siempre distinguió al "DOKE" de otros, quedó literalmente arrasado. Casi nada está en pie.

Desde el piso 11 de uno de los edificios, -al que pudo ingresar el enviado de nuestro periódico- nos relata lo que vio:

"... Casi no pude contener las lágrimas. Conozco el "Doke" prácticamente desde que nací, ver las casas destruidas, los cadáveres en lo que fueron los patios, nunca pude imaginar nada parecido. Recuerdo cuando visitaba a un amigo que vivía en la torre 1 y observábamos el puerto desde su ventana, nos atraía como todo aquello que supone peligro y riesgo y comentábamos que algún día podía estallar todo como sí fueran fuegos de artificio. Fui a su departamento. Ya habían retirado los cuerpos. Encontré algunas fotos que hicimos en 1992..."

A nuestro corresponsal se le quebró la voz, nos dio las fotos, se ven las instalaciones del puerto en las que se aprecian los gigantescos depósitos de gas, cilíndricos y esféricos; las chimeneas arrojando espesas nubes de humo, un gran galpón con montañas de algo amarillo en su frente, otras donde se ve una extensa nube oscura que, ... -en este punto, ya repuesto se incorporó a la observación de las fotos y nos indica que cada una tiene explicaciones en su dorso-, y leemos: "Quema de desechos de petróleo, que YPF realiza casi siempre los domingos"; "Cía. Química Argentina, montañas de azufre al aire libre"; "Chimeneas de vapores sulfurosos de CQA"; "CQA: escape de vapor sulfuroso ¿EXPLOSIÓN?", son tres, están numeradas "Chimenea V.D.V", Chimeneas Shell cada una es un documento gráfico.

Nuestro corresponsal reinició el relato y nos dice: sucedió exactamente como cuando hacíamos la hipótesis de riesgo ambiental con mi amigo. Él había regresado en 1992 de los Estados Unidas de América con una profunda conciencia ambientalista. Ya por el '84 había participado en la fundación de un movimiento ecologista.

Él nos decía. "... El día que pase algo va a ser así: Se iniciará con un incendio en una de las destilerías o en un tanque, como tu sabes no tienen suficiente control de fuego, éste, se extenderá a las líneas de gas que estallarán envolviendo todo en llamas. Recuerda que el gas no se eleva, sino, que se expande a mediana altura, Todos los productos químicos en cadena, entrarán en combustión o evaporación por el calor, provocarán la muerte por asfixia y los que viven o trabajan en el puerto en su mayoría morirán quemados, pero, hasta doce kilómetros del área de la explosión inicial, sufrirán las consecuencias.

Ni la Casa de Gobierno se salva. Si sucede de noche será peor, porque la Central Costanera dejará de proveer energía en forma automática y gran parte de a ciudad de Buenos Aires se quedará sin luz. Sin posibilidad de cargar agua en las autobombas de los bomberos. Se interrumpirán las comunicaciones. Algo muy parecido a un terremoto de seis o siete puntos, con un agravante, que la nube tóxica quedará flotando a merced de los vientos, que si soplan del oeste salvarán bastante la situación, pero traerán problemas con el Uruguay que va apagar los platos rotos, sin comerla ni beberla.

Todo por la irresponsabilidad de algunos funcionarios que no supieron solucionar el problema del puerto a pesar de los pedidos que realizaron políticos y organizaciones no gubernamentales. Nos recordaba, que en 1982, durante el conflicto del Atlántico Sur, cuando él servía de civil en una base de comunicaciones, le indicaron que evacuara su familia más allá de Lanús por alguna suposición poco afortunada..."

Estamos en el año 2010. ha sucedido algo que pudo ser evitado. ¿Por qué quienes tuvieron las responsabilidades de proteger a la población no lo hicieron?. Nunca conoceremos la cantidad total de víctimas: muertos y desaparecidos. Hoy se enlutan los hogares de nuestro país y países vecinos, pues, como sabemos, en esa zona vivían y trabajaban muchos extranjeros.

Nunca sabremos las consecuencias totales, porque se registraron cientos de intoxicaciones por inhalación de gases desconocidos en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Aún la nube tóxica flota amenazante va con deriva oeste, vigilada por satélites y aviones meteorológicos argentinos y del pacto del Atlántico, al cual pertenecemos desde hace años.

Han concurrido para ayudar varias organizaciones internacionales de socorro. En el Uruguay, se han tomado toda clase de prevenciones ante la posibilidad del ingreso de la nube asesina a su territorio.

Hasta aquí, el relato de nuestro corresponsal destinado en el Dock Sud. El resto, lo dejamos a su imaginación. @



Este cuento fue publicado por primera vez en la publicación mensual "Ámbito Ecológico", Año 1, Nº 2, junio de 1993, página 3, propiedad de Multimedios Ambiente Ecológico. Su autor, Severo Alfredo Clavijo, nos muestra con sus comentarios, reflexiones y denuncia, la poca prevención ambiental y de seguridad que todavía "hoy" sufre esa localidad, separada de la ciudad de Buenos Aires, simplemente por uno de los cursos de agua más contaminados del orbe, el Riachuelo. Este cuento fue traducido en varios idiomas y reproducido en diversos medios gráficos, radiales y televisivos.







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