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   Edición 71 / Junio del 2000

Información General



Una Reserva Provincial que Nació
con el Pan Bajo el Brazo


Por Mariano Guerreño
Dpto. de Prensa
Secretaría de Desarrollo Sustentable y Política Ambiental
mguerreno@sernah.gov.ar
www.medioambiente.gov.ar

Argentina


El 23 de mayo pasado se firmó un acuerdo entre la Secretaría de Desarrollo Sustentable y Política Ambiental, y el Ministerio de la Producción de la Provincia del Chaco que asegura el aporte de fondos y apoyo técnico para la implementación y mantenimiento de una nueva reserva natural provincial en el corazón del Impenetrable chaqueño. La importancia de este hecho radica en que los fondos que mantendrán la reserva (que serán utilizados para delimitación, cartelería y honorarios de los guardaparques) no provienen del Estado nacional ni del provincial sino de privados que utilizan recursos faunísticos de la provincia.

La reserva en cuestión tiene aproximadamente 17.500 has, fue creada por el Gobernador de la Provincia del Chaco, Ángel Rozas, a fines de 1998 y tiene por objeto asegurar la conservación de una porción del ecosistema denominado "Chaco Seco". Allí se protegen bosques de "Quebracho Colorado" y "Quebracho Blanco" y, desde luego, toda la fauna asociada que los habita.

Entre otras, están presentes especies en peligro de extinción como el Yaguareté (Phantera onca) y el Tatú Carreta (Priodontes giganteus) y también otras mucho más abundantes pero también valiosas por otros motivos como el Loro Hablador (Amazona aestiva). Esta especie de loro es justamente la que genera los fondos para conservar la reserva. ¿Cómo es esto posible?

Desde hace algún tiempo, la Secretaría puso en marcha un Proyecto de aprovechamiento sustentable del Loro Hablador en cinco provincias (Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Formosa y El Chaco). El mismo permite a los pobladores rurales (indígenas y criollos) colectar una cierta cantidad de ejemplares pichones y venderlos, pero siempre bajo normas muy estrictas para no ir en detrimento de las poblaciones de esta especie. Los loros son luego exportados como mascotas y, por cada uno de ellos, los exportadores tienen que obligatoriamente aportar fondos para mantener todas aquellas nuevas reservas que las provincias declaren para proteger el hábitat del Loro Hablador.

La firma del convenio es el inicio de un novedoso rumbo para conservar la naturaleza: se permite aprovechar las especies silvestres siempre y cuando esto beneficie a las especies mismas (asegurando la conservación de su hábitat que es justamente el punto crítico) e implique un sustancial beneficio económico para los pobladores locales.

Con respecto a este último punto, la legalización del comercio de loros ha tenido interesantes consecuencias. Los indígenas y criollos que se dedican a esta actividad sacan menos loros que cuando comerciaban ilegalmente pero, por cada ejemplar, reciben ahora seis veces más dinero (u$s 30) que antes.

Además, comienzan a evaluar que les conviene mucho más sacar loros que vender rollizos de Algarrobo (a u$s 6 la tonelada) o de Quebracho (u$s 8 la tonelada) y entienden que, en un futuro sin bosque, tampoco habrá loros ni otros animales para vender o comer.

Esto no es ni más ni menos que la consecuencia más deseada del uso sustentable de la vida silvestre: si los propietarios u ocupantes legales de las tierras obtienen una alta rentabilidad a partir de productos de la naturaleza, mantendrán los ecosistemas naturales en pie y funcionando y reducirán o descartarán aquellas actividades productivas que ocasionen alto impacto sobre los mismos.

En la región chaqueña, el desmonte para cultivos y el uso forestal intensivo han sido y son la principal causa de la desaparición del bosque y su fauna asociada. Pero, y fundamentalmente, en muchas zonas la relación entre falta de recursos y conservación de la naturaleza es sumamente estrecha. A medida que los recursos escasean, la creciente población rural de esta región comienza a sobre explotarlos tan solo para continuar sobreviviendo en condiciones de pobreza y se condenan a un futuro incierto o a la migración hacia los suburbios de centros urbanos. Ya es hora de considerar otras alternativas productivas que aún generando igual renta, mantengan vivos a los ecosistemas chaqueños y a la gente que los habita.

Usar la fauna y la flora silvestres no es un problema si se hace con la planificación y los recaudos adecuados. Sólo hay que reinvertir en la naturaleza una parte de lo mucho que sacamos de ella. Con la firma del convenio que asegura fondos para reservas naturales a partir del aprovechamiento de Loros Habladores se acaba de dar el primer paso. @







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