|
Son las cinco de la mañana y Tumupasa, una aldea nativa anclada en la amazonía boliviana, despierta de su letargo sólo por el ruido inesperado de algunos camiones madereros. Hace muchos años que se construyó una carretera de ripio que va desde San Buenaventura --pasando por Tumupasa-- hasta Ixiamas, el último centro poblado y capital de la provincia Abel Iturralde en el departamento de La Paz. Hace muchos años también que los pobladores de Tumupasa están acostumbrados a ver pasar camiones cargados de madera y al ruido de las motosierras. En poco tiempo lo que antes fue una tupida vegetación se convierte de a pocos en un paisaje deforestado y una amenaza directa al vecino Parque Nacional Madidi, una de las áreas naturales más ricas en diversidad biológica existentes en Bolivia.
Madidi es una extensa y compleja geografía compuesta por glaciares, pampas, bosques tropical, nuboso y seco de aproximadamente 1.9 millones de hectáreas de superficie en total que fue declarado como Parque Nacional por el gobierno boliviano en 1995. Por la complejidad de sus pisos ecológicos y la variedad de su clima, Madidi posee además una incomparable y rica diversidad biológica en especies de flora y fauna, muchas de ellas todavía desconocidas para la ciencia.
Desde un camión detenido junto a una fonda escucho un ruido de motosierras que unos cuartoneros o taladores locales preparan para entrar al monte. En su mayoría son jóvenes que viven en poblaciones aledañas, contratados por empresas madereras o madereros artesanales que llegan de fuera atraídos por los recursos forestales de la región, y que ingresan al monte para trabajar como guías en la ubicación de especies forestales y en el corte y traslado de la madera a los diferentes campamentos ubicados en el eje carretero o a orillas del río Beni.
--Es la única actividad que tenemos para sobrevivir-- dice un joven poblador mestizo de la zona.
La vida en Tumupasa, al igual que en los otros poblados periféricos del lado de influencia oriental a Madidi, ha cambiado significativamente en los últimos años, en gran parte por efectos de la influencia del boom maderero, produciendo otras necesidades en la población que adopta nuevos valores y costumbres. La población migrante en su mayoría está compuesta por gente que establece negocios o se dedica a la actividad maderera temporal mientras desarrolla actividades agrícolas y pecuarias en chacras familiares.
La tala y quema de árboles para habilitar nuevos terrenos de cultivo es también una práctica común en agricultores mestizos que utilizan estas técnicas con el propósito de generar mayores niveles de producción, pero que en la práctica terminan por disminuir las áreas boscosas debilitando aún más el frágil suelo amazónico y haciéndolo improductivo para nuevas siembras.
La extracción de madera es una actividad que está causando un gran impacto en el ecosistema de la región. Las áreas deforestadas crecen cada vez más en la medida que se intensifica la presencia de empresas madereras y cuartoneros. Esta presión intensa significa una seria amenaza a la flora y fauna de Madidi que ve alterado su ciclo biológico y su vigencia como área natural.
Los cuartoneros permanecen uno o dos meses promedio en el bosque, dependiendo de la cantidad y el tipo de madera extraída, tiempo durante el cual cazan animales de monte para su alimentación y, en otros casos, sacrifican especies valiosas como los guacamayos para extraerles las plumas que representan un valor significativo en el mercado. Es común también la captura de otros animales silvestres para venderlos como mascotas o cambiarlos por productos.
--Desde el ingreso de las empresas madereras --dice un cuartonero de Ixiamas-- se ha podido generar trabajo.
Este argumento para justificar la depredación de las áreas boscosas es poco convincente en la medida que no siempre la falta de empleo fue una necesidad en estas poblaciones. Los nativos originarios que habitan ancestralmente la región conocen muy bien el manejo sostenible del bosque y los recursos naturales, y practican --ahora con mucha mayor dificultad que antes-- actividades de subsistencia que les permitía sobrevivir satisfactoriamente en sus comunidades. La caza, pesca y recolección sostenible ha sido durante mucho tiempo actividades básicas de sobrevivencia que, por el ingreso galopante del boom maderero, han disminuido considerablemente en los últimos años produciendo otras necesidades en los nativos para sobrevivir.
Eco Bolivia es una organización ecologista que viene trabajando de cerca durante estos años con las poblaciones indígenas periféricas a Madidi, en una propuesta novedosa que busca recuperar la cultura tradicional local integrándola a la conservación de recursos, promoviendo la recuperación de diversas técnicas tradicionales de manejo que permitan garantizar la ya amenazada conservación de la diversidad biológica del Parque desde los mismos grupos humanos involucrados.
Para este fin se desarrolló un diagnóstico socioeconómico en catorce comunidades nativas colindantes a Madidi, que Eco Bolivia ejecutó como parte de un proyecto mayor de titulación de tierras indígenas promovidas por el Gobierno boliviano entre 1995 y 1996, en coordinación con grupos de base, gobiernos locales e instituciones públicas y privadas.
La iniciativa del Gobierno de titular las tierras que actualmente ocupan los tacanas, en el área de influencia a Madidi, responde al hecho de que esta zona es altamente vulnerable por la creciente presión migratoria de los últimos años que en su mayoría se dedica al cuartoneo (extracción artesanal de madera) introduciendo diferentes formas de manejo y explotación de recursos, así como de algunas empresas madereras que extraen alegremente la caoba y otras especies forestales, nativas y exóticas, sin una política alternativa a cambio, produciendo erosión y desertificación de suelos con la consecuente desaparición de valiosas especies de flora y fauna que habitan en Madidi.
--Necesitamos tener la seguridad de que estas tierras son legalmente nuestras-- dice un líder tacana de la comunidad indígena de Buena Vista ubicada en las proximidades al Parque.
Hace muchos siglos que los tacanas habitan estas tierras con un manejo sostenible y un dominio tradicional sobre ellas, pero no con un título de propiedad que les garantice el derecho legal sobre las mismas. Esto sin duda podría ocasionar un serio problema a futuro tomando en cuenta que el manejo sostenible de recursos, así como el conocimiento sobre la importancia que tiene Madidi se constituye en una labor de trabajo prioritaria en esa zona.
Pensar en una alternativa de desarrollo en la región es pensar también en estrategias sostenibles y eficaces de manejo. En este sentido una actividad como el turismo comunitario, puesto en mano de los propios indígenas, garantizaría no sólo una mayor protección del Parque sino un desarrollo sostenible eficaz. Sin duda una propuesta interesante frente al recurso forestal que se agota-- incluso para aquellos sectores que sólo ven en el extractivismo y la depredación las únicas alternativas posibles de desarrollo.
A pesar de todo esto, en agosto de 1998 el Congreso boliviano decretó una ley para la construcción de una represa hidroeléctrica en las proximidades a Madidi sobre el río Beni, aprovechando los estrechos favorables que ofrece este río para la construcción de la obra. Sin embargo, la formación del lago como producto del embalse de las aguas, el posterior desplazamiento de la población nativa afectada y la pérdida irreparable de enormes cantidades de flora y fauna, representan ahora una nueva amenaza a la integridad de Madidi.
Se calcula que en la construcción de la represa hidroeléctrica se verían afectadas unas 300 mil hectáreas del Parque. Algunos ecologistas y otros sectores de la población han comenzado ya ha expresarse para impedir otro atropello ecológico más que en nombre de la modernidad y el progreso terminarán por liquidar otro espacio importante de vida para la humanidad.
(*) Dr. José O. Cabanillas Núñez - Sociólogo peruano, asesor en Desarrollo Rural, Ecología y Asuntos Indígenas.
|