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   Edición 72 / Julio del 2000

Columnistas



Agroquímicos
en la Mira


Por Juan Javier Álvarez
info@ambiente-ecologico.com

Argentina


De uso prolongado en todo el mundo, los agroquímicos han permitido al hombre alcanzar mejores rendimientos en las cosechas a la par de controlar las plagas. Pero esta intención demostró otras aristas, al comprobarse los efectos altamente tóxicos de muchos productos sobre la salud animal y humana. Esta circunstancia obligó a organismos de meritorio prestigio a expedirse sobre el tema. Entre ellos, la Organización Mundial de la Salud (OMS). Veremos entonces los alcances y efectos de muchos agroquímicos, con el fin de conocerlos mejor, y tener presente muchas de sus nefastas consecuencias.

Sucede que la utilización descontrolada de plaguicidas trajo, como consecuencia, una reducción significativa en muchas especies de insectos, con el consiguiente aumento de ciertas plagas; y por otra parte, su acumulación y transporte en medios como el agua, por ejemplo, afectó a peces, contaminó vastas zonas, e involucro al hombre.

Puede mencionarse, como referencia, el hallazgo de peces con altos contenidos de mercurio; no obstante ello, y las advertencias de la OMS sobre el uso de productos a base de dicha sustancia, éstos se sigue empleando en muchos países subdesarrollados, con el peligro cierto para la salud. Pero vayamos a una breve sinopsis de ciertos compuestos, para luego esbozar algunas consideraciones importantes.

Para empezar, mencionaremos al antiguo DDT, elaborado durante la Segunda Guerra Mundial para erradicar problemas como el paludismo, por ejemplo. Su nombre real es dicloro-difeniltricloroetano, y está prohibido en nuestro país (Argentina), y en la mayoría de las naciones, lo cual no asegura que no se emplee encubiertamente en países del Tercer Mundo.

El PMA (acetato fenilmercúrico), muy utilizado para las lechugas, zanahorias y papas, nos abre, por su parte, el temido horizonte de la acumulación mercurial en el organismo. De acuerdo a estudios realizados en Japón, se pudo establecer que la pulpa de las mandarinas contenía mercurio, al ser tratadas con agroquímicos mercuriales. De más está decir que tal elemento pasa al ser humano cuando, sin darse cuenta de ello, se la lleva a la boca.

Sobre la presencia de mercurio en alimentos se han elaborado vastos estudios en diversos países del mundo, pero podemos citar el realizado por Westoo y sus colaboradores en 1965 (FAO-PL-1967), donde examinaron huevos producidos en Suecia, y pudieron establecer que el valor promedio de mercurio en los mismos, sobre la base de 79 muestras, era de 0,029 ppm, contra menos de 0,010 ppm en otros huevos producidos en Europa.

Esta es una muestra de las implicancias que pueden aparecer cuando se usan productos mercuriales. Pero veamos otros, tanto o más peligrosos.

HHDN (ALDRIN), muy utilizado en la protección de forrajes y cereales, también se halla prohibido en la mayoría de los países, incluyendo la Argentina. Sus efectos tóxicos son mucho más potentes que los del DDT, y se acumula en los tejidos. Se utilizó mucho en países tropicales para combatir moscas y mosquitos, a la par de empleársele como antipolilla.

CLORDANO, un pesticida totalmente prohibido en Argentina, encuentra su aplicación en la lucha contra las hormigas y avispas. A modo de ejemplo, basta decir que está considerado cinco veces más tóxico que el DDT.

LINDANO, de usos muy restringidos, está considerado tres veces más tóxico que el DDT. Cuando ingresa al organismo, este compuesto se acumula en el hígado, riñones y reservas grasas. Se ha demostrado que los niños y perros son muy sensibles al Lindano, que provoca trastornos digestivos y nerviosos. La aparición de cuadros convulsivos puede desencadenar en la muerte del afectado.

MALATION, producto usado para verduras y frutas, destruye los pulgones. Sumamente tóxico, se han encontrado restos de este compuesto en verduras y hasta en productos elaborados, como las mermeladas; estos hechos han llamado la atención de los países desarrollados y los organismos de salud, sobre la extensa incidencia de muchos plaguicidas.

PARATION (Etil y Metil), considerado ciento treinta veces más tóxico que el DDT, puede provocar la muerte de un hombre con dosis de 3-5 Mg./Kg. de peso corporal. El Metil es teratógeno, y prueba de ello podemos encontrar en la muerte de fetos y aparición de malformaciones físicas en Japón, hace años, relacionadas con Paratión-Metil. Producto también prohibido en nuestro país.

Podríamos continuar con otros agroquímicos. Mencionar biociógenos y anemiantes. Enumerar al HEPTACLORO, prohibidísimo en muchos países, cuyos residuos aparecen en carnes, grasas y leche; o al DINOCAP, CLOROBENCILATO, DIBROMURO DE ETILENO, ARSÉNICO y tantos más. Pero quizá no resaltaríamos lo importante, que es el control constante y pormenorizado que debe realizarse sobre el uso de los agroquímicos, y el rastreo de sus secuelas en los productos finales, sean éstos crudos o elaborados; hay que pensar en las consecuencias terribles que bajo la forma de muertes, malformaciones o cáncer, nos advierten sobre la extrema peligrosidad de ciertas conductas, tomen éstas la forma de negligencias, escasos controles, o intereses creados.

Nada puede, ni debe superponerse a la vida humana, y es por ello que el empleo de agroquímicos no debe escapar a la vigilancia estricta, como tampoco deben omitirse todas aquellas medidas de control sobre sus residuos, por las implicancias sobre la población.

Cabe mencionar que todos los productos en plaza deberían contar con extensos estudios de su impacto ambiental, como así también, en qué forma pueden afectar a la salud de personas y animales, pero no sólo a corto y mediano plazo, sino prolongar los alcances a largo plazo.

Otro punto en discusión es que suceden con las llamadas "dosis tolerables", es decir, ciertas cantidades de producto a que puede exponerse un ser humano sin producirle, aparentemente, daño significativo; muchos especialistas sostienen que, en materia de sustancias tóxicas o contaminantes, no existe ningún nivel, salvo la ausencia o cero, que no pueda originar alguna consecuencia en el futuro. Este es otro punto a tener en cuenta, y a dilucidar debidamente.

Destacamos que, sobre este tema, como en otros, el primer paso es tomar conciencia de la responsabilidad que, como sociedad, nos cabe a todos. Exigiendo y haciendo cumplir las normas establecidas, o instrumentando nuevas, con el fin de mejorar, en suma, nuestra calidad de vida. @






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