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Diez expertos están trabajando en toda de América Central en 10 ingeniosos proyectos de investigación para la conservación de la biodiversidad. Cada uno está siendo patrocinado por una beca de cerca de US$10,000 otorgada por el Programa Ambiental Regional para Centroamérica/Sistema de Areas Protegidas de Centroamérica, o PROARCAS/CAPAS. Los diez talentosos fueron premiados por el componente de "Contribuciones Excepcionales", patrocinado por la Agencia para el Desarrollo Internacional, de los EEUU (USAID).
Según Rafael Luna, quien coordina el programa de becas, PROARCA/CAPAS percibió que existe un amplio potencial en Centroamérica para desarrollar proyectos innovadores sobre la conservación, pero por no contar con recursos económicos o con estímulo profesional, "éstos no levantan vuelo".
Un equipo coordinado por la USAID y la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo, revisó las propuestas y seleccionó a los ganadores. De las más de 80 propuestas recibidas, 47 fueron revisadas por el comité revisor. Luna menciona que las selecciones se llevaron a cabo basándose en "la creatividad, practicidad, impacto y sinergía de los proyectos así como en la experiencia y dinamismo de los aplicantes". Los 10 finalistas recibieron sus premios en el mes de septiembre de 1999 y los resultados finales estarán listos antes de junio 2000. Luna informa que en general todos están avanzando bien. Indica que: "los resultados potenciales de estas iniciativas son relevantes, pues muestran otros ángulos de la investigación que normalmente no son enfocados porque las instituciones tienen otras prioridades".
Entre los investigadores y proyectos ganadores están Jorge Cabrera, por "Apoyo para Fomentar el Proceso de Participación de las Comunidades y Autoridades Locales en la Reserva de Biósfera de Visis Caba", de Guatemala; Grethel Aguilar por "Instrumentos Jurídicos para el Uso Sostenible de la Biodiversidad en Territorios Indígenas" en Costa Rica; y José Enrique Barraza por una investigación de los metales pesados en sedimentos y biota del Río Lempa, en El Salvador.
Héctor Guzmán, también ganador de una beca, está estudiando si hay una relación genética entre los arrecifes de coral de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia. Explica que las larvas del coral son dispersadas a lo largo de grandes distancias por las corrientes marinas. Debido a que muchos de los arrecifes de la costa costarricense ahora están muertos, es posible que las larvas de coral originarias en los otros países puedan establecerse y llegar a regenerarlos, gracias al patrón de corrientes de Colombo-Panameño. Pero ésta conectividad solo se puede demostrar si hay una relación genética. Guzmán indica que el entender la conectividad entre los arrecifes deberá ayudar a quienes toman las decisiones políticas a juzgar mejor cuales son las reservas marinas cercanas a las costas de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia que deben recibir protección prioritaria.
El biólogo marino comenta que la donación llegó en el momento oportuno, ya que lo ayudó a conseguir fondos adicionales en la Universidad de Costa Rica y en el Instituto Smithsonian, lo cual le permite ampliar el campo de acción de su investigación.
Luna dice que el comité revisor quedó impresionado por la experiencia de Guzmán y el hecho de que su propuesta se dirigía a un tópico que tiene necesidad de mayores investigaciones: la factibilidad de establecer un corredor biológico marino regional. Prevé que, la potencial de este tipo de proyectos, así como su beneficio para la región, posiblemente PROARCA/ CAPAS continuará o ampliará el programa de becas. @
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GUZMANH@naos.si.edu
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