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   Edición 71 / Junio del 2000

Flora




El Avellano...
Magia de Fecundidad

Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en España del MAE
hu@nexo.es

España


El avellano (Corylus avellana) es espontáneo en casi toda Europa. Desde la última glaciación se convirtió en una especie común en el sotobosque de abetos. A veces, incluso desplazando a los árboles mayores, para constituir avellanares más o menos extensos. Le gusta la niebla y la humedad atmosférica, contribuyendo a mantenerla. Actualmente, el límite septentrional de esta especie ronda al paralelo 63º, por el sur llega hasta el Norte de África y se extiende por el este hasta Armenia.

Se tienen noticias de su cultivo en documentos que datan del siglo IV a.C. Este árbol es poco exigente en cuanto al clima, y puede resistir inviernos muy fríos. Sin embargo, para una buena fructificación debe ser cultivado en zonas bien aireadas y de abundante insolación. Prefiere los suelos frescos, ligeros, profundos y permeables. Acepta el cultivo en secano, pero si la pluviosidad es baja, el rendimiento disminuye.

El avellano no es apreciado únicamente por las famosas avellanas, para la obtención de las cuales se han formado muchos avellanares, sino también por su madera fácil de tallar, flexible, dura y resistente; se ha empleado en cestería, tonelería y fabricación de bastones, aunque esta madera no es muy duradera y precisa utilizarse en ambientes secos. Antiguamente se usaba para la elaboración de lana vegetal. El carbón obtenido de esta madera se utiliza con fines medicinales y para la fabricación de carboncillos para el dibujo. El nombre de avellana proviene del latín abellana nux, nuez de Abella, ciudad de Campania (Italia) donde abunda.

El árbol no presenta un tronco principal definido, sino que está muy ramificado desde la base, por lo que puede presentar un porte arbustivo o arbóreo, según se pode. En estado natural, es difícil que el árbol se decida por una rama en particular, para formar el tronco del árbol, generándose un arbusto de 4 a 7 metros de altura.

La floración es muy precoz, en febrero y marzo. Los amentos masculinos son simples y llegan a medir 6 cm. Las flores femeninas tienen un cáliz denticulado en la cima y están dentro de las yemas, de las que sobresalen los estigmas rojos. Confían al viento el polen, para que se realice la fecundación.

El fruto es monospermo e indehiscente, con una cubierta o pericarpo leñosa, en cuyo interior se halla una semilla esférica aceitosa, de pulpa blanca y sabor agradable, la avellana, que se presenta envuelta en un involucro foliar, constituido por brácteas soldadas. Alcanza la madurez en agosto.

Entre los frutos secos, la avellana es el segundo en importancia económica, después de la almendra. Son numerosas las aplicaciones para la industria alimentaria. También se obtiene un aceite que es usado en la elaboración de alimentos, perfumes y jabones.

Los principales países productores son: Turquía, con más de la mitad del total mundial, Italia es el segundo país, con alrededor de un tercio, seguido de lejos por España. A diferencia de otros frutos secos, su cultivo no fue iniciado por los romanos, sino que en España procede del siglo XVII. En la actualidad el 91,5% de la superficie destinada a este cultivo en este país se halla concentrada en la provincia de Tarragona.

En jardinería se utiliza mucho la variedad contorta, denominada también avellano sacacorchos por el retorcimiento de sus ramas, formando un exótico arbolito con muchas ramas finas, completamente ensortijadas. Otra especie afín es el avellano de Turquía (Corylus colurna). La principal diferencia con el común es su porte erguido, piramidal, pudiendo alcanzar los 25 metros de altura. Es un árbol maderero, que se emplea en jardinería para alineaciones.

Este árbol y su fruto ha desempeñado un papel importante en diversos pueblos europeos como árbol de fecundidad. Idun, diosa escandinava de la vida y de la fertilidad, es liberada por el espíritu de hogar, el dios Loki, transformado en un halcón que se la lleva en forma de avellana. En un cuento islandés, una duquesa estéril se paseaba por un avellanar para solicitar a los dioses que la vuelvan fecunda. En otras partes se azotaba a las mujeres estériles con ramas de avellanos para hacerlas fértiles. En la región ucraniana de Volinia, durante los banquetes de boda, la suegra lanzaba a la cabeza del yerno avellanas y avena, para que él cumpliera con su papel de agente de fecundador de la mujer y del campo.

En Alemania se empleaba la expresión "romper avellanas" como eufemismo de enamoramiento. Realizar el acto sexual, se decía ir al avellano tanto en Francia como en Alemania. La avellana aparece a menudo en los ritos de casamiento en este último país. En Hannover, la gente gritan - ¡Avellanas!, ¡Avellanas!- en las bodas. La costumbre exigía que la recién casada repartiera avellanas al tercer día de su boda, como señal de que el matrimonio había sido consumado. En muchos países europeos existen canciones y danzas que hablan del avellano como fuente de fertilidad y erotismo.

La fecundidad del espíritu conduce a la inspiración. En Irlanda existe un río llamado Boyne, según una antigua leyenda, sus aguas procedían de la fuente de inspiración, habitado por peces moteados que cantaban, todo ello bajo la sombra de los nueve avellanos del arte poética.

A veces la fecundidad se une con la magia. Para los celtas el avellano era un árbol mágico y la avellana un fruto de ciencia. Uno de los reyes míticos de Irlanda se llamaba MacGuill, hijo del avellano fecundo. En Normandía se aseguraba que para que una vaca diera leche había que golpearla tres veces con una varita de avellano. En un proceso contra la brujería en Hesse (Alemania) de 1596, quedó escrita esta creencia en las actas oficiales, pero como obra del diablo.

Durante la noche mágica de las hogueras de San Juan en Ciudadela, Capital histórica de Menorca, es costumbre que los muchachos arrojen cáscaras de avellanas a las muchachas casaderas y viceversa.

Por extensión de su función de árbol de la fecundidad en la Edad Media los buscadores de oro utilizaron varitas de avellano en forma de Y griega para encontrar estos frutos escondidos en el vientre de la tierra. Mención aparte merecen los zahoríes, dotados de una especial sensibilidad para encontrar agua, elemento fundamental para todo ser vivo; estas personas, armadas con una horquilla de avellano sostenida firmemente, pero sin crispaciones "para notar las corrientes", recorren el terreno hasta que el extremo de la horquilla comienza a vibrar y se curva hacia el suelo. Allí justo bajo su pies, está el agua.

El padre Benito Jerónimo Feijoó, trata extensamente de este tema en el discurso quinto del tercer tomo de su "Teatro crítico universal", contrastando distintas hipótesis de filosofía exotérica, existente en el siglo de las luces, apoyada por la superstición reinante entre la población iletrada. Esto hacían que muchos farsantes atribuyeran a su vara poderes sobrenaturales para averiguar cualquier cosa que su incauto público le solicitara, como fue el caso de Jacobo Aimar, cuyo poder de adivinación se extendió por toda Francia, hasta que fue desenmascarado por el Príncipe de Condé.

Al principio nadie atribuía a la Vara de Avellano otra virtud que la de descubrir metales, y fuentes. Después se extendió a manifestar los términos de los campos, y los autores de homicidios, robos, y otros delitos. Finalmente, ya no había cosa oculta que no creyesen los vulgares podía ser revelada por medio de la Vara Divinatoria. Mr. Buisiere dice que cuando Aimar entró en París, uno llegó a preguntarle si el verdadero cuerpo de un Santo era el que se veneraba en tal Iglesia: que otros le mostraban las reliquias que tenían para que los desengañase si eran verdaderas. Que él mismo conoció a un Oficial mentecato que le dio dos escudos porque le dijese si una mujer, con quien trataba casarse, era doncella.

(B. J. Feijoo, Teatro crítico universal)


Entre todos los árboles, ¿por qué es de avellano la vara elegida?. El avellano es un árbol que inspira fecundidad. Genera muchas ramas, desde el mismo suelo. Parece como si no quisiera separarse de la tierra donde reside la humedad y las corrientes de agua, que no deben de estar muy distantes, para que el árbol prospere. Sus amentos colgantes y la flexibilidad de sus ramas hacen que este árbol continúe apuntando al agua subterránea, en vez de ganar altura, como casi todos los árboles que crecen junto a los manantiales. Sus ramas indican que su interés no está en el aire, sino en las aguas, conciliándose elementos tan opuesto como raíces y ramas. Quizás por ello, el avellano significa reconciliación en el antiguo lenguaje de las flores; uno de los sistemas de comunicación en tiempos antiguos, cuando las normas sociales impedían cualquier acercamiento directo entre jóvenes de distinto sexo.

Pero entonces, me hice semejante al avellano
que presto florece en los meses sombríos
y deja esperar mucho tiempo sus deseados frutos.

(Hadewijch de Anvers)
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