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Desde mi punto de vista, la humanidad en su gran mayoría está perdiendo la sensibilidad, desde los que gobiernan el país hasta los que por miseria abandonan o matan hasta sus hijos, pero creo que también existe la excepción.
En mi casa, tengo ahora 10 perros que fueron abandonados. Cuando los adopté, estaban en la calle sufriendo los fríos del invierno, el hambre y la sarna, hoy son mi familia, y no hay nada más reconocido que un perro.
Creo que necesitamos tener una persona que pueda llegar hasta el Gobierno de la Ciudad, porque sé que existen en casi todos los barrios terrenos fiscales abandonados que pueden ser cedidos a personas que ayuden a los animales abandonados donando desde un paquete de arroz hasta algunas horas de su tiempo para poder quitarlos de la calle mejorando su calidad de vida, y ayudando a que la población no tenga que ver el triste espectáculo de sus cuerpitos aplastados contra el cemento de una ciudad indiferente.
Se podría llamar desde las veterinarias de cada barrio a asamblea de vecinos para ver que opinan y cuántos son los que pueden colaborar. Ya sé que es un trabajo que no pasa por lo redituable, sino que pasa por la misericordia de todos los que alguna vez tuvimos la oportunidad de mirar a un perro a los ojos, y darnos cuenta que son iguales a nosotros, sólo que no hablan, pero sufren, y creo que eso alcanza para ayudarlos.
Traten de imaginar una ciudad con las calles limpias, sin animales asustados corriendo y muriendo, imagínelos castrados y vacunados viviendo entre el afecto de los que los cuidan y luego de los que los adoptan.
Ahora les voy a contar la historia de una perra que conocí y que hoy vive conmigo, léanlo y si sirve, está todo bien. Esta nota la escribí cuando los cachorritos eran chiquitos, hoy tienen 5 meses y a cinco de ellos los pude ubicar con gente buena, y se salvaron, creo que si yo puedo hacer algo, todos pueden hacerlo.
Gracias por prestarme atención
"Desde la vidriera del locutorio donde trabajo, siempre veía pasar una perra flaca y totalmente pelada, la sarna había convertido su piel en la de un elefante, caminaba derecho al basurero que se forma en la esquina, se alimentaba como podía, ella era la imagen misma del abandono.
Averigüé de quién era, y me informaron que una viejita carenciada que a veces duerme en la calle le había sacado de un contenedor de basura ya casi medio muerta, con un golpe en la cabeza que le aplasto el hueso. Vivía de milagro.
Me propuse curarla y hoy ya no tiene sarna, como ella es de la calle soportó los fríos del invierno acurrucándose junto a otros perritos abandonados y, cuando la embarazaron nadie la protegía.
Vuelvo a encontrarla tirada y con la trompita hundida en un costado, su nariz sangraba y tenía miedo de todo el que se le acercara, o sea que deduje que alguien volvió a golpearla.
Luego pasaron los días y una tarde cuando fui a darle de comer la encontré en un cantero vacío, estaba pariendo, había un chico parado a su lado y ella con su patita cubría al único cachorro que había tenido hasta ese momento. Se me llenaron los ojos de lágrimas porque pensé pobrecita, lo único que tiene en la vida son sus bebitos y es tan buena madre que los protege como puede, luego la metí en el garaje de mi casa y tuvo ocho cachorritos más.
Hoy es día 12 y cumplen un mes de vida, ella sale sólo para hacer sus necesidades y vuelve otra vez al lado de ellos, los lame hasta dejarlos limpitos, muchos seres humanos deberían aprender de la negrita lo que es el amor y el agradecimiento".
Por eso hoy me decidí a escribir estas líneas, porque sé que existen personas que pueden ayudarla y cuidar bien a sus bebitos, como homenaje a la fidelidad y la pasta de la mejor perra que conozco.
Me llaman Tati, gracias por prestar atención a estas líneas que salieron de mi sensibilidad. @
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