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Existen tres formas clásicas de eliminación de Residuos patogénicos, como lo son la incineración, la termólisis y la esterilización. De estos tres métodos hay ventajas y desventajas que hacen factibles la toma de decisión por uno o por otro.
No obstante frente a la propuesta fundamentalista de algunos ecologistas, tomar una posición distinta a la de la esterilización, es una fuerte decisión política, ya que valiéndose de un parámetro equivocado descartan de plano los hornos incineradores sin escuchar justificación científica esgrimiendo teorías erróneas.
Sin detallar al máximo estas ventajas y desventajas pasaremos a algunas de ellas:
Si bien la esterilización no produce contaminación al aire, y muy poco en sus efluentes líquidos, la reducción de residuo es sólo de un 65%, el resto se debe volcar en rellenos sanitarios controlados, cumpliéndose con las normas de la OMS que en el país no existen, a sabiendas que el lixiviado del mismo es contaminante. No hay una certeza total que la destrucción de las esporas sea efectiva en un 100% a pesar que las pruebas con los bioindicadores dieron resultado negativo, pero estos bioindicadores no son el total de los esporulados, no destruye las sustancias químicas (medicamentos vencidos, drogas de usos analíticos y hospitalarias, etc.) y sustancias radioactivas entre otras.
La termólisis, aún muy poco difundido, es un tratamiento pirolítico en ausencia de oxígeno, trabaja a baja temperatura -aprox. 500ºC- donde los residuos son productores de alto poder combustible, tanto los gases como los carbones que se forman pasan a ser materia prima.
Durante la deshidratación y calcinación se produce un efluente líquido que se reutiliza en el lavado de los gases, eliminándoles a estos de los contaminantes, y a la vez este efluente debe ser tratado en lagunas. Reduce el volumen en un 90%, esta reducción aún es mayor si al polvo se lo mezcla con los hidrocarburos y se forman los carbones reutilizables para quemarlos con una generación de 4000 a 6000 Kcal/Kg.
Por último nos queda la incineración como método, tal vez el más eficaz, es el de menor costo pero el más rechazado por los ecologistas, aduciendo la formación de dioxinas y furanos, si bien dicen que en el mundo "civilizado del Norte" cada vez es menor el uso de los hornos, pero esto se debe a que el Norte no sólo trata al patológico sino casi un 60% del residuo sólido urbano, de los cuales estos forman aprox. 54-100 ng l-TEQ/Nm3 y los patológicos sólo son formadores de dioxina y furano en un 10% de ese valor, a modo de ejemplo es también la 1/10 parte de la dioxina que se forma con respecto a la emanada de un incendio Forestal y un porcentaje aún menor con respecto a la que se forma de una incineración espontánea de un basural.
Reduce el volumen en un 90-95%, siempre hablando de patológico únicamente, y el residuo que queda son cenizas carbomatadas inertes, cuya disposición se puede hacer en cualquier volcadero.
En forma indistinta en los tres métodos, de haber metales pesados, se debe tratar en forma especial, siendo el de más fácil manejo las cenizas de la incineración.
Si bien ésta última, aparte de emanar valores muy inferiores a los recomendados internacionalmente de dioxinas, forman otros gases. Estos son atrapados por los distintos métodos que se aplican en al actualidad a los hornos incineradores, haciendo que únicamente salga por la chimenea vapor de agua y algo de 002 que de ninguna manera (por la distribución de hornos) contribuye al efecto invernadero.
Ya existen empresas canadienses que ofrecen un producto para la inhibición de la formación de las dioxinas y furanos, el mismo fue probado con éxito en EE.UU. y en Europa, con razón haría de la incineración el proceso, para Latinoamérica, más ventajoso económica y ambientalmente, ya que debemos tener en cuenta que las soluciones para el sur son distintas a las del norte, especialmente en materia económica y de factibilidad de realización.
Todo lo dicho hasta aquí se cumple siempre y cuando la operatividad de los distintos procedimientos se realice según sus especificaciones de funcionamiento.
Cualquier decisión a tomar debe ser refrendada con un Estudio de Evaluación de Impacto para conocer principalmente si existen impactos negativos permanentes no mitigabIes, que son los únicos que pueden rechazar o no un proyecto de acuerdo a su ponderación. @
Plagas, Ambiente y Salud
Es una publicación trimestral, editada por la Cámara de Empresas de Saneamiento Ambiental de Rosario
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