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   Edición 72 / Julio del 2000

Columnistas



El Mal de "la Vaca Loca"

Dr. Luis Reinaldo Fernández
Miembro del Consejo Editorial - MAE
lrf@ambiente-ecologico.com

Argentina


La Encefalitis Espongiforme Bovina (EEB) o enfermedad de "la vaca loca" sigue proyectando su sombra sobre Europa como algo incontenible, especialmente en Inglaterra donde esta situación no es nueva, generando muchos problemas en la ganadería y en las economías pero también amenazando la salud pública debido a la forma en que los seres humanos podemos contagiarnos la enfermedad, a través de los alimentos (carne y vísceras) o de la industria farmacéutica.

En los últimos años, además de Gran Bretaña, otros países europeos han informado casos de la enfermedad, entre ellos Bélgica, Holanda, Francia, Dinamarca, Portugal, Liechtenstein, Luxemburgo y Suiza. Asimismo, funcionarios de la UE han advertido que seguramente haya más vacas enfermas de lo que se ha detectado hasta la fecha.

Por otro lado, a principios de este año, los miembros de un grupo de asesores científicos de la Unión Europea advirtieron que millones de europeos pueden estar en peligro de contraer el mal de "Creutzfelst-Jacob" , la fatal versión humana del EEB. En tal sentido, desde que la forma humana de la enfermedad fue reconocida por primera vez en 1995, más de 35 personas han muerto por ella únicamente en Gran Bretaña. En la actualidad, los cálculos de cuántas personas puedan estar infectadas por el mal varían ampliamente.

En cuanto al origen de la enfermedad, durante las últimas décadas se realizaron grandes esfuerzos para caracterizar desde el punto de vista genético y molecular a los agentes patógenos que causaban el "scrapie" en animales y la enfermedad de "Creutzfeldt-Jakob" en humanos. Se sabe que dichas enfermedades son encefalopatías espongiformes transmisibles, (EET), ya que en su conjunto atacan al sistema nervioso provocando desórdenes degenerativos, dejando reducido el cerebro al aspecto de una esponja y provocando siempre la muerte.

Para la enfermedad causada en animales se utilizó el término inglés "scrapie" que significa raspar, por la tendencia de los animales infectados a rascarse o rasparse contra los postes o cercos de alambre. Esta enfermedad fue reconocida en manadas de ovejas hace ya 200 años, en cambio, la Encefalitis Espongiforme Bovina (EEB) o enfermedad de "las vacas locas" apareció recientemente y se convirtió en una epidemia en Inglaterra, donde se trata de controlar la enfermedad sacrificando las cabezas de ganado bovino como solución desesperada para evitar la propagación de la infección a otros animales y al hombre.

Siempre que aparecen enfermedades nuevas, el hombre intenta detenerlas y controlarlas, pero para ello debe conocer cuál es el agente etiológico que las provoca (un virus, una bacteria, hongos, etc.)

En esa búsqueda, durante la década de 1980, luego de años de investigación y de haber considerado erróneamente primero a un parásito y luego a un virus, se detectó el origen de la enfermedad a partir de experimentos con hamsters infectados, los cuales revelaron que el agente responsable es una proteína a la que se llamó "prion" .

Este descubrimiento no fue bien recibido ni rápidamente aceptado por la comunidad científica, porque resultaba difícil explicar un agente infeccioso tan distinto a los conocidos que provocaban el resto de las enfermedades transmisibles.

La pregunta que se planteó luego fue cómo y porqué aparecen estas proteínas, a la que surgieron varias formas para explicar los mecanismos por los cuales se presentan.

  1. Conversión espontánea de una proteína normal a una anormal
  2. Mutación en el gen que codifica para una proteína en las células germinales, por lo que los individuos que lleven esta mutación podrán padecer la enfermedad y además transmitirla a su descendencia (transmisión vertical)
  3. Transmisión horizontal entre humanos, animales o de animales a seres humanos

Hoy se sabe que el problema con la EEB se desencadenó al separar tempranamente a las crías de sus madres y alimentar a éstas últimas con productos proteicos derivados de la carne, hueso y otros despojos de ovejas contaminadas con "scrapie" (en alimento balanceado). Este procedimiento se siguió con el propósito de mejorar el rendimiento en la producción de leche, sin darse cuenta que estaban favoreciendo la propagación de la enfermedad.

También sabemos que los animales infectados sufren alteraciones del comportamiento, porte y postura, presentan reacciones desmesuradas al sonido y al tacto, caminan inclinados y muestran también signos que incluyen reducción en la producción de leche y comportamientos extraños durante el ordeñe. Además, cuando los animales mueren o son sacrificados, los estudios histológicos muestran vacuolización en el bulbo raquídeo y proteína priónica dispersa por el encéfalo.

Por otro lado, en relación a la transmisión a los humanos, nadie sabe certeramente cuánta carne infectada debe comer alguien antes de contraer el fatal mal que afecta al cerebro, o si algún otro factor debe estar presente también para que ello ocurra.

A su vez, todavía existen algunos interrogantes acerca de los modos de transmisión, por lo cual, se hace difícil adoptar las medidas más adecuadas para prevenir la enfermedad en forma definitiva.

Todas estas cuestiones han provocado un nuevo enfrentamiento entre Europa y América; confrontación que se vivió en la reciente Asamblea de la Organización Internacional de Epizootias (OIE), mayo de 2000, en cuyas sesiones se intentó modificar las actuales normas referidas a la importación y control de la enfermedad en el mundo, las que son consideradas poco claras y flexibles ya que cada país decide que regulación aplica para controlarla. En tal sentido, los europeos insisten en una norma que autorice, sin restricciones, la importación o tránsito de ciertos productos sea cual fuere el status sanitario del país exportador, en especial el semen, porque aducen que no está probado que transmita la enfermedad.

Al respecto, sería conveniente que nuestro país tenga absolutamente cerrado el ingreso de todo producto de origen animal de los países que hayan tenido algún foco del "mal de la vaca loca", pues, si bien la posibilidad de que el ganado bovino de nuestro país se alimente naturalmente de pastos aleja la idea de una epidemia como la que brotó en Gran Bretaña, el importante intercambio comercial de productos alimenticios y farmacéuticos existente en la actualidad sumado a la incertidumbre que hay aún sobre el mal, hacen necesario la adopción de medidas a fin de prevenir la enfermedad y así evitar problemas sanitarios, tanto en la ganadería como a nivel humano.

Una luz de esperanza sobre esta problemática enfermedad se ha encendido recientemente ante la aparición de un estudio publicado en la revista Science. Se trata de una investigación realizada por científicos del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos (Niaid), la cual determina que el mal podría ser tratado e inclusive prevenido mediante unos nuevos componentes denominados tetrapirroles cíclicos que han demostrado ser eficaces en ratones. A estos animales se les inoculó una variante de la enfermedad y los investigadores pudieron comprobar que los ratones a los que se les suministró este tipo de componentes vivían hasta 300 veces más que los no tratados.

Sin embargo, aún es insuficiente lo que se sabe acerca de la enfermedad y difícilmente se puede decir con confianza que esté bajo control. @








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