Por Milcíades Pinzón Rodríguez
La agricultura y la ganadería son las actividades económicas que en los últimos quinientos años han predominado en las provincias de Herrera y Los Santos; aunque tal hegemonía agropecuaria no excluye el aporte económico de otros rubros. Así, por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XX diversos productos se han sumado a la contribución que la región hace al país.
Esta realidad -poco estudiada y no siempre comprendida-, contrasta con las afirmaciones en las que se sostiene que la población azuerense ha sido reacia a la introducción de nuevas tecnologías; desconociendo que en la horticultura tenemos un vivo ejemplo de la receptividad provincial a las innovaciones agropecuarias.
Hoy día, y a contrapelo de la vieja tradición productiva peninsular, el Estado intenta diversificar la producción introduciendo la minería en la región. Como sabemos, este proceder ha generado reacciones de los grupos sociales que se consideran afectados por la naturaleza contaminante de la actividad minera.
La intensidad y vehemencia con que los santeños expresan su protesta, suscita en la comunidad nacional no pocos interrogantes que ameritan respuestas. Entre ellos podemos mencionar los siguientes:
- ¿Cómo se explica que un proyecto minero, supuestamente encaminado a promover la diversidad productiva, haya generado tantas protestas de los sectores populares santeños? ¿Acaso existe en todo ello un malsano propósito de rechazar el cambio social que pregonan los personeros de la modernización y la globalización?
- ¿Qué razones aducen los santeños para rechazar el proyecto?
- ¿Quién es Minera Cerro Quema S.A.?
- ¿Cuáles son los antecedentes de la minería en Azuero?.
Con el propósito de clarificar tales interrogantes, y de contribuir al debate que la minería ha generado en nuestra nación, las ideas que expongo van encaminadas a dilucidar erróneas percepciones sobre el tópico y pretenden lograr una aproximación al polémico tema de la minería en la Península de Azuero. En lo medular el trabajo aspira al logro de los siguientes objetivos:
- Determinar la trayectoria histórica de la minería en Azuero.
- Indicar las verdaderas razones que animan a la empresa minera.
- Exponer las razones opositoras del Frente Santeño Contra la Minería.
Todo lo anterior en el entendimiento de que el autor del escrito es parte interesada y no escapa -ni como profesional ni como santeño-, al ineludible deber de emitir su punto de vista.
Azuero: El problema ecológico y cultural
Lo primero que se debe aclarar sobre el problema, consiste en afirmar que la minería se suma al conjunto de factores que configuran la imperfecta incorporación de la provincia santeña al desarrollo nacional. Lo medular de esta integración -que se ha incrementado en la segunda mitad del siglo XX- radica en fomentar un modelo de desarrollo excluyente.
En efecto, la lucha entre la economía campesina y el sistema capitalista ha promovido cambios de todo orden en Los Santos. Entre ellos se destacan la valoración del recurso tierra, estímulo a la ganadería extensiva, migración interdistrital y provincial, deforestación y adulteración de manifestaciones folklóricas. Por el lado amable del cambio social se experimenta la elevación del nivel educativo de la población, mejoramiento del sistema de salud, crecimiento de la red vial y el desarrollo de los medios de comunicación de masas.
En el plano propiamente ecológico, Azuero presenta altos niveles de deforestación, deterioro de las cuencas en donde nacen los principales ríos, manejo inadecuado de los basureros municipales, extracción indiscriminada de cascajo y arena, abuso en la utilización de agroquímicos y otra serie de obstáculos que gravitan sobre la deteriorada calidad de vida del hombre azuerense.
Para comprender la incidencia de la minería, especial atención debemos dispensar a la naturaleza sociológica de la zona; porque a la hora de "vender" el proyecto minero, el factor cultural adquiere una dimensión no valorada por los defensores del aurífero yacimiento de Cerro Quema. Este imperdonable olvido ha llevado a la empresa a subestimar el poder contestatario que subyace en la arraigada identidad cultural del hombre que mora en las faldas de Cerro Quema y Canajagua. Porque, en el caso que nos ocupa, estamos ante un istmeño para el que la tierra es parte consustancial de su existencia, un ente cultural que tiene por norma la consulta, el respeto a sus tradiciones y una acendrada ética del trabajo colectivo que heredó de la tradición hispanoindígena de la junta.
Tampoco debemos desconocer que la región de Tonosí( área de influencia directa de la mina ) guarda en su historia los antecedentes de dos frustrados intentos de implementar proyectos que han sido traumáticos para ese distrito. Tales los casos de la Tonosí Fruit Company y el Desarrollo Rural Integrado del Valle de Tonosí.
La comprensión integral de la cuestión minera en la aludida provincia debe analizarse considerando las secuelas que el "desarrollo" ha estimulado en la tierra del Dr. Belisario Porras Barahona y Francisco Samaniego. En este marco el problema minero no es un asunto que podamos desligar del cambio social y cultural que ha vivido la región en lo que va de la presente centuria. Por ello, una mirada retrospectiva a los antecedentes de la minería en el área ayudará a ubicar el problema.
En la región azuerense el interés por metales preciosos se remonta al Período Colonial. Al leer las crónicas de aquella época (Lic. Gaspar de Espinosa) queda plasmada en ellas que el aurífero metal se encontraba en la provincia de "Huera" (probablemente Güera); lugar que ubica el cronista "cuatro jornada adelante de la dicha provincia de Guararí". Además, el conquistador español señala la existencia de los cacicazgos por él denominados "provincias" de Querna (¿actual Quema?) y Usagaña. Afirma el cronista en su Relación que en la provincia de Usagaña se encontraron diez jabas de oro. Dice Espinosa que tenía noticias de que en la provincia de Quente se encontraba el cacique París.
Como vemos, las informaciones históricas confirman la existencia de lo que podemos denominar la "ruta del oro" en Azuero. Es decir, la aurífera caminata de los españoles de hace cinco siglos coincide con la actual zona en donde las empresas mineras intentan establecer sus "reales". Observemos que la circunscripción administrativa, que antaño los españoles denominaron "provincias", corresponde a los actuales distritos de Tonosí, Macaracas, Los Pozos y Las Minas.
Desde las anotaciones del siglo XVI, hasta finales del siglo XIX, no existen referencias de actividad minera en la región. Sabemos que en el decimonono (1895) un ingeniero de minas inglés arribó a la región. Se trata de Maurice Hooper, quien se establece y casa en la población herrerana de Las Minas. Hooper desarrolló un pequeño proyecto minero del tipo socavón en el actual distrito herrerano. Aún hoy encontramos algunos vestigios de la llamada mina de El Gallo, actividad que por su magnitud no tuvo implicaciones ecológicas.
Un antecedente menos conocido se refiere a la presencia en la región de Quema de un alemán; teutón que el pueblo aún recuerda como Julio Esthuar, quien al parecer extrajo oro por métodos artesanales en la sección del Río Quema que se conoce como Río Abajo. Según declaraciones de uno de sus nietos, Esthuar era un médico militar que llegó a la zona en el año 1903 y su labor extractiva se extiende hasta su fallecimiento en la década del treinta. La tradición lugareña acertadamente lo ubica en la primera mitad del siglo XX e incluso relata su trágica muerte en las astas de un toro.
En nuestra pesquisa histórica hemos comprobado que durante el período que transcurre desde Hooper hasta la actual década del noventa, la actividad de extracción de minerales se reduce a materiales pétreos (canteras) para la construcción de caminos y viviendas, uso de piedras de ríos y arena del mar para las edificaciones; actividad que en los últimos años ha generado un soterrado debate entre ecologistas y empresarios azuereños. Una excepción a ello la encontramos en la industria de la caliza; roca sedimentaria cuyo procesamiento industrial se desarrolló en Tonosí en la década del ochenta (¿1983?).
Los primeros estudios científicos sobre la minería en la región se realizan durante la década del sesenta, época cuando una misión científica, con el auspicio de la Naciones Unidas, determinó que en las provincias de Herrera y Los Santos existía alta posibilidad de explotación de oro, cobre y molibdeno.
Dos décadas después, hacia los años ochenta, la empresa panameña CEMSA (Compañía de Exploración Mineral S.A.) hizo otro tanto y entre 1990-1994 las investigaciones fueron responsabilidad de Cyprus Minera de Panamá, una subsidiaria de la Corporación norteamerica Cyprus Amax, con sede en Denver Colorado.
Recientemente otras empresas de exploración minera incrementan sus actividades en el área. Como consecuencia de ello se realizan labores de exploración en los distritos de Los Pozos, Las Minas, Macaracas y Tonosí. En este marco, y como productos de la búsqueda del codiciado metal aurífero, una empresa de capital canadiense busca implementar el proyecto minero de Cerro Quema. @
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