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   Edición 70 / Mayo del 2000

Columnistas



Aprovechamiento Energético de las Mareas
Dr. Luis Reinaldo Fernández
Miembro del Consejo Editorial - MAE
lrf@ambiente-ecologico.com

Argentina


Los mares y los océanos permiten obtener provecho energético a partir de sus diferentes movimientos: olas, corrientes y mareas. Estas últimas conforman la energía mareomotriz, la cual ofrece el mayor aprovechamiento de la dinámica propia del mar como fuente energética y se describe como la variación diaria (ascenso y descenso) de las aguas originada por la acción gravitacional del sol y de la luna respecto a la superficie terrestre. Cuanto más grande es la diferencia entre la pleamar y la bajamar, mayor es la cantidad de energía disponible. Además, en algunas localizaciones, especialmente en los estrechos, las mareas tienen un efecto más pronunciado debido a los fenómenos de resonancia.

Sabemos que esta técnica de aprovechamiento de la fuerza de las mareas comenzó a utilizarse en el siglo XI para mover molinos y luego continuó su uso en diferentes costas de Europa y de Norteamérica.

El aprovechamiento de este tipo de energía se basa en la construcción de presas, en bahías o estuarios apropiados (con importante desnivel entre mareas) y conseguir que toda el agua que entra y sale de ellas durante la subida y bajada de la marea pase por turbinas generadoras de electricidad.

Algunos países, cuyas costas reúnen características favorables, han desarrollado proyectos para la instalación de plantas mareomotrices, entre los que cabe destacar a Inglaterra, Canadá, Francia, la ex URSS y Australia. Sin embargo, hasta el presente es mínima la proporción de energía mareomotriz aprovechada, habiendo solamente en el mundo una gran central, la de Rance, en Francia, de 240.000 Kw y otra pequeña planta piloto en Rusia, la de Kislogubsk, de 400 Kw.

En cuanto a nuestro país, la extensa costa patagónica presenta numerosos accidentes topográficos -golfos, bahías, ríos- donde se producen mareas de amplitudes considerables, que hacia el sur, en la ría de Santa Cruz y Puerto Gallegos, alcanzan valores máximos que pueden contarse entre los mayores del mundo (Bahía de Fundy en Canadá, estuario del Severn en Inglaterra y la bahía del Mont Saint Michel en Francia).

Asimismo, las condiciones se presentan muy favorables en la península Valdés, pues su singularidad geográfica hace que allí el fenómeno presente características muy particulares, observándose que el nivel a ambos lados del istmo peninsular no oscila simultáneamente, sino en forma casi alternativa: mientras sube la marea en el golfo de San José (que está al norte de la península), en el golfo Nuevo (que está al sur separado por el istmo), hay marea baja. Este desfasaje de mareas, con una diferencia de nivel en las mejores condiciones superior a seis metros y anulándose cuatro veces por día, es una situación excepcional -única en el mundo- que presenta una posibilidad mucho más ventajosa que el cierre de los golfos y parecería ofrecer un potencial considerable.

La posibilidad de aprovechar esta diferencia de altura de marea entre estos dos golfos ha despertado interés desde principios de siglo. En tal sentido, el primer trabajo registrado fue el estudio realizado por el Capitán de Fragata José A. Oca Balda, entre los años 1915 y 1919.

Durante 1923, la Comisión Nacional Honoraria, organismo oficial creado por Decreto PEN del 7/12/23 y designada por gestión de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, fue encargada del estudio de esta cuestión en la forma más completa posible. Esta Comisión de estudios de las mareas patagónicas, presidida por el Ing. Julián Romero, realizó un trabajo de inventario de la potencialidad energética de las mareas de toda la costa y un anteproyecto específico del Golfo de San José.

La falta de recursos para proseguir los estudios y el estado de la técnica de entonces, que hacía difícil la utilización de esta energía, fueron los factores principales que hicieron que los trabajos no pasaran del primer informe. Como saldo positivo quedó el inventario que asignaba a las mareas una capacidad potencial superior a los 10.000 GWh anuales.

Por otro lado, hacia el año 1948, por intermedio del Ing. J.C. Erramuspe de la Comisión Nacional de Energía Atómica volvió a actualizarse la idea del aprovechamiento mareomotriz, orientada ahora a la utilización del desfasaje de las mareas entre ambos lados del istmo de Valdés.

Un año más tarde, Agua y Energía Eléctrica, a raíz de un cálculo preliminar presentado por una firma consultora francesa, hizo realizar una campaña de observaciones para comprobar el desfasaje y un relevamiento topográfico del istmo y sus adyacencias. Con estos trabajos preliminares, llevados adelante por el ing. José Richterich, se pudo confirmar la magnitud de las mareas en la zona de los dos golfos, su desfasaje en seis horas aproximadamente y la posibilidad de instalar una central mareomotriz por simple corte del istmo.

El estudio más completo sobre el tema, hasta nivel de anteproyecto, se llevó a cabo a partir del contrato firmado en noviembre de 1957 entre la Dirección Nacional de Energía (DNE) y la consultora Sogreah de Grenoble, Francia; a la cual se le encomendó el estudio de una central mareomotriz cortando el istmo. El trabajo consta de una primera parte de reconocimiento efectuado "in situ" (estudios geológicos, alzados topográficos, instalación de mareógrafos y mediciones de corriente) y una segunda sección que comprende la elaboración del anteproyecto de acuerdo a los datos físicos recogidos durante la primera fase. El resultado fue presentado en 1959 en base a una central de 600 MW.

Más adelante, en el año 1975, mediante la ley nacional 20.956 se determinó que la empresa estatal Agua y Energía Eléctrica procediera a iniciar las investigaciones a fin de establecer un plan para el aprovechamiento energético de las mareas en el litoral marítimo del país, así como también a la elaboración del proyecto ejecutivo para el aprovechamiento mareomotriz en la Península Valdez utilizando el desfasaje de mareas existentes entre los Golfos Nuevo y San José y fijando como inicio de las obras el año 1978 (cabe destacar que el art. 3° de la ley hace mención explícita sobre la necesidad de preservar el ambiente y la riqueza de atracción turística durante las tareas de cumplimiento de la misma).

Sin embargo, nunca pudo cumplirse con lo estipulado en la ley, menos aún luego de la visita a nuestro país del ingeniero Robert Gibrat, experto en el tema, y su informe sobre los estudios de base efectuados por la Dirección Nacional de Energía y por la Consultora Sogreah, en el cual manifestó que los mismos resultaban absolutamente insuficientes y que por lo tanto se hacía necesario completar un programa de mediciones y aclarar algunos aspectos todavía no bien conocidos de las mareas en la Península Valdez antes de emprender estudios detallados y encarar un proyecto definitivo.

Luego, en 1985 el ing. Leandro Barredo, (Consejo Federal de Inversiones) hizo un informe sobre el tema, incluyendo un resumen del estudio de Sogreah y la recopilación de la información recabada por el ing. José Richterich (Agua y Energía Eléctrica, 1949).

Como se puede observar, la idea de aprovechar la posibilidad de obtener energía de las mareas tiene ya una larga historia en la Argentina. De todos maneras, se sabe que, tanto los costos surgidos de los de los estudios e investigaciones mencionados como la necesidad de realizar nuevas investigaciones de base más minuciosas, desanimaron, hasta el momento, las puestas en ejecución de los proyectos.

Por otro lado, según información de la Secretaría de Energía y Comunicaciones del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, no existe en la actualidad ningún proyecto ejecutivo realizado ni en fase de realización, pues, a corto plazo no sería rentable la realización de emprendimientos mareomotrices atento a los altos valores de la energía eléctrica que podría obtenerse de estos aprovechamientos, mientras existen importantes reservas hidráulicas convencionales no desarrolladas con costos inferiores.

No obstante lo cual, el potencial aprovechamiento mareomotriz constituye una interesante reserva energética en el largo plazo.

"Las medidas destinadas a desarrollar fuentes nuevas y renovables de energía tendrán efectos sumamente benéficos sobre el ambiente" (Declaración de Nairobi, mayo de 1982). Ya sabemos que la Península Valdés brinda alentadoras posibilidades de colaborar en ese sentido.

Queda pendiente aún, para nuestro país, la confección del mapa mareomotriz de la costa patagónica. @






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