|
Quiero expresarles mi preocupación por una Ley, en trámite de aprobación, que autoriza la construcción de playas de estacionamiento subterráneo bajo distintas plazas de la Ciudad de Buenos Aires.
El problema es que la Ley hace sólo un listado de obras, sin indicar las previsiones ambientales que es necesario tomar. En una cultura administrativa en la cual a menudo se consideran los cuidados ecológicos como un gasto inútil, me parece necesario advertir sobre los riesgos que pueden tener estas obras si no se realiza su evaluación de impacto ambiental.
El Descenso al Corazón de la Ciudad
El primer aspecto se refiere al aire que se va a respirar allí abajo. En una playa de estacionamiento hay un intenso movimiento de automotores. Cualquier persona que recorra una playa similar, situada al aire libre, podrá percibir el olor de los hidrocarburos quemados. Son gases fuertemente tóxicos y que, además, son cancerígenos probados. Si esos gases pueden percibirse claramente al aire libre, ¿no será más grave su presencia en un lugar cerrado? Por otra parte, sabemos del riesgo de encontrar gas radón (radiactivo) en instalaciones subterráneas, de poca ventilación y que tengan grandes masas de cemento.
Esto supone la necesidad de un sistema de ventilación forzada para toda instalación subterránea (o simplemente, cerrada), en la que haya motores de combustión interna. Sin embargo, no hay nada en la Ley que plantee esa obligación al constructor o al concesionario, ni se la puede dar por implícita. Los antecedentes indican, más bien, lo contrario. Recordemos que en ningún momento se obligó al concesionario de los subterráneos a instalar un sistema de ventilación forzada, el que se está haciendo a un ritmo lentísimo y no por exigencia de la autoridad sino por el continuo reclamo de los usuarios. Es decir, que si la Ley no lo dice de un modo taxativo, vamos a ser responsables de someter a muchas personas a emanaciones cancerígenas.
¿Cómo vamos a respirar allí abajo?
En segundo término, se trata de obras que comprometen una amplia superficie de terreno absorbente. La Ley 123 de Evaluación de Impacto Ambiental considera que el impacto ambiental de obras de esta naturaleza es de relevante efecto. Es decir, se trata de obras que pueden afectar el poco suelo que actúa como regulador de inundaciones, al permitir que se infiltre una parte del agua de lluvia caída. Una losa parquizada no es terreno absorbente, en el sentido de que no puede filtrar hacia las napas subterráneas ninguna cantidad de agua llovida. Esas napas funcionan como un reservorio de agua de lluvia, que si no infiltrara, escurriría en superficie hacia los desagües y los arroyos entubados. Como sabemos, cuando llueve mucho, esos desagües no alcanzan y desbordan. Estas obras pueden agregarles más agua aún, al impedir la infiltración. Por ende, puede significar que en algunas zonas especialmente críticas se agraven los problemas de inundaciones.
¿Cómo vamos a sacar el agua de allí abajo?
En tercer lugar, son obras que, por su profundidad y su volumen, pueden alterar la dinámica del agua subterránea. Esto es un riesgo particulamente elevado, en un momento en que las napas de agua están subiendo en buena parte del Gran Buenos Aires. Las napas suben, principalmente por un manejo irresponsable de la empresa Aguas Argentinas. Esa empresa conectó agua corriente a miles de usuarios sin hacer la conexión de cloacas que hubiera permitido retirar de la zona el exceso de agua. El resultado fue la saturación de las napas, el desborde de los pozos ciegos y la inundación de los sótanos.
El agua subterránea escurre bajo el suelo hasta descargar en el Río de la Plata. Si se construyen grandes obstáculos subterráneos en una napa que desborda en todas partes, ¿no agravaremos el problema? ¿No hay, acaso, riesgo de aumentar los desbordes de la napa por estar dificultando su descarga en el río? ¿Cómo saberlo sin una evaluación ambiental responsable? No podemos hacer obras subterráneas de esa magnitud sin un adecuado estudio de cómo afectarán la dinámica hídrica.
Al mismo tiempo, si no tenemos ninguna política hídrica, ni somos capaces de prever cómo van a evolucionar las napas dentro de tres o cuatro años, ¿estamos seguros de que las playas de estacionamiento no van a terminar llenas de agua? Sería penoso que termináramos construyendo unas inmensas piscinas subterráneas.
Una Inmensa Piscina Subterránea
Se trata de un caso particular, pero que puede generalizarse. Mientras no se incorpore la perspectiva ambiental a todas las obras que realice la Ciudad, vamos a seguir encontrando efectos ambientales nocivos, producto de simplemente estar pensando en otra cosa cuando se diseñan las obras. @
Lic. Antonio Elio Brailovsky
Defensor del Pueblo Adjunto de la Ciudad de Buenos Aires
La página de Internet de esta Defensoría Adjunta es: http://defensorecologico.tripod.com
|