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Da el color al planeta en que vivimos, transforma todo lo que queda a su alcance. No sólo hace que el ambiente sea más fresco al permitir que la Flora pueda desarrollarse gracias a ella, sino que forma parte de cada uno de los habitantes de este planeta; incluso la encontramos en el interior de las rocas, aparentemente estériles, que aparecen doquiera que nos encontremos.
Son muchas las razones para estar agradecidos a este líquido dador de vida. No obstante encontramos procederes que no se pueden considerar lógicos, vista su importancia: contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, de los mares, desperdicios en cultivos foráneos, etc.
Según estudios realizados por las autoridades medioambientales de todo el mundo se debería declarar al agua como "especie en peligro de extinción". Cada vez llueve menos en muchas partes de nuestro planeta, y los periodos secos suelen dar paso a temporales de lluvias. Nos estamos quedando sin agua, la derrochamos como si no importara, como si fuera inagotable. Pero cada vez tenemos aguas de menor calidad. En España se ha visto que un 80% de las aguas interiores tienen graves problemas de salubridad. Uno de los casos más sangrantes lo encontramos en la cuenca del Segura. Este río funciona como auténtica alcantarilla a cielo abierto, en vez de llevar su fuerza vital a los sitios que visita. Pero por desgracia no es el único caso.
Desde muy antiguo se han utilizado los ríos para cada uno de los quehaceres cotidianos: se lavaba en los ríos, había que recoger de ellos el agua para beber, se saciaba la sed del caminante, etc; era otro elemento de la familia. Su sólida presencia contempló amores y juegos infantiles.
Hoy en día las personas han olvidado que cada litro de agua que se toma proviene de un río. Se olvida que si contaminamos nuestros ríos contaminamos la fuente de agua potable de la que dependemos. Parece que el agua nazca en las tuberías y que ese aceite de cocinar o de motor que solemos verter en el fregadero no pueda hacer mal. Es un error, le pasamos el problema a los que están río abajo.
Los ríos son el sistema circulatorio de nuestro país, auténticas arterias oxigenadoras de todo cuanto tocan. Gracias a él podemos disfrutar de cauces maravillosos, bosques de rivera, animales maravillosos como la nutria o el mirlo acuático, y están desapareciendo por presiones urbanísticas, extracción de áridos y campos de golf. Da igual, mientras podamos seguir abriendo el grifo. @

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